Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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LA ECOLOGÍA HUMANA

            PREVENCIÓN Y PROFILAXIS

 Por Álvaro Fernández Luzardo

En los últimos tiempos la humanidad ha estado muy ocupada en elaborar estudios cada vez más eficientes para conocer y comprender los fenómenos de la naturaleza con el propósito de dominarla y controlarla. A su vez ha desarrollado tecnologías cada vez más sofisticadas para aumentar el confort y facilitar su vida cotidiana, reforzado y amparado en el llamado “estado de bienestar” llevado adelante fundamentalmente en Europa.  En estos terrenos los seres humanos han hecho grandes progresos, pero con el tiempo comenzaron a aparecer algunos problemas, percatándose de que algo no va bien. Por un lado el impacto medioambiental que el desarrollo civilizatorio ha ocasionado comienza a preocupar seriamente tras el evidente deterioro y desequilibrio ocasionado en nuestro planeta, refiriéndonos solo a lo macro, a lo visible. En este sentido el movimiento ecológico de los últimos tiempos reaccionó con una alerta desesperada que a regañadientes comienzan a incorporar, desde el discurso, los ámbitos políticos. El daño que estamos haciendo al planeta es de por si alarmante, pero en los hechos, la estructura y la organización general de la población humana, que es la causa de la depredación planetaria, continúa adelante como si nada pasara. Pero hay otro aspecto del que se habla poco, y es el impacto que el proceso civilizatorio, la cultura, ha tenido y tiene sobre la “naturaleza humana” en particular.

La cultura tiene por objetivo dominar, controlar y ajustar la naturaleza humana para adaptarla a su civilización. En esa carrera emancipadora que el hombre viene desarrollando desde hace miles de años contra su naturaleza animal, instintiva, esa lucha cultura contra natura, comienza a mostrar algunas consecuencias preocupantes. Pero al igual que ocurrió con el medioambiente, tuvo que pasar un tiempo considerable para que ciertas repercusiones se comiencen a evidenciar. El ser humano comenzó a modificar deliberadamente procesos biológicos que la naturaleza tardo milenios en desarrollar, en función de  nuevas demandas que surgen desde  nuevos intereses de  la organización moderna socioeconómica. Por poner algunos ejemplos; En los años cincuenta, en época de posguerra se promueve masivamente la lactancia a biberón, para que las madres se sumen como mano de obra. ¿Qué consecuencias tuvo este cambio aparentemente inocuo en el desarrollo humano? Otro ejemplo es el incremento exponencial que ha tenido en los últimos años los nacimientos por cesáreas programadas, y por ende la disminución de partos naturales. ¿Sabemos las implicancias de éste otro cambio? También está el surgimiento masivo de guarderías desde los 6 meses o antes; modificando tajantemente los vínculos entre madres e hijos. ¿Qué repercusiones tendrán estas modificaciones de las condiciones vitales a mediano y largo plazo?

Conocemos bastante bien las condiciones ambientales que una semilla necesita  para poder crecer y florecer, pero paradójicamente conocemos poco las complejas condiciones ambientales que necesitamos nosotros, los mamíferos humanos, para desarrollarnos de manera óptima.

Utilizo el término “ecología humana” para referirme al estudio, investigación y comprensión de las complejas condiciones ambientales, que el mamífero humano necesita para desarrollarse saludablemente a lo largo de toda su vida.

Los seres humanos somos uno de los mamíferos más vulnerables y dependientes que existen en la naturaleza. Las condiciones ambientales y los vínculos afectivos primarios son de vital importancia para un desarrollo saludable. Pero desconocemos en profundidad nuestras dinámicas vitales;  biológicas y psicoafectivas necesarias para autorregularnos a lo largo de toda la vida, que forman parte de la ecología humana, y que hacen posible una sostenibilidad cotidiana, placentera y expansiva.

Los procesos de acompañamiento y cuidados primarios son bien conocidos por el resto de los animales mamíferos, que responden, desde su “saber” instintivo, desde su “sentir” lo que hacen y cómo lo hacen, y desde el “contacto” que establecen con sus crías. Lo que les permite entablar un lenguaje desde el cual mantener una retroalimentación que tienda al equilibrio y a la armonía en el sistema, necesaria para favorecer la expansión y el crecimiento vital.

Los seres humanos, las criaturas más “inteligentes” del planeta, vamos perdiendo cada vez más esa capacidad de contacto y de comunicación con nuestros bebés. Esa capacidad instintiva primaria tan necesaria, sobre todo, en los primeros tiempos de la vida.

¿Porqué hemos perdido estas capacidades naturales?

La preponderancia del desarrollo neocortical en los seres humanos, el último y moderno tercer cerebro, con sus novedosas adquisiciones como el razonamiento y  la capacidad de predecir, con su noción de temporalidad, entre otras,  fue relegando la utilización de los sistemas más antiguos filogenéticamente hablando, y de esta forma fuimos desprestigiando y subestimando ciertas capacidades más primitivas. La razón fue desplazando a la emoción y al instinto, y así nos fuimos atrofiando y desconectando de nuestro campo de conciencia y  de nuestro rango de acción, a estas fuentes de sabiduría que fueron cultivadas durante millones de años.

El  hombre moderno, comenzó un camino de emancipación, separación y desconexión, deslumbrado y cegado por sus nuevas y potentes cualidades. Las características y lógicas de éste nuevo cerebro, son las que comienzan a  determinar un nuevo paradigma, nuevos valores y una nueva forma de organizar sus sociedades y elaborar una nueva cultura. Una de las nuevas cualidades es la capacidad de abstracción, que le da la posibilidad de separarse, de pensarse individualmente. Esto comienza a instaurar una de las características más prominentes de nuestra sociedad actual; el individualismo y la competitividad. Y el alejamiento de la espiritualidad en todas sus facetas, la pérdida de ese sentimiento de pertenencia, de unión y de conexión con el resto de los seres vivos y con la naturaleza.  Otra de las nuevas cualidades es la capacidad analítica, que lo lleva también a separar, a desmembrar y comprender al universo como una máquina, compuesta de piezas, individuales e independientes.

El nuevo hombre, arrogante y soberbio, ya no cree en nada ni en nadie, solo en sí mismo, aislado y solo, tampoco confía en ningún otro sentido que no sea la razón, y no cualquier razón, sino su única razón propia. En búsqueda de la verdad, prosigue un aumento exponencial de conocimiento ,información e ideales, que en los últimos tiempos, con internet y las redes sociales, ha tenido un crecimiento exponencial vertiginoso, que paradójicamente, lo ha llevado a un atolladero cada vez más ineficiente y estéril.

La salida no aparece con nuevos discursos, nuevas ideas o teorías y explicaciones, porque todas ellas no nos alejan ni un ápice de la dimensión de lo mental, no logramos salir de la cabeza! Lo que supuestamente nos hace ser la criatura más inteligente nos condujo a una trampa, que de no salir a tiempo, se puede convertir en fatal para nuestra propia especie.

Éste es el desafío, recuperar nuestra humanidad perdida, nuestra conexión con las capacidades abandonadas, con el saber instintivo y el contacto emocional, que nos puede devolver la esperanza de recuperar nuestro bienestar perdido y nuestra unión con la vida. Esto no significa abandonar las modernas capacidades adquiridas, sino el poder integrarlas a las demás.

La razón, la capacidad contemplativa, reflexiva, etc, son muy útiles para nuestro crecimiento y evolución personal, y como especie, sino se vuelven déspotas y negadoras del resto de capacidades que también son fundamentales y que no las puede suplantar el órgano cerebral recientemente evolucionado.

¿Cuáles son las condiciones óptimas, ecológicas, para que los seres humanos lleguen a desarrollar el potencial verdaderamente humano?

“Aplicar las leyes del funcionamiento ecológico al ciclo vital del desarrollo humano, desde la vida intrauterina hasta la adolescencia, permitiría recuperar los valores esenciales de la humanidad y promover un cambio general hacia la salud y la felicidad”. (Serrano 2012).

La ecología humana , entonces, es el estudio de las condiciones vitales, que incluyen factores no sólo físicos, fisiológicos y biológicos, sino que dan primordial importancia a las interacciones y las relaciones afectivas y emocionales entre los seres humanos, condicionados desde lo sociocultural.

En Uruguay estamos llevando a cabo esta praxis desde nuestro Centro de Autorregulación Infantil  “Ecohum”, desde donde ofrecemos asistencia, asesoría y acompañamiento en la crianza a la familia. También trabajamos sobre la difusión de ésta mirada dando cursos, conferencias, talleres y  actividades grupales psicosociales.

“No podemos decir a nuestros hijos que tipo de mundo sería o habría que construir, pero podemos equipar nuestros hijos con el tipo de estructura caracterial y con el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir, su propio futuro y el de sus hijos.” Wilhelm Reich

 

 

Bibliografía

J.Mañas Montero- Autorregulación y Autogobierno , un abrazo entre Psicología y Educación.

W.Reich- Los niños del futuro.

W.Reich- El acorazamiento del recién nacido.

X.Serrano- Al alba del siglo XXI

Álvaro Fernández Luzardo

Psicólogo y Psicoterapeuta Caracteroanalítico

 Especialista en prevención primaria e intervención ecológica de sistemas humanos

Integrante del Centro Reichiano de Montevideo y del Ecohum (Centro de Ecologia Humana)

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Bienvenido bebé

PREVENCIÓN Y PROFILAXIS

Por Munich Vieira Santana

Yo lloraría

Vos llorarías

Él lloraría

Ella lloraría

Nosotros lloraríamos

Vosotros lloraríais

Ellos llorarían

Todos lloraríamos junto al recién nacido si pudiéramos estar a su lado en una sala normal, típica de neonatología post parto de casi todos los hospitales y clínicas donde ocurren nacimientos, viendo toda la violencia que se impone a un cuerpo que recién está saliendo al mundo externo.

Se pincha, se aspira, se entuban mangueras por la boca y el ano, se le aplica colirio en los ojos: prácticas agresivas, invasivas, frías…. Y así pasan muchos minutos, a veces horas antes de volver a los brazos de su madre…

Todo lo opuesto a lo que necesita un bebé recién nacido.

Primero que todo un bebé no debe ser sacado tironeando de adentro del cuerpo de su mamá. Ese tironeo produce una tensión a nivel óseo de la base craneana que puede provocar dolor de cabeza y tensión de cuello.

El bebé recién nacido no necesita ser aspirado por las vías nasales porque ya dispone de mecanismos naturales como la tos y el estornudo para eliminar secreciones. Por lo demás la aspiración puede perjudicar ya que presionar el fondo de la nariz podría provocar el reflejo vagal, susceptible de generar apnea en los bebés.

El tema de corte prematuro del cordón ya es discutido hace mucho tiempo y con varias evidencias científicas que explican y comprueban que tendríamos que esperar (tan solamente esperar) que el cordón dejara de latir, o al menos esperar de 5 a 6 minutos. En general se corta muy tempranamente el cordón umbilical, casi mecánica e inmediatamente al nacimiento esto es antes que el bebé pueda hacer la transición completa de la respiración fetal a la respiración pulmonar, que se da cuando la sangre que está en la placenta pasa al cuerpo del bebé facilitando la eliminación de líquido pulmonar fetal y la entrada de aire a los alveolos pulmonares. De ese modo se permite que se instale la respiración pulmonar de modo paulatino, fisiológico y saludable.

El bebé no necesita recibir un baño post nacimiento, mucho menos necesita -en la equivocada creencia de que “nace sucio”- ser refregado para sacar cada centímetro de su vernix (substancia compuesta de agua, grasa y proteína que reviste la piel de algunos bebés). En todo caso si el bebé va a ser bañado que sea por su madre o algún familiar y no por otra persona del equipo médico. Y sin lugar a dudas de ninguna naturaleza esa acción puede ser esperada.

La vitamina K puede ser administrada por vía oral (sin necesidad de pinchar al bebé). El colirio de nitrato de plata (que suele dejar los ojos irritados y párpados hinchados) y que se utiliza para prevenir una conjuntivitis (fruto de la bacteria causante de la gonorrea) puede ser administrado en las primeras horas de vida. No es de vida o muerte que se lo aplique inmediatamente al nacer el bebé.

Pesar y medir también son procedimientos que pueden esperar para que se los realice, pudiendo incluso ser llevados a cabo dentro de las primeras 24 horas (porque solamente después de las primeras 24 horas el bebé puede llegar a perder peso). Es necesario comprender que no se trata de una competencia acerca del tamaño del bebé al nacer. Ningún ser humano va a ser mejor o peor si al nacer mide 48 o 51 centímetros. Sin duda tiene su importancia por cuestiones de salud registrar las particularidades de peso y medidas al nacer, sin embargo tampoco es necesario que esto ocurra antes que el bebé reconozca a su madre, y tenga un tiempo de tranquilidad para el establecimiento del vínculo con ella.

El momento en que el bebé está más alerta es después del parto, ya que el stress producido durante el mismo lo deja despierto, atento y listo para hacer su primer acercamiento a la madre: reconocimiento del olor, desarrollo del reflejo de reptación y succión, que favorecerán los movimientos hormonales tan importantes en la lactancia. Cuando los bebés son alejados de sus madres y llevados a la nursery para una serie de procedimientos de rutina, que son considerados más relevantes que el establecimiento del vínculo con su mamá, se está desperdiciando una hora muy importante en la que madre y bebé vuelvan a reconocerse. Dos horas después del parto el bebé se entrega a una letargia fisiológica para descansar de la actividad física realizada durante el parto. Si el bebé justo vuelve a los brazos de su madre en ese momento estará muy agotado para mamar y establecer vínculos, ya alterando la conexión con la lactancia. Y cómo justificar el procedimiento que a veces deja un bebé sin ningún motivo médico alejado durante horas de su madre?.

El mejor lugar para que esté un bebé es al lado de su madre, en su cuerpo. El cuerpo de la madre es la incubadora natural para un bebé recién nacido, necesite o no de atención médica especial. Casi todos los procedimientos pueden ser realizados con el bebé en cima del cuerpo de su madre, mientras se espera la eliminación de la placenta (se espera? Bueno, ese será otro tema).

El parto es un momento de mucha actividad muscular para madre y bebé, y se merecen estar juntos y tranquilos pos nacimiento. Hay mucha base científica que dice que el mejor lugar para un bebé es junto al cuerpo de su madre y después de tremenda actividad física, nada más justo que un buen descanso uno en los brazos del otro.

En mi tarea de acompañar procesos terapéuticos de familias y adultos, puedo ver las secuelas de un nacimiento traumático. Niños que nacen muy heridos, irritados, con una marca de llegada al mundo con mucha violencia y reaccionando a esa violencia con su stress neonatal. Bebés que lloran los primeros días inconsolablemente, madres que no entienden qué pasan, qué es lo que podrían estar haciendo mal si todas las atenciones están aseguradas, incluso las de contacto tierno y amoroso. Madres que se desesperan en un puerperio donde ellas mismas están frágiles; noches sin dormir y un bebé que sólo llora en sus brazos.

Y les puedo decir con seguridad que ese bebé llora el dolor de su nacimiento. A veces incluso con dolores en el cuerpo que no pueden expresar de otra forma que no sea por el llanto. A veces hasta la piel les duele.

En terapia de adultos hay regresiones al momento del parto, al terror al nacer, al frío que revive la piel, recuerdo de susto de los toques. El cuerpo tiene memoria. No hay palabras para describir las profundas sensaciones de miedos de esos recuerdos.

Pienso que el trabajo con un recién nacido es devolverle lo más pronto posible la seguridad y ayudarle a eliminar las respuestas de miedo y dolor producidas por el momento del nacimiento y primeros manipulaciones en las que no fueron respetados.

A veces demoran días, meses, incluso años para que las secuelas se vayan borrando. Hay organismos que nunca consiguieron terminar de eliminar el dolor, el frío, el miedo al contacto con los otros y llevan las marcas de un camino esquizoide, o comportamientos violentos y anti social y hasta desarrollan una escisión esquizofrénica como modo de escapar al contacto con el stress que el mundo les inflige, y a la violencia y desprotección que se reedita en sus relaciones. Un cuerpo que para protegerse de un dolor precoz contrae su plasma vital (Wilhelm Reich)

Según Bergeret, la estructura psicótica corresponde a una debilidad de la organización narcisista primaria en los primeros instantes de vida, y Wilhelm Reich diría que es fruto de perturbaciones biofísicas que se dan en un organismo uterino o extrauterino luego del nacimiento.

Por supuesto no quiero decir que un solo factor es suficiente para determinar una estructura psicótica en la vida de un ser. Pero ese trauma y violencia impuestos al cuerpo del recién nacido es uno de los factores más importantes, y que cuando no son compensados dejan marcas profundas.

No tomamos demasiado en serio lo que ocurre en un parto con los recién nacidos, no lo podemos dimensionar. Escucho a gente decir que vivió lo que ha vivido la mayor parte de los niños, que incluso ha ido a incubadora, etc., y que sin embargo no está loca ni es una mala persona. De ninguna manera estoy queriendo decir que quien vive lo que viven la mayoría de los bebés en nuestra sociedad va rumbo a la esquizofrenia. Digo que se trata de un acto de violencia que debemos evitar y que cuando no es posible evitar, debemos compensarlo. Y seguramente no nos quedamos todos malheridos porque muchas madres devuelven a sus bebés el lugar seguro, caliente y calmo facilitado por el vínculo materno infantil del primer año de vida, es decir compensan la experiencia de dolor.

Debemos permitir y facilitar que un bebé sea respetado en su nacimiento, ayudar a que él pueda estar con el campo sensorial tranquilo y abierto para recibir el mundo, para conectar con lo externo.

Si hay miedo inmediatamente el cuerpo se endurece, se encoje, se contrae, viene el llanto, los canales se cierran y el bebé se protege del contacto con el mundo, no abriéndose a mismo, o demorando en hacerlo. Por suerte los bebés tan luego vuelven a los brazos amorosos y tranquilos de sus madres vuelven a restablecer un equilibrio. Ahora bien, si madre y bebé están heridos post parto, esa madre va a estar asustada, con miedo y va a demorar darle a su bebé la tranquilidad que él necesita. Porque nadie puede dar lo que no tiene.

Se podrían evitar tantas secuelas físicas, emocionales y psíquicas con tan sólo respetar y proteger el parto, sea donde sea que se realice el nacimiento. Si pudiéramos ESPERAR que la naturaleza siguiera su sabio curso que favorece el paso de la vida intrauterina para la extrauterina, enraizando en el cuerpo y en el campo de energía de su madre con contacto y confianza, al bebé le estaríamos asegurando salud, y un desarrollo en un “continuum” de expansión y placer. De ese modo:

Yo sonreiría

Vos te iluminarías

Él estaría tranquilo

Ella estaría abierta a recibir

Nosotros volveríamos a confiar en la vida

Vosotros agradecerían

Ellos simplemente contemplarían

Y todos seríamos una humanidad un poco más sana.

Fuentes de inspiración:

Rutinas, pruebas y cuidados del recién nacido in https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/posparto/rutinas-pruebas-y-cuidados-del-recien-nacido.

A espiritualidade do contato de Silja Wendelstadt

Nacimiento sin violencia de Leboyer

Sufrimiento maternal y afecto umbilical de Frank Lake

Bioenergética Suave, Eva Reich

Niños del futuro Wilhelm Reich

Charla de neonatóloga Ana Paula Caldas en el congreso virtual Nascer Melhor

O nascimento desde o ponto de vista do bebé! por Ana Paula Caldas

 

Y ahora unos videos que muestran algunos procedimientos y además la forma cómo los hacen….

El primer una verdadera clase de mal gusto (atención que es muy fuerte)

El segundo muestra otra forma, aunque con muchas de las intervenciones pero de un modo menos invasivo

El tercero es un parto hospitalario de modo respetado para la madre y hija, Quien no quiera ver el parto salte hasta el minuto 7.30, En los hospitales puede nacer otra forma de parir y cuidar el recién nacido.

Y el cuarto es un parto domiciliario, donde también si no quiere ver el parto puede saltar hasta el minuto 7.30.

 


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El parto en la trampa

Prevención y Profilaxis

Este texto parte de experiencias, comentarios, ideas y la unión de algunos cables sueltos que siempre están en mi cabeza.

Es un texto que va en la dirección, en el espíritu de la titánica tarea de cambiar el mundo, es decir cuán grandes son sus pretensiones. Pero a la vez la conciencia de ser un grano de arena es lo que me permite ser austera, ya que sé que no es tarea para mí solamente, ni tampoco para una única generación. Otros la comenzaron y la tarea continuará más allá de nosotros.

Quisiera hablar de la trampa en la que tantas veces veo caer a mujeres que quieren parir, conectarse con su bebé, proteger a su cría.

Cuando nos quedamos embarazadas nos abrimos a un mundo nuevo lleno de deseos y felicidades, pero también de miedo a la responsabilidad y de sensación de vulnerabilidad, entre otras cosas. Con más o menos conciencia transitamos el embarazo y a veces podemos llegar a desear un parto natural: y esto así porque tengo conexión con lo que significará para mi bebé y para la especie que yo pueda realizar el mejor parto diseñado por la naturaleza, y porque queremos sentir y permitir que ocurran las transformaciones necesarias para la llegada de otra vida.

En ese juego de si puedo parir o no cuentan muchas variables, que se abrirán con la manifestación de nuestras particularidades y hasta contradicciones: mi deseo, mi cuerpo, mis relaciones personales, cuanto apoyo tengo, mis miedos y mi historia, etc. Podemos entonces en cierto grado flexibilizar, ayudar a tomar conciencia y apoyar la idea de que sí, que es posible parir y en muchas más ocasiones de las que habitualmente suele ocurrir.

Por otro lado tenemos “el dónde” y el “quién” puede acompañarnos. Y aquí voy a considerar el lugar donde más partos ocurren: la maternidad. Sea ella privada o pública, cada una con sus características que intervienen para dejarnos sus marcas. Esa es la otra cara de la moneda y donde muchas veces está tendida la trampa donde terminan cayendo muchas mujeres y familias. La trampa que roba a las mujeres el protagonismo de su parto, desacreditándolas, infantilizándolas, asustándolas y desamparándolas, pudiendo adoptar formas muy variadas de falta de respeto y deshumanización en la atención al parto y nacimiento.

Por eso es de suma importancia sensibilizar al personal de los hospitales, porque un parto no solamente es bueno o malo si hay o no muerte de por medio. Cuando yo era chica (vengo de Brasil) con frecuencia escuchaba el dicho popular “lo que no mata engorda” (dicho sea de paso, está muy bien pensado cuando la sobrevivencia está en juego y tantos mueren literalmente de hambre), pero es evidente que no podemos pensar que lo único grave que puede pasar en el parto es la muerte. Por supuesto la muerte es irremediable, para el muerto y un hecho terrible para su entorno que todos buscamos evitar.

Un parto es bueno cuando la mujer es respetada y le es permitido desarrollar sus potencialidades en el parto; cuando son facilitadas las condiciones para que sea humana, mamífera y no un objeto en manos de un personal hospitalario desaprensivo. Entonces nos enfrentamos con que no solamente hay que preparar las mujeres para la reconexión con esa posibilidad, sino que hay que preparar los equipos de salud para que permitan vivir mejor y de forma más respetada las historias de nacimiento.

Por otra parte no es que ahora haya más violencia obstétrica que antes, es que ahora las mujeres están relatando más sus experiencias y están menos calladas y sumisas al sistema social sostenido por el patriarcado.

El sistema no tolera a una mujer madura, con potencia y que sabe lo que quiere, apenas acepta a la mujer sumisa que se adapte a las normas del sistema y que no piense y no dé trabajo. Pero una mujer por más empoderada que esté, no puede enfrentarse con un sistema médico que suele ser agresivo y abusivo, que representa el poder y que tiene en sus manos los aparatos del patriarcado, en suma: un sistema que es mucho más poderoso que una persona sola. He aquí la trampa de la que hablaba al principio.

Y cuando la mujer no es sumisa, sabe de sus derechos, tiene su plan de parto en manos, llega al hospital o clínica con el mismo o acompañada de una doula o pareja que pueden entrar a la sala de parto, sabe que es mejor elegir la posición de parir, que no le induzcan el parto, que no le hagan epsiotomía, que no le aceleren sus procesos naturales, aun así no es suficiente para asegurar que la van a respetar.

Una mujer que conoce sus derechos, que está conectada con las mejores posibilidades de un parto, no está exenta de asustarse, sentir dolor, llorar y hasta desesperarse. Pero no puede en el momento del parto ser parturienta, abogada, policía y médica de sí misma (o por lo menos no tendría que serlo). Hay muchas experiencias de mujeres que justamente por recordar y pedir que se respetaran sus derechos fueron más violentadas e incluso ridiculizadas en las instituciones públicas. Yo lo veo como una especie de revancha: “ah, vos que te creés saberlo todo y creés poder darnos indicaciones, ya te voy a mostrar quién manda”…

Y entonces se puede probar el gusto amargo de la jodida trampa de sentir que el conocimiento y la conciencia de sus derechos y de sus deseos ponen a la mujer como potencial víctima de un sistema abusivo, justamente por pedir y reclamar -y a veces hasta implorar- por sus derechos. Esta es un arma más del patriarcado para desacreditar la mayor fuerza que tenemos: la toma de conciencia.

Tomar conciencia de la cadena de violencia que funciona en los hospitales también es importante porque el mundo de fantasía a lo “Mary Poppins” no existe (y la palabra supercalifragilísticoespiralidoso no resuelve nada…). Una cadena de violencia que es el fruto obligado de relaciones laborales desiguales y de la lógica de una sociedad capitalista, competitiva y alienante. Se trata más bien de hablar de una selva, desnaturalizada y en que las fieras que pueden atacarnos son nada más y nada menos que otros seres humanos, que a su vez aparecen con sus propias historias de miedos, humillaciones, heridas, desinformación y desconexión con su propia naturaleza. Seres que no comprenden que sus actos dañan y dejan huellas profundas en los cuerpos y almas de mujeres, en los niños recién nacidos y al cabo en toda la familia involucrada.

Tomar consciencia de esto da la dimensión de lo difícil del cambio. De lo mucho que tenemos que trabajar. La conciencia ayuda a prevenir acerca de intervenciones innecesarias y conocimiento de la realidad de lo que ocurre en las instituciones oficiales de nacimiento.

Por supuesto hablo de violencia, y pareciera que este es el punto principal, sin embargo lo más importante es la vida, los nacimientos sanos y con la menor cantidad de intervención posible.

En el trabajo preventivo se busca conectar con la posibilidad de reconocer lo que la mujer quiere y necesita, y ayudarla a ver cómo puede hacer para tenerlo: se busca desarrollar habilidades que le permitan entrar en contacto consigo misma, con su bebé y con las personas que la acompañan en el parto. En el trabajo preventivo hay mucho de responsabilizarse por lo que uno busca para sí mismo. El foco está en lo sano y en potenciar ese camino, así bien como identificar dificultades y desarrollar estrategias para moverlas de su lugar. Por supuesto con conciencia de que la coraza que protegió a la mujer durante toda su historia puede jugar en contra. Así, tomar conciencia de la dureza de la coraza le permitirá saber cuánto tendrá que ser flexible, con la conciencia activa de quién es, cuáles son sus dificultades y potencialidades y en qué medio social está inserta.

Cuando hay una historia de violencia el trabajo es otro: se trata de sanar, acompañar, dar apoyo, salir del trauma, recuperar funciones. Se trata de resignificar la experiencia, pero sin sentir jamás que la culpa fue de la mujer. Nadie puede ser culpable por haber hecho una elección que terminó mal, porque esto es similar a decir que una mujer es víctima de violencia sexual porque usa minifalda. La violencia obstétrica existe y posiblemente existe, como muchas otras deformaciones de este mundo, por falta de conexión y contacto con la vida.

No puede ser que la única forma de escapar de una violencia explícita sea cambiar la forma del parto natural, optando casi siempre por una cesárea, por lo demás ya agendada por anticipado, luego innecesaria (o “innecesarea” como con acertada ironía vemos en campañas de humanización del parto). Porque es tal la brutalidad de una cesárea que, aunque la mujer no la perciba directamente es una violencia que llega al bebé, y en ese sentido se ejerce contra la especie. El problema entonces no es que un parto termine- cuando es imprescindible- en cesárea, sino que 60% a 80 % de los partos terminen en cesáreas.

Y existen las situaciones en que una mujer opte por una cesárea, cuando ella misma se la propone al equipo médico. Sin embargo esto también puede darse por múltiples razones. Una de ellas es la desconexión con los procesos naturales, otra es la conciencia previa de sus miedos y dificultades que le impedirán abrirse a un nacimiento natural. Asuntos que de por sí podrían trabajarse en una preparación para el parto tendiente a flexibilizar los pensamientos y sentimientos. De cualquier modo se trata de la limitación de una mujer específica que puede ser absolutamente entendible, aceptable y trabajada comprendiendo lo grandes que pueden ser los miedos y las corazas del ser humano.

Y cuando esa mujer no se prepara para el parto, los profesionales que la acompañan no le ayudan a flexibilizarse y a confiar en su cuerpo para bajar el miedo, pues el momento del parto no es el de hacerle tomar consciencia de lo que significa para su organismo y el de su bebé, una intervención quirúrgica fuera de los tiempos de los cuerpos y de las hormonas que son importantes para el período post parto. Sólo podemos acompañarla y respetarla en su decisión personal y compensar los efectos de esa forma de nacer, desde ya lo más importante es fortalecer el vínculo con ella y de ella con su bebé. Tampoco es sano que dejemos a la mujer con la culpa de no poder parir. Porque hasta el no poder parir no es sólo un fenómeno individual, también es un fenómeno social fruto de una sociedad asustada. Entonces todo el tiempo bordeamos el tema del nacimiento en un plano íntimo y en el público.

Así que sea cual sea la forma en que pudo nacer un bebé, la madre tiene que tener apoyo suficiente para poder conectarse con él y maternarlo. Las culpas las dejamos afuera; abramos las ventanas y dejemos que vuelen con el viento: NO SIRVEN ABSOLUTAMENTE PARA NADA. Y a mi modo de ver son funcionales al sistema patriarcal y capitalista que mantiene al ser humano aislado y miserable en su propio dolor, creyendo que todo le sucede porque él ha sido malo, incapaz, débil. Es de ésta forma que una mujer creerá que cuando algo sale mal en su parto la responsabilidad es suya, perdiendo de vista la estructura social profundamente malsana en la que ella está inserta. Muchas mujeres quedan con secuelas importantes de angustias y baja autoestima frutos de cómo terminó su parto. Por supuesto no dejo de considerar que el momento del parto es un momento de culminación de la historia de un embarazo y el principio de la vida extrauterina de un bebé y la mujer tendría que poder llegar en sus mejores condiciones y energías a la crianza de su hija o hijo. Y estar con un bebé en brazos con las secuelas de lo que quedó abierto violentamente en el parto sumada a las demandas de un bebé recién nacido puede ser muy estresante, angustiante y hasta colapsante para una madre. Cuanto más las mujeres tengan que aguantar creyendo que es su responsabilidad lo que no funcionó y tengan que sentir culpa, vergüenza y cualquier otra sensación o sentimiento que la deje sola con su dolor, más se desempoderan los movimientos sociales que sí pueden amparar y reivindicar nuevas formas de atención y respeto a la mujer, a la maternidad y a la vida que está surgiendo. Cuanto más llenos los consultorios de psicólogos y psiquiatras atendiendo mujeres que fueron infantilizadas dejándolas impotentes por el sistema médico y sin cuestionar ese propio sistema, más débiles serán los fenómenos grupales que podrían pedir y exigir mejores condiciones para el parto.

Por supuesto si hay un dolor personal es justo que una mujer pueda ser atendida y acompañada por su red de apoyo o profesionales de salud hasta que pueda elaborar y volver a sentirse fuerte nuevamente. Pero es importante no desvincular estos temas del propio sistema social que favorece la desconexión, la pasividad y la violencia en la atención a los partos.

Inteligencia es también la capacidad de adaptación y la adaptación se da cuando hay una integración en las informaciones de distintas experiencias, las buenas y las malas. Esta integración permite no quedarnos pegados a experiencias difíciles, y es esto lo que podemos fomentar a nivel individual para fortalecer nuevamente en la mujer víctima de violencia, para que pueda recuperar el deseo materno. Y a nivel social es un trabajo de hormiga el de formar conciencia, llevar información, presionar en la dirección de las políticas públicas que amparen el respeto, generando también la formación de profesionales más conectados con la vida y con los procesos naturales.

Cuando más y más mujeres y familias salgan a la calle para pedir, exigir su derecho al respeto y a la dignidad, cuánto más puedan denunciar las violencias vividas, cuando sus discursos y acciones vayan ganando más fuerza, más promisorios serán los cambios.

Salir de la trampa donde estuvimos engañados tanto tiempo es fundamental, la trampa invisible que aunque ya no nos aprisiona tiene la fuerza gigantesca de hacernos creer que nos protege. La realidad es que no nos protege, nos infantiliza, nos debilita, nos deja impotentes y amargados.

Lo que despierta el optimismo -y que ya está ocurriendo en muchas historias- es ver y comprobar que SALIR DE LA ESA TRAMPA ES POSIBLE, recuperar la  potencia de parir es posible y proteger el principio de la vida es posible.

 Munich Vieira Santana


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Práctica Preventiva en Embarazo y Primera Infancia desde la Autorregulación en el Centro HAZI – HEZI – 2ª Parte

Prevención y Profilaxis

Esta investigación sistematiza, desde la perspectiva de los participantes, la práctica preventiva que realiza, en base al paradigma post Reichiano o ecología de los sistemas humanos, el Centro Hazi-Hezi de España, por un lado con grupos de mujeres embarazadas y sus parejas, y por otro lado, familias con hijos de uno, dos y tres años de vida. Para ello se realizaron entrevistas semi-estructuradas que permitieron distinguir los conceptos fundamentales del discurso y método preventivo, describir el desarrollo de la experiencia por etapas y discriminar los principales aprendizajes de los participantes según las variables de análisis definidas. La investigación pretende generar una reflexión acerca del aporte del enfoque post – Reichiano en este tipo de intervenciones en la consolidación del vínculo temprano centrado en el desarrollo de una capacidad de contacto empático en la relación madre- padre e hija/o.

Para ir a la primera parte

Supuestos Teóricos base de la Metodología Preventiva

El Grupo Experiencial

Este tipo de grupo se caracteriza por centrase en las interacciones de las personas que participan en él. Tiene como propósito brindar un espacio donde sus integrantes tengan la posibilidad de aprender a conocerse a sí mismos, a comunicarse con los otros y a expresar los sentimientos que vivencian. El grupo experiencial facilita un cambio contextual, un espacio diferente al habitual, esta re-contextualización permite nuevas formas de expresión personal. Para que ello se mantenga en el tiempo es necesario que el grupo logre ser confiable, íntimo y confidencial. En definitiva el grupo permite que la persona desarrolle las habilidades y destrezas interpersonales necesarias para relacionarse más efectivamente con los demás para que posteriormente pueda utilizarlas en otras situaciones (Husenman, 1986). También busca que sus miembros se beneficien de la experiencia en sí misma y  de la reflexión sobre el comportamiento individual y grupal. (Shaw, 1980; Sbandi, 1980; Huici, 1985).

Los  grupos experienciales, son definibles “como aquellos en los que el grupo se utiliza como vehículo común para el desarrollo del individuo (su grupo y/u organización) a través de una dinámica de aprendizaje común que pone énfasis en el proceso o en la comunicación de sentimientos” (Cooper en Huici, 1985).

La utilización de este tipo de grupo se justifica en la aportación que supone para el aprendizaje (González & Cornejo, 1993; Roca, 1993):

  1. moviliza y facilita un cambio más perdurable en las actitudes y en los comportamientos, por la implicación emocional que supone.
  2. Facilita un aprendizaje vivencial que integra la parte emocional y cognitiva, hecho que favorece la eficacia y la satisfacción.
  3. Sirve como instrumento eficaz de cambio y desarrollo personal

A efectos de la intervención, se utilizó el enfoque teórico post – reichiano y lewiniano de los grupos experienciales.  Para el enfoque post – reichiano el énfasis esta puesto en que el participante del grupo pueda recuperar su capacidad de autorregulación, es decir, la capacidad de contacto perceptivo y emocional consigo mismo (placer, angustia, tristeza, miedo, rabia), para la satisfacción de sus necesidades en el contexto relacional de la presencia del otro. (Serrano, 1990; Reich, 1993, Navarro 1995). Para ello los grupos desarrollan una metodología no solamente centrada en la interacción verbal (Foulkes, 1986; Bion, 1990) sino también en el abordaje corporal en contexto de grupo, para lo cual se trabaja con técnicas corporales que faciliten el desarrollo del contacto emocional con uno mismo y con los otros (Serrano, 1990). Por otro lado, utiliza el enfoque lewiniano para facilitar que la intervención pueda ser evaluada continuamente, considerando las necesidades del grupo (separación en fases o etapas del trabajo, directividad de los facilitadores) y la realidad externa. Un elemento común de estos enfoques es centrarse en los procesos grupales como eje central en los fenómenos de aprendizajes. (Turró & Cortés, 2004; González & Cornejo, 1993, Lewin, 1978).

La modalidad de grupo experiencial que se utiliza en este tipo de intervención es el grupo de apoyo, el cual se caracteriza por ser dirigido por profesionales y los objetivos giran en torno a desarrollar habilidades de afrontamiento entre sus miembros, mejorar las habilidades personales, la comprensión personal y la educación, mediante feedback, orientación y guía (Rogers, 1987). Este tipo de grupo necesita de un marco acogedor y seguro que permita la gestión de las capacidades mutuas de los miembros para darse ayuda mutua (Casas, 2001). Estos grupos tienen una duración de limitada de tiempo que va a depender de los objetivos del mismo (Turró & Cortés, 2004).

En los grupos se utilizan técnicas para favorecer la participación de sus miembros, así el grupo adquiere una característica flexible, es participativo, práctico y vivencial,  facilitando un trabajo  focalizado en las necesidades del niño y niña, en las de la madre y el padre, y el tipo de relación establecida.

METODOLOGÍA PREVENTIVA

Descripción de la Metodología Preventiva y su Contexto

Al Centro Hazi – Hezi  asisten familias que desean incorporarse a los grupos de prevención, estos son: grupo de embarazadas con sus parejas; grupo de madre y/o padre con hijo de hasta 1 año; grupo de madre y/o padre con hijo de hasta 2 años y grupo de madre y/o padre con hijo de hasta 3 años. El centro posee una sala amplia y calefaccionada cubierta con colchonetas.

El método de trabajo preventivo es grupal y centrado en las necesidades de los participantes en el contexto del embarazo y la crianza, de este modo el grupo desarrolla una vivencia caracterizada por la presencia e interrelación de sus miembros (padres, madres, niños y facilitadores) y la reflexión de su devenir asociado a la tarea de parir o de criar. Los facilitadores realizan un análisis de la interacción y proceso grupal,  y entregan ciertas directrices e información basadas en este diálogo grupal y en el paradigma post Reichiano o ecología de los sistemas humanos.

Los grupos de embarazo y crianza son abiertos, pueden incorporarse nuevos miembros en cualquier momento. Para el ingreso al grupo, las personas interesadas deben realizar una entrevista inicial de acercamiento y acogida, recopilación de información e indicación del grupo. El pago de las sesiones es flexible y es un acuerdo entre los facilitadores y los participantes.

Respecto al género, los facilitadores promueven una igualdad del trabajo que realizan el padre y la madre durante la sesión (en caso de participar ambos), es decir, lo que tiene que realizar la mujer a través de un ejercicio específico también lo efectúa el hombre.

El grupo de embarazo tiene una frecuencia semanal, las sesiones son de 3 horas, asisten entre 8 a 10 mujeres, algunas con parejas. Los facilitadores intentan que la unidad de trabajo preventivo sea la pareja embarazada, dado que se entiende que el embarazo, el parto y la crianza es una tarea cuya unidad funcional mínima está conformada por el padre y la madre, en el caso que no exista pareja se intenta incluir una figura adulta masculina del ecosistema familiar.

El objetivo primordial del trabajo grupal es preparar a la mujer embarazada y su pareja para el “mejor parto posible” favoreciendo un contacto saludable con el bebé intra-utero (Serrano, 1994.,  Aznar, 2005). Durante la sesión se realiza trabajo corporal de preparación al parto, fomentando la posibilidad que las madres tomen contacto y aprendan  a regular su respiración, se les sensibiliza respecto al contacto con el bebe intra-útero, respecto a la posibilidad de parir desde el placer de dar a luz un hijo y no sólo desde el dolor que implica, se revisan las creencias y supuestos existentes respecto al parto y la crianza, se trabaja la diferencia entre el movimiento de pujar – contraer e hiperventilación versus el movimiento de apertura muscular y respiratoria en el momento del parto. Además se estructuran y construyen las funciones del padre y la madre durante el parto y en el post parto.

Los grupos de crianza, a diferencia del grupo de embarazo, tienen una frecuencia de una sesión de dos horas al mes, la dinámica al interior del grupo está dominada por el momento evolutivo del hijo/a y por las ansiedades de los padres asociadas a la tarea de criar. En estos grupos la sala está preparada para el juego, los juguetes están en el suelo disponibles para los niños, el piso está cubierto de colchonetas, no existen sillas, los adultos se sientan ocupando el perímetro de la sala, por lo que el juego de los niños/as ocurre en el centro.

En el Grupo de crianza con hijo de hasta 1 año la sesión tiene una estructura de trabajo que en general no sufre modificaciones sesión a sesión, al inicio los facilitadores toman contacto con los contenidos asociados a la crianza que señalan los participantes, se produce el diálogo social, luego los facilitadores toman lo señalado por los participantes y entregan algunas directrices. Posteriormente se realiza un masaje a los bebés, los facilitadores van señalando cómo hacerlo para descomprimir al bebé y generarle placer y bienestar. Posteriormente se pasa nuevamente al diálogo grupal, y finalmente, los facilitadores señalan nuevas directrices que orientan la dinámica grupal y la crianza.

En el grupo con hijo/a de hasta 2 años se facilita el proceso de distanciamiento de los padres y el encuentro con los iguales, los niños/as se van alejando del padre y la madre para tomar contacto con otros niños, se inicia un juego incipiente y se declaran los primeros conflictos y frustaciones en la relación con otros como por ejemplo en que un niño le quite los juguetes a una niña; el grupo reflexiona acerca de qué y cómo ejercer el rol parental.

La sesión se inicia con masajes a los niños o con juego en el suelo entre los niños, las madres y los padres, luego se plantean dudas y comentarios respecto a la crianza, en este momento el grupo reflexiona en conjunto con los facilitadores. En un momento posterior los adultos se sientan en círculo en una esquina de la sala y los niños juegan en el resto de la sala, ello permite que los padres comenten y trabajen la crianza, así como que los niños/as jueguen autónomamente recurriendo a la madre o el padre si lo necesitan.

En el grupo con hijo/a de hasta 3 años está muy presente el tema del juego entre los niños, los cuales poseen una psicomotricidad que les permite desplazarse eficientemente y jugar con otros. En este grupo es posible observar el juego cooperativo de los niños pero también la expresión del conflicto, los niños/as exhiben un incipiente carácter, algunos son más avasalladores, otros  más tímidos y se dejan pasar a llevar, otros más evasivos, lo cual cuestiona a los padres que tienen que resolver cómo criar a este hijo respecto al tipo de relación que desarrolla con los otros y con sus pares.

El grupo comienza con todos los miembros acostados en el suelo, realizando juegos psicomotrices acorde a la edad de los niños, luego los padres y madres se sientan mientras los niños juegan libremente, los participantes realizan preguntas o comentarios de la crianza, se produce el diálogo grupal en el cual los participantes cuenten sus experiencias de crianza y la manera en que han resuelto sus conflictos, los facilitadores también hacen comentarios y reflexionan respecto a los señalado por el grupo.

Descripción por etapas del desarrollo de la metodología preventiva del centro Hazi-Hezi desde la perspectiva de los participantes-facilitadores

Los facilitadores describen tres etapas de desarrollo del trabajo preventivo, la primera etapa estuvo focalizada en las mujeres embarazadas y en el objetivo de facilitar el proceso de parto. Al comienzo trabajaba sólo una facilitadora, posteriormente se incorporó el facilitador, la co-facilitación fue importante dado que permitió una mayor reflexión respecto a la función masculina y femenina en el embarazo, parto y crianza. La segunda etapa los facilitadores asignan importancia al contacto piel a piel entre el bebe y sus cuidadores, ello se traduce en resaltar el  masaje al bebé y en el acompañamiento a la lactancia. En esta etapa el modo de estar de los facilitadores en el grupo era de orientación “vertical”, señalaban instrucciones y recomendaciones directas, “éramos las figuras referenciales principales del trabajo preventivo”. La tercera etapa es la actual, caracterizada por mantener las actividades de los grupos de embarazo y crianza pero con un modo de estar de los facilitadores de orientación horizontal y desarrollando una reflexión permanente a través de la supervisión del grupo de prevención, ello ha permitido generar cambios desde un modo de trabajo grupal más directivo a participativo, permitiendo que el grupo mismo sea el principal referente.

MÉTODO INVESTIGATIVO

Diseño, Objetivos y Categorías

El diseño de la investigación es descriptivo y utiliza un enfoque cualitativo, para mostrar los principales aprendizajes de los participantes de la práctica preventiva, describiendo el desarrollo de la experiencia, los conceptos básicos asociadas al discurso preventivo y a la propuesta metodológica del trabajo preventivo.

Los objetivos de la sistematización son los siguientes: 1-. Describir los principales conceptos asociados al discurso preventivo y la fundamentación teórica de la metodología de trabajo implementada. 2-. Conocer los aprendizajes obtenidos por los/as participantes-usuarios de acuerdo a las categorías definidas.

Las categorías definidas son: A-. Crianza Autorregulada: capacidad de generar una relación madre-padre e hijo en la cual sea posible considerar las necesidades del bebé o niña/o como elemento estructurante de la relación. B-. Vivencia del padre y madre de la intervención: discurso de los participantes respecto a su percepción y sensación general respecto al trabajo realizado en el grupo y al tipo de intervención. C-. Temores, Críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad y a la intervención: aprensiones, miedos y juicios respecto a la intervención. Sugerencias para mejorar la práctica preventiva. D-. Motivación y Expectativas: Motivación respecto a la inserción y permanencia en el grupo. E-. Logros: reconocimiento de adquirir nuevas prácticas personales y familiares  durante el embarazo, parto y crianza asociadas a la permanencia en el grupo.

Participantes y técnicas de recopilación de información

Los entrevistados fueron un total de 26 personas, 6 del grupo de embarazadas, 7 del grupo de hijos/as de 1 año, 6 del grupo de 2 años y 7 del grupo de 3 años. La convocatoria se realizó a aquellos que podían y deseaban cooperar con el estudio. Se usó como herramienta de recolección de información la entrevista semi-estructurada, una por cada grupo, cuatro en total. Cada entrevista duró aproximadamente 2 horas y 30 minutos y contó con un número mínimo de 6 personas, incluyendo al menos 2 hombres en cada grupo entrevistado. Se realizaron 2 entrevistas  a los  facilitadores, cada una de ellas duró 2 horas.

El análisis de la información fue llevada a cabo mediante un análisis categorial. Dicho análisis tuvo como unidad básica de registro los diferentes temas que constituyen las palabras significativas en la entrevista. Posteriormente, estas unidades de registro fueron analizadas en función de sus respectivas unidades de contexto (Briones, 2001). A partir de lo anterior, fueron establecidas las categorías emergentes del discurso de los entrevistados/as, lo cuales se complementaron con el análisis y desarrollo de las categorías preestablecidas a partir de los objetivos de este estudio (Delgado & Gutierrez, 1995).

 Aprendizajes desde la perspectiva de los/as participantes de cada grupo POR variable

Grupo de Embarazadas y sus Parejas

A-. Crianza Autorregulada: Los participantes aprenden a  fomentar una crianza autorregulada a pesar de haber vivido una “infancia difícil” y/o un estilo de crianza diferente. Este aprendizaje les ha significado un esfuerzo por focalizarse en una continua reflexión  acerca de la crianza implementada en el presente y la vivida en el pasado, el grupo les permite una metodología de trabajo coherente para realizar esta focalización. En este sentido, el propio grupo de prevención está estructurado sobre las necesidades del colectivo, así, la metodología grupal se transforma en un meta- aprendizaje respecto a la focalización sobre las necesidades del bebe y la estimulación de la crianza autorregulada, esto es, así como los facilitadores se centran en las necesidades del grupo, los padres aprenden a centrarse en las necesidades del bebe.

Los participantes reconocen como una condición de logro de la crianza autorregulada el que la madre pueda ponerse en el lugar del bebe, que posea capacidad empática, lo cual favorece que pueda acompañar el desarrollo de su hijo y satisfacer sus necesidades. Ello lo asocian con el fomento de un vínculo saludable, ejemplifican con la lactancia materna señalando la importancia del contacto: “mirar a los ojos al bebe, acunarlo, masajearlo, bañarse con él, permitir que el bebé esté arropado en la cama de los padres”. Los participantes también han aprendido que potencia favorablemente el vínculo el que los padres y las madres puedan “sentir al bebé antes que nazca”, imaginarse al bebé, hablarle, hacerlo presente.

B-.  Vivencia del Padre y Madre de la Intervención: Refieren temor en su inserción asociado a “enfrentarse” a un grupo que está funcionando y es desconocido, a medida que avanza el trabajo reportan un cierto temor a la exposición personal y tristeza debido a que “tocaban las debilidades en la crianza”, reciben orientaciones que cuestionan o son diferentes a su propio sistema de creencias. Les ayuda en su inserción al grupo sentirse contenidos mediante la presentación inicial de si mismos como nuevos miembros y la acogida de sus dudas y angustias por parte de los facilitadores.

Las mujeres que asisten al grupo sin pareja, extrañan su presencia. Las que asisten con su pareja se sienten más seguras en su inserción y relación con el grupo, en general es potenciador de la intervención el realizar el grupo junto a la pareja. No obstante hay parejas masculinas que no participan en las sesiones pero que comparten este modelo de crianza, algunos cumplen la función de acoger a su pareja en casa y son descritos como “soporte” de la  permanencia de la mujer en el grupo.

Un obstáculo de los aprendizajes del grupo son las “críticas” del entorno social-familiar respecto al tipo de crianza que se desarrolla. Los contenidos grupales en ocasiones son contradictorios con ciertas pautas de crianza tradicionales, lo cual genera cierta angustia grupal que se elabora a través del ejercicio de la crítica social y “tolerancia” grupal. En el plano social, los nuevos aprendizajes y prácticas de crianza, entre ellos la “lactancia prolongada” o las “camas familiares”[1] no encuentran refuerzo ni validación, con lo cual los/as participantes tienden a vivir diversos grados de rechazo del medio social. El grupo también es un refugio,  una manera de sostener una visión acogedora y alternativa del embarazo, parto y crianza.

C-. Motivación y Expectativas: Las personas ingresan al grupo con motivaciones diversas, entre ellas; lograr un parto natural y en casa, compartir con gente que tiene conocimiento acerca del parto y la crianza, en referencia a los facilitadores, estos últimos son conocidos socialmente por su trabajo clínico y preventivo.

Los participantes desean un estilo de “crianza consciente”  que no repita los errores percibidos en la propia crianza. Algunos miembros del grupo describen que el estilo de crianza aprendido en la propia infancia estuvo basado, en general, en la prohibición, centrado en las necesidades de los adultos y con una ejercicio del poder de tipo autoritario, ello implica en el presente una de-construcción de esa forma de criar, para construir una nueva forma de relacionarse con los hijos, que no es la contraria. Una mujer señala: “Es que tenemos tan aprendida las cosas de acuerdo a cómo nos han tratado…. Yo me doy cuenta cuando viene mi madre a casa, digo: ¡madre mía, si es capaz de decirle estas cosas a sus nietos! Todo eso se aprende……mi madre se basa en el no, ¡no hagas esto, no hagas lo otro!, ¡Cómo me ha coartado!”.

D-. Temores, Críticas y Sugerencias Asociadas a la Grupalidad e Intervención: Los participantes desean que la familia cercana, especialmente aquellos que colaboran con la crianza de los hijos, participen de alguna charla psicoeducativa o de una intervención preventiva que les permita comprender y validar este tipo de crianza.

Las madres embarazadas refieren que la duración de las sesiones, tres horas cada semana, es extensa dado que tienen que mantener las posturas corporales; recostadas o sentadas en la colchoneta. Sugieren disminuir una hora o proveer el espacio para una merienda intermedia.

E-. Logros: Los participantes cambian de opinión respecto al parto, señalan: “no es sólo un asunto médico, no es algo pasivo al cual someterse, sino que es  un asunto activo para ayudar a nacer al hijo”. Durante el proceso grupal van reconociendo que cada mujer tendrá un parto en el cual están implicados sus propias capacidades y límites personales, ello se traduce en un aprendizaje desculpabilizador respecto al propio  parto.

Algunos participantes señalan que han podido asociar las reacciones que tienen como padre y madre con la propia historia de crianza de ambos, asimismo han logrado una cierta distancia afectiva respecto a esta  historia de crianza, la que ha estado mediada por los aprendizajes obtenidos en el grupo, ello  les ha permitido confiar y empoderarse respecto a la posibilidad de implementar una crianza “diferente” a la que vivieron en su infancia.

Los participantes relatan que han desarrollado “aceptación  hacia el otro”, asocian este logro con la posibilidad que otorga el grupo de vivenciar las diferencias individuales y conversar en torno a las mismas.

Grupo de Padre y Madre con hijo/a de hasta 1 año

A-. Crianza autorregulada: El post parto y el primer año de vida del bebe es vivido por el padre y la madre, como un período altamente demandante y estresante, aunque reconfortante. Los participantes refieren como elemento contenedor el contacto cercano que pueden establecer con los facilitadores del grupo en este período.

Los hombres del grupo asignan importancia a su rol paternal en el momento del post parto, entienden que parte importante de su función es estructurar un espacio tranquilo e íntimo para la madre y el bebé, así como proteger a la díada de la presencia muchas veces invasiva de la red familiar y social.

B-. Vivencia del padre y madre en la intervención: En este período más estresante el grupo logra proveer de calidez y acogida, no obstante el mensaje de los facilitadores respecto a la crianza centrada en las necesidades del bebé genera en ocasiones una sensación de “ser criticados”. Algunas personas tienen la sensación de sentirse expuestas al juicio de terceros cuando el grupo pone en común aspectos de la crianza, en especial, cuando otros miembros  hablan acerca de lo que ha hecho o ha vivido con su hijo(a).

La coherencia de los facilitadores respecto a lo que saben y el modo acogedor que tienen de entregar sus conocimientosgenerar en los participantes  una sensación de credibilidad y honestidad.

C-. Motivación y expectativas: Los/as participantes buscan un estilo de crianza más consciente, esto es, una forma de criar que no repita los errores vividos en la propia crianza y que potencie los aciertos. Perciben a los facilitadores con “interés en lo que hacen y energía positiva”, lo cual incide favorablemente en el deseo de permanencia de los miembros del grupo.

Una motivación importante para asistir y permanecer en el grupo es tener contacto con otras madres y padres con bebés, se sienten “como en casa, arropadas, no juzgadas”. El sentirse escuchados y acompañados les genera una sensación de pertenencia y de aprendizaje interpersonal que valoran positivamente.

D-. Temores, Críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad y a la intervención: Los nuevos aprendizajes de crianza autorregulada no encuentran un refuerzo en el entorno social,  señalan que es difícil mantener la coherencia dada la presión social existente.

Perciben que la frecuencia con la que se realiza el grupo de lactantes, una vez al mes, es menor a lo que necesitan ya que “cuando son pequeños se tiene más dudas sobre ellos”. Asimismo, les resulta insuficiente para contar con más apoyo de sus pares respecto a la crianza. Además, durante las sesiones vivencian escaso el tiempo para resolver las dudas respecto a la crianza, específicamente respecto a psicomotricidad, lactancia y conducta de los bebés.

E-. Logros: Las mujeres desarrollan mayor contacto con el “instinto maternal” y la posibilidad de ejercerlo. Entienden por ello la aproximación con aspectos internos del “ser madres”, lo que les permite buscar respuestas en su propia sensación y en la relación con el bebé para satisfacer sus necesidades.  También han avanzando en el autoconocimiento personal en la relación con sus hijos/a, los cuales les “van mostrando” sus capacidades y debilidades respecto de aspectos tales como establecimiento de límites, expresión de las emociones, cuestionamiento de creencias, entre otras.

La percepción de logros está asociada también a lo que observan en otros significativos al interior del grupo, ejemplo de ello es la observación que hacen del conjunto de bebés los que son descritos como saludables y vitales. Una mujer puntualiza: “mi hijo es feliz… mi bebé está saludable y alegre…”. Respecto a los padres aprecian mayor curiosidad y deseos de participar en la crianza.

Sienten respeto por sus hijos(as), los conciben  como seres humanos y no como “muñecos, cosas, etc.”, asimismo han aprendido a respetar el ritmo del proceso de crecimiento de sus hijos. A través de la intervención han valorizado positivamente la importancia del contacto físico entre padre-madre y bebé: el estar piel a piel.

Grupo de Padre y Madre con hijo/a de hasta 2 años

A-. Crianza autorregulada: Existe un cambio de perspectiva y de acción desde momento en que el bebé comienza a desplazarse, las madres perciben mayor intensidad en los cambios que viven en la relación con el bebé en este período. Algunas participantes señalan que sus hijos/as identifican el espacio grupal como de “juego a su aire”, observan que los niños se sienten placenteros y distendidos en su permanencia en el grupo.

Los participantes refieren seguridad en la satisfacción de las necesidades de los hijos, ello se traduce en contenidos del tipo “tengo confianza en que puedo hacer lo que mi hija  necesita de mí”. En las familias donde  que ha sido posible fomentar una crianza autorregulada y existe una pareja masculina inserta o no en el grupo de crianza, éste ha apoyado mediante acoger y cuidar a la madre, así como haciéndose cargo de la satisfacción de las necesidades del bebé.

B-. Vivencia del padre y madre en la intervención: Algunos participantes viven un conflicto ligado a las decisiones que deben adoptar respecto al cuidado de los hijos, una mujer señala “acá (en el grupo) la guardería es la última opción…pero yo no tenía opción sino meter a mi hijo de 6 meses a la guardería”.

Surge la necesidad de los participantes de orientación y acompañamiento frente a un tipo de crianza que no sigue los cánones tradicionales, se ejemplifica del siguiente modo: “…mi  familia señala respecto al bebe “suéltala, déjala en la cuna…”, en cambio en el grupo se afirma: “acúnala, tómala si te lo pide””.

Existen algunos elementos del método de trabajo que perciben potenciando un estado de relajación y confort estos son: la inclusión de música y una luz atenuada durante la realización de los ejercicios, “trabajar en el suelo”, ya sea sentado o recostado, genera estados de familiaridad y confianza, un ambiente distendido. El suelo se transforma en un elemento favorecedor de descubrimiento del cuerpo y por tanto, del desarrollo psicomotriz.

Las participantes perciben claridad en la información que entregan los facilitadores, perciben su comunicación propendiendo a evitar que se sientan sobre-exigidos en la relación con sus hijos, se sienten  acompañados y acogidos por el grupo, lo cual valoran muy positivamente.

C-. Motivación y expectativas: Respecto al ingreso al grupo, las motivaciones son heterogénea. Todos los participantes tienen un conocimiento previo del grupo que facilita la integración al mismo, ya sea porque se conocen del grupo anterior o por que han recibido referencias positivas del mismo.

D-. Temores, críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad e intervención

El espacio para expresarse cuando asisten muchas madres e hijos se reduce significativamente generando agobio en algunas participantes, especialmente por la angustia que les produce el contacto físico de los niños que están aprendiendo a caminar.

Las mujeres piensan que es necesario incorporar a los hombres en dinámicas que les permitan mayor diálogo en el grupo, ya que “ellos se van sin hablar”.

E-.Logros: La participación de madre, padre e hijo en el grupo reporta un bienestar para la familia, los adultos  adquieren un nuevo modo de comprender la crianza centrada en el respeto por las necesidades del niño y la niña, señalan contenidos del tipo “respetar el ritmo y esperar que las cosas ocurran, todo llega en su momento” (refiriéndose a las funciones cognitivas, psicomotoras y fisiológicas ligadas al desarrollo infantil).

El grupo permite normalizar la experiencia de la crianza en cuanto a hitos y períodos críticos, conocimiento que es compartido por participantes y facilitadores en el desarrollo del proceso grupal.

Grupo con Padre y Madre con hijo de hasta 3 años

A-. Crianza Autorregulada: Durante el proceso grupal los participantes generan distinciones sobre las etapas madurativas de los niños y reflexionan acerca del comportamiento parental facilitador o entorpecedor de la autorregulación del hijo/a en cada etapa, ello facilita una gestión más coherente del proceso de crianza

Algunos participantes señalan que han podido asociar las reacciones que tienen como padre y madre en la crianza con la propia historia de crianza. Una persona señala: “intuía algo y lo pude compartir con mi pareja, que no conocía nada……….todo lo que es nuestra historia tiene que ver con el modo en que criamos”.

B-. Vivencia del padre y madre en la intervención: Durante las sesiones de trabajo grupal y corporal, los participantes están sentados o acostados en las colchonetas y ubicados de modo circular en la sala, ello genera en los participantes una sensación de inclusión y de visibilidad. Además viven placenteramente este modo de estar en el grupo dado que pueden “estirarse”, “escucharse”, “tumbarse”, “vivir el relajo de estar a gusto con los hijos”.

El grupo vive como una dificultad el silencio, refieren que es difícil hablar en ciertos momentos, especialmente en  el “arranque”, pasa lo mismo cuando se incorpora alguien nuevo. El asistir en parejas facilita la participación en el grupo, “las que vienen solas hablan menos”, cuestión que se atribuye también a un tema práctico: “mientras uno cambia la ropa, el otro habla”.

Los participantes cuentan sentirse fortalecidos en la crianza que desarrollan, atribuyen esta fortaleza a la base que entrega la participación y asistencia continua en el grupo, la heterogeneidad etaria que permite el aprendizaje desde distintos puntos de vista y experiencias, y al apoyo entre los miembros del grupo.

C-. Motivación y Expectativas: La inserción al grupo es difícil para algunas personas, mencionan por ejemplo que les “chocaba todo, era diferente a lo que habían oído, todo nuevo”.  Algunos padres se integran al grupo con una sensación de distancia y de cierta crítica, un padre señala que inicialmente fue bastante crítico no obstante luego sintió agrado por el trabajo corporal. Otro padre necesitó leer libros para orientarse respecto al desarrollo del niño, luego se implicó en el trabajo grupal, señala respecto de su inserción al grupo: “Lo miraba de lejos, no tenía nada dentro”.

Los padres y madres describen su permanencia en el grupo  resaltando el discurso de ver a otras parejas y sus niños con los cuales existe vinculación “nos vemos cada martes, vemos nuestros críos”. Asimismo mencionan el reforzar el camino de crianza elegido ante la constatación de que son una minoría social, el grupo es un lugar “donde ser mayoría, no sentirse incomprendida y sola”, provee compañía y contención.

D-. Temores, críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad y a la intervención: Algunas personas señalan en referencia al número de participantes que hay poco espacio, ejemplifican: “De cuando hay muchas personas a cuando hay pocas, las cosas salen más claras. La gente está más cómoda y sale más limpio, sino se sale más cansada”.

La incorporación de nuevos participantes del grupo provoca molestia a algunos de los antiguos participantes, dado que se repiten temas y otros quedan sin abordar.

E-. Logros: algunos padres relatan que han aprendido a conocer y comprender lo que significa el embarazo, el parto y la crianza valorizando su importancia, un participante señala: “Fue un descubrimiento el involucrarme en su embarazo, el vivenciarlo a través de los ejercicios me ayudó mucho y también posterior al nacimiento”.

Señalan que han aprendido a conocerse como madre y padre, asimismo a conocer y empatizar con el proceso de crecimiento de sus hijos, relatan que han crecido junto a sus hijos reconociendo elementos que son importantes en la maduración del niño/a. Ejemplo: “….la gente no entiende la importancia que puede tener para un niño meter las cosas en una caja y sacarlas, involucrarte en ello te sirve porque te ayuda, estás en lo mismo que él, es una forma de aprender”.

Luego de 3 o 4 años de grupo, los participantes han logrado  una sensación de autonomía en la manera de criar, diferenciándose de su medio social. El avance en la autonomía del hijo se asocia a la posibilidad de re-afirmar el tipo de crianza implementada.

DISCUSIÓN

La práctica preventiva tal como ha sido descrita es un proceso complejo en un período sensible del desarrollo del ser humano, confluyen a esta complejidad variables sociales, familiares y personales asociadas a un cierto modo de entender y vivenciar el embarazo, el parto y la crianza por parte de los participantes y facilitadores de los grupos de crianza. Al focalizarse en el discurso de los participantes fue posible constatar que propenden a una crianza autorregulada, centradas en las necesidades del bebé y posteriormente de la niña/o, aunque hayan vivido en su propia historia infantil una crianza centrada en las necesidades de los adultos. Parece ser factor esencial de logro en esta variable el poseer capacidad empática y participar de una reflexión constante, mediada por el grupo, acerca de la relación madre- padre – hijo. El desarrollo de la capacidad de contacto empático se plantea, desde esta intervención post – reichiana, como un continuum y un asunto relacional, que se inicia desde el embarazo para continuar fortaleciéndola durante los primeros años de la crianza.

Existiría una relación, observable para los actores, entre la práctica de una crianza autorregulada  y el carácter que desarrolla un niño. Los usuarios y facilitadores comprueban en su práctica que un niño que no puede propender hacia la autorregulación tenderá a desarrollar una estructura caracterial más rígida,  aprenderá que habitualmente no es posible satisfacer sus necesidades  de desarrollo psico – afectivo – sexuales, una niña/o que tiende a autorregularse exhibirá un carácter más flexible y aprenderá que habitualmente es posible satisfacer sus necesidades. Es coherente entonces como plantea Serrano (2005), que el gran modulador, aunque no la única institución social responsable, de la salud psico-corporal es la familia en cuanto que permite o inhibe la satisfacción de las necesidades de sus hijos.

Un logro significativo de los grupos siguiendo a Llorca et el. (2002)  se asocia al desarrollo psico-motriz, que implicaría competencias motrices, cognitivas y socio-afectivas que se ponen de manifiesto a partir del juego corporal y del movimiento en el contexto grupal y  relacional con los otros niños, los adultos y los objetos, lo cual desarrolla a su vez, como consecuencia, una identidad y autonomía personal, a lo cual se agregaría desde la perspectiva post reichiana, el desarrollo de un carácter flexible que tiende a facilitar la gestión de satisfacción de las propias necesidades.

Las expectativas que tienen los participantes a su ingreso al grupo son variadas, se distingue como factor común el deseo de un embarazo saludable, un parto natural  y afectar positivamente la maduración del propio hijo/a. En el momento de la integración inicial de la mujer o la pareja embarazada al grupo se produce, en general, un proceso cuyos componentes principales son: los contenidos que el grupo va elaborando al momento de integrarse un nuevo participante y del cual este último se va haciendo parte al transcurrir las sesiones; la contención que vive el nuevo participante al estar con otros en la misma situación y tarea de crianza; y la acogida que brindan los facilitadores y el grupo a los nuevos integrantes. Concluido la integración inicial aparece como relevante para la permanencia las redes de apoyo social que se van formando y la posibilidad de estar acompañados, acogidos e informados en el proceso de crianza.

La intervención es vivenciada por los participantes con elementos comunes asociados a la necesidad de no ser enjuiciados; a ser  informados respecto a aspectos relevantes del embarazo y crianza; al  placer de estar en el grupo; a experimentar una validación de la existencia propia y del otro en el contexto del desarrollo del grupo. Como señala Husenman (1986) el grupo experiencial se caracteriza por ser “confiable,  íntimo y confidencial”, lo cual aporta estabilidad a la intervención fortaleciendo el vínculo intra-grupo.

Respecto a los aspectos asociados al género y el trabajo preventivo los participantes de los grupos construyen una propuesta de lo que significa ser padre y madre con el aporte de lo femenino y lo masculino. Los hombres y mujeres entrevistados reconocen diferencias y complementariedades determinadas por los roles de género pero también por las exigencias requeridas de acuerdo a la edad del bebé o niño/a, así por ejemplo el grupo comprende que no se requiere lo mismo del padre al momento del parto y los primeros días post parto que cuando el niño/a tiene uno, dos y tres años de edad. Pareciera entonces que la construcción de los roles de género en el contexto grupal asociada a la tarea de criar, generara consensos en los padres y las madres que hace posible la colaboración e inhibe la competencia. Asimismo existen una cierta dinámica en la integración de los hombres que es  importante mencionar;  la necesidad de una entrada al grupo privilegiando lo cortical, lo racional. Al parecer, los hombres necesitan  alta información respecto a lo que se hace y sus contenidos, sirve en este sentido el discurso de los facilitadores y las lecturas recomendadas. Al parecer lo que se libra en la integración masculina al grupo es una “lucha por comprender”, que si se desarrolla favorablemente posibilita un alto compromiso con el trabajo grupal.

Aparece como una contribución conceptual significativa del enfoque post – reichiano en el trabajo preventivo con familias, la concepción que los integrantes de una familia pertenecen a una ecología familiar, no sólo a un sistema familiar, ello implica que sus miembros tienen necesidades como sujetos, si estas necesidades no se satisfacen de modo estable se producirá un desequilibrio ecológico que es especialmente peligroso para los miembros más débiles de la familia. En cambio, si el sistema ecológico tiende a satisfacer las necesidades de todos sus miembros podrá asegurar la existencia saludable de  sus crías.  Además del trabajo preventivo en la ecología familiar, en la intervención se introduce el grupo de apoyo, en particular el grupo multifamiliar, que opera como soporte para centrarse en  las necesidades de los individuos y familias que lo componen y desarrollar un contacto empático. Por tanto, es necesario referirse no sólo a la ecología familiar sino también a una ecología de los sistemas humanos.

Junto con la utilización del grupo de apoyo, en esta intervención preventiva, se da un fuerte énfasis al abordaje corporal y emocional. Ambas herramientas, el grupo y el trabajo con técnicas corporales, desde un enfoque post-reichiano, tienen la relevancia de favorecer un mayor contacto con las propias necesidades afectivas así como abordar las creencias de los padres y las madres vinculadas al parto y la crianza. En cuanto a los niños y niñas, se ha intentado favorecer un mayor contacto con su propio ritmo biológico de maduración, lo que implica centrarse en sus necesidades y experiencias y no en las expectativas y metas de los adultos. Esto significa, introducir la teoría de la autorregulación desde el enfoque post-reichiano en las intervenciones preventivas vinculadas con embarazo y primera infancia; y así prevenir el desarrollo trastornos psico-corporales, durante la infancia y también en la vida adulta.

La concepción tradicional de crianza que se aplica en España pertenece a un paradigma diferente respecto la visión de la Ecología de los Sistemas Humanos, en el primero se aprecia una tendencia al aprendizaje vía frustración para el bebé del tipo “llorar antes de dormir”, en el paradigma post reichiano el aprendizaje se logra vía satisfacción de las necesidades del tipo “acunar antes de dormir”. Esta diferencia sustancial, genera en las redes sociales de los participantes crítica y muchas veces desvalorización de este modelo de crianza que desarrollan. El discurso de la autorregulación genera, en algunos casos, un conflicto con las presiones institucionales representadas por la familia, la escuela o el mismo trabajo, al manifestar cómo las necesidades de los niños/as y adolescentes son predominantes a las creencias y pautas de crianza tradicionales.

Otro aspecto importante y útil de la intervención que realiza el Centro Hazi – Hezi, es el trabajo en vínculo afectivo. Para Bowlby (1988)  el vínculo facilita el desarrollo de una base segura a partir de la cual un niño o un adolescente pueden salir al mundo y regresar sabiendo que será acogido y alimentado física y emocionalmente. En los aprendizajes de los participantes esto se traduce en la posibilidad de reflexionar acerca del propio proceso de vinculación con sus figuras parentales y el ejercicio de la vinculación con las hijas/os, de modo de implementar en el presente el recurso que se conoció en el pasado o de buscar alternativas a lo que no ayudó, para ello el grupo es muy significativo dado que es un nuevo referente en el presente.

El método de trabajo desarrollado por el equipo del Centro Hazi-Hezi es una conjugación de tres ejes reconocibles: el trabajo sobre la persona del facilitador vía psicoterapia personal profunda, la adquisición de una teoría de base que provee de un método de trabajo coherente y la supervisión de la práctica preventiva. Estos ejes aparecen como fundamentos de la realización de una práctica preventiva coherente, sensible y acompañada.  Los logros del trabajo preventivo requieren la implementación de una alianza de trabajo (Greenson, 2004), dado que el desarrollo del proceso grupal supone compromiso e implicación de todos sus miembros, en este sentido no se trata sólo de dar y recibir información pedagógica, sino de incorporarse a una dinámica grupal en la cual se trabaja con las vivencias relacionadas con el proceso del embarazo y la crianza de los hijos.

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Autores:

Freddy Orellana Bahamondes

Psicólogo clínico. Director, docente y formador de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Email:freddyorellana@hotmail.com

Javier Cortés Alti

Psicólogo Clínico. Docente Universidad de Santiago de Chile.

Email: jcortesalti@gmail.com

Mónica Rodríguez Verdugo

Psicóloga Clínica, docente y formadora de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Docente. Email: altazora@hotmail.com


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Práctica Preventiva en Embarazo y Primera Infancia desde la Autorregulación en el Centro HAZI – HEZI – 1ª parte

Esta investigación sistematiza, desde la perspectiva de los participantes, la práctica preventiva que realiza, en base al paradigma post Reichiano o ecología de los sistemas humanos, el Centro Hazi-Hezi de España, por un lado con grupos de mujeres embarazadas y sus parejas, y por otro lado, familias con hijos de uno, dos y tres años de vida. Para ello se realizaron entrevistas semi-estructuradas que permitieron distinguir los conceptos fundamentales del discurso y método preventivo, describir el desarrollo de la experiencia por etapas y discriminar los principales aprendizajes de los participantes según las variables de análisis definidas. La investigación pretende generar una reflexión acerca del aporte del enfoque post – Reichiano en este tipo de intervenciones en la consolidación del vínculo temprano centrado en el desarrollo de una capacidad de contacto empático en la relación madre- padre e hija/o.

INTRODUCCIÓN

En España, lugar donde ocurre la práctica sistematizada, existen políticas públicas destinadas a mejorar la salud de la mujer embarazada, a mantener una baja mortalidad en el parto y al aumento de la protección social de la maternidad. Con respecto al embarazo, las normas técnicas de la cartera de servicios de atención primaria definidas por el Ministerio de Sanidad y Consumo  (Aguilera M., 2001) contemplan para toda mujer embarazada incluida en el servicio, atenciones médicas periódicas en el pre y post parto.

En cuanto a la atención al parto, (Maroto-Navarro, García –Calvente & Mateo-Rodriguez, 2004) consideran que los servicios sanitarios españoles están centrados en un modelo de salud cuyo objetivo principal es la reducción de la mortalidad y la morbilidad materna y perinatal. Estas intervenciones, no se han enfocado al bienestar psicológico de las madres, aunque las propias madres valoran positivamente la educación maternal, coinciden con la opinión de expertos y profesionales en la necesidad de hacer énfasis no sólo en los aspectos de preparación al parto, sino en la adquisición de conocimientos y el desarrollo de actitudes y conductas que repercutan positivamente en la salud posparto y en la crianza de los hijos.

La práctica preventiva de crianza sistematizada, se desarrolla en el País Vasco en un contexto de atención privada (Centro Hazi – Hezi, que significa en Euskera Crecer y Madurar, dedicado a la atención clínica y al trabajo preventivo con familias)   y representa para las mujeres y hombres que concurren una alternativa a la oferta de los servicios públicos, implicando no sólo el embarazo y parto, sino también, la crianza desde el nacimiento hasta los tres años de edad del hijo.

MARCO TEÓRICO

Conceptos Teóricos base del Discurso Preventivo

El modelo teórico de la práctica preventiva del Centro Hazi – Hezi, se basa en la teoría de la autorregulación desarrollada por Reich (1994) y continuada por autores post – reichiano como Raknes (1991), Navarro (1995) y Serrano (1994) entre otros. Además es necesario considerar las aportaciones de otros autores que enriquecen esta concepción teórica.

Autorregulación: Reich (1993) y autores Post Reichianos (Raknes, 1991; Serrano, 1994; Baker, 1978) plantean  que la autorregulación debe ser entendida dentro de una lógica psicosomática. Comprenden al ser humano como un sistema que integra en una unidad lo biológico y lo psicológico, donde ambos componentes confluyen y determinan el desarrollo psico –afectivo- sexual de una persona. Para esta perspectiva la posibilidad del ejercicio de la autorregulación está condicionada por  la satisfacción de las  necesidades afectivas, sexuales y psicológicas que presenta el individuo para su desarrollo y no solamente determinada por las demandas que le impone la sociedad de acuerdo al patrón cultural específico.

Desde el paradigma post reichiano el punto fundamental al que debe orientarse toda educación es salvaguardar el placer natural del organismo, es decir, facilitar la pulsación natural organísmica, evitando que el miedo genere una contracción angustiosa crónica que paralice la pulsación (capacidad de expansión y contracción  de un organismo) o la desnaturalice e impida un desarrollo natural. Ante esta situación contextual que impide o dificulta la pulsación natural y placentera, el organismo trata de mantener el equilibrio mediante una lucha por sobreponerse a los efectos bloqueantes, si lo consigue logrará mantenerse sano y placentero, de lo contrario buscará un medio de compensar la tensión – angustiosa creada, descargando patológicamente esta carga acumulada a través de síntomas específicos que generan dolor y/o displacer.

Serrano (2005), señala que la enfermedad y el sufrimiento emocional tienen una etiología fundamentalmente social y se articula durante el proceso de maduración y de integración de funciones de nuestra específica estructura humana. Por tanto el sistema familiar, como ecosistema principal durante ese período, –en cuanto que dependemos de él para sobrevivir–, se convierte en el principal modulador, pero no en el único responsable, de la enfermedad o de la salud

Continuum: Liedloff  (2003) define el concepto del continuum humano como la secuencia de experiencias que corresponde a las expectativas y tendencias de nuestra especie en un entorno consecuente con aquello en lo que esas expectativas y tendencias se formaron. Incluye además, que las otras personas que forman parte de aquel entorno se comporten y nos traten adecuadamente. Refiere que para alcanzar un óptimo desarrollo físico, mental y emocional, los seres humanos —especialmente los bebés— necesitamos vivir las experiencias adaptativas que han sido básicas para nuestra especie a lo largo del proceso de nuestra evolución. Para un bebé, estas experiencias necesarias serían: contacto físico permanente con la madre (u otro familiar o cuidador/a) desde el nacimiento. Esto es, permanecer constantemente en brazos o pegado/a al cuerpo de otra persona hasta que el bebé comience a arrastrarse o gatear por sí mismo, lo que sucede en torno a los 6-8 meses. Lactancia materna a demanda. Disponer de cuidadores/as que atiendan las necesidades del bebé (movimientos, llantos, etc.) sin emitir juicios ni invalidarle. Hacer sentir al bebé y potenciarle sus expectativas basadas en que es un ser innatamente social y cooperativo, al tiempo que fomentar su fuerte instinto de autoconservación.

Por contraste, un bebé sujeto a prácticas de regulación que no considere esta secuencia de experiencias  y cuidado puede experimentar a menudo la separación traumática de su madre al nacer  y colocación en una sala de maternidad, en aislamiento físico; en casa, durmiendo solo y aislado, a menudo luego de “llorar para dormir”; con su alimentación planificada según ciertas horas y prescripciones médicas,  puesto en la cuna o coche con una estimulación escasa; con cuidadores que lo ignoran o desalientan cuando él llora o señala de otro modo sus necesidades; o respondiendo con excesiva ansiedad, haciendo del niño el centro de atención; detectando el niño (y conformándose a)  las expectativas de sus cuidadores de que es incapaz de desarrollar su instinto de conservación, es naturalmente antisocial, y no puede aprender los comportamientos correctos sin controles terminantes, amenazas y una variedad de técnicas de control parental que minan su proceso de aprendizaje exquisitamente desarrollado a través de la evolución humana.

Por tanto, la autorregulación debe ser entendida no solamente con la satisfacción actual de las necesidades afectivas, psicosexuales y sociales que presenta los seres humanos, sino como un proceso continuo, que contribuye a la maduración de los mismos. Si este proceso madurativo natural se ve disminuido, interrumpido por regulaciones externas que surgen de las expectativas de los cuidadores y no consideren las necesidades del bebé, niño o adolescente  en este proceso, se verá afectada la capacidad de ellos para lograr la autorregulación de sus propias necesidades.

Psicomotricidad:   Un núcleo común de las diversas definiciones de psicomotricidad viene dado por la concepción de la persona como un ser global, entendido como una unidad psicosomática que se expresa a partir del cuerpo y el movimiento, en esta expresión humana confluyen aspectos motrices, cognitivos y socio-afectivos como elementos que configuran la personalidad y que nos permiten su comprensión (Llorca, Ramos, Sánchez & Vega., 2002). Los fundamentos del trabajo psicomotriz se encontrarían en la investigación, principalmente a través de la observación participante, de las conductas motrices, del concepto de esquema corporal y su relación con la globalidad, y del concepto de imagen corporal.

Las conductas motrices tradicionalmente han sido divididas según las siguientes dimensiones: conductas neuromotrices, conductas motrices básicas y conductas perceptivo-motrices (Berruezo, P, 2002). Existe diversas conceptualizaciones del concepto esquema corporal, no obstante existe consenso en los autores (Cori en Llorca et al, 2002; Pastor, 2001; Ballesteros, 1981)  en torno a que el concepto de esquema corporal está situado en la relación entre el bebe o niño y su entorno familiar, escolar y social, cuya construcción tiene un carácter evolutivo que se desarrolla desde el nacimiento hasta el inicio de la pubertad y que consiste en una representación mental del propio cuerpo en relación con los datos del mundo exterior, de los límites y posibilidades de acción vivenciados.

Respecto al concepto de imagen corporal  Dolto (1984)  señala que la imagen corporal es la síntesis viva de nuestras experiencias emocionales repetidamente vividas en los contextos relacionales y puede considerarse como la encarnación simbólica inconsciente del sujeto y ello antes que el sujeto sepa decir “yo”, por tanto en la construcción del esquema corporal interviene de forma dialéctica la imagen corporal y el esquema corporal.

El objetivo de la psicomotricidad no es la autonomía motriz sino psicomotriz, lo que quiere decir que el sujeto, consciente y de forma gratificante para él, se encuentra en condiciones de utilizar el movimiento funcionalmente para sí mismo y para los demás, tanto en el plano instrumental como operativo, tanto en el plano psicológico como comunicativo (Llorca et al.. 2002).  En este sentido la principal finalidad de la psicomotricidad es el desarrollo de las competencias motrices, cognitivas y socio-afectivas que se ponen de manifiesto a partir del juego corporal y del movimiento en el contexto de las relaciones con los otros y los objetos, lo cual desarrollará a su vez, como consecuencia, la identidad y autonomía personal.

La psicomotricidad en el contexto de la autorregulación, implica que se respeta su ritmo o capacidad de pulsación, en su proceso madurativo. En este sentido, es necesario que el niño/a pueda vivir las experiencias necesarias para desarrollar sus funciones ontogenéticas. De esta manera, puede ir generando un registro perceptivo propio de las experiencias, a partir de sus propios movimientos y no desde el ritmo de las expectivas y exigencias externas de los cuidadores.

Carácter y Contacto: Reich (1993) definió el concepto de carácter como la coraza del yo, con estos términos hizo referencia a la constatación clínica que la mayor o menor violencia o coerción sufrida en la infancia dentro del sistema familiar y educativo, así como el nivel de estrés patógeno que ha vivido una persona en su proceso de maduración psicoafectiva desde la vida intrauterina hasta la adolescencia, lo obliga no solo a formar un espacio psíquico donde van a refugiarse todas esas experiencias lejos de nuestra consciencia, y al que Freud llamó inconsciente, sino también a desarrollar un sistema defensivo estructural, conductual y somático o neuromuscular, que permite y facilita la adaptación a las exigencias de los ecosistemas humanos, ello se traduce en la construcción de una coraza caracteromuscular. (Serrano,  2004)

Esta evitación del sufrimiento, proceso que a nivel fisiológico puede ser definido como homeostasis, genera por contrapartida una pérdida de contacto con los propios procesos intrapsíquicos y las propias sensaciones corporales que dan cuenta de cierta vivencia afectiva (Serrano, 1994), lo que desde esta perspectiva se denomina Bloqueo Emocional, ello se evidencia en la conducta, es decir en el carácter y en las tensiones crónicas del cuerpo, la disfunción respiratoria y la distonía neurovegetativa (cefaleas, astenia, estreñimiento, taquicardias, etc.) que existiría, en mayor o menor medida, en todos los seres humanos participantes de la actual estructura social.

Es importante recalcar que lo distintivo de la definición de carácter de Reich y de autores post reichianos (Serrano X.(1999); Navarro F.(1995)) es que establecen una clara relación entre los procesos somáticos y las dinámicas psicológicas de las personas, de modo que los disturbios emocionales tiene también un correlato corporal, específicamente a través del sistema neurovegetativo que determina el nivel de constricción o de expansión psico-corporal, por lo que la salud emocional tiene un correlato de salud corporal y viceversa.

El desarrollo de un carácter o coraza neuromuscular rígida, generaría una pérdida de contacto perceptivo que afectaría la capacidad de autorregulación de las necesidades afectivas, psicosexuales y sociales, las cuales son reemplazadas por las necesidades y regulaciones de los cuidadores. La pérdida de contacto perceptivo consigo mismo, también produciría una pérdida de contacto con la emocionalidad del otro e influiría en el establecimiento del vínculo afectivo y la capacidad de empatía.

Vínculo: Bowlby  (1988) plantea que su enfoque de la parentalidad humana se desarrolla desde una perspectiva etológica, señala:

“Al volver a examinar la naturaleza del vínculo del niño con su madre, al que tradicionalmente nos referimos como dependencia, se ha descubierto que resulta útil considerarlo como el resultado de un conjunto de pautas de conducta características, en parte pre programadas, que se desarrollan en el entorno corriente durante los primeros meses de vida y que tienen el efecto de mantener al niño en una proximidad más o menos estrecha con su figura materna” (Bowlby, 1998. Pg. 15).

Agrega, que esta conducta se organiza cibernéticamente al final del primer año, lo que significa que la conducta se activa bajo determinadas condiciones y cesa bajo otras condiciones.

El proceso de vinculación estaría conformado por las conductas de maternaje y por las conductas de vinculación del bebé; ambos conjuntos observados en simultaneidad son los elementos interactivos del sistema diádico. El sistema diádico madre-bebe altamente empático y emocionalmente regulado permite compartir estados afectivos. Desde la sintonía que alcancen las conductas de uno y otro, se irá modelando el yo del bebé como un emergente que, descubriendo experiencias afectivas compartidas irá desarrollando una personalidad sana (Fonagy, 2002 en Kimelman,  2006).

Para Bowlby (1988) un rol fundamental de los padres es brindar una vinculación que facilite el desarrollo de una base segura “a partir de la cual un niño o un adolescente pueda hacer salidas al mundo exterior y a la cual puede regresar sabiendo con certeza que será bien recibido, alimentado física y emocionalmente, reconfortado si se siente afligido y tranquilizado si está asustado”. (Pg. 24).

Finalmente, el vínculo madre – hijo y posteriormente padre – hijo, juega un rol importante en la autorregulación que el niño durante la infancia pueda alcanzar en sus necesidades afectivas, psicosexuales y sociales. También, el tipo de vínculo, influirá en el desarrollo del carácter y en la pérdida de contacto perceptivo así como en el desarrollo psicomotriz y en el proceso madurativo entendido como un continuo de experiencias y funciones que el niño debe ir integrando en una unidad psicosomática.

 (continuará en la próxima edición)

Autores:

Freddy Orellana Bahamondes

Psicólogo clínico. Director, docente y formador de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Email: freddyorellana@hotmail.com

Javier Cortés Alti

Psicólogo Clínico. Docente Universidad de Santiago de Chile.

Email: jcortesalti@gmail.com

Mónica Rodríguez Verdugo

Psicóloga Clínica, docente y formadora de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Docente. Email: altazora@hotmail.com


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Autorregulación

¿Qué hay de común entre la Luna, las estaciones, el ser humano? pienso: los ritmos, el tiempo, la regulación  de los procesos.

Nacer, crecer, reproducirse y morir en cada uno de los tiempos, estaciones y procesos.

Toda maduración pasa por un proceso.

Y sin embargo nosotros, los humanos, somos especialistas en acelerar, romper e irrespetar.

Estimular, enseñar, adiestrar, súper estimular en lugar de esperar, acompañar y disminuir los obstáculos del camino. Pues la maduración tiene que venir antes del aprendizaje y en ese caso el aprendizaje no es tan difícil.

Hay una ansiedad generalizada que no permite el movimiento auténtico de la autorregulación.

Posiblemente nacemos antes del tiempo necesario, aquel tiempo que determina cada bebé en el útero cuando lanza las hormonas que ponen en marcha toda la fisiología del parto, porque son pocos los casos de nacimientos respetados. Y desde que nacemos es tal la expectativa en nuestro éxito como bebés, que de ahí pasamos a pensar que lo más importante es hablar pronto, caminar pronto, independizarse de los padres pronto.

Los padres anticipan los procesos de sus hijos con la ilusión de hacerlos fuertes e independientes, lo que hacen sin embargo es ayudar a la construcción de un falso yo, aparentemente ágil y solo exteriormente fuerte, pero que no ha alcanzado a completar su desarrollo en función de su capacidad. Por lo que  puede ser frágil por dentro.

La infancia es un tiempo de dependencia. Especialmente en el primer año de vida, pues los bebés necesitan después del nacimiento las mismas condiciones que tenían en el útero: contacto, calor, seguridad y alimento, cada vez que lo necesiten. Este momento fue llamado por Wilhelm Reich Período Crítico Biofísico.

Cada vez que se estimula y acelera el proceso de un niño se está diciendo que ese es el modelo correcto y no su necesidad y potencialidad interna. El ser desaprende a confiar  en lo que siente y buscará una ley externa que controle sus impulsos, porque ya no sabe reconocer si sirve o no lo que su organismo le dice.

La ley externa funda nuestra vida en la sociedad “civilizada”, con la idea de que sin control nuestros impulsos internos pueden provocar muchos desórdenes e inviabilizar la vida en común.

¡Pero claro! Si no respetamos a los niños desde chicos, si no satisfacemos sus necesidades de amor y contacto, estaremos criando fieras descontroladas que solamente la ley patriarcal autoritaria podrá dominarlos.

Ocurre que desde una mirada de crianza respetuosa se puede dotar al niño de verdaderos conocimientos de sus necesidades primarias cuando son respetadas, generando así autoconfianza. Con autoconocimiento, respeto y autoconfianza, los instintos de supervivencia y amor siguen su curso, no necesitando generar impulsos secundarios hostiles hacía si y hacía el mundo, para adaptarse a la forma de crianza que le están imponiendo sus padres o cuidadores.

Siento que mientras escribo esto pareciera una tarea imposible pensar que podríamos volver a lo natural, al respeto en los procesos de crianzas. Y siento eso ya que inevitablemente los que  gestan, acompañan y educan a un niño están completamente sumergidos en una cultura hostil, y a su vez metidos en sus propios sistemas de defensas corporales y psíquicos (coraza-caracterial). Solamente tomando consciencia de nuestras propias dificultades podemos controlar la fiera insatisfecha y no respetada que hay adentro de nosotros (los adultos) y evitar que perpetuemos la herencia hacia nuestros hijos. Quizás por eso no es suficiente saber solamente desde lo cognitivo, a través de los cientos de libros que existen sobre crianza respetuosa: es importante un saber que venga desde el cuerpo, desde la experiencia misma, con contacto y negociando con nuestras propias dificultades como padres.

La idea de autorregulación es una posibilidad de camino expresada por Wilhelm Reich en su desesperanza por el acompañamiento apenas clínico “curativo” individual. Una autorregulación que permitiera el autogobierno. Que el individuo pudiera tener la Ley con “L” mayúscula en su ley interna, ley que es gobernada por su necesidad primaria de amor y de relaciones que satisfagan su libido, que es primero oral y después genital. Si tuviésemos un campo social que permitiera el camino del autorregulación: primero familiar, después educacional y macro social, sería posible pensar en una apropiación de la ley interna, que es la Gran Ley de la naturaleza.

Falta mucho por supuesto. Pero es una semilla de cambio.

Es decir que un cambio significativo no viene apenas desde individual hacia la sociedad, sino también desde la sociedad hacia el individuo.  Como dos flechas que se buscan y que cuando se toquen habrán logrado una integración y ya no estarán separadas; pensar en lo individual siempre es pensar en lo colectivo, pensar en lo colectivo es siempre pensar en lo individual.

En mi mirada no es posible pensar en el bebé sin considerar el adulto, sin entender el tipo de sociedad que tenemos, sin comprender las dificultades personales y sociales del cambio. Y siempre intentar ir un poco más allá, promoviendo más capacidad de contacto y respeto.

El padre que quiere que su hijo duerma toda la noche y para ello utiliza métodos humillantes que no respetan al niño en lo más profundo, termina promoviendo un crimen de lo más potente que tiene su hijo: su capacidad de entenderse, respetarse y autorregularse. No es fácil acompañar hasta que el niño pueda valerse solo, no es sencillo sostener el no saber del otro, principalmente cuando hay muchos ojos y dedos externos a la familia o a la madre que indican que el camino no es ese. Pero la vida no está en la normas rígidas de crianza que parecen encaminar los niños rumbo al éxito social. La vida, parafraseando a Kundera, “está en otra parte”: en la naturaleza y en el respeto de la misma.

Compartamos métodos de crianza respetuosos, denunciemos la humillación y el sometimiento que se cometen en nombre del amor, incluso cuando participamos de eso en alguna medida, para que cuando sean grandes esos bebés no soporten vivir en un mundo de injusticias, de desigualdades sociales, de individualismo que promueven guerras en nombre de la paz o de cualquier otra forma de destrucción de vida, simplemente porque respetan la vida adentro y afuera de ellos.

El conocimiento puede ayudar a construir ese camino entendiendo que es bueno el contacto, la mirada, el respeto hacia nuestro hijo; construyendo una matriz de amor real y no sólo imaginaria y simbólica. Que el amor llegue en los actos, en el toque, en la voz, en los movimientos. Que nuestras dificultades y contradicciones como madres, padres, cuidadores y maestros puedan volcarse en lugares especializados, o  con amigos o comunidades que nos acompañen en nuestros caminos, de modo que no tengan que traducirse en actos directos de violencia, abandono e irrespeto hacia los niños.

No sé cómo será ese mundo con individuos que fueron respetados y se autorregulan, no sé cómo mantener realmente lejos de nuestras vidas al “poder” que hace al más fuerte controlar, manipular y someter al más frágil, principalmente cuando ese poder es justificado por métodos de enseñanza profundamente arraigados en nuestra sociedad. Pero es la utopía de querer ese mundo donde los seres sean más autorregulados, y la potencia individual y social estén en acuerdo, lo que me alimenta y me direcciona. No sé si otro mundo será posible, si el gran poder patriarcal y autoritario que controla todo permitirá el movimiento hacía la vida. Pero como dice Manuel Redón en su texto sobre el “Paradigma reichiano en la actualidad” hay una gran potencialidad en la utopía, y yo prefiero quedarme del lado de la potencia de la vida qué del lado del poder dominante.

Munich Vieira Santana


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Estrés y trauma en el nacimiento

El siguiente texto deriva de la charla que – en mayo de 2014- di en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina) durante la mesa redonda que organizamos con las agrupaciones “Nacer en Mendoza” y “Alumbra”, en conmemoración de la Semana Mundial por un Parto Respetado.

Durante mucho tiempo y desde varias perspectivas se dijo que indiscutiblemente “nacer” es traumático; que llegar a este mundo es una de las mayores heridas que tenemos los humanos. La psicología misma, por cierto, ha contribuido a ese pensamiento con su teoría de la “falta original”. El cristianismo, por otro lado, habla del dolor por la culpa del primer pecado. Creencias que han servido para justificar el trauma de nacimiento y perpetuarlo como lugar común.

No hay sin embargo nada más anti natural que afirmar que nacer es traumático en la vida de un ser humano.

Ahora bien, si a ésta afirmación la ponemos en condicional, es decir : “el nacimiento puede ser una experiencia traumática”, entonces sí coincidiré con ella.

Comencemos hablando un poco sobre lo natural:

El parto es un evento fisiológico que necesita de una dosis de estrés para que se produzca: las contracciones, los movimientos, la apertura de cadera, el pasaje por el canal de parto, etc. Pero estrés no es lo mismo que trauma. Imagínense si todo aquello que nos generara un estrés fuese  traumático; vivir sería entonces un gran trauma en sí mismo pues estamos confrontados a acciones de maduración y crecimiento que necesitan de una respuesta de tensión del organismo, como caminar, comer, tener una relación sexual, etc.

El estrés es una preparación del organismo para una acción, es una defensa. Y en el parto natural se da esa gran activación del sistema de defensa del cuerpo.  Es una respuesta de alarma del organismo, que genera movimiento y acción. Concretamente la desencadena el hipotálamo; respuesta natural y necesaria para preparar los órganos del recién nacido al funcionamiento de la mejor forma una vez fuera del útero.

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El trauma es otra cosa. Si bien entiendo que un estrés prolongado en el tiempo puede ser de difícil manejo para el organismo,  generando trauma.

Con ser estresante un parto (tensión-carga), nos pide apenas que acompañemos y contengamos a ese bebé, hasta que pueda volver a su estado natural, cuando podrá relajarse  y eliminar las hormonas  que se pusieron en marcha para permitir el nacimiento (descarga-relajación). Cuando esto se da naturalmente vemos cómo bebés y mamás duermen después de un trabajo de parto, recuperándose. Y el contacto piel a piel, madre/bebé es la medicina energética  natural perfecta en ese momento.

Para que un parto sea sólo lo necesariamente estresantemente, tenemos que poder respetar lo natural, no acelerar  ni intervenir demasiado; no separar madre y bebé después del nacimiento. Así bien como permitir que se desarrolle el apego, y eso se da cuando una madre fue respetada en su momento de parto, y un bebé  en sus movimientos al nacer. Los dos terminan cumpliendo su función natural para la cual toda la fisiología del nacimiento los ampara.

Lo traumático del parto es otra cosa. Lo traumático está en lo violento, lo disruptivo, lo invasivo, lo que no da tiempo a la recuperación; lo traumático está en la separación de madre e hijo, no permitiendo que se cumplan mecanismos naturales de compensación y sanación.

Un parto no respetado en sus diversos modos es una forma de promover un ambiente de trauma,  favoreciendo que ese bebé recién nacido no tenga asegurado lo más importante para su maduración.

Por otro lado estresante no significa traumático. Lo traumático es algo que amenaza la pulsación energética de ese individuo o incluso su propia vida. Una especie de interrupción del flujo vital.

En mi observación clínica los dolores de las contracciones, que son tan temidos por muchas mujeres, vienen asociados a fantasías tales como “romperse”, “dividirse”, que activan sus miedos más profundos. Pero aún con la activación de esos miedos, si las mujeres son protegidas, respetadas  y alentadas, pueden  en mayor o menor medida, transitarlos. Después que nace el bebé, la naturaleza sabiamente, con su cocktail de hormonas, permite que la mujer en el tiempo vaya olvidando lo vivido como dolor muscular, e incorporando y valorando la experiencia de haber podido parir. Fortaleciéndose y empoderándose.

Ahora bien, si ese mismo dolor que genera miedo y ansiedad no es entendido, si es anestesiado, si es acallado, si no se lo respeta, entonces sí puede generar o crear las condiciones para que un evento de este tipo sea difícil de superar.

En realidad lo más traumático suele ser la devaluación de sí mismo que, en la circunstancia del parto, un equipo de “profesionales” puede  generar. La soledad, el desamparo, los gritos, las frases tajantes y descalificadoras, los retos humillantes, son lo que traumatiza. Ocurrido esto y aunque pase el tiempo las mujeres continuarán sufriendo las consecuencias de esa violencia, en mayor o menor grado, en función de la estructura psíquica y emocional de cada mujer y del entorno social que la ayude a compensar esa experiencia traumática.

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Una madre que ha sufrido ésta violencia pierde mucha energía. Esta pérdida puede manifestarse en el vínculo, pudiendo demorar en volver a “enchufarse” completamente con su bebé.  Y entonces sí, para ese bebé que tiene a la madre herida, puede ser muy difícil llegar al mundo. No tener una madre energética y emocionalmente disponible, porque ella está desviando parte de su energía en curar la herida que se le ha infligido, requiere de un entorno social aun más atento a los cuidados de la díada madre-bebé. Igualmente he observado que en partos traumáticos  no siempre el deseo de maternar es alterado, muchas veces madres e hijos crean una simbiosis todavía más fuerte y prolongada que ayuda a los dos a recuperarse de la difícil experiencia que vivieron juntos. 

Por otro lado el bebé puede vivir el nacimiento como un trauma y quizás en la práctica para casi todos los niños sea así. No porque así deba ser, sino porque así lo hacemos los humanoscivilizados”, desarrollando métodos de nacimiento invasivos que en nombre de la protección de la vida invaden, separan y evitan que se establezca el apego, poniendo en riesgo la lactancia y el vínculo materno infantil. Esto, la represión misma del deseo materno, es lo que impide la completa construcción del deseo en el recién nacido.

Un bebé no puede decir claramente qué fue lo traumático durante el parto. Y no va a recordar conscientemente todo lo que le ocurrió al nacer. Pero esto suele aparecer en su personalidad de adulto y en el modo de vida que adoptará. Hay adultos que todavía  funcionan de un “modo bebé”, esperando ser compensados por una experiencia traumática que los ha dejado en el limbo entre la vida y la muerte; entre dos mundos. La escisión y la despersonalización serán entonces salidas para el dolor de vivir en un mundo hostil y sin respeto desde un principio.

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El hecho de que no veamos lo que hacen con nuestros hijos no quiere decir que esté todo bien. Tampoco que esté todo mal. Pero para un bebé recién nacido no hay lugar mejor que el cuerpo materno, al devolverle la madre la seguridad que él necesita. Devolverle un útero externo a través de sus brazos. Entonces pongamos atención a la violencia que infligimos a la vida con el rutinario hecho de separar madres y bebés.

Los bebés no hablan pero comunican y podemos observar el estrés en el llanto excesivo post nacimiento, en cómo les cuesta estar tranquilos, en el tono muscular que está sobre activado generando un excedente de actividad motora.  Estas son algunas señales que podemos tener presentes para ayudar al  bebé a salir de la respuesta traumática al nacimiento. A veces hacen falta algunos años para que el  bebé termine de tranquilizar su sistema neurovegetativo. Pero lo más importante es que podemos disminuir las secuelas de la experiencia traumática a través de compensaciones que se dan en el vínculo madre-bebé: pecho, calor, contención, contacto, mirada, masaje, respeto.

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Sabemos que una buena parte de los nacimientos son por vía quirúrgica. Una cesárea que, cuando está bien indicada, puede salvar vidas y es en algunas circunstancias la mejor opción para ayudar a nacer a un bebé, es en la práctica de un uso generalizado e indiscriminado, pudiendo llegar a ser en un 70% a 90%  la forma de nacimiento en clínicas particulares. Esto representa una manipulación sobre el modo de nacer.

¿Quién, frente a la opción de un sistema de salud que pone de un lado el parto como siendo normalmente traumático y del otro a la cesárea, elegiría parir naturalmente?. Como he dicho lo traumático no está necesariamente en el parto sino en las condiciones en que éste se da.

Quizás una buena pregunta a nuestro médico(a) ginecólogo o partera(o) sea saber cuántos partos naturales han podido acompañar. Si pudiéramos hacer ésta pregunta y obtener una respuesta verdadera, sabríamos si nuestro equipo sanitario tiene las herramientas necesarias para esperar nuestros tiempos y respetar nuestros procesos. Posiblemente el exceso de intervención no pase por la maldad, sino mas bien porque esos profesionales creen realmente que lo que hacen  es lo mejor para la madre que acompañan. Creen que así salvan vidas y no las exponen a riesgos. Por mi parte pienso que en lo que no creen es en ellos mismos como profesionales que puedan acompañar el nacimiento de la vida, dejando de lado sus prejuicios y miedos, respetando profundamente la vida que ven nacer.

Por supuesto un trauma vivido en el parto, que genera alteración en el ecosistema materno en los primeros meses, puede dejar secuelas para toda una vida. Pero de la misma forma que puede generar secuelas, podemos compensar los efectos de ese trauma. Y eso han hecho muchas madres que han podido maternar a sus hijos, establecer vínculo, relación de apego, urdimbre afectiva.

Podría continuar hablando de algunas alteraciones -en el proceso natural del continuum de la vida- que afectan la maduración psíquica del bebé, pero también es cierto que no hay solamente un factor de riesgo en nuestras vidas, y  un único evento no determina todo.

Volvamos  entonces a una idea que he enunciado aquí, para no caer en la  desesperación: la vida es un continuum; siempre se puede compensar una cesárea, un parto traumático,  la separación de madres y bebés, las cirugías infantiles, etc. Compensar a través de actos que ayuden a restablecer el proceso de  maduración de la especie,  devolviendo la funcionalidad al organismo alterado por un fenómeno traumático.

 Siempre se podrá ver con optimismo la vida, saliendo de la parálisis del miedo y del discurso catastrófico alrededor del no poder parir naturalmente. Porque sabemos que nuestras vidas están muchas veces entregadas a nuestros miedos, a nuestras corazas defensivas y a un sistema social que más impide que ayuda.

……

¿Pero quién determina lo necesario? ¿Un equipo médico que no confía en el parto natural y que en algunas situaciones ni siquiera sabe sobre la fisiología sana del cuerpo en el parto? ¿Una obstetricia que fue desarrollada sin base en evidencia científica, con intervenciones como episiotomía, goteo de oxcitocina, parto en posición horizontal, corte del cordón umbilical antes del tiempo, etc?, ¿Instituciones públicas que viven una dinámica estructural  violenta en la que madres y bebés son víctimas de una cadena de violencia relacional mucho más grande? ¿El miedo?

Esperemos que no. Esperemos y trabajemos para que sean siempre las madres las que nos indiquen el camino, elijan lo que necesitan y confíen en sí mismas para tomar esas decisiones.

Por supuesto lo mejor sería que las cosas se dieran naturalmente: partos naturales, sin intervenciones  innecesarias y con respeto; que madres y bebés estuvieran unidos y jamás separados post nacimiento, no importando la forma de los mismos; que miráramos con reverencia a la vida que se manifiesta en toda su plenitud frente a nuestros ojos. Que el aparato médico sólo llegara a actuar frente a una situación realmente necesaria y que sus intervenciones fueran para facilitar procesos  sinentorpecer la maduración psicosomática de un ser.

Para que una mudanza ocurra hay que preparar emocionalmente a las madres para los cambios que necesitan hacer en sus cuerpos a fin de acompañar sus emociones y recibir el nacimiento de su bebé. Por otro lado  se hace fundamental preparar un equipo sensible a la vida, con capacidad de contacto y que comprenda que cada intervención innecesaria pone en riesgo la continuidad de la maduración humana y el vínculo materno infantil.

En suma, no participemos de la fábrica de idiotas que promueve la sociedad de consumo, que mata las subjetividades, la libertad y la plenitud de la vida. Denunciemos todos ésta violencia normatizada que autorizamos en nuestros cuerpos en el momento de parir y nacer.

Recuperemos la vida en los procesos de embarazo, nacimiento y crianza de nuestros hijos, que son los hombres y mujeres del futuro.

27/11/2006 08:15 p.m.

Munich Vieira Santana