Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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Edición Junio 2016

Ha pasado un  año desde que publicamos el último número de la revista. Mucho más tiempo que el que nos hubiera gustado. Pero es que la realidad social y la vida cotidiana misma se ha hecho más difícil de sobrellevar en Argentina. La nefasta bomba amarilla que cayó sobre nuestra realidad, nos  ha mantenido ocupados y comprometidos con otras causas; cuidando el corazón y poniendo más energía en los trabajos de prevención y en la naturaleza.

No obstante, el proyecto de ésta revista continua siendo el de un lugar donde volcar ideas, compartir discursos y fomentar la conciencia individual y colectiva.

Con éste, nuestro primer de 2016, vamos asomando la cabeza, y viendo que comunicar es una de las formas de resistencia y de aguante. Para ello hemos compilado materiales que hablan de los femicidios, como el de Daniela Mattolini, con su artículo “PATRIARCADO ¿CÓMO TE EXPLICO, RAMIRO? #NIUNAMENOS”, y de Karin Bock Gálvez, en una performance en el Cerro Santa Lucia de Santiago de Chile,  “EN MEMORIA A LAS VICTIMAS DE FEMICIDIOS”.

Yendo hacia el lado de la vida y la esperanza, compartimos dos artículos sobre ecología y profilaxis:  el de Álvaro Luzardo en “LA ECOLOGÍA HUMANA”, y el de Munich Santana “SOBRE CRIANZA ECOLÓGICA” .

También en este número Carlos Inza continúa hablando de sus trabajos sobre “ACUPUNTURA DEL CIELO II”, así como su experimento en el verano en “ACUPUNTURA DEL CIELO EN EL LAGO PUELO”.

En la sección Otras Yerbas  traemos las palabras de una partera – Laura Quevedo- quien en su artículo “DE LAS ÓRDENES AL SILENCIO”, reflexiona sobre el rol silencioso, atento y respetuoso esenciales en el trabajo de una partera autónoma.

Con admiración presentamos  el artículo “UNAS REFLEXIONES SOBRE LAS CRISIS SOMÁTICAS” de Manuel Redón.  Que nos hace comprender  algunos sentidos del porqué nos enfermamos.

Para finalizar, en la sección Periodismo Sur-Realista, éste “corresponsal en la frontera”, nos trae imágenes que hablan por sí mismas. En “CONECTANDO DESIGUALDADES”, reflexiona acerca de las desigualdades que están aumentando, del hambre que no disminuye.

Estamos en un momento donde se hacen día a día necesarias dosis más altas de consciencia social y política, como un modo de paliar el crecimiento de un individualismo y egoísmo crecientes. Una forma de detener al pequeño hombrecito del que habló W.Reich.

 

Carlos Inza y Munich Santana

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UNAS REFLEXIONES SOBRE LAS CRISIS SOMÁTICAS

MEDICINA ENERGÉTICA

Por Manuel Redón Blanch

Voy a circunscribirme en este momento al valor de las crisis somáticas. Con mucha frecuencia el paciente con patologías somáticas, consulta en momentos de crisis, de descompensación. Es por ello que quiero dedicar unas palabras al sentido de las crisis somáticas desde el funcionalismo orgonómico.  Comprender a fondo el sentido de las crisis y de los síntomas que se les asocian, es imprescindible para poder profundizar en los elementos psicológicos particulares de cada caso.

Entiendo por crisis (en sentido general) un momento temporal en el que los mecanismos de equilibrio dinámico de un organismo vivo se ven zarandeados por circunstancias internas o externas, que lo hacen poco funcional para seguir manteniendo el mismo registro que hasta ese instante era adecuado. Pero esta es una aproximación desde lo que fracasa, desde el pasado que ya no sirve, y también desde la vivencia de lo desagradable que comporta la pérdida. Pero también es cierto que podemos ver la crisis desde otro ángulo de visión más orientado hacia el futuro, desde la evidencia de ser un momento en que las potentes fuerzas adaptativas de la vida, tienen que emplearse a fondo e intentar construir un nuevo equilibrio que sea más funcional para encarar la nueva realidad. Es pues también, un momento de esperanza.

Ya hemos visto como la coraza se estructura a partir de la necesidad de la persona de defenderse de las agresiones  y frustraciones que recibe del medio que le rodea. Pero cuando la función defensiva (homeostática) de la coraza se agota (por lo que de impedimento a la libre circulación energética supone) o se desborda (por la confluencia de circunstancias estresantes externas y/o internas), aparece la patología representada por las configuraciones sintomáticas, las crisis. En este sentido y realizando una lectura bajo las claves del funcionalismo orgonómico resulta muy interesante retomar el valor de “señal” que tiene el síntoma. Señal de que algo ha sucedido en el organismo, que hace ineficaz el anterior equilibrio y que se convierte en un intento por encontrar una nueva base de funcionamiento. Así mismo, en cuanto que el síntoma se convierte en una forma de expresión de este fracaso, esta “hablando” y supone una vía para la toma de conciencia de su significado. Estamos hablando de los síntomas, de las crisis como momentos en los que la dinámica defensiva de la coraza caracteromuscular se ve sobrepasada, y es cierto, los “demonios” del estrato secundario descrito por Reich, están más a flor de piel. Las inseguridades, los anclajes infantiles, las emociones más perturbadoras, las fuerzas destructivas, las descompensaciones somáticas, etc., emergen, se hacen visibles, y nos incomodan. El carácter, tan egosintónico él, por una parte, y los bloqueos somáticos, tan automáticos y sibilinos ellos, se transforman en vivencias de las que no se puede escapar. Se han convertido en síntomas que dificultan, y a veces impiden completamente, el desarrollo “normal” de la vida acorazada. Pero al mismo tiempo, estamos más cerca del núcleo vital, del yo, y desde ahí, si somos capaces, solos o con ayuda, de reflotar la nave desde el contacto con lo auténtico, habrá servido para algo el sufrimiento. Podemos decir que la crisis es un intento de “hacer limpio”, pero para ello también tenemos que manejarnos con la basura.

La crisis supone una brecha en la coraza, en el fondo: un intento por superarla, y por último: una forma de evolucionar. ¿Cómo acontecerían en el caso de no existir una coraza rígida? No lo sabemos, aunque podemos intuir, a través del seguimiento de niñas y niños que han tenido un desarrollo madurativo respetuoso con los principios de la autorregulación infantil, que estas crisis son poco peligrosas, menos dañinas, agudas en sus manifestaciones, con recuperaciones rápidas y sin secuelas. Centrándonos en lo somático vemos como el largo proceso de maduración infantil está plagado de crisis, que podemos denominar “evolutivas”: diarreas adaptativas ante la incorporación de nuevos alimentos, amigdalitis explosivas que se siguen de un aumento de talla, infecciones virales que cursan con rapidez y nos sorprenden con un claro salto madurativo posterior,  alergias pasajeras en momentos de maduración del sistema inmunológico, etc. En otro orden de cosas, también observamos crisis somáticas, que podemos considerar “resolutivas”, en el curso de procesos terapéuticos profundos, cuando se acerca la disolución de un bloqueo. Veamos algunos ejemplos:

  • Un paciente fue refiriendo las siguientes somatizaciones a lo largo de su

proceso terapéutico y en función de los segmentos que se iban desbloqueando: Aparece insomnio con despertar temprano, asociado a sensaciones corporales de espasmo muscular y desasosiego que le obligan a levantarse y hacer flexiones para poder volver a dormirse, durante gran parte del tiempo en que estuvo trabajando los ojos. Crisis de amigdalitis agudas con el trabajo del segmento oral y en un momento en el que se le estaban cuestionando sus resistencias a conectar con la emoción haciendo un uso excesivo de la palabra. Posteriormente se desencadeno un herpes zoster cervical con el trabajo del segmento cervical coincidiendo con sus dificultades para el abandono a sentir y no racionalizar. Por último tuvo fuertes sensaciones perceptivas abdominales y pélvicas a partir de una gripe intestinal que aconteció con el abordaje de la pelvis y que condujo a una mayor vivencia placentera de la genitalidad con su pareja y a la disolución de gran parte de sus dudas sobre la relación.

  • Otro paciente, muy autosuficiente pero con un fuerte componente de

dependencia, “resolvió” su necesidad de vinculación, durante el desbloqueo de los segmentos cervical y torácico, al desarrollar un aparatoso herpes zoster torácico que lo “animó” a reconocer su necesidad de ayuda más allá de la rigidez de las sesiones establecidas, llamando fuera de las horas de sesión para tranquilizarse. Algo parecido le ocurrió en el momento diafragmático y pélvico, al desarrollar una fístula anal.

Evidentemente en estos dos ejemplos el componente caracterial histérico era bien importante, y de ahí la propensión a la expresión somática. En otros tipos de carácter esta tendencia está más limitada. Vemos pues como en el curso de los procesos terapéuticos, son frecuentes los momentos en los que la aparición de somatizaciones está señalando la resolución en el nivel de bloqueo de algún segmento, con la aparición de nuevas dinámicas energéticas, disolución y excreción del Dor acumulado y quiebra de defensas caracteriales.

Por otra parte hay crisis somáticas que son profundamente “regresivas”. Son las que responden a los presupuestos de las aportaciones de P. Marty y la Escuela Psicosomática de París:

Las afecciones que provienen de fijaciones somáticas se hallan regidas por cuatro reglas:

-Son desencadenadas por traumatismos afectivos que desorganizan transitoriamente el aparato mental dando lugar a una regresión psíquica, que precede o acompaña a la regresión somática.

-No son desorganizaciones evolutivas. Son reversibles y cursan con crisis

periódicas. Estas patologías aspiran a poner fin a procesos desorganizativos y pueden resolverse sin apoyo exterior.

-Suelen aparecer con regularidad, es decir suelen ser habituales en los

sujetos y su comienzo puede ubicarse en distintas edades: Durante la temprana infancia como asma y eczemas, durante la niñez como ciertas manifestaciones digestivas y durante la adolescencia y edad adulta ciertas cefaleas y migrañas.

-Su sintomatología es generalmente limitada y se expresa en forma de hipo

o hiperfuncionamientos de sistemas funcionales aislados. Sin embargo, los síntomas patológicos a los que dan lugar afectan a la economía general de estos individuos.

Señalan como ejemplo de regresiones mentales, las neurosis mentales constituidas y estables – demasiado estables, añaden -, como las neurosis de angustia, fóbica, obsesiva, etc., y las psicosis organizadas. En el nivel somático citan: las raquialgias, colopatías, manifestaciones alérgicas como el asma y los eczemas, la hipertensión arterial esencial, úlcera gastroduodenal, cefaleas y jaquecas

Por el contrario también puede darse una situación diferente cuando la crisis ocurre sin suficientes anclajes que soporten la expansión nuclear. Estamos entonces frente a crisis “involutivas”, a veces iatrogénicas, fruto de desestabilizaciones precoces o demasiado intensas de biosistemas con pocas defensas, con escasa contención. Es lo que la psicosomatología francesa denomina desorganizaciones progresivas en donde al no existir elementos psíquicos y/o somáticos que fijen y contengan la crisis, esta se instala en un movimiento contraevolutivo permanente que puede llevar a la desaparición del sistema como unidad compleja y jerarquizada. Estos mismos autores también advierten que “cualquiera de las afecciones regresivas, y por lo tanto resistentes a priori, un día pueden ceder en su resistencia. En ese momento corren el riesgo de transformarse en el punto de partida de una desorganización progresiva o de presentarse como un episodio de esta”.  Es decir, el peso, la duración, o la repetición de traumatismos pueden llegar a impedir la superación de estas regresiones y favorecer, por tanto, la prosecución de la desorganización a la que, durante un tiempo, habían puesto fin. No olvidemos el poder desorganizador que a menudo tienen las intervenciones médicas que se limitan a la mera supresión de los síntomas, sin tener en cuenta el terreno global de la persona. Con demasiada frecuencia vemos como los tratamientos convencionales ocasionan la aparición de nuevos desequilibrios, que con el tiempo, terminan por desencadenar trastornos más profundos.

Una aproximación bioenergética: En terminología de la física cuántica podemos considerar estos procesos de crisis como intentos de supresión de la antigua información, a través de los fenómenos energéticos que suceden en estas explosiones del núcleo. Momentos en los que la hiperactivación casi generalizada de todos los sistemas se impone a la información anterior, abriendo vías de eliminación y permitiendo una especie de “punto de inflexión”, para después volver a un funcionamiento basal  más integrado y coordinado. El símil podría ser el de una fuerte elevación vibracional que pondría a todos los subsistemas bajo el mando de la hiperactivación, borraría elementos disonantes sometiendo los funcionamientos individuales a la jerarquía de la expansión nuclear, para después ir retomando los parámetros vibracionales propios de cada subsistema. El núcleo, en su emergencia, realiza un barrido de la información y de los mecanismos automáticos asentados en la coraza, se libera de ellos y permite, bien una “reconstrucción” si la estructura bioenergética lo permite, o por lo contrario la herida permanece abierta y la sangría energética pone en riesgo la vida.

Según estos presupuestos la forma de nuestra intervención estará primeramente orientada por el respeto. Respeto funcional según el tipo de crisis frente al que nos encontremos:

-Crisis evolutivas y resolutivas: mantener una posición de contención y ayuda para que no se desborde la reacción. Es decir limitarse a conducir los esfuerzos adaptativos para que no sean excesivos en sus manifestaciones agudas y puedan agotar las fuerzas del biosistema.

-Crisis regresivas: fortalecer el biosistema, favorecer la “desomatización” y el paso del conflicto a la esfera mental, para evitar la progresión a la desorganización progresiva.

-Crisis involutivas: Hacer regresar, enlentecer o detener el avance desorganizador descontrolado. Según cada proceso y el momento en que intervengamos, dependerá el pronóstico.

 

Manuel Redón

 Médico. Psicoterapeuta especializado en Psicosomática

Medicina Biorreguladora

Orgonterapeuta

 

 


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EN MEMORIA A LAS VICTIMAS DE FEMICIDIOS

PSICOLOGÍA CORPORAL

Por Karin Bock Galvez

 

 

Karin Bock Gálvez

Psicóloga,  Psicoterapeuta Sistémica

Docente en la UCINF – Santiago de Chile

Alumna del magister en Género de la Universidad de Chile


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Acupuntura del Cielo II

MEDICINA ORGONÓMICA

Por Carlos Inza

El trabajo de regulación climática con los cloud-buster o rompe-nubes

Continuación de articulo publicado en el Número pasado

 

Lo visible dura un verano y luego se marchita,

pero aquello que le dio vida se oculta bajo la tierra y allí vive,

inmutable, bajo la superficie de los eternos cambios.

 Lo que se ve es la flor y ésta perece. El rizoma permanece.

Carl G. Jung

 

Tal vez el cloudbusting sea, también, un desafío para “el sentido común”. Pero no en el aspecto tipo: “la idea es demasiado loca para que sea cierta” o “hacen falta muchos cambios en el paradigma vigente para que pueda ser aceptada”. Sentido común aquí significa lo siguiente: si un método es capaz de “hacer llover” o, menos pretenciosamente, “coincidir con la aparición de lluvia” ocho veces de cada diez intentos, y todas ellas contra los pronósticos de cualquier servicio meteorológico, entonces “sentido común” parece esto: “es muy probable que sea un método acertado”. ¿Qué otra cosa puede querer decir “sentido común”, entonces? ¿Alguien puede explicarme qué otra cosa puede significar?

Y si alguien dice que en ciencia no existe nada parecido a “sentido común”, y que los teólogos de la razón se niegan a considerar seriamente el sentido de esa expresión, entonces habrá que revisar la validez de los supuestos que fundamentan esta ciencia en sí misma, porque de ser así se trataría de una actividad enfrentada con el instinto más claro y más preciado por los seres vivos: la supervivencia.

Las razones no son tan raras, tan difíciles de comprender: es medio una cuestión de poder (la ciencia real no es aséptica, depende de quiénes la financian) y medio un problema de patología gremial, porque los científicos reales de carne y hueso no son seres excepcionalmente sanos: están tan o más acorazados que el promedio de la sociedad. Son habitualmente incapaces de mirar la realidad sin prejuicios y desde su propia libertad de investigador (¡un requisito que sólo figura en pomposas declaraciones!), y están atados a infinidad de cláusulas y reglamentos sin cuya estricta observancia no pueden pertenecer al club que les da continencia y salario. Y en general se abstienen de opinar, de arriesgar una disidencia con sus jefes y patrones: la bibliografía que citan tiene que ser más importante que sus propias conclusiones porque de otra manera el trabajo “no es serio” y se transforma en inaceptable para los estatutos del club.

Sí: es otro caso de dependencia emocional, es la necesidad de sentirse amparado y protegido a cualquier precio. Es el contrato de Fausto otra vez, siempre y con tal de no correr el riesgo de vivir ejerciendo la propia libertad, ésa misma que te puede dejar irremisiblemente solo y en peligro. ¿Pueden ellos opinar, están en condiciones de emitir una opinión libre acerca de la energía orgón, de los acumuladores de energía y de los tubos enfilados al cielo? Otra vez la respuesta es no: no pueden, no están en condiciones de hacerlo. Y si no, miren las cosas que pasan en medicina con la utilización de métodos tradicionales consagrados por su eficacia pero negados, condenados y combatidos por la medicina “oficial”.

Tienen un buen ejemplo con “el empacho”, que infinidad de curadoras (no “curanderas”) con experiencia saben diagnosticar y tratar. Pero como no figura en la lista de las enfermedades oficialmente admitidas no existe y, por lo tanto, no se puede tratar. Estas actitudes son demasiado para la paciencia: ¡negar algo porque no lo entiendo es típico de idiotas! Medicina oficial significa lo que “hay que creer”: una cuestión de fe, un problema teológico. Así uno es reconocido, admitido en la lista de los tontos con registro, y eso rige para todos los integrantes de una sociedad incluidos sus científicos, los nuevos sacerdotes.

Vuelta a los tubos, otra vez.

Aquí no entender significa negar la existencia de la omnipresente energía orgón, también existente en la atmósfera terrestre. Si tal energía no existe, ¿cómo tomarse en serio un método que dice actuar sobre ella? ¿Cómo analizar una metodología que descansa en su capacidad para variar los potenciales de una energía inexistente?

Ahora bien: intentemos una mirada razonable, alejada de la locura mecanicista que sigue hegemonizando la práctica y el pensamiento científicos. Y de golpe me acuerdo de Florencio Escardó, un pediatra brillante que comenzó a ser marginado por sus colegas cuando se transformó en homeópata y utilizó su espacio en los medios (era Piolín de Macramé, un excelente escritor) para intentar una visión más profunda acerca de los sujetos de la pediatría: los niños. Él dijo,  sencillamente: “medicina de verdad es la que cura”.

Mirada razonable…

Cualquier “mirada razonable” corre el riesgo de aparecer asesinada en un zanjón. Por ejemplo: al doctor Hamer se le ocurrió una visión del cáncer increíblemente más certera, profunda y objetiva que la de la oncología oficial (no hace falta demasiado para lograrlo). Si las hipótesis de Hamer son correctas (y me parece que lo son), se termina el brillante negocio de la quimioterapia y la radioterapia como tratamientos “curativos” o paliativos. Por lo tanto Hamer es inhabilitado profesionalmente, perseguido judicialmente (hasta dónde sé está preso en Francia) y sufre cuatro atentados contra su vida: ¡argumentos de gran peso “científico” para contradecirlo! Conclusión: el poder, las empresas perjudicadas, las academias de medicina y la mafia son una sola cosa…

¿Y los tubos?

Bien, gracias. También hay una industria para producir lluvia o tratar de eliminar amenazas para la producción agrícola, como es el caso del granizo. ¡Cuesta muchísimo dinero alistar una flota de aviones para bombardear las nubes con ioduro de plata y convencerlas de que suelten su preciada carga o se la guarden! (Y su porcentaje de éxito comprobado es muy inferior al del cloudbusting)

¿Qué puede pensar algún exitoso empresario de esta actividad si se entera que la correcta manipulación de unos pocos tubos comprados en la ferretería del barrio puede ser más eficaz que la inversión de millones de pesos? No va a pensar nada, va a tratar de eliminar al peligroso competidor, sea como sea. Primero va a llamar a la policía, al gobierno y a los científicos: todos van a darle la razón. Pero si sus amigos fallan y no pueden impedir el uso de los tubos, acudirá a la mafia sin dudarlo ni un segundo. “No puedo dejar a tanta gente sin trabajo, es anti-social y mi sensibilidad no me lo permite”.

“No podemos permitir que se utilice un método que no está aceptado por científicos competentes y reconocidos y que, por lo tanto, atenta contra las instituciones y nuestro estilo de vida”.

El circo sigue, dale que va.

¿Qué era eso de “regular” el clima, no es peligroso acaso?

Más peligroso es morirse de asfixia o vegetar sobreviviendo en condiciones penosas, me parece.

Y como también, hace un rato, sugerí una diferencia entre “hacer llover” y “regular” o equilibrar el clima, quiero explicarla.

Los trabajos de Wilhelm Reich en los años cincuenta sobre la atmósfera surgieron de una necesidad imperiosa: aligerar de Dor (energía de muerte o negativa que tampoco existe, obviamente) la región de su laboratorio luego del llamado Experimento Oranur, que podría haber terminado con la vida de todos sus participantes y de cuánto estuviera vivo alrededor, pero que ahora no viene al caso detallar. El Dor estaba en la atmósfera, especialmente concentrado en nubes negras, amenazantes y potencialmente luctuosas, como corresponde a su color.

De manera azarosa, como suele ocurrir con los grandes descubrimientos, Wilhelm advirtió que algunos tubos de acero accidentalmente enfocados hacia el lago coincidían con pequeñas olas sobre su superficie: un extraño hecho al que en ese momento no le encontró explicación pero que requiere extrema finura para ser advertido. Entonces unió ésa observación a otras que había obtenido antes, relacionadas con la fuerte afinidad entre agua y energía orgón (ésa que no existe) y algo poderosamente intuitivo hizo un clic en su pensamiento: “¿Y si dirigimos los tubos hacia las nubes negras, agregando un cable que descargue a tierra o agua?”.

Lo hizo ¡y funcionó!

Las nubes empezaron a desaparecer “delante de sus ojos”, igual que las de Melián, el Puelo o Tortuguitas: ese día nació el aparato llamado cloudbuster (rompe-nubes) y más tarde la nueva actividad relacionada con la modificación del clima a gran escala: el cloudbusting. Poco tiempo le costó darse cuenta (no olvidar que era un genio), que según el lugar del cielo adónde apuntaba los tubos, las nubes podían no sólo desaparecer, sino también generarse y crecer hasta producir lluvia.

De manera que comenzó a experimentar en situaciones de sequía (tampoco olvidar que era un médico) y casi siempre sus trabajos terminaban en la precipitación celeste de grandes cantidades de agua: eran lluvias no pronosticadas. Para quien no trabaje con energía o la niegue de plano, puede parecer una broma o coincidencia azarosa. Es más: parece material fácil para chistes psiquiátricos. También deberíamos estar acostumbrados a ésas reacciones: cuando algo es incomprensible o parece ligado a una actividad tradicionalmente confiada a los dioses como “hacer llover”, es fácil sentir mucho miedo y, por lo tanto, criticar sin fundamento, desmerecer burdamente o burlarse sádicamente de quien osa intentarlo.

¡Pero muchísimo peor es si lo logra!

Porque entonces ya no hay control para la furia y el odio desatados aunque los más cautos, sentados en su mediocridad, se limiten a pronunciar la frase mágica que devela todos los enigmas y calma las conciencias levemente intranquilas: “La metodología es ridícula y las ideas básicas son simples delirios: eso no puede ser”. Y listo: sin correr el riesgo de ninguna prueba y verificación se acabó la discusión, porque eso no debe ser.

Vuelta de página.

La imperiosa necesidad de terminar con la sequía ha sido un imperativo de la historia humana a partir del neolítico, cuando nos convertimos en agricultores sedentarios. Entonces surgieron ceremonias, ruegos, sacrificios, conjuros y artilugios diversos para lograr lluvia. Sería bueno investigar su posible eficacia de manera objetiva, sin la anticipada burla mecanicista. (¡Esto ya es el colmo, como para no hervir de santa indignación, hay que hacer “algo”!). En cuanto a la posibilidad de realizar sacrificios humanos para lograr que llueva, el asunto se pone interesante: somos muchos los que podríamos aportar una buena lista de candidatos para la ceremonia.

Fue por eso que, a partir de su descubrimiento con los tubos, Reich dedicó gran parte de su tiempo a un objetivo casi excluyente, aunque no  único: lograr que lloviera cuando la región que habitaba entraba en períodos de sequía y todos los seres vivos se deprimían. Es que la sequía suena a desierto, y el desierto suena a muerte de los vivos, así de sencillo. ¿Vieron cuando todas las plantas están “tristes”? La única manera de superar esa angustia es el simple milagro de la lluvia, eso que debe pasar para que los prados se pongan verdes, los campos fructifiquen y la vida siga adelante en un cambio que se parece demasiado a una resurrección, si es que se compara un antes y un después.

De manera que encontró técnicas operativas para lograr un aumento considerable de la probabilidad de lluvias (éste lenguaje me cuesta un poco pero va a caerle mejor al estómago de los científicos). Y realmente ésas técnicas funcionan: pueden consultarlo y enterarse en los trabajos publicados de Reich (su libro CORE da cuenta de ésas maravillas, también logradas en pleno desierto) o en los de James De Meo (buscándolo en Internet podrán enterarse de sus valiosos trabajos en EEUU, Israel, Namibia y Eritrea: http://www.orgonelab.org/ResearchSummary2.htm y http://www.orgonelab.org/AIBC.htm ).

Pero cuando empecé a trabajar con los tubos en Buenos Aires durante noviembre del 2005, las cosas eran diferentes.

Como en toda ciudad grande, en Buenos Aires el problema no es la sequía salvo la humana, que es más grave y peor que la falta de lluvia. En ésos lugares tan poco amigables, los grandes problemas son: el brutal nivel de polución medioambiental, la gran cantidad de Dor que poseen las nubes, el estancamiento climático y el desierto emocional humano, peculiaridades que transforman la vida en una experiencia cada vez más opresiva, desafortunada y asfixiante. De manera que usar los tubos para modificar el clima tenía otro significado, otros objetivos. Seguramente eso me ayudó a considerar el problema desde el punto de vista de alcanzar el equilibrio del sistema climático, al igual que intento hacer con mis pacientes en medicina energética.

Por ejemplo: me pregunto y les pregunto, si mejorar algunas características del clima local tornándolo más “suave”, podría moderar algunos rasgos patológicos de la conducta humana. Más suave (dulce) significa: menos pesado y abrumador disminuyendo la humedad, con viento que barra como una escoba y una pizca más de lluvia para limpiar el aire y la inmundicia terrena. Algo vagamente parecido al clima de montaña, con mañanas y tardes frescas. Rasgos patológicos significa: un poco menos de violencia loca, un poco más de trato digno hacia los demás y menos indiferencia por la desdicha ajena. Es claro que hay una buena cantidad de razones socio-económico-políticas para explicar la clásica agresividad de las grandes urbes, entre ellas el apiñamiento y la “coincidencia” de varios sectores sociales en los que pelear a los codazos para llegar primero es aceptado como si fuera sano, aunque sea meramente normal en términos estadísticos.

Bueno sí: deliré con ese deseo cuando empecé a poner los tubos en Buenos Aires, ¿y qué?

 Razoné desde la orgonomía reichiana: si la cantidad de Dor (energía negativa) es excesiva y predomina sobre el Orgón (energía positiva), entonces no es extraño que predominen la agresión y la falta casi total de solidaridad, dos enfermedades muy graves. ¿Pero qué pasa si el Dor disminuye y aumenta la oferta de Orgón? Muchísimas veces y cotidianamente, sin exagerar ni un poco, veo a mis pacientes comportarse según la cantidad y el equilibrio de su energía. Es casi una regla que cuando la energía está muy baja, uno se siente deprimido y sin ganas de entrar en contacto con “el mundo”, con los demás vivientes. Y mucho menos se sienten deseos de interesarse por sus vidas y alegrarse o entristecerse según les vaya.

En ciudades como Buenos Aires no existen los vecinos, gente molesta a la cual muchos ni saludan aunque compartan sus vidas y su encierro en el mismo paquete de cemento, a veces durante muchísimos años. El estilo de vida en las mega-ciudades es de “propiedad horizontal”: todos por el piso aunque estén extrañamente suspendidos en el aire y nadie bien apoyado sobre la tierra, a pesar de que sus suelas (¡sus tierras!) a veces hagan ruido para hacerse notar.

Y entonces se me ocurrió pensar cuánto tiene que ver el clima con nuestra vida, cuánto pesa en la “sensación básica” de cada persona. Disculpen con las historias de consultorio, pero ése lugar ha sido siempre muy importante para darme cuenta de infinidad de cosas. Por ejemplo: la indiferencia, ignorancia o desdén acerca de la importancia del clima para explicar nuestros estados físicos y emocionales.

Nadie tiene la obligación de saber qué, cuando la humedad es muy alta, disminuye sensiblemente la cantidad de energía disponible. La razón es que el orgón y el agua tienen mucha afinidad, de manera que las microgotas de agua en suspensión captan orgón y la cantidad disponible de éste para ser utilizado por los organismos vivos disminuye apreciablemente. Por ésa razón es que en los días de mucha humedad, la inmensa mayoría experimenta cansancio desde el mismo momento de despertar, o se fatiga rápido y fácil: es que en ésos días funcionamos con menos energía, sencillamente.

Lo que me sigue asombrando es que no se tenga en cuenta al clima como factor fundamental de nuestro estado básico: como si fuéramos de plástico y los acontecimientos naturales no ejercieran ninguna influencia importante sobre nosotros. La ruptura humana con la naturaleza ha llegado demasiado lejos y demasiado profundo: como si ya no fuéramos de acá y eso nos diera “derecho” a destruir al planeta sin culpa. Todavía recuerdo, asombrado y horrorizado, la foto de ese turista que miraba con sus manos en la cintura una gigantesca ola del Tsunami 2004, la misma que seguramente se lo habrá tragado segundos después. Claro que los ignorantes y poco desarrollados “animales salvajes” se habían escapado horas antes, buscando refugio lejos de la costa: ellos sí son de acá, lástima que sean tan poco inteligentes…

Sigo con la idea-tubo, con la odisea-tubos.

Pensé que mejorar el clima también podía mejorarnos un poco a todos.

Subí a un taxi e interrogué al conductor, aprovechando que luego de los primeros cloudbusting, los insoportables días del verano porteño habían mejorado: el clima estaba menos bochornoso, bastante más amigable. “Y…así es otra cosa, uno puede dormir mejor, está de mejor humor durante el día y hasta maneja más tranquilo”, me dice. Y me quedé feliz como si hubiera hecho una gran cosa por los demás, y me preguntaba todo el tiempo si sería casualidad o efecto de los tubos. Pero tanto no me importaba.

“Sí, estoy mejor pero no sé porqué”, dicen primero Enrique y una hora después Marta. ¿Será la acupuntura o habrá otros motivos?, se interrogan siempre mis pacientes, los que recién empiezan y no han tenido experiencia anterior con ésta medicina. ¿Por qué será que estoy mejor? se dicen, deseando que sea por alguna razón comprensible o al menos aceptable. ¿Cómo se puede explicar que algunas agujas que apenas se sienten sean capaces de producir tanto efecto en el cuerpo y en el alma? ¿Será verdad, será cierto?

Entonces me imagino a la atmósfera terrestre diciendo lo mismo: “Estoy mejor: circulo más fácil y me muevo con más libertad, como si estuviera menos presa, menos bloqueada. ¿Por qué será, acaso Zeus y Eolo se han despertado de mejor humor hoy?”

¿Será eficiente hacerle acupuntura al cielo?

Nunca me pidió turno, eso sí.

Mi secretaria nunca anotó Cielo entre los pacientes que pedían una cita.

¿Por qué diablos me metí en esta historia, que de golpe te hace volar junto con los tubos y te deja en un lugar raro, imposible de compartir si no viviste lo mismo?

Sí, aunque parezca absurdo y esté dispuesto a admitir que es tan pero tan razonable que lo piensen a medida que me leen: supongo que un clima más sano nos hace bien a todos, nos hace sentir mejor y tal vez nos haga mejores personas, aunque sea un poquitito así. Es que acabo de meterme en un asunto crucial, casi sin darme cuenta: ¿hay climas sanos y climas enfermos?

¡Decididamente sí!

Y otra vez una desesperada exhortación al sentido común, ahora sin comillas. A ver: pónganse, por favor y por un instante, a nivel de la tierra. ¿Puede ser sano un clima dónde no llueve casi nunca? ¿Un clima pesado y bochornoso que aniquila toda dignidad, transformándote en una babosa que se arrastra por el piso en lugar de andar con la frente bien alta? ¿Puede ser sano un clima que produce nubes negras quietas y como petrificadas por la falta de brisa? ¿Un clima sin frío en invierno y demasiado caluroso de día y de noche en el verano? ¿Un clima que confunde a la naturaleza al extremo de hacerle producir brotes antes de la primavera, brotes que no soportarán luego la más leve de las heladas arrepentidas? ¿Puede ser sano un clima que se transforma en una fábrica de desiertos?

Así andaba yo en mis primeras épocas de cloudbusting: cargando el pavoroso peso de la humanidad y de los tubos de hierro, destruyéndome la espalda y metiéndome demasiada presión, la misma que después me contagió las arterias. Es que para colmo ya había demasiados terribles anuncios acerca de la catástrofe climática (la común expresión “cambio climático” es una mentira atroz) y mi investigación personal acerca de la Clonación de Idiotas (proceso y resultado de la civilización humana que conocemos) estaba bastante avanzada, aunque todavía no ha terminado.

En la cabeza tenía claro que cualquier actitud mesiánica es un error gigantesco, tal cual había aprendido durante los años de militancia política, pero el estilo en el que empecé este trabajo se le parecía sospechosamente. Es que estaba demasiado enojado con nuestra especie, pero también muy angustiado y preocupado por los hechos que ya están ocurriendo, producto de la enfermedad climática que nosotros mismos hemos fabricado. Entonces me cargaba solo todo el pesadísimo equipo para llegar a la terraza del edificio donde vivíamos, y armaba el aparato y apuntaba hacia dónde me parecía mejor. Y me interrogaba todo el tiempo acerca de los efectos que podía producir. Y deseaba con todo mi corazón que fueran los mejores, los más sanos. Por ejemplo: que disminuyera la cantidad de crímenes horrorosos, sádicos. Tenía esa ilusión que aún no ha sido ni confirmada ni desmentida. Y espero que a nadie se le ocurra pensar que estoy sugiriendo que los trabajos de cloudbusting pueden, solitos y sin ayuda, arreglar el drama del carácter humano promedio. Por favor, no.

Es más: ahora que pienso en voz alta y nadie me escucha, afortunadamente, me pregunto si está bien mejorar el clima. Si es bueno, en el caso fortuito de que los tubos se “pongan de moda” porque a algún Científico Reconocido se le dé por pensar que Tubario no es tan loco y Funciona. Sí, créanme: me lo pregunto. Ya sé que somos Duros de Matar, pero mejorar el clima y retardar el calentamiento: ¿de qué puede servirnos si no somos capaces de mejorar nuestro corazón y de usar mejor nuestro talentoso pero peligroso cerebro?

Se aceptan respuestas, si es que las hay y ocurriera que las tienen.

Hoy, 14 de junio del 2008, Ernesto Guevara, más conocido como el Che, hubiera cumplido 80 años. Hace varios años, cuando todavía era el Comandante Guevara, propuso algo bastante inusual para el cuadrado dogmatismo leninista. Dijo algo así (no es textual y ni pienso buscar la cita) como que una revolución que realmente valga la pena tiene que tener el objetivo de crear un “Hombre Nuevo”, así con mayúsculas. Y que si no, todo quedará en nueva y mera repartija económica, nada más.

Más allá de saber en detalle las cualidades y características que le adjudicaba al Hombre Nuevo, el Che acertó por completo en lo esencial: no pasó nada verdaderamente importante con las revoluciones de ésta época, salvo que lograron congelar durante mucho tiempo las ilusiones auténticamente revolucionarias. Y no hablemos de utopías maravillosas y discutibles: hablemos de un hombre real mejor que el que hoy predomina por lejos en todos los confines del planeta.

En concreto: estoy tratando de decir, y lo digo, que como especie estamos profundamente enfermos.

Que una mejoría cosmética no va a ser de gran ayuda.

Y que la historia está llena de ejemplos de “buenas intenciones” sin el menor resultado. Porque el asunto no es si somos buenos o malos, sino si estamos sanos o enfermos. Y la respuesta está a la vista: estamos tan enfermos que ya somos un caso psiquiátrico, salvo honrosas excepciones que no han logrado contagiar al resto. Entonces, acerca de los tubos y su posible benéfico efecto a escala planetaria, vuelvo a preguntarme: ¿tiene sentido? Necesito sentir que sí para volver a trabajar con ellos, ahora que estamos convaleciendo de “tubitis aguda”. Por eso decía, al comienzo de éste escrito, que el proyecto también está parado “por razones sanitarias”: son éstas últimas, las que acabo de explicar.

Por si no hubiera quedado claro: la diferencia entre ser “malos” o estar enfermos es crucial. Lo primero alude a una circunstancia irreversible, inevitable, casi como escrita en genes indiscutibles e inalterables: somos así porque no podemos ser de otra manera, cualquier intento por mejorar las cosas está condenado al fracaso.

La segunda posibilidad significa algo muy diferente: implica que nos hemos equivocado, que en algún momento perdido en las tinieblas del tiempo hemos tomado un camino incorrecto. Pero también que no siempre fue así, como demuestran algunos estudios antropológicos, y por lo tanto es posible la rectificación.

O sea: la curación. Verlo así permite la esperanza.

La otra opción no deja margen para nada que realmente valga la pena.

Y mucho menos para tomarse el trabajo de andar escribiendo esto, subirse a la azotea con una tonelada encima de las espaldas o gozar las delicias de la hipertensión.

Aunque la aventura sea tan apasionante que ni les cuento.

¿O sí?

Adivino a la distancia el fervor por la lectura de este Tubario, las súplicas por su continuación, la desesperación por saber más acerca de cómo fue, la explicación detallada de sus pormenores y sus alcances.

Así que no insistan: sigo aunque no me lo pidan.

———————————————————————–

Ahora llegué a una conclusión elemental, digna de tarados.

Uno se enferma para curarse.

Y cuando no está enfermo, es que ya se curó.

Ya sé que es más fácil merecer el premio consuelo de una kermés parroquial que el lustroso e inútil Nobel por ésta “brillante” hipótesis.

Pero déjenme explicar un poco, sólo un poco, denme una oportunidad más.

Cualquier enfermedad tiene y contiene cierta poderosa lógica, muchísimo sentido y clarísima racionalidad. No aparecen por casualidad, si no por causalidad.

Alumbran un lugar oscuro, muestran una equivocación o deficiencia, permiten vislumbrar que hay otros caminos diferentes de los que hemos elegido, nos dan una oportunidad de rectificación.

Me quedé encandilado con “vislumbrar”: ¿ver, alumbrar, iluminar dos veces?

Por eso es que uno se enferma para curarse de “otras cosas”, de cuestiones que tienen que ver con la vida real que vivimos y necesitan ser modificadas.

Por eso, cuando ya no se necesitan esos síntomas, es que uno se curó o está en camino de hacerlo. Está claro que los cambios posibles son diversos y casi infinitos: desde vínculos hasta comidas, pasando por el lugar dónde se vive, la elección de zapatos y ocupaciones, el estilo de saludo y las pausas en la respiración o la renuncia a ejercer roles y poderes inútiles. Cada uno tendrá que investigar cuáles son sus necesidades de cambio, pero es casi una ley: uno se enferma para curarse de lo que no funciona bien y necesita ser rectificado.

¿Qué tendrá que ver con el clima?

¿Cómo podrá adaptarse al trabajo climático ésta pretenciosa generalidad?

En este momento lo ignoro, y debe ser por eso que sigo escribiendo.

Ah! Había olvidado que me comprometí a contar algunos detalles operativos, ciertas historias y episodios escondidos en la intimidad de Tubario, apasionantes vericuetos de la cuestión, truculencias secretas y chismes deliciosos para leer en la sala de espera o la peluquería, sin lo cual carecerían de toda gracia e interés, obviamente.

Ésas mismas historias que unánimemente nunca me pidieron pero que ya se vienen, con el debido respeto.

¿Les dije antes que no quiero que terminemos como los dinosaurios?

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Fue el momento crucial.

Intentar, salir de dudas, pasar a la acción.

Como antes con los acumuladores de orgón y luego con los dorbuster, hubo un bautismo de fuego, una ceremonia de iniciación.

Mucha pruebita con el canario, hormigas y escarabajos.

Mucho estudio previo, ideas, fantasías, entusiasmo por sus posibilidades.

Pero el momento de la verdad consistía en probar el tubo acumulador diseñado para puntos de acupuntura en un ser humano, no podía postergarlo más.

De manera que elegí un cobayo humano para la prueba: fui yo.

Y funcionó, lo sentí desde la primera vez que lo usé.

Pero entonces viene esa región del cerebro, la misma que me obligó a deshacer nubes antes de darme permiso para los otros experimentos climáticos, y me dice: “Todo bien, ¿pero no te parece que hace falta un tiempo de uso en distintas circunstancias para que tenga más valor? Además trabajas con un sistema para medir la energía, ¿qué tal si lo usas para verificar que la tuya mejora?”

El maldito fragmento de cerebro tenía razón, de manera que seguí sus indicaciones. Y al mes de usar el tubo en un punto clave de acupuntura ubicado por debajo del ombligo, ya no tenía dudas acerca de su eficacia.

Mi energía había mejorado claramente: estaba menos cansado, terminaba con más dignidad los largos días de trabajo y encima me quedaba bastante resto para seguir viviendo intensamente lo que el día o la noche me ofrecieran.

Mis mediciones también habían mejorado en cuanto a las dos variables más importantes: cantidad y equilibrio de energía.

Y especialmente, me sentía mucho mejor.

¿Qué más hacía falta para estar seguro de que el acumulador funcionaba muy pero muy bien?

Bueno: recetarlo a mis pacientes y a mis vínculos más cercanos.

Funcionó en todos, en cada uno produciendo efectos generales y particulares, de acuerdo a estructura y realidad actual.

Curiosamente, todos se sentían mejor. Y claro: era obvio que también se preguntaran si no era “sugestión”, la misma pregunta que me hacen los que mejoran con acupuntura.

Una pregunta hartante que ya no contesto. Al principio daba largas explicaciones, luego decía “está bien, seguí por cábala, si siempre coincide es que te trae buena suerte”, más tarde investigué con plantas y animales y derivaba la pregunta al capítulo “Plantas” de mi página web. Ahora no digo nada, apenas sonrío sin ganas y sigo poniendo agujas. Listo.

Y de paso aprendí algo acerca de la “sugestión”, ese término sutil para desvalorizar fácil cualquier método terapéutico heterodoxo. Aprendí que cualquier tratamiento requiere, para ser exitoso, un buen vínculo médico-paciente. Pero eso no es “sugestión”, es confianza y entrega mutuas, nada más. Y no depende del sistema médico en cuestión, sino de la calidad y autenticidad del vínculo que se arma entre esas dos personas dedicadas al objetivo de mejorar la salud de una de ellas.

¡Es que sugestión viene de sugerir, que significa “llevar por debajo”!

En cuanto a la eficacia del acumulador de energía, el problema se resolvió fácil: ¿menos cansancio, más energía disponible en la vida real, más y mejores cosas hechas, realizadas?

Si la respuesta es sí, entonces es que el acumulador funciona.

Ni siquiera hace falta medir la energía para constatarlo, aunque sí para saber cómo se está redistribuyendo.

“Claro, pero cómo podés estar seguro si no medís, si no constatás con métodos objetivos”, dice la misma aborrecible región del cerebro mecanicista.

Nada más háganse ésta pregunta: ¿por qué razón la medicina pone tantas trabas y exigencias cuándo no entiende algo o los hechos se dedican a contrariar a la ortodoxia?

¿Es por “seriedad metodológica”, para alejar las tinieblas teológicas y evitar la mirada mística?

¡No, no es por eso!

Es para reservarse el momento preciso de su utilización, para usar el principio de autoridad (domesticación certificada) y lucrar con la novedad: es fundamental que algunos ganen mucho dinero con cualquier innovación, si no es así no sirve. Pero el único parámetro verdadero en medicina es que “algo” funcione, sea eficaz: eso es lo único que vale.

Si un chamán te cura haciéndote rezar a las seis de la tarde y recetándote hierbas imposibles, lo que hace el chamán es verdad, es cierto. Que tu ignorancia o la mía nos provoquen un incómodo escozor, a veces insoportable, es nuestro problema. En todo caso: veamos cómo podemos aprender más de la vida y sus caminos, intentemos honestamente entender cómo es que “eso” funciona, porqué razón es eficaz. Si uno renuncia a ésa búsqueda usufructuando el poder que la cultura “reconocida” y las instituciones le otorgan, entonces hablemos de política y poder, no de ciencia y medicina.

O digamos, simple, sencilla y humanamente: “no lo sé, no lo entiendo”.

¿Ah, sí?

No entendiste nada: te pagamos para que sepas, para que nos digas qué tenemos que hacer sin sombra de duda, sin titubear. No para que mires con asombro y reconozcas tu ignorancia, ¿entendiste?

Bueno: el acumulador de energía orgón hace veinte años que demuestra su eficacia todos los días. Sí: un tubito de mala muerte o una chapita insignificante pegada debajo del ombligo, “eso” que mis pacientes no saben cómo llamar.

¿Te interesa saber cómo funciona?

¿Te interesa saber porqué los tubos pueden influenciar y modificar el clima?

Es la misma razón y para eso escribo esto, si es que todavía me estás leyendo. Pero por favor: ¡no atentes contra tu sistema de creencias!

Vivir en la contradicción y la ambigüedad es muy malo para la salud…

En cambio, si estás abierto a revisar tus “creencias”, entonces podrías seguir adelante para compartir esta aventura de exploración y preguntarte libremente lo que te maraville o no entiendas.

¿Sabías que “los científicos” ignoran cómo funciona en “detalle” la aspirina? ¿Dejarías de usarla por eso, si es que te ayudó muchas veces? Es más: ¿no habría que prohibirla hasta que sepamos todo lo que hay que saber sobre ella?

Pero sigamos un poco más.

Entonces me hacía muchas preguntas, pero especialmente una. ¿Qué pasaría si, habiendo aprobado el examen de hacer desaparecer nubes, utilizaba los tubos con fines más ambiciosos como refrescar, hacer llover o limpiar el aire?

En realidad no es cierto eso de “hacer llover”: me extraña que digas eso, que suena a dios o magia, lo mismo da.

Así lo tuyo es ser nada más que fabricante de lluvias, rainmaker, vendedor de sueños, optimista de barrio, mentiroso profesional, iluso diplomado, charlatán de feria, manipulador de esperanzas, falso dios de bolsillo, creyente del absurdo, especialista en utopías, chamán traspapelado, estafador metafísico, colmo del absurdo inútil.

Eso y mucho más, me dijo.

“A ver, ¡hacélo si estás tan seguro, sé valiente y jugátela! Pero después, cuando no pase nada de nada, no gimotees en los rincones ni te pongas a inventar una falsa excusa para disimular tu fracaso. Sé digno y cállate para siempre”, así me dijo.

Y entonces, no me quedó más remedio que intentarlo para sacarme el asunto de la cabeza, olvidarlo de una vez por todas y no quedar como un cobarde delante de mí.

 

Carlos Inza

Médico, Homeopata, Acupuntor y Orgonoterapeuta

Buenos Aires, julio del 2010


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Sobre Crianza Ecológica

ECOLOGIA

Por Munich Santana

Hablar de crianza ecológica importa tener en cuenta la relación de todas las variables que marcan los objetivos puntuales en cada fase del desarrollo. Variables que van confluyendo en cada momento histórico del desarrollo de una vida: desde lo intrauterino, hasta el proceso de nacimiento y desarrollo de la fase maternante, en la relación con la figura materna. O con la figura paterna, la entrada en la familia o escuela, el desarrollo de la sexualidad, entre otras. Estas variables pueden darse en un plano micro (por ejemplo adentro de los cuerpos de la madre o el padre) hasta en un plano macro (como el de las estructuras sociales en que vivimos). Somos seres socio-históricos siempre, aun cuando  todavía vivamos adentro del útero de nuestras madres; somos seres biológicos aún cuando estamos enmarcados en espacios sociales o emocionales.
Tomar apenas la madre o el padre, la lactancia o la escuela, por separado, e intentar analizarlos, es una mirada limitante porque estos son aspectos parciales de una serie de variables que van confluyendo en todo momento de la crianza. Por supuesto en cada fase hay un aspecto que es más importante que otro, pero siempre está vinculado con los otros aspectos del ecosistema familiar y social.


Características de la crianza ecológica:

Interrelación entre distintas variables 

Influencia de la cultura de los padres y de la historia de cada individuo.
La jerarquía del tiempo hace que en determinado momento sea la madre, o el padre, o los grupos sociales, o la escuela, quienes tengan más peso. Esto no significa que las otras variables no estén presentes, sólo que están fuera del foco, al tiempo que hacen parte de la escena de la crianza. Y todo el tiempo estas variables se interrelacionan en el sistema familiar y social.
Perspectiva colectiva:

Reconocimiento de todas las necesidades de los miembros de la familia, donde el apoyo mutuo es una función muy enriquecedora del proceso de crianza.
Perspectiva temporal

Tener claro ésta perspectiva permite comprender el presente a partir del pasado (historia), y así tener una perspectiva de futuro (prevención), hacia donde vamos y porqué hacemos lo que hacemos en el proceso de crianza. Es decir no mirar apenas el fenómeno en el presente, como si las respuestas pudieran ser entendidas y sostenidas, separadas de un contexto histórico.
– Sostenibilidad

Un acto en la crianza puede ser pensado y propuesto por una familia o por sistemas macro sociales, cuando están dadas las condiciones que permiten sostener éste acto. Si no, es necesario crear las condiciones de sostenibilidad. Las propuestas de crianzas tendrían que salir del plan ideal para llegar a un plan real y sustentable para una familia. Ejemplo: ¿una mujer que deja de trabajar por un año para cuidar a su hijo, está haciendo un acto sustentable?.  ¿Es sustentable para una mujer que está angustiada y que se siente sola o muy ansiosa frente a su bebé, prolongar la lactancia hasta que éste decida dejar de tomar la leche materna?. No podemos decir que si o que no apenas con estos argumentos, antes bien habría que acercarse a la historia de cada familia y tener en cuenta las variables, la perspectiva colectiva y temporal, evaluando si es sostenible o no lo propuesto; esto es dejar de trabajar, encarar una lactancia prolongada.

Volver a la tribu
Es importante volver a la idea de Tribu, donde los roles psíquicos no estén tan marcados, donde lo importante sea la función y que todos cooperen para que ésta se dé. Si pensamos en el rol de madre (y hay una tendencia a endurecer la mirada y pensar que es aquello que hace solamente la mujer) o rol de padre (aquello que hace solamente el  hombre) nuestra mirada será estrecha y parcial. Pero si pensamos en función materna (cuidar, favorecer condiciones de contacto permanente con el bebé), ésta puede ser ejercida por cualquier persona con capacidad de contacto, y que ofrezca al bebé lo que éste necesita para contemplar las necesidades del período post-natal. Por otro lado, si pensamos en función paterna (sostener, contener y en otro momento separar y estructurar), ésta también puede ser realizada por cualquier persona que cumpla esta función. Aunque no haya madre o padre, es importante en un determinado momento del desarrollo  que  alguien cumpla las funciones materna y paterna.
La tarea de criar un hijo es una tarea muy grande para una única persona, incluso para dos; y es la razón por la que se sobrecargan los sistemas familiares, pues las familias suelen ser núcleos pequeños y cerrados de crianza. Abrirse a grupos sociales un poco más amplios, recuperar espacios, sean estos pequeños, que funcionen como tribus de crianza para crear condiciones de sostenibilidad y apoyo mutuo, son de suma importancia en el momento en el que uno decide seguir un camino de respeto a la autorregulación del niño, a sus ritmos, etc. Tribus que respeten y toleren, en el proceso de crianza, lo que cada uno puede o no puede hacer, sin culpabilizar o intentar cumplir ideales. Caminar en la recuperación de un modo de crianza más abierto, colectivo y responsable.

 

Texto construido sobre inspiración a partir de clases de Xavier Serrano.


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Patriarcado ¿Cómo te lo explico, Ramiro? #Niunamenos

CLONACIÓN DE IDIOTAS

Por Daniela Mattolini

El virus del patriarcado (manzanita uno)

Te entiendo, me dijo una mujer lúcida. “Yo desconfiaba también, como vos de las clasificaciones y etiquetas… creo que lo que te molesta no es eso, es el patriarcado…” Desde que Ana me dijo eso, ocurrió una recapitulación de situaciones autoritarias, sutiles o explícitas. Las imágenes me fueron mostraron la humanidad más cercana y más lejana, la menos y la más querida infectada por una especie de virus: un virus patriarcal, que se encarga de etiquetar toda situación en toda disciplina para formar ovejas-lobo. Es decir, sos del rebaño, pero acusás a las demás ovejas si se salen del “portarse bien”. Y las mujeres que se portan mal corren el riesgo de ser asesinadas. Muchos señores y señoras ovejas parecen celebrar, consentir, justificar cuando un cordero es degollado.

Si prestás atención duele. Cuando el virus asoma en los comentarios casi que es posible aislarlo, identificarlo, buscar una vacuna, una homeopatía, un antídoto. Cuando no, es casi imposible. Todos contagiados de “… es que andaba sola” “ella se lo buscó” “¿qué tiene de malo un piropo?” “las mujeres de bien” (porque parece que hay las de mal…)

Mi cinismo me trae imágenes de zombies infectados de patriarcado. Una señora de “batón” celeste y chancletas pasando el lampazo por la vereda mendocina diciéndole a la vecina mientras mueve la cabeza desaprobatoriamente “algo habrán hecho”. Una explicación sencilla, tranquilizadora que se aplica a todas las violencias. Se me ocurren muchas imágenes para contárselo a los que todavía me hablan de que no creen en el feminismo ni en ningún “ismo” o a los que dicen que el feminismo es lo mismo que el machismo pero al revés.

Todos somos Opinólogos

“Se viralizó una carta en memoria de las chicas mendocinas asesinadas” dice el titular de una nota de Clarín. En la nota aclaran que la carta fue escrita en primera persona por una estudiante paraguaya y pone el foco en la mirada recriminatoria que hay hacia las mujeres en estos casos. Fue compartida casi 600 mil veces. Miles de notas, miles de muertes, miles de dolores. Pero los comentarios debajo de las notas los de “la gente” siguen diciendo lo mismo: la culpa es de las chicas que se metieron “en la boca del lobo”. Cito uno de muchos comentarios y para muestra basta un botón:

“Hay una realidad innegable, que las minas se empeñan en desconocer: una mujer no es igual a un hombre ! Así de sencillo. Es una persona vulnerable, muchísimo más débil físicamente, muy fácil de atacar y dominar….Un muchacho de 20 años como ellas puede hacer frente tranquilamente a cualquiera y no estará en desventaja, pero una mina sí ! POR ESO SE INSISTE EN QUE SEAN ACOMPAÑADAS AL MENOS POR UN VARÓN, justamente para evitar ese tipo de peligros… Y por lo demás, todos sabemos cómo piensan y actúan dos minitas de 20 años que salen a recorrer países cuartomundistas, en los que no hay garantías de ningún tipo…Se sueltan, y andan a la pesca de un par de machitos que les guste, y en esa búsqueda se topan con dos malandras como los que las asesinaron. Así terminan las mochileras.” Dice un tal Ramiro. http://www.clarin.com/sociedad/vira…

Hay tantos Ramiros ¿bienintencionados? emitiendo sus opiniones justamente ante las voces femeninas que decimos que con estos comentarios las matan dos veces y nos condenan a todas, incluídas “sus” mujeres: hermanas, hijas, parejas. En honor a la verdad, algunos diarios merecen más mis respetos que otros y Clarín no es santo de mi devoción, es más bien diabólico en mi panteón de comunicadores. En el tratamiento de esta dolorosa noticia y en casos similares son de destacar la lucidez de Unidiversidad y de Cosecha Roja.

Muy cerca de la marcha realizada en Mendoza por estos femicidios, se realizó la marcha del 8 de marzo, en la que se conmemoró el Día Internacional de la Mujer a raíz de un evento terrorífico como tantos. Tantos que se van naturalizando… y se van mezclando y al querer conmemorarlo, nunca falta una mayoría (dominante) que relativiza ese evento. Porque “a los hombres también los mata y nadie dice nada”, y a los niños y a las ballenas y al oso Arturo. Cada cual merece su justicia seguramente, acorde a su caso, pero nos gustaría que alguna vez quienes alzan estos argumentos pudieran comprender que siguen tapando esta herida social, este hueco legal, este dolor ancestral con esas opiniones y argumentos. En psicología se le llamaría resistencia o negación al mecanismo defensivo ante una dolorosa verdad que pretende revelarse. Y así la sociedad lo tapa a la vez que lo muestra. Cada noticia sobre violencia de género en los medios, bien o mal escrita desde la perspectiva de género obtiene comentarios que sostienen el paradigma patriarcal (escritos por hombres y mujeres).

Queda mucho por hacer, hay mucho que se está haciendo. En las parejas, en las crianzas, en las decisiones sobre cómo vivimos, cómo consumimos y qué consumimos. Porque las muertes de 1908 que dieron lugar a la marcha, a los reclamos socialistas que hoy derivan en el Día Internacional de la Mujer tienen que ver con el consumo de la vida, con la sociedad de consumo y con la falta de respeto las mínimas condiciones de supervivencia de algunos por sobre el confort de otros. 146 mujeres quemadas por un reclamo en una fábrica textil se reproducen por miles en el mundo actual que también cuenta con esclavas textiles acá nomás en Capital Federal Argentina, esclavas sexuales, acá nomás en la Patagonia para que los “esclavos” a sueldo de las mineras se “descarguen” entre el casino y el prostíbulo. Bien pensado, jefe. Jefe patriarcal, esclavista de multinacional que devora a la tierra y a la gente, que acumula una riqueza vacía, dinero.

Es válido dar lugar a las voces que hablan de los dolores del mundo, de los dolores por la humanidad y la tierra tal como la estamos observando. Que es de todos, que no sólo las mujeres mueren, se esclavizan, son violentadas y son asesinadas. Que la violencia se ha ejercido indiscriminadamente, entonces a qué venimos algunas a ponerle resaltador a la que padecen las mujeres. Bueno, es que hay violencias que sólo padecen las mujeres y que la padecen por el hecho de serlo. Esto no ocurre de modo institucionalizado y sistemático con los hombres o los osos polares. Así de simple.

Y hay que hacer la prueba de explicarlo con manzanitas, de conquistar en la comunicación algo de conciencia juntos y juntas. Con el que no lo ve, con el que piensa distinto (aunque frustre tanto que aun publicando una carta como la que se “viralizó” el virus del patriarcado se encienda aún más en los comentarios como los de Ramiro) tratar de bancarse (un poco) la resistencia, la negación, las posturas defensivas, el ataque ideológico, porque de verdad y con urgencia necesitamos un cambio de paradigma, un cambio de conciencia.

Nos están matando por ser mujeres (manzanita dos).

“Es una persona vulnerable, muchísimo más débil físicamente, muy fácil de atacar y dominar…” la debilidad según Ramiro, la oportunidad de ser dominado o atacado, esa cualidad es un “hecho”. Si sos débil, no salgas. Si sos mujer sos débil. Físicamente. Física. Mente.

Porque hay cosas que se supone que las mujeres debemos hacer y cosas que no y si te salís de esos parámetros-jaula entonces corrés un gran riesgo, como nos recuerdan todos los Ramiros que comentaron en este mes, con tono admonitorio sobre cuál es el lugar de la mujer y cuál no. Viene Marcelo un poco más abajo y dice: “Asi terminan las aventuras cuando uno se cree que el mundo es para divertirse y que la vida es una fiesta. Horrendo. Para eso están los padres, que tienen experiencia.”

La vida es una fiesta, Marcelo. Todo lo bueno viene de la Vida. Vos por ejemplo, Marcelo, muy probablemente venís de una fiesta de la vida entre una mujer y un hombre, ojalá vengas de un buen orgasmo consentido y buscado. Estás invitado a la fiesta de la vida, a defender la alegría (como dice Benedetti y canta Serrat) desde que saliste del vientre de tu madre y lograste sobrevivir hasta emitir una opinión tan lamentable. Vos que también sos débil Ramiro, físicamente, sometible y asesinable. Vulnerable, como todo ser humano.

Pero como no sos mujer, no es un “hecho” que tenés que cuidarte, no tenés prohibido viajar solo. Vos, según vos, no estarías en riesgo “físicamente”.

Entre otros comentarios, a muchos Marcelos, Marcelas, Ramiros y Ramiras no les gustan las “poesías” soñadoras sobre ser libres de viajar… tranquilas. Le parece ingenuo que queramos andar por la vida sin que nos maten, siendo tan respetables como cualquiera ¿cómo se nos ocurre?

Querer una vida… Viva. Querer una vida igualitaria. Poder estudiar, y quizá ir a la universidad y querer ganar un sueldo acorde a lo trabajado y que no sea menor mi pago por ser mujer. Que no me pregunten sobre la maternidad como una obligación las señoras del barrio, ni como una carga los jefes que prefieren contratar hombres que no se embarazan, (como las mujeres que encima pretenden cobrar sueldo durante la licencia por maternidad, que ya es un invento moderno). Y las hippies y las chetas que tienen la moda del feminismo, de priorizar a los hijos o de querer partos sin violencia.

Qué pretenciosas, queremos respeto por nuestra vida, por nuestras decisiones, por nuestra libertad. Pero Ramiro duerme tranquilo mandándonos a callar, a no viajar, a no ir a fiestas, a no trabajar si vas a ser madre, a no ser linda, a no querer serlo, a no gustar, a no disfrutar. A consumir pavadas románticas y domésticas que tengan a Marcelo contento. A bancarte todo calladita si querés algo más que lo que Marcelo espera para el triste destino de la mujer. Cualquier osadía, será castigada con violación y pena de muerte. Porque te lo buscaste.

Somos putas, somos brujas, somos locas, por las mismas cosas que un hombre es un groso, un capo, un winner.

Por querer vivir y desear en paz, igualitariamente. Parece que todavía hace falta hacer mucho más para que Marcelo, Ramiro y los salieris de Tinelli se curen del virus patriarcal.

Hoy los restos de Majo Coni y Marina Menegazzo serán sepultados en un cementerio de Luján de Cuyo (Mendoza). Lamentablemente, Ramiro duerme tranquilo, él cree que no mató a nadie.

Daniela Mattolini

Psicóloga, Terapeuta Floral

Participa en Mendoza Permacultura y Alumbra (agrupación de mujeres a favor de un parto respetado)

 


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LA ECOLOGÍA HUMANA

            PREVENCIÓN Y PROFILAXIS

 Por Álvaro Fernández Luzardo

En los últimos tiempos la humanidad ha estado muy ocupada en elaborar estudios cada vez más eficientes para conocer y comprender los fenómenos de la naturaleza con el propósito de dominarla y controlarla. A su vez ha desarrollado tecnologías cada vez más sofisticadas para aumentar el confort y facilitar su vida cotidiana, reforzado y amparado en el llamado “estado de bienestar” llevado adelante fundamentalmente en Europa.  En estos terrenos los seres humanos han hecho grandes progresos, pero con el tiempo comenzaron a aparecer algunos problemas, percatándose de que algo no va bien. Por un lado el impacto medioambiental que el desarrollo civilizatorio ha ocasionado comienza a preocupar seriamente tras el evidente deterioro y desequilibrio ocasionado en nuestro planeta, refiriéndonos solo a lo macro, a lo visible. En este sentido el movimiento ecológico de los últimos tiempos reaccionó con una alerta desesperada que a regañadientes comienzan a incorporar, desde el discurso, los ámbitos políticos. El daño que estamos haciendo al planeta es de por si alarmante, pero en los hechos, la estructura y la organización general de la población humana, que es la causa de la depredación planetaria, continúa adelante como si nada pasara. Pero hay otro aspecto del que se habla poco, y es el impacto que el proceso civilizatorio, la cultura, ha tenido y tiene sobre la “naturaleza humana” en particular.

La cultura tiene por objetivo dominar, controlar y ajustar la naturaleza humana para adaptarla a su civilización. En esa carrera emancipadora que el hombre viene desarrollando desde hace miles de años contra su naturaleza animal, instintiva, esa lucha cultura contra natura, comienza a mostrar algunas consecuencias preocupantes. Pero al igual que ocurrió con el medioambiente, tuvo que pasar un tiempo considerable para que ciertas repercusiones se comiencen a evidenciar. El ser humano comenzó a modificar deliberadamente procesos biológicos que la naturaleza tardo milenios en desarrollar, en función de  nuevas demandas que surgen desde  nuevos intereses de  la organización moderna socioeconómica. Por poner algunos ejemplos; En los años cincuenta, en época de posguerra se promueve masivamente la lactancia a biberón, para que las madres se sumen como mano de obra. ¿Qué consecuencias tuvo este cambio aparentemente inocuo en el desarrollo humano? Otro ejemplo es el incremento exponencial que ha tenido en los últimos años los nacimientos por cesáreas programadas, y por ende la disminución de partos naturales. ¿Sabemos las implicancias de éste otro cambio? También está el surgimiento masivo de guarderías desde los 6 meses o antes; modificando tajantemente los vínculos entre madres e hijos. ¿Qué repercusiones tendrán estas modificaciones de las condiciones vitales a mediano y largo plazo?

Conocemos bastante bien las condiciones ambientales que una semilla necesita  para poder crecer y florecer, pero paradójicamente conocemos poco las complejas condiciones ambientales que necesitamos nosotros, los mamíferos humanos, para desarrollarnos de manera óptima.

Utilizo el término “ecología humana” para referirme al estudio, investigación y comprensión de las complejas condiciones ambientales, que el mamífero humano necesita para desarrollarse saludablemente a lo largo de toda su vida.

Los seres humanos somos uno de los mamíferos más vulnerables y dependientes que existen en la naturaleza. Las condiciones ambientales y los vínculos afectivos primarios son de vital importancia para un desarrollo saludable. Pero desconocemos en profundidad nuestras dinámicas vitales;  biológicas y psicoafectivas necesarias para autorregularnos a lo largo de toda la vida, que forman parte de la ecología humana, y que hacen posible una sostenibilidad cotidiana, placentera y expansiva.

Los procesos de acompañamiento y cuidados primarios son bien conocidos por el resto de los animales mamíferos, que responden, desde su “saber” instintivo, desde su “sentir” lo que hacen y cómo lo hacen, y desde el “contacto” que establecen con sus crías. Lo que les permite entablar un lenguaje desde el cual mantener una retroalimentación que tienda al equilibrio y a la armonía en el sistema, necesaria para favorecer la expansión y el crecimiento vital.

Los seres humanos, las criaturas más “inteligentes” del planeta, vamos perdiendo cada vez más esa capacidad de contacto y de comunicación con nuestros bebés. Esa capacidad instintiva primaria tan necesaria, sobre todo, en los primeros tiempos de la vida.

¿Porqué hemos perdido estas capacidades naturales?

La preponderancia del desarrollo neocortical en los seres humanos, el último y moderno tercer cerebro, con sus novedosas adquisiciones como el razonamiento y  la capacidad de predecir, con su noción de temporalidad, entre otras,  fue relegando la utilización de los sistemas más antiguos filogenéticamente hablando, y de esta forma fuimos desprestigiando y subestimando ciertas capacidades más primitivas. La razón fue desplazando a la emoción y al instinto, y así nos fuimos atrofiando y desconectando de nuestro campo de conciencia y  de nuestro rango de acción, a estas fuentes de sabiduría que fueron cultivadas durante millones de años.

El  hombre moderno, comenzó un camino de emancipación, separación y desconexión, deslumbrado y cegado por sus nuevas y potentes cualidades. Las características y lógicas de éste nuevo cerebro, son las que comienzan a  determinar un nuevo paradigma, nuevos valores y una nueva forma de organizar sus sociedades y elaborar una nueva cultura. Una de las nuevas cualidades es la capacidad de abstracción, que le da la posibilidad de separarse, de pensarse individualmente. Esto comienza a instaurar una de las características más prominentes de nuestra sociedad actual; el individualismo y la competitividad. Y el alejamiento de la espiritualidad en todas sus facetas, la pérdida de ese sentimiento de pertenencia, de unión y de conexión con el resto de los seres vivos y con la naturaleza.  Otra de las nuevas cualidades es la capacidad analítica, que lo lleva también a separar, a desmembrar y comprender al universo como una máquina, compuesta de piezas, individuales e independientes.

El nuevo hombre, arrogante y soberbio, ya no cree en nada ni en nadie, solo en sí mismo, aislado y solo, tampoco confía en ningún otro sentido que no sea la razón, y no cualquier razón, sino su única razón propia. En búsqueda de la verdad, prosigue un aumento exponencial de conocimiento ,información e ideales, que en los últimos tiempos, con internet y las redes sociales, ha tenido un crecimiento exponencial vertiginoso, que paradójicamente, lo ha llevado a un atolladero cada vez más ineficiente y estéril.

La salida no aparece con nuevos discursos, nuevas ideas o teorías y explicaciones, porque todas ellas no nos alejan ni un ápice de la dimensión de lo mental, no logramos salir de la cabeza! Lo que supuestamente nos hace ser la criatura más inteligente nos condujo a una trampa, que de no salir a tiempo, se puede convertir en fatal para nuestra propia especie.

Éste es el desafío, recuperar nuestra humanidad perdida, nuestra conexión con las capacidades abandonadas, con el saber instintivo y el contacto emocional, que nos puede devolver la esperanza de recuperar nuestro bienestar perdido y nuestra unión con la vida. Esto no significa abandonar las modernas capacidades adquiridas, sino el poder integrarlas a las demás.

La razón, la capacidad contemplativa, reflexiva, etc, son muy útiles para nuestro crecimiento y evolución personal, y como especie, sino se vuelven déspotas y negadoras del resto de capacidades que también son fundamentales y que no las puede suplantar el órgano cerebral recientemente evolucionado.

¿Cuáles son las condiciones óptimas, ecológicas, para que los seres humanos lleguen a desarrollar el potencial verdaderamente humano?

“Aplicar las leyes del funcionamiento ecológico al ciclo vital del desarrollo humano, desde la vida intrauterina hasta la adolescencia, permitiría recuperar los valores esenciales de la humanidad y promover un cambio general hacia la salud y la felicidad”. (Serrano 2012).

La ecología humana , entonces, es el estudio de las condiciones vitales, que incluyen factores no sólo físicos, fisiológicos y biológicos, sino que dan primordial importancia a las interacciones y las relaciones afectivas y emocionales entre los seres humanos, condicionados desde lo sociocultural.

En Uruguay estamos llevando a cabo esta praxis desde nuestro Centro de Autorregulación Infantil  “Ecohum”, desde donde ofrecemos asistencia, asesoría y acompañamiento en la crianza a la familia. También trabajamos sobre la difusión de ésta mirada dando cursos, conferencias, talleres y  actividades grupales psicosociales.

“No podemos decir a nuestros hijos que tipo de mundo sería o habría que construir, pero podemos equipar nuestros hijos con el tipo de estructura caracterial y con el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir, su propio futuro y el de sus hijos.” Wilhelm Reich

 

 

Bibliografía

J.Mañas Montero- Autorregulación y Autogobierno , un abrazo entre Psicología y Educación.

W.Reich- Los niños del futuro.

W.Reich- El acorazamiento del recién nacido.

X.Serrano- Al alba del siglo XXI

Álvaro Fernández Luzardo

Psicólogo y Psicoterapeuta Caracteroanalítico

 Especialista en prevención primaria e intervención ecológica de sistemas humanos

Integrante del Centro Reichiano de Montevideo y del Ecohum (Centro de Ecologia Humana)