Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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Los acumuladores de energía orgón I

Qué son, cómo funcionan y cómo pueden utilizarse los maravillosos artefactos que diseñó Wilhelm Reich.  Y también como fueron adaptados para utilizarse en puntos de acupuntura.

Siento un poco de vergüenza cuando reviso lo que están por leer, porque le faltan demasiadas cosas al artículo. Pero también comprendo que si uno se dedica desde hace varios años a investigar en energía orgón y fundamenta gran parte de su trabajo en la utilización terapéutica de esta energía, seguramente se quedará con ganas de decir muchísimo más. O sea: la vergüenza no es por lo que tiene, si no por lo que le falta. Y entonces necesito aclarar de qué asuntos carece o sólo están sugeridos pero no desarrollados.

Uno es la experiencia clínica y el trabajo concreto de consultorio con los métodos que utilizo con mis pacientes. Estos métodos consisten en una articulación, en un encuentro entre acupuntura y orgonomía, la ciencia de la energía.

Y el otro, más trascendente, son las consecuencias teóricas y prácticas del gran descubrimiento de la energía orgón por parte de su investigador principal, Wilhelm Reich. Para explicar esto en detalle haría falta un libro, no un artículo. Pero basta saber que sus hallazgos e investigaciones tienen profundísimas implicancias en relación a lo que entendemos por salud, enfermedad y otros asuntos cruciales de la vida. Y no sólo en lo que se refiere al ser humano individual: también en sus aspectos antropológicos, sociales y políticos. Tampoco se refieren únicamente al humano, por que su mirada abarca a todos los seres vivos, pero también a la materia “inanimada” y al cosmos entero. Por ejemplo: reflota la discusión acerca del famoso “éter”, que sintéticamente significa la aseveración de que el universo no está vacío, si no lleno de vida.

Y si quieren saber por qué razones o motivos su trabajo es ignorado o desconocido, la respuesta es muy sencilla: porque va “con los tapones de punta” contra las concepciones vigentes en materia de medicina, psicología, sociología, física, química, política y hasta filosofía.

O sea: la mirada reichiana no es buena, ni siquiera tolerable, para cualquier sistema de poder, sea cual sea. Y tampoco es buen negocio, porque la energía orgón no se puede patentar y sus “aparatos” son tan simples que causan gracia o risitas idiotas.

También es bueno saber que la orgonomía reichiana no es inocua. Al menos eso le pareció a las instituciones de Estados Unidos que, a mediados de los 50 del siglo pasado, lo persiguieron hasta meterlo en una cárcel y dejarlo morir o matarlo, según algunos, y que viene a ser lo mismo. Pero no sin antes producir hechos dignos de la peor época de la Inquisición: quemaron sus libros, apuntes y aparatos para que no quedara nada de él y su obra.

Pero fue inútil, tal cual estarán viendo a continuación.

El canario que se quería escapar de la jaula

Era un día soleado de 1987. Y era primavera, que es cuando las cosas de la vida comienzan.
Había preparado un extraño artefacto mezcla de cañón biónico y arma antediluviana. Era un tubo de bronce -rezago de la obra en construcción de mi antigua casa- de unos 15 centímetros de largo por una pulgada de diámetro rodeado por una capa de algodón, sobre la cual había otra de plástico. Y encima otra capa de algodón, finalmente rodeada por una película de cinta adhesiva marrón, del tipo de las que se usa para embalar y asegurar cajas de cartón. Recuerdo que miraba esa extraña construcción con mucha expectativa pero bastante desconfianza. Dudé unos instantes pensando que estaba manejando una maniobra bastante más parecida a un delirio que a un experimento, pero al final me pareció que el sólo hecho de haber construido ese adminículo justificaba su uso, aunque más no fuera para suprimir ese loco proyecto de la lista de las cosas posibles.

¿Qué podría perder completando la función?  Apenas unos minutos más. Ni siquiera el fracaso de la prueba alteraría en lo más mínimo mi sistema de trabajo, que ya tenía años de prueba.

De manera que me armé de valor, tomé la parafernalia de bronce en mi mano derecha y me dirigí hacia la jaula del canario, ahora sí resuelto a terminar cuanto antes con este absurdo experimento. Estaba solo y lo había previsto, cosa de no alarmar excesivamente a mi familia y evitar algún rápido llamado al neuro-siquiátrico más cercano. ¡Era tan difícil explicar lo que estaba por hacer!
El canario estaba tranquilamente parado en uno de los dos travesaños de madera de la jaula y cuando me acerqué alcanzó a dirigirme una mirada estándar, cosa que me alegró infinitamente porque tal indiferencia demostraba que ni sospechaba que sería objeto de un experimento. Habrá pensado que pasaría de largo como siempre, a lo máximo le diría algunas palabras sin importancia o lo miraría en silencio mientras pasaba hacia el comedor.

Pero no fue eso lo que hice. Me paré a dos metros de la jaula, me quedé un momento quieto para no alarmarlo mientras simulaba buscar algo que no estaba en su dirección y luego, lentamente, alcé el tubo y dirigí su extremo abierto (el otro lado del tubo estaba cerrado con las mismas capas que había utilizado: algodón y plástico) primero vagamente hacia la jaula y luego, con más precisión, hacia donde se encontraba el inocente animalito.

Lo que sucedió a los pocos segundos de apuntarle con el artefacto fue tan impactante que, sin ningún tipo de exageración, podría decir que decidió mi destino: ¡el canario comenzó a revolotear como loco por toda la jaula, como si lo persiguiera un ejército de gatos a punto de terminar con un ayuno de quince días!

No podía parar: andaba como loco de un lado a otro de la jaula chocando contra los alambres a fuerza de apuro y desesperación. Y yo no podía creer lo que estaba viendo, ya que si bien no tengo ninguna licenciatura en canarios, nunca había visto a uno poseído de esa furia por huir de algo que debía sentir como una especie de tornado dirigido exclusivamente contra él. A los treinta segundos retiré el tubo, preocupado por el destino del canario y suponiendo que su corazón no aguantaría mucho tiempo más semejante exhibición de angustia motriz, pero totalmente incrédulo acerca de la relación entre tubo y reacción.

Sin embargo me quedé bastante sorprendido cuando, segundos después de dejar de apuntarlo con “la cosa” que había construido, el animalito comenzó a tranquilizarse y segundos después volvía a su posición original, si bien observaba con cierta desconfianza en la dirección hacia donde yo me encontraba.

Me dije que todo eso era demasiado loco como para creer en algún mecanismo tipo causa/efecto y entonces decidí dejar pasar unos minutos para hacer una contraprueba, atribuyendo la reacción al temor que podría producirle el acercamiento de un ser humano (sin duda somos una especie de temer) que le apuntaba con algo que bien podía pasar por un arma. No sé -pensé- tal vez nos ha tocado un canario aficionado a las series de televisión y se creyó que estaba apuntándole con una pistola…

En esos minutos que tuvo como descanso de un momento tan agitado, aproveché para agenciarme algo que parecía el tubo pero no lo era: se trataba de un rollo de papel higiénico cuyo volumen y apariencia eran muy parecidos a los del instrumento utilizado minutos antes con resultados tan extraordinarios. Entonces repetí exactamente la misma ceremonia: me acerqué despaciosamente, me quedé en espera mirando como bobo en la misma dirección que antes y levanté el nuevo e higiénico artefacto apuntando primero a la jaula y luego al canario. Me quedé en esa delirante posición, como un mosquetero que amenaza a su oponente, esperando que el canario empezara otra vez con su loca carrera por toda la jaula. Pero no pasó absolutamente nada: el pájaro estaba arriba del mismo palo, en la misma posición y con la misma tranquilidad que al comienzo del experimento. Incluso podría jurar que me miraba con un poca de sorna, como diciéndome que no me hiciera ilusiones con un nuevo ataque de locura motriz.

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Y bueno -me dije- habrá que dejar pasar otros diez minutos y volver a probar con el tubo de bronce para salir de dudas acerca de toda esta fantasía. Seguramente no pasará nada y todo podrá explicarse por la capacidad del animal para adaptarse a una situación que primero le produce miedo por la pose un poco intimidatoria, y luego acostumbramiento al ver que nada sucede. Todo eso está muy bien -pensaba mientras esperaba lejos del canario- ¿pero por qué dejó de moverse con tanta evidente agitación luego que dejé de apuntarlo con el tubo de bronce?

Entonces volví a montar la misma escena con idéntico procedimiento.

A los pocos segundos de insistir con el tubo de bronce y más rápido que en la primera oportunidad ¡el canario se enloqueció nuevamente y tornó a revolotear enloquecidamente por toda la jaula!  Creo que también yo estaba aterrado: no podía creer lo que estaba viendo, eso no podía ser real. No podía admitir que un artefacto tan primitivo como el que había construido -un acumulador de energía orgón hecho de acuerdo a los criterios indicados por Reich- fuera capaz de lograr tales efectos.

Casi está demás contar que, con intervalo de una hora repetí exactamente la misma secuencia y procedí igual al día siguiente, esperando con ansiedad que pasaran las horas. En todas las oportunidades el canario reaccionó con la misma agitada conducta ante el tubo de bronce, y con similar indiferencia cuando lo apuntaba con el símil de cartón y papel.

Me costó bastante dormir en las noches que sucedieron a esos días, pero al final logré descansar en paz cuando llegué a ciertas conclusiones: una era que la energía que describía Wilhelm Reich existía sin lugar a dudas y que podía concentrarse y utilizarse de acuerdo a sus precisas indicaciones, la segunda conclusión trataba de que Reich era un genio indiscutible y su fantásticos descubrimientos podían cambiar el torcido devenir de la historia humana, mientras que la tercera tenía relación con mi propio destino: estaba tan feliz y conmocionado por los resultados de este experimento que no tuve ninguna duda acerca de que a partir de ese instante dedicaría mi vida a seguir por ese camino.

Entonces pude dormir tan bien como espero hacerlo esta noche.

Ése fue el primer acumulador de energía que construí, basado en un artículo del  orgonomista alemán Berd Senf que también conocía a la acupuntura, pero luego siguieron muchos otros de distintos tamaños y materiales. La idea básica era adaptar su uso a la acupuntura, de manera de poder cargar de energía a los puntos más importantes, más que introducir a alguien en el interior de un acumulador, como había hecho Reich. Por eso el diseño en forma tubular y el comienzo de cierta peregrinación por ferreterías y extraños negocios donde pueden conseguirse acero y otros metales. Probé uno conmigo, controlando mi energía con las mediciones antes y después de usarlo por algún tiempo en puntos importantes de acupuntura. Y entonces verifiqué que mi entusiasmo después de la reacción del canario no era exagerado: se había abierto un nuevo camino.

Comencé a indicarlo a mis relaciones más cercanas y luego a mis pacientes. Y cada uno lo asumió como pudo, porque es muy difícil aceptar que un tubo rodeado con capas de metal y plástico, ubicado durante veinte minutos o media hora a dos centímetros por debajo del ombligo, sea capaz de incrementar la carga energética de quien así lo utiliza. Funciona pero es difícil aceptarlo, porque implica un cambio radical en las concepciones acerca de la vida en general y de la medicina en particular.

Luego diseñé un dispositivo más pequeño, apto para ser utilizado durante varias horas -de acuerdo a la necesidad energética de cada persona- y adherido a la piel con una cinta hipo alergénica. Y más tarde, hace algunos años, comenzó la fascinante investigación con el Dor-buster, el tubo que permite extraer energía en las zonas de bloqueo utilizando la fuerte afinidad del agua por la energía, y que también se ubica sobre puntos de acupuntura. Esta historia sigue y se encuentra en pleno desarrollo…

Pero hubiera sido difícil o imposible si no hubiera encontrado a mis buenos amigos de la Fundación de Orgonomía Wilhelm Reich de Buenos Aires, en los cuales encontré un sólido terreno de afinidades. Y especialmente, si no hubiera dado con Federico Navarro, mi maestro durante sus últimos años y el más importante continuador de Reich que conocí. Además de su talento para diseñar una metodología diagnóstica y terapéutica -cosa de la cual esta ciencia carecía- Federico era el más profundo entendedor de Reich y su obra. Él tenía una mirada verdaderamente reichiana sobre las cosas de la vida. Aprendí muchísimo de Federico, no sólo a partir de sus libros y clases, sino especialmente a través de nuestra relación personal y la natural comunicación que se estableció entre nosotros. Le estoy profundamente agradecido, ya que su capacidad, interés, experiencia y conocimiento me ayudaron a profundizar esta ya larga investigación sobre la energía con su continuación natural: la articulación de la acupuntura tradicional china con la orgonomía de Reich.  (http://www.acupuntura-orgon.com.ar/viaje9.htm)

La energía orgón

La demostración de la existencia de la energía biológica llevada a cabo por Wilhelm Reich entre 1936 y 1956 es el descubrimiento más importante de los últimos siglos en las Ciencias Naturales y sin embargo ha pasado casi desapercibido.  ¿Cómo es esto posible?  ¿Fraude o Conjura?  ¿Exageración de cierta mente afiebrada  o anticipación de un genio a su tiempo?  ¿Incomprensión generalizada o campaña de silenciosos idiotas?

¿Y cómo es que se asegura con tanta tranquilidad la trascendencia de la cuestión energética si “no sale” en los diarios o los noticieros y los científicos reconocidos dicen desconocer su existencia o esbozan una sonrisita ladeada como toda respuesta?

Tampoco es un tema nuevo, si no más bien remozado: antiguas y prestigiosa culturas como la china, la griega y la hindú lo han planteado con énfasis aunque sin utilizar metodologías de comprobación al estilo de la ciencia contemporánea. Además la teoría energética de la Medicina Tradicional China no está circunscripta al caso particular de las enfermedades del ser humano: al igual que la orgonomía postula la organización energética del cosmos, el medio ambiente terrestre y los seres vivos en general, incluyendo las relaciones entre estos y los “climas” como forma de entender la génesis de gran variedad de trastornos.
Pero Reich dio un gran paso adelante cuando logró demostrar objetivamente la existencia de la energía orgón, como prefirió llamar a la vieja energía vital, y también al lograr desarrollar métodos para concentrarla y utilizarla con fines experimentales y terapéuticos.

Los momentos y lugares claves de esta investigación sobre la energía y la forma de utilizarla fueron: en Noruega (Oslo) entre 1936 – 1939 y en Estados Unidos (Maine), desde 1940 hasta 1956.

¿En qué consiste un acumulador de energía?

Es un instrumento montado y materialmente organizado de tal forma que la energía de la vida presente en la atmósfera de nuestro planeta puede ser recogida, acumulada y utilizada para propósitos científicos y terapéuticos. Consiste en una estructura cuyo continente son capas alternas de materiales metálicos y no metálicos. Entre los primeros, los más adecuados son el hierro y el acero. Entre los segundos: lana, algodón, acrílico, estireno plástico, celotex, lana de vidrio, goma laca, cera de abeja y cera de vela.

Ahora imaginemos un cubo de acero con uno de sus lados que funciona como una puerta con aberturas (tipo puerta de los bares de las viejas películas de vaqueros). Ese cubo es enteramente forrado, en su lado externo, con una cubierta de plástico. Sobre esta primera cubierta de plástico se agrega otra cubierta de acero, a la vez sucedida por otra de plástico. Se agregan capas según sea el objetivo del acumulador, pero el número de éstas puede oscilar entre una y veinte.
Supongamos que estamos construyendo un acumulador de cinco capas; en este caso necesitamos cinco láminas de acero y cinco de plástico porque sólo consideramos una capa a la unión de ambas. Pero la última, la más externa (y por lo tanto la que está en contacto directo con la atmósfera) debe ser de plástico.

Así es que nos quedan dos superficies de contacto: la externa de plástico (u otro de los materiales no metálicos recomendados) y la interna de acero, hierro o hierro galvanizado (lo que hallamos elegido como metal).  En el interior del cubo, cuyas paredes son de acero en nuestro ejemplo, se concentra la energía orgónica o vital presente en la atmósfera. Es allí que introduciremos a una persona, si es que el cubo es suficientemente grande; una planta o animal pequeño si es que las dimensiones del cubo son más pequeñas.

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Esquema de un acumulador de orgón del libro de Reich “La Biopatía del Cáncer”

Si los materiales empleados son adecuados y la estructura está bien construida, la energía orgón presente en el medio ambiente se concentrará en el interior del cubo y ejercerá un definido efecto sobre el ser vivo que se encuentre en él. La utilización de los materiales indicados y la disposición en capas alternas tiene su razón de ser: las materias no metálicas presentan la propiedad de absorber la energía orgón, mientras que las metálicas también absorben pero especialmente la ceden, la rechazan hacia las capas siguientes. Esto crea un potencial orgonómico más alto en el interior del acumulador que fuera de él.

Esto parece muy sencillo de hacer… ¡y realmente lo es!

¿Es concebible que un dispositivo tan elemental que no merece el nombre de “aparato” porque carece de chips, baterías y no se enchufa en ningún lado, sirva para aumentar la vitalidad de sistemas vivientes tan aparentemente complejos y sofisticados?

¡Por supuesto que es inconcebible y hasta increíble!Pero deja de serlo cuando uno abandona la lamentable costumbre de opinar antes de probar, investigar o verificar y se decide a intentar varias experiencias. En este artículo apenas se presenta el tema de los acumuladores de energía, pero también se proporciona información para construir uno a fin de experimentar con animales, plantas y objetos.

Con el tiempo uno se convence que lo mejor es proponer sin intentar convencer a nadie: aquí la fuerza de la argumentación consiste en la pura experiencia personal. A veces se producen situaciones interesantes cuando alguien afirma: “Vengo a probar, no tengo FE en esta medicina”. Comparto ésa declaración de principios: hace muchos años que pruebo e investigo a esta medicina y tampoco yo tengo fe en ella.

¡Es que no se trata de un sistema teológico, no hay por qué tener “fe” en ella! Tanto la acupuntura tradicional china y moderna como la orgonomía son sistemas verificables y en absoluto necesitan de sacerdotes que enseñen el nuevo dogma, ni de creyentes en actitud de adorar a los nuevos Mesías. Es cierto que la teoría energética puede modificar muchas ideas y concepciones, un acontecimiento que se deriva de otro tal vez más trascendente: su utilidad práctica puede cambiarnos la vida. Pero esto es otra historia: la que cada uno puede intentar “probando” de buena fe.

¿Cuáles son los efectos del acumulador?

Cuando se trabaja con energía se experimentan cambios simultáneos en ambas dimensiones del ser: la físico-biológica y la psico-emocional, ya que la energía es la fuente nutritiva de ambas. Según sean las técnicas utilizadas y el estatus energético de cada persona serán la profundidad y velocidad de los efectos mencionados.
A continuación se describen someramente algunos de los efectos biológicos que pueden verificarse con cierta facilidad si se investiga correctamente, todos ellos confirmatorios de los hallazgos de Wilhelm Reich. Puede ser de interés saber que en los últimos años han empezado a publicarse los resultados de varias investigaciones acerca de los efectos generales del acumulador de orgón.
La lista siguiente es un resumen del trabajo “Los efectos psico-fisiológicos del acumulador de energía orgónica de Reich”, de los investigadores Stefan Müschenich y Rainer Gebauer, de la Universidad de Marburg, Alemania. En 1986, un grupo de científicos de ésta universidad,  publicó los resultados de un interesante estudio que demostraba que el tratamiento durante 30 minutos utilizando un acumulador de orgón, generaba efectos psicofisiológicos medibles:

 1. Efecto vagotónico general: el vago o parasimpático produce efectos de expansión sobre el organismo compatibles con las emociones placenteras.

2. Sensaciones de hormigueo y calor en la superficie de la piel.

3. Aumento de la temperatura interna y externa, rubefacción (pérdida de la palidez cutánea).

4. Regulación de lapresión arterial y de la frecuencia cardíaca.

5. Aumentode la peristalsis intestinal y respiración más profunda.

6. Aumento de la germinación, desarrollo, florescencia y fructificación de las plantas.

7. Aumento en la tasa de crecimiento y regeneración de los tejidos, tanto en animales como en seres humanos.

8. Aumento en la fuerza del campo, carga e integridad de los tejidos, así como de su capacidad inmunológica.

9. Mayor nivel energético,incremento de la actividad y la vitalidad general.


http://starviewer.wordpress.com/2010/10/27/fundamentacion-cientifica-del-orgon-la-teoria-del-eter-y-los-experimentos-de-la-universidad-alemana-de-marburg/

(Continúa en el próximo número)

                                                                                                              Carlos Inza

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