Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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Sobre Crianza Ecológica

ECOLOGIA

Por Munich Santana

Hablar de crianza ecológica importa tener en cuenta la relación de todas las variables que marcan los objetivos puntuales en cada fase del desarrollo. Variables que van confluyendo en cada momento histórico del desarrollo de una vida: desde lo intrauterino, hasta el proceso de nacimiento y desarrollo de la fase maternante, en la relación con la figura materna. O con la figura paterna, la entrada en la familia o escuela, el desarrollo de la sexualidad, entre otras. Estas variables pueden darse en un plano micro (por ejemplo adentro de los cuerpos de la madre o el padre) hasta en un plano macro (como el de las estructuras sociales en que vivimos). Somos seres socio-históricos siempre, aun cuando  todavía vivamos adentro del útero de nuestras madres; somos seres biológicos aún cuando estamos enmarcados en espacios sociales o emocionales.
Tomar apenas la madre o el padre, la lactancia o la escuela, por separado, e intentar analizarlos, es una mirada limitante porque estos son aspectos parciales de una serie de variables que van confluyendo en todo momento de la crianza. Por supuesto en cada fase hay un aspecto que es más importante que otro, pero siempre está vinculado con los otros aspectos del ecosistema familiar y social.


Características de la crianza ecológica:

Interrelación entre distintas variables 

Influencia de la cultura de los padres y de la historia de cada individuo.
La jerarquía del tiempo hace que en determinado momento sea la madre, o el padre, o los grupos sociales, o la escuela, quienes tengan más peso. Esto no significa que las otras variables no estén presentes, sólo que están fuera del foco, al tiempo que hacen parte de la escena de la crianza. Y todo el tiempo estas variables se interrelacionan en el sistema familiar y social.
Perspectiva colectiva:

Reconocimiento de todas las necesidades de los miembros de la familia, donde el apoyo mutuo es una función muy enriquecedora del proceso de crianza.
Perspectiva temporal

Tener claro ésta perspectiva permite comprender el presente a partir del pasado (historia), y así tener una perspectiva de futuro (prevención), hacia donde vamos y porqué hacemos lo que hacemos en el proceso de crianza. Es decir no mirar apenas el fenómeno en el presente, como si las respuestas pudieran ser entendidas y sostenidas, separadas de un contexto histórico.
– Sostenibilidad

Un acto en la crianza puede ser pensado y propuesto por una familia o por sistemas macro sociales, cuando están dadas las condiciones que permiten sostener éste acto. Si no, es necesario crear las condiciones de sostenibilidad. Las propuestas de crianzas tendrían que salir del plan ideal para llegar a un plan real y sustentable para una familia. Ejemplo: ¿una mujer que deja de trabajar por un año para cuidar a su hijo, está haciendo un acto sustentable?.  ¿Es sustentable para una mujer que está angustiada y que se siente sola o muy ansiosa frente a su bebé, prolongar la lactancia hasta que éste decida dejar de tomar la leche materna?. No podemos decir que si o que no apenas con estos argumentos, antes bien habría que acercarse a la historia de cada familia y tener en cuenta las variables, la perspectiva colectiva y temporal, evaluando si es sostenible o no lo propuesto; esto es dejar de trabajar, encarar una lactancia prolongada.

Volver a la tribu
Es importante volver a la idea de Tribu, donde los roles psíquicos no estén tan marcados, donde lo importante sea la función y que todos cooperen para que ésta se dé. Si pensamos en el rol de madre (y hay una tendencia a endurecer la mirada y pensar que es aquello que hace solamente la mujer) o rol de padre (aquello que hace solamente el  hombre) nuestra mirada será estrecha y parcial. Pero si pensamos en función materna (cuidar, favorecer condiciones de contacto permanente con el bebé), ésta puede ser ejercida por cualquier persona con capacidad de contacto, y que ofrezca al bebé lo que éste necesita para contemplar las necesidades del período post-natal. Por otro lado, si pensamos en función paterna (sostener, contener y en otro momento separar y estructurar), ésta también puede ser realizada por cualquier persona que cumpla esta función. Aunque no haya madre o padre, es importante en un determinado momento del desarrollo  que  alguien cumpla las funciones materna y paterna.
La tarea de criar un hijo es una tarea muy grande para una única persona, incluso para dos; y es la razón por la que se sobrecargan los sistemas familiares, pues las familias suelen ser núcleos pequeños y cerrados de crianza. Abrirse a grupos sociales un poco más amplios, recuperar espacios, sean estos pequeños, que funcionen como tribus de crianza para crear condiciones de sostenibilidad y apoyo mutuo, son de suma importancia en el momento en el que uno decide seguir un camino de respeto a la autorregulación del niño, a sus ritmos, etc. Tribus que respeten y toleren, en el proceso de crianza, lo que cada uno puede o no puede hacer, sin culpabilizar o intentar cumplir ideales. Caminar en la recuperación de un modo de crianza más abierto, colectivo y responsable.

 

Texto construido sobre inspiración a partir de clases de Xavier Serrano.

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Práctica Preventiva en Embarazo y Primera Infancia desde la Autorregulación en el Centro HAZI – HEZI – 2ª Parte

Prevención y Profilaxis

Esta investigación sistematiza, desde la perspectiva de los participantes, la práctica preventiva que realiza, en base al paradigma post Reichiano o ecología de los sistemas humanos, el Centro Hazi-Hezi de España, por un lado con grupos de mujeres embarazadas y sus parejas, y por otro lado, familias con hijos de uno, dos y tres años de vida. Para ello se realizaron entrevistas semi-estructuradas que permitieron distinguir los conceptos fundamentales del discurso y método preventivo, describir el desarrollo de la experiencia por etapas y discriminar los principales aprendizajes de los participantes según las variables de análisis definidas. La investigación pretende generar una reflexión acerca del aporte del enfoque post – Reichiano en este tipo de intervenciones en la consolidación del vínculo temprano centrado en el desarrollo de una capacidad de contacto empático en la relación madre- padre e hija/o.

Para ir a la primera parte

Supuestos Teóricos base de la Metodología Preventiva

El Grupo Experiencial

Este tipo de grupo se caracteriza por centrase en las interacciones de las personas que participan en él. Tiene como propósito brindar un espacio donde sus integrantes tengan la posibilidad de aprender a conocerse a sí mismos, a comunicarse con los otros y a expresar los sentimientos que vivencian. El grupo experiencial facilita un cambio contextual, un espacio diferente al habitual, esta re-contextualización permite nuevas formas de expresión personal. Para que ello se mantenga en el tiempo es necesario que el grupo logre ser confiable, íntimo y confidencial. En definitiva el grupo permite que la persona desarrolle las habilidades y destrezas interpersonales necesarias para relacionarse más efectivamente con los demás para que posteriormente pueda utilizarlas en otras situaciones (Husenman, 1986). También busca que sus miembros se beneficien de la experiencia en sí misma y  de la reflexión sobre el comportamiento individual y grupal. (Shaw, 1980; Sbandi, 1980; Huici, 1985).

Los  grupos experienciales, son definibles “como aquellos en los que el grupo se utiliza como vehículo común para el desarrollo del individuo (su grupo y/u organización) a través de una dinámica de aprendizaje común que pone énfasis en el proceso o en la comunicación de sentimientos” (Cooper en Huici, 1985).

La utilización de este tipo de grupo se justifica en la aportación que supone para el aprendizaje (González & Cornejo, 1993; Roca, 1993):

  1. moviliza y facilita un cambio más perdurable en las actitudes y en los comportamientos, por la implicación emocional que supone.
  2. Facilita un aprendizaje vivencial que integra la parte emocional y cognitiva, hecho que favorece la eficacia y la satisfacción.
  3. Sirve como instrumento eficaz de cambio y desarrollo personal

A efectos de la intervención, se utilizó el enfoque teórico post – reichiano y lewiniano de los grupos experienciales.  Para el enfoque post – reichiano el énfasis esta puesto en que el participante del grupo pueda recuperar su capacidad de autorregulación, es decir, la capacidad de contacto perceptivo y emocional consigo mismo (placer, angustia, tristeza, miedo, rabia), para la satisfacción de sus necesidades en el contexto relacional de la presencia del otro. (Serrano, 1990; Reich, 1993, Navarro 1995). Para ello los grupos desarrollan una metodología no solamente centrada en la interacción verbal (Foulkes, 1986; Bion, 1990) sino también en el abordaje corporal en contexto de grupo, para lo cual se trabaja con técnicas corporales que faciliten el desarrollo del contacto emocional con uno mismo y con los otros (Serrano, 1990). Por otro lado, utiliza el enfoque lewiniano para facilitar que la intervención pueda ser evaluada continuamente, considerando las necesidades del grupo (separación en fases o etapas del trabajo, directividad de los facilitadores) y la realidad externa. Un elemento común de estos enfoques es centrarse en los procesos grupales como eje central en los fenómenos de aprendizajes. (Turró & Cortés, 2004; González & Cornejo, 1993, Lewin, 1978).

La modalidad de grupo experiencial que se utiliza en este tipo de intervención es el grupo de apoyo, el cual se caracteriza por ser dirigido por profesionales y los objetivos giran en torno a desarrollar habilidades de afrontamiento entre sus miembros, mejorar las habilidades personales, la comprensión personal y la educación, mediante feedback, orientación y guía (Rogers, 1987). Este tipo de grupo necesita de un marco acogedor y seguro que permita la gestión de las capacidades mutuas de los miembros para darse ayuda mutua (Casas, 2001). Estos grupos tienen una duración de limitada de tiempo que va a depender de los objetivos del mismo (Turró & Cortés, 2004).

En los grupos se utilizan técnicas para favorecer la participación de sus miembros, así el grupo adquiere una característica flexible, es participativo, práctico y vivencial,  facilitando un trabajo  focalizado en las necesidades del niño y niña, en las de la madre y el padre, y el tipo de relación establecida.

METODOLOGÍA PREVENTIVA

Descripción de la Metodología Preventiva y su Contexto

Al Centro Hazi – Hezi  asisten familias que desean incorporarse a los grupos de prevención, estos son: grupo de embarazadas con sus parejas; grupo de madre y/o padre con hijo de hasta 1 año; grupo de madre y/o padre con hijo de hasta 2 años y grupo de madre y/o padre con hijo de hasta 3 años. El centro posee una sala amplia y calefaccionada cubierta con colchonetas.

El método de trabajo preventivo es grupal y centrado en las necesidades de los participantes en el contexto del embarazo y la crianza, de este modo el grupo desarrolla una vivencia caracterizada por la presencia e interrelación de sus miembros (padres, madres, niños y facilitadores) y la reflexión de su devenir asociado a la tarea de parir o de criar. Los facilitadores realizan un análisis de la interacción y proceso grupal,  y entregan ciertas directrices e información basadas en este diálogo grupal y en el paradigma post Reichiano o ecología de los sistemas humanos.

Los grupos de embarazo y crianza son abiertos, pueden incorporarse nuevos miembros en cualquier momento. Para el ingreso al grupo, las personas interesadas deben realizar una entrevista inicial de acercamiento y acogida, recopilación de información e indicación del grupo. El pago de las sesiones es flexible y es un acuerdo entre los facilitadores y los participantes.

Respecto al género, los facilitadores promueven una igualdad del trabajo que realizan el padre y la madre durante la sesión (en caso de participar ambos), es decir, lo que tiene que realizar la mujer a través de un ejercicio específico también lo efectúa el hombre.

El grupo de embarazo tiene una frecuencia semanal, las sesiones son de 3 horas, asisten entre 8 a 10 mujeres, algunas con parejas. Los facilitadores intentan que la unidad de trabajo preventivo sea la pareja embarazada, dado que se entiende que el embarazo, el parto y la crianza es una tarea cuya unidad funcional mínima está conformada por el padre y la madre, en el caso que no exista pareja se intenta incluir una figura adulta masculina del ecosistema familiar.

El objetivo primordial del trabajo grupal es preparar a la mujer embarazada y su pareja para el “mejor parto posible” favoreciendo un contacto saludable con el bebé intra-utero (Serrano, 1994.,  Aznar, 2005). Durante la sesión se realiza trabajo corporal de preparación al parto, fomentando la posibilidad que las madres tomen contacto y aprendan  a regular su respiración, se les sensibiliza respecto al contacto con el bebe intra-útero, respecto a la posibilidad de parir desde el placer de dar a luz un hijo y no sólo desde el dolor que implica, se revisan las creencias y supuestos existentes respecto al parto y la crianza, se trabaja la diferencia entre el movimiento de pujar – contraer e hiperventilación versus el movimiento de apertura muscular y respiratoria en el momento del parto. Además se estructuran y construyen las funciones del padre y la madre durante el parto y en el post parto.

Los grupos de crianza, a diferencia del grupo de embarazo, tienen una frecuencia de una sesión de dos horas al mes, la dinámica al interior del grupo está dominada por el momento evolutivo del hijo/a y por las ansiedades de los padres asociadas a la tarea de criar. En estos grupos la sala está preparada para el juego, los juguetes están en el suelo disponibles para los niños, el piso está cubierto de colchonetas, no existen sillas, los adultos se sientan ocupando el perímetro de la sala, por lo que el juego de los niños/as ocurre en el centro.

En el Grupo de crianza con hijo de hasta 1 año la sesión tiene una estructura de trabajo que en general no sufre modificaciones sesión a sesión, al inicio los facilitadores toman contacto con los contenidos asociados a la crianza que señalan los participantes, se produce el diálogo social, luego los facilitadores toman lo señalado por los participantes y entregan algunas directrices. Posteriormente se realiza un masaje a los bebés, los facilitadores van señalando cómo hacerlo para descomprimir al bebé y generarle placer y bienestar. Posteriormente se pasa nuevamente al diálogo grupal, y finalmente, los facilitadores señalan nuevas directrices que orientan la dinámica grupal y la crianza.

En el grupo con hijo/a de hasta 2 años se facilita el proceso de distanciamiento de los padres y el encuentro con los iguales, los niños/as se van alejando del padre y la madre para tomar contacto con otros niños, se inicia un juego incipiente y se declaran los primeros conflictos y frustaciones en la relación con otros como por ejemplo en que un niño le quite los juguetes a una niña; el grupo reflexiona acerca de qué y cómo ejercer el rol parental.

La sesión se inicia con masajes a los niños o con juego en el suelo entre los niños, las madres y los padres, luego se plantean dudas y comentarios respecto a la crianza, en este momento el grupo reflexiona en conjunto con los facilitadores. En un momento posterior los adultos se sientan en círculo en una esquina de la sala y los niños juegan en el resto de la sala, ello permite que los padres comenten y trabajen la crianza, así como que los niños/as jueguen autónomamente recurriendo a la madre o el padre si lo necesitan.

En el grupo con hijo/a de hasta 3 años está muy presente el tema del juego entre los niños, los cuales poseen una psicomotricidad que les permite desplazarse eficientemente y jugar con otros. En este grupo es posible observar el juego cooperativo de los niños pero también la expresión del conflicto, los niños/as exhiben un incipiente carácter, algunos son más avasalladores, otros  más tímidos y se dejan pasar a llevar, otros más evasivos, lo cual cuestiona a los padres que tienen que resolver cómo criar a este hijo respecto al tipo de relación que desarrolla con los otros y con sus pares.

El grupo comienza con todos los miembros acostados en el suelo, realizando juegos psicomotrices acorde a la edad de los niños, luego los padres y madres se sientan mientras los niños juegan libremente, los participantes realizan preguntas o comentarios de la crianza, se produce el diálogo grupal en el cual los participantes cuenten sus experiencias de crianza y la manera en que han resuelto sus conflictos, los facilitadores también hacen comentarios y reflexionan respecto a los señalado por el grupo.

Descripción por etapas del desarrollo de la metodología preventiva del centro Hazi-Hezi desde la perspectiva de los participantes-facilitadores

Los facilitadores describen tres etapas de desarrollo del trabajo preventivo, la primera etapa estuvo focalizada en las mujeres embarazadas y en el objetivo de facilitar el proceso de parto. Al comienzo trabajaba sólo una facilitadora, posteriormente se incorporó el facilitador, la co-facilitación fue importante dado que permitió una mayor reflexión respecto a la función masculina y femenina en el embarazo, parto y crianza. La segunda etapa los facilitadores asignan importancia al contacto piel a piel entre el bebe y sus cuidadores, ello se traduce en resaltar el  masaje al bebé y en el acompañamiento a la lactancia. En esta etapa el modo de estar de los facilitadores en el grupo era de orientación “vertical”, señalaban instrucciones y recomendaciones directas, “éramos las figuras referenciales principales del trabajo preventivo”. La tercera etapa es la actual, caracterizada por mantener las actividades de los grupos de embarazo y crianza pero con un modo de estar de los facilitadores de orientación horizontal y desarrollando una reflexión permanente a través de la supervisión del grupo de prevención, ello ha permitido generar cambios desde un modo de trabajo grupal más directivo a participativo, permitiendo que el grupo mismo sea el principal referente.

MÉTODO INVESTIGATIVO

Diseño, Objetivos y Categorías

El diseño de la investigación es descriptivo y utiliza un enfoque cualitativo, para mostrar los principales aprendizajes de los participantes de la práctica preventiva, describiendo el desarrollo de la experiencia, los conceptos básicos asociadas al discurso preventivo y a la propuesta metodológica del trabajo preventivo.

Los objetivos de la sistematización son los siguientes: 1-. Describir los principales conceptos asociados al discurso preventivo y la fundamentación teórica de la metodología de trabajo implementada. 2-. Conocer los aprendizajes obtenidos por los/as participantes-usuarios de acuerdo a las categorías definidas.

Las categorías definidas son: A-. Crianza Autorregulada: capacidad de generar una relación madre-padre e hijo en la cual sea posible considerar las necesidades del bebé o niña/o como elemento estructurante de la relación. B-. Vivencia del padre y madre de la intervención: discurso de los participantes respecto a su percepción y sensación general respecto al trabajo realizado en el grupo y al tipo de intervención. C-. Temores, Críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad y a la intervención: aprensiones, miedos y juicios respecto a la intervención. Sugerencias para mejorar la práctica preventiva. D-. Motivación y Expectativas: Motivación respecto a la inserción y permanencia en el grupo. E-. Logros: reconocimiento de adquirir nuevas prácticas personales y familiares  durante el embarazo, parto y crianza asociadas a la permanencia en el grupo.

Participantes y técnicas de recopilación de información

Los entrevistados fueron un total de 26 personas, 6 del grupo de embarazadas, 7 del grupo de hijos/as de 1 año, 6 del grupo de 2 años y 7 del grupo de 3 años. La convocatoria se realizó a aquellos que podían y deseaban cooperar con el estudio. Se usó como herramienta de recolección de información la entrevista semi-estructurada, una por cada grupo, cuatro en total. Cada entrevista duró aproximadamente 2 horas y 30 minutos y contó con un número mínimo de 6 personas, incluyendo al menos 2 hombres en cada grupo entrevistado. Se realizaron 2 entrevistas  a los  facilitadores, cada una de ellas duró 2 horas.

El análisis de la información fue llevada a cabo mediante un análisis categorial. Dicho análisis tuvo como unidad básica de registro los diferentes temas que constituyen las palabras significativas en la entrevista. Posteriormente, estas unidades de registro fueron analizadas en función de sus respectivas unidades de contexto (Briones, 2001). A partir de lo anterior, fueron establecidas las categorías emergentes del discurso de los entrevistados/as, lo cuales se complementaron con el análisis y desarrollo de las categorías preestablecidas a partir de los objetivos de este estudio (Delgado & Gutierrez, 1995).

 Aprendizajes desde la perspectiva de los/as participantes de cada grupo POR variable

Grupo de Embarazadas y sus Parejas

A-. Crianza Autorregulada: Los participantes aprenden a  fomentar una crianza autorregulada a pesar de haber vivido una “infancia difícil” y/o un estilo de crianza diferente. Este aprendizaje les ha significado un esfuerzo por focalizarse en una continua reflexión  acerca de la crianza implementada en el presente y la vivida en el pasado, el grupo les permite una metodología de trabajo coherente para realizar esta focalización. En este sentido, el propio grupo de prevención está estructurado sobre las necesidades del colectivo, así, la metodología grupal se transforma en un meta- aprendizaje respecto a la focalización sobre las necesidades del bebe y la estimulación de la crianza autorregulada, esto es, así como los facilitadores se centran en las necesidades del grupo, los padres aprenden a centrarse en las necesidades del bebe.

Los participantes reconocen como una condición de logro de la crianza autorregulada el que la madre pueda ponerse en el lugar del bebe, que posea capacidad empática, lo cual favorece que pueda acompañar el desarrollo de su hijo y satisfacer sus necesidades. Ello lo asocian con el fomento de un vínculo saludable, ejemplifican con la lactancia materna señalando la importancia del contacto: “mirar a los ojos al bebe, acunarlo, masajearlo, bañarse con él, permitir que el bebé esté arropado en la cama de los padres”. Los participantes también han aprendido que potencia favorablemente el vínculo el que los padres y las madres puedan “sentir al bebé antes que nazca”, imaginarse al bebé, hablarle, hacerlo presente.

B-.  Vivencia del Padre y Madre de la Intervención: Refieren temor en su inserción asociado a “enfrentarse” a un grupo que está funcionando y es desconocido, a medida que avanza el trabajo reportan un cierto temor a la exposición personal y tristeza debido a que “tocaban las debilidades en la crianza”, reciben orientaciones que cuestionan o son diferentes a su propio sistema de creencias. Les ayuda en su inserción al grupo sentirse contenidos mediante la presentación inicial de si mismos como nuevos miembros y la acogida de sus dudas y angustias por parte de los facilitadores.

Las mujeres que asisten al grupo sin pareja, extrañan su presencia. Las que asisten con su pareja se sienten más seguras en su inserción y relación con el grupo, en general es potenciador de la intervención el realizar el grupo junto a la pareja. No obstante hay parejas masculinas que no participan en las sesiones pero que comparten este modelo de crianza, algunos cumplen la función de acoger a su pareja en casa y son descritos como “soporte” de la  permanencia de la mujer en el grupo.

Un obstáculo de los aprendizajes del grupo son las “críticas” del entorno social-familiar respecto al tipo de crianza que se desarrolla. Los contenidos grupales en ocasiones son contradictorios con ciertas pautas de crianza tradicionales, lo cual genera cierta angustia grupal que se elabora a través del ejercicio de la crítica social y “tolerancia” grupal. En el plano social, los nuevos aprendizajes y prácticas de crianza, entre ellos la “lactancia prolongada” o las “camas familiares”[1] no encuentran refuerzo ni validación, con lo cual los/as participantes tienden a vivir diversos grados de rechazo del medio social. El grupo también es un refugio,  una manera de sostener una visión acogedora y alternativa del embarazo, parto y crianza.

C-. Motivación y Expectativas: Las personas ingresan al grupo con motivaciones diversas, entre ellas; lograr un parto natural y en casa, compartir con gente que tiene conocimiento acerca del parto y la crianza, en referencia a los facilitadores, estos últimos son conocidos socialmente por su trabajo clínico y preventivo.

Los participantes desean un estilo de “crianza consciente”  que no repita los errores percibidos en la propia crianza. Algunos miembros del grupo describen que el estilo de crianza aprendido en la propia infancia estuvo basado, en general, en la prohibición, centrado en las necesidades de los adultos y con una ejercicio del poder de tipo autoritario, ello implica en el presente una de-construcción de esa forma de criar, para construir una nueva forma de relacionarse con los hijos, que no es la contraria. Una mujer señala: “Es que tenemos tan aprendida las cosas de acuerdo a cómo nos han tratado…. Yo me doy cuenta cuando viene mi madre a casa, digo: ¡madre mía, si es capaz de decirle estas cosas a sus nietos! Todo eso se aprende……mi madre se basa en el no, ¡no hagas esto, no hagas lo otro!, ¡Cómo me ha coartado!”.

D-. Temores, Críticas y Sugerencias Asociadas a la Grupalidad e Intervención: Los participantes desean que la familia cercana, especialmente aquellos que colaboran con la crianza de los hijos, participen de alguna charla psicoeducativa o de una intervención preventiva que les permita comprender y validar este tipo de crianza.

Las madres embarazadas refieren que la duración de las sesiones, tres horas cada semana, es extensa dado que tienen que mantener las posturas corporales; recostadas o sentadas en la colchoneta. Sugieren disminuir una hora o proveer el espacio para una merienda intermedia.

E-. Logros: Los participantes cambian de opinión respecto al parto, señalan: “no es sólo un asunto médico, no es algo pasivo al cual someterse, sino que es  un asunto activo para ayudar a nacer al hijo”. Durante el proceso grupal van reconociendo que cada mujer tendrá un parto en el cual están implicados sus propias capacidades y límites personales, ello se traduce en un aprendizaje desculpabilizador respecto al propio  parto.

Algunos participantes señalan que han podido asociar las reacciones que tienen como padre y madre con la propia historia de crianza de ambos, asimismo han logrado una cierta distancia afectiva respecto a esta  historia de crianza, la que ha estado mediada por los aprendizajes obtenidos en el grupo, ello  les ha permitido confiar y empoderarse respecto a la posibilidad de implementar una crianza “diferente” a la que vivieron en su infancia.

Los participantes relatan que han desarrollado “aceptación  hacia el otro”, asocian este logro con la posibilidad que otorga el grupo de vivenciar las diferencias individuales y conversar en torno a las mismas.

Grupo de Padre y Madre con hijo/a de hasta 1 año

A-. Crianza autorregulada: El post parto y el primer año de vida del bebe es vivido por el padre y la madre, como un período altamente demandante y estresante, aunque reconfortante. Los participantes refieren como elemento contenedor el contacto cercano que pueden establecer con los facilitadores del grupo en este período.

Los hombres del grupo asignan importancia a su rol paternal en el momento del post parto, entienden que parte importante de su función es estructurar un espacio tranquilo e íntimo para la madre y el bebé, así como proteger a la díada de la presencia muchas veces invasiva de la red familiar y social.

B-. Vivencia del padre y madre en la intervención: En este período más estresante el grupo logra proveer de calidez y acogida, no obstante el mensaje de los facilitadores respecto a la crianza centrada en las necesidades del bebé genera en ocasiones una sensación de “ser criticados”. Algunas personas tienen la sensación de sentirse expuestas al juicio de terceros cuando el grupo pone en común aspectos de la crianza, en especial, cuando otros miembros  hablan acerca de lo que ha hecho o ha vivido con su hijo(a).

La coherencia de los facilitadores respecto a lo que saben y el modo acogedor que tienen de entregar sus conocimientosgenerar en los participantes  una sensación de credibilidad y honestidad.

C-. Motivación y expectativas: Los/as participantes buscan un estilo de crianza más consciente, esto es, una forma de criar que no repita los errores vividos en la propia crianza y que potencie los aciertos. Perciben a los facilitadores con “interés en lo que hacen y energía positiva”, lo cual incide favorablemente en el deseo de permanencia de los miembros del grupo.

Una motivación importante para asistir y permanecer en el grupo es tener contacto con otras madres y padres con bebés, se sienten “como en casa, arropadas, no juzgadas”. El sentirse escuchados y acompañados les genera una sensación de pertenencia y de aprendizaje interpersonal que valoran positivamente.

D-. Temores, Críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad y a la intervención: Los nuevos aprendizajes de crianza autorregulada no encuentran un refuerzo en el entorno social,  señalan que es difícil mantener la coherencia dada la presión social existente.

Perciben que la frecuencia con la que se realiza el grupo de lactantes, una vez al mes, es menor a lo que necesitan ya que “cuando son pequeños se tiene más dudas sobre ellos”. Asimismo, les resulta insuficiente para contar con más apoyo de sus pares respecto a la crianza. Además, durante las sesiones vivencian escaso el tiempo para resolver las dudas respecto a la crianza, específicamente respecto a psicomotricidad, lactancia y conducta de los bebés.

E-. Logros: Las mujeres desarrollan mayor contacto con el “instinto maternal” y la posibilidad de ejercerlo. Entienden por ello la aproximación con aspectos internos del “ser madres”, lo que les permite buscar respuestas en su propia sensación y en la relación con el bebé para satisfacer sus necesidades.  También han avanzando en el autoconocimiento personal en la relación con sus hijos/a, los cuales les “van mostrando” sus capacidades y debilidades respecto de aspectos tales como establecimiento de límites, expresión de las emociones, cuestionamiento de creencias, entre otras.

La percepción de logros está asociada también a lo que observan en otros significativos al interior del grupo, ejemplo de ello es la observación que hacen del conjunto de bebés los que son descritos como saludables y vitales. Una mujer puntualiza: “mi hijo es feliz… mi bebé está saludable y alegre…”. Respecto a los padres aprecian mayor curiosidad y deseos de participar en la crianza.

Sienten respeto por sus hijos(as), los conciben  como seres humanos y no como “muñecos, cosas, etc.”, asimismo han aprendido a respetar el ritmo del proceso de crecimiento de sus hijos. A través de la intervención han valorizado positivamente la importancia del contacto físico entre padre-madre y bebé: el estar piel a piel.

Grupo de Padre y Madre con hijo/a de hasta 2 años

A-. Crianza autorregulada: Existe un cambio de perspectiva y de acción desde momento en que el bebé comienza a desplazarse, las madres perciben mayor intensidad en los cambios que viven en la relación con el bebé en este período. Algunas participantes señalan que sus hijos/as identifican el espacio grupal como de “juego a su aire”, observan que los niños se sienten placenteros y distendidos en su permanencia en el grupo.

Los participantes refieren seguridad en la satisfacción de las necesidades de los hijos, ello se traduce en contenidos del tipo “tengo confianza en que puedo hacer lo que mi hija  necesita de mí”. En las familias donde  que ha sido posible fomentar una crianza autorregulada y existe una pareja masculina inserta o no en el grupo de crianza, éste ha apoyado mediante acoger y cuidar a la madre, así como haciéndose cargo de la satisfacción de las necesidades del bebé.

B-. Vivencia del padre y madre en la intervención: Algunos participantes viven un conflicto ligado a las decisiones que deben adoptar respecto al cuidado de los hijos, una mujer señala “acá (en el grupo) la guardería es la última opción…pero yo no tenía opción sino meter a mi hijo de 6 meses a la guardería”.

Surge la necesidad de los participantes de orientación y acompañamiento frente a un tipo de crianza que no sigue los cánones tradicionales, se ejemplifica del siguiente modo: “…mi  familia señala respecto al bebe “suéltala, déjala en la cuna…”, en cambio en el grupo se afirma: “acúnala, tómala si te lo pide””.

Existen algunos elementos del método de trabajo que perciben potenciando un estado de relajación y confort estos son: la inclusión de música y una luz atenuada durante la realización de los ejercicios, “trabajar en el suelo”, ya sea sentado o recostado, genera estados de familiaridad y confianza, un ambiente distendido. El suelo se transforma en un elemento favorecedor de descubrimiento del cuerpo y por tanto, del desarrollo psicomotriz.

Las participantes perciben claridad en la información que entregan los facilitadores, perciben su comunicación propendiendo a evitar que se sientan sobre-exigidos en la relación con sus hijos, se sienten  acompañados y acogidos por el grupo, lo cual valoran muy positivamente.

C-. Motivación y expectativas: Respecto al ingreso al grupo, las motivaciones son heterogénea. Todos los participantes tienen un conocimiento previo del grupo que facilita la integración al mismo, ya sea porque se conocen del grupo anterior o por que han recibido referencias positivas del mismo.

D-. Temores, críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad e intervención

El espacio para expresarse cuando asisten muchas madres e hijos se reduce significativamente generando agobio en algunas participantes, especialmente por la angustia que les produce el contacto físico de los niños que están aprendiendo a caminar.

Las mujeres piensan que es necesario incorporar a los hombres en dinámicas que les permitan mayor diálogo en el grupo, ya que “ellos se van sin hablar”.

E-.Logros: La participación de madre, padre e hijo en el grupo reporta un bienestar para la familia, los adultos  adquieren un nuevo modo de comprender la crianza centrada en el respeto por las necesidades del niño y la niña, señalan contenidos del tipo “respetar el ritmo y esperar que las cosas ocurran, todo llega en su momento” (refiriéndose a las funciones cognitivas, psicomotoras y fisiológicas ligadas al desarrollo infantil).

El grupo permite normalizar la experiencia de la crianza en cuanto a hitos y períodos críticos, conocimiento que es compartido por participantes y facilitadores en el desarrollo del proceso grupal.

Grupo con Padre y Madre con hijo de hasta 3 años

A-. Crianza Autorregulada: Durante el proceso grupal los participantes generan distinciones sobre las etapas madurativas de los niños y reflexionan acerca del comportamiento parental facilitador o entorpecedor de la autorregulación del hijo/a en cada etapa, ello facilita una gestión más coherente del proceso de crianza

Algunos participantes señalan que han podido asociar las reacciones que tienen como padre y madre en la crianza con la propia historia de crianza. Una persona señala: “intuía algo y lo pude compartir con mi pareja, que no conocía nada……….todo lo que es nuestra historia tiene que ver con el modo en que criamos”.

B-. Vivencia del padre y madre en la intervención: Durante las sesiones de trabajo grupal y corporal, los participantes están sentados o acostados en las colchonetas y ubicados de modo circular en la sala, ello genera en los participantes una sensación de inclusión y de visibilidad. Además viven placenteramente este modo de estar en el grupo dado que pueden “estirarse”, “escucharse”, “tumbarse”, “vivir el relajo de estar a gusto con los hijos”.

El grupo vive como una dificultad el silencio, refieren que es difícil hablar en ciertos momentos, especialmente en  el “arranque”, pasa lo mismo cuando se incorpora alguien nuevo. El asistir en parejas facilita la participación en el grupo, “las que vienen solas hablan menos”, cuestión que se atribuye también a un tema práctico: “mientras uno cambia la ropa, el otro habla”.

Los participantes cuentan sentirse fortalecidos en la crianza que desarrollan, atribuyen esta fortaleza a la base que entrega la participación y asistencia continua en el grupo, la heterogeneidad etaria que permite el aprendizaje desde distintos puntos de vista y experiencias, y al apoyo entre los miembros del grupo.

C-. Motivación y Expectativas: La inserción al grupo es difícil para algunas personas, mencionan por ejemplo que les “chocaba todo, era diferente a lo que habían oído, todo nuevo”.  Algunos padres se integran al grupo con una sensación de distancia y de cierta crítica, un padre señala que inicialmente fue bastante crítico no obstante luego sintió agrado por el trabajo corporal. Otro padre necesitó leer libros para orientarse respecto al desarrollo del niño, luego se implicó en el trabajo grupal, señala respecto de su inserción al grupo: “Lo miraba de lejos, no tenía nada dentro”.

Los padres y madres describen su permanencia en el grupo  resaltando el discurso de ver a otras parejas y sus niños con los cuales existe vinculación “nos vemos cada martes, vemos nuestros críos”. Asimismo mencionan el reforzar el camino de crianza elegido ante la constatación de que son una minoría social, el grupo es un lugar “donde ser mayoría, no sentirse incomprendida y sola”, provee compañía y contención.

D-. Temores, críticas y sugerencias asociadas a la grupalidad y a la intervención: Algunas personas señalan en referencia al número de participantes que hay poco espacio, ejemplifican: “De cuando hay muchas personas a cuando hay pocas, las cosas salen más claras. La gente está más cómoda y sale más limpio, sino se sale más cansada”.

La incorporación de nuevos participantes del grupo provoca molestia a algunos de los antiguos participantes, dado que se repiten temas y otros quedan sin abordar.

E-. Logros: algunos padres relatan que han aprendido a conocer y comprender lo que significa el embarazo, el parto y la crianza valorizando su importancia, un participante señala: “Fue un descubrimiento el involucrarme en su embarazo, el vivenciarlo a través de los ejercicios me ayudó mucho y también posterior al nacimiento”.

Señalan que han aprendido a conocerse como madre y padre, asimismo a conocer y empatizar con el proceso de crecimiento de sus hijos, relatan que han crecido junto a sus hijos reconociendo elementos que son importantes en la maduración del niño/a. Ejemplo: “….la gente no entiende la importancia que puede tener para un niño meter las cosas en una caja y sacarlas, involucrarte en ello te sirve porque te ayuda, estás en lo mismo que él, es una forma de aprender”.

Luego de 3 o 4 años de grupo, los participantes han logrado  una sensación de autonomía en la manera de criar, diferenciándose de su medio social. El avance en la autonomía del hijo se asocia a la posibilidad de re-afirmar el tipo de crianza implementada.

DISCUSIÓN

La práctica preventiva tal como ha sido descrita es un proceso complejo en un período sensible del desarrollo del ser humano, confluyen a esta complejidad variables sociales, familiares y personales asociadas a un cierto modo de entender y vivenciar el embarazo, el parto y la crianza por parte de los participantes y facilitadores de los grupos de crianza. Al focalizarse en el discurso de los participantes fue posible constatar que propenden a una crianza autorregulada, centradas en las necesidades del bebé y posteriormente de la niña/o, aunque hayan vivido en su propia historia infantil una crianza centrada en las necesidades de los adultos. Parece ser factor esencial de logro en esta variable el poseer capacidad empática y participar de una reflexión constante, mediada por el grupo, acerca de la relación madre- padre – hijo. El desarrollo de la capacidad de contacto empático se plantea, desde esta intervención post – reichiana, como un continuum y un asunto relacional, que se inicia desde el embarazo para continuar fortaleciéndola durante los primeros años de la crianza.

Existiría una relación, observable para los actores, entre la práctica de una crianza autorregulada  y el carácter que desarrolla un niño. Los usuarios y facilitadores comprueban en su práctica que un niño que no puede propender hacia la autorregulación tenderá a desarrollar una estructura caracterial más rígida,  aprenderá que habitualmente no es posible satisfacer sus necesidades  de desarrollo psico – afectivo – sexuales, una niña/o que tiende a autorregularse exhibirá un carácter más flexible y aprenderá que habitualmente es posible satisfacer sus necesidades. Es coherente entonces como plantea Serrano (2005), que el gran modulador, aunque no la única institución social responsable, de la salud psico-corporal es la familia en cuanto que permite o inhibe la satisfacción de las necesidades de sus hijos.

Un logro significativo de los grupos siguiendo a Llorca et el. (2002)  se asocia al desarrollo psico-motriz, que implicaría competencias motrices, cognitivas y socio-afectivas que se ponen de manifiesto a partir del juego corporal y del movimiento en el contexto grupal y  relacional con los otros niños, los adultos y los objetos, lo cual desarrolla a su vez, como consecuencia, una identidad y autonomía personal, a lo cual se agregaría desde la perspectiva post reichiana, el desarrollo de un carácter flexible que tiende a facilitar la gestión de satisfacción de las propias necesidades.

Las expectativas que tienen los participantes a su ingreso al grupo son variadas, se distingue como factor común el deseo de un embarazo saludable, un parto natural  y afectar positivamente la maduración del propio hijo/a. En el momento de la integración inicial de la mujer o la pareja embarazada al grupo se produce, en general, un proceso cuyos componentes principales son: los contenidos que el grupo va elaborando al momento de integrarse un nuevo participante y del cual este último se va haciendo parte al transcurrir las sesiones; la contención que vive el nuevo participante al estar con otros en la misma situación y tarea de crianza; y la acogida que brindan los facilitadores y el grupo a los nuevos integrantes. Concluido la integración inicial aparece como relevante para la permanencia las redes de apoyo social que se van formando y la posibilidad de estar acompañados, acogidos e informados en el proceso de crianza.

La intervención es vivenciada por los participantes con elementos comunes asociados a la necesidad de no ser enjuiciados; a ser  informados respecto a aspectos relevantes del embarazo y crianza; al  placer de estar en el grupo; a experimentar una validación de la existencia propia y del otro en el contexto del desarrollo del grupo. Como señala Husenman (1986) el grupo experiencial se caracteriza por ser “confiable,  íntimo y confidencial”, lo cual aporta estabilidad a la intervención fortaleciendo el vínculo intra-grupo.

Respecto a los aspectos asociados al género y el trabajo preventivo los participantes de los grupos construyen una propuesta de lo que significa ser padre y madre con el aporte de lo femenino y lo masculino. Los hombres y mujeres entrevistados reconocen diferencias y complementariedades determinadas por los roles de género pero también por las exigencias requeridas de acuerdo a la edad del bebé o niño/a, así por ejemplo el grupo comprende que no se requiere lo mismo del padre al momento del parto y los primeros días post parto que cuando el niño/a tiene uno, dos y tres años de edad. Pareciera entonces que la construcción de los roles de género en el contexto grupal asociada a la tarea de criar, generara consensos en los padres y las madres que hace posible la colaboración e inhibe la competencia. Asimismo existen una cierta dinámica en la integración de los hombres que es  importante mencionar;  la necesidad de una entrada al grupo privilegiando lo cortical, lo racional. Al parecer, los hombres necesitan  alta información respecto a lo que se hace y sus contenidos, sirve en este sentido el discurso de los facilitadores y las lecturas recomendadas. Al parecer lo que se libra en la integración masculina al grupo es una “lucha por comprender”, que si se desarrolla favorablemente posibilita un alto compromiso con el trabajo grupal.

Aparece como una contribución conceptual significativa del enfoque post – reichiano en el trabajo preventivo con familias, la concepción que los integrantes de una familia pertenecen a una ecología familiar, no sólo a un sistema familiar, ello implica que sus miembros tienen necesidades como sujetos, si estas necesidades no se satisfacen de modo estable se producirá un desequilibrio ecológico que es especialmente peligroso para los miembros más débiles de la familia. En cambio, si el sistema ecológico tiende a satisfacer las necesidades de todos sus miembros podrá asegurar la existencia saludable de  sus crías.  Además del trabajo preventivo en la ecología familiar, en la intervención se introduce el grupo de apoyo, en particular el grupo multifamiliar, que opera como soporte para centrarse en  las necesidades de los individuos y familias que lo componen y desarrollar un contacto empático. Por tanto, es necesario referirse no sólo a la ecología familiar sino también a una ecología de los sistemas humanos.

Junto con la utilización del grupo de apoyo, en esta intervención preventiva, se da un fuerte énfasis al abordaje corporal y emocional. Ambas herramientas, el grupo y el trabajo con técnicas corporales, desde un enfoque post-reichiano, tienen la relevancia de favorecer un mayor contacto con las propias necesidades afectivas así como abordar las creencias de los padres y las madres vinculadas al parto y la crianza. En cuanto a los niños y niñas, se ha intentado favorecer un mayor contacto con su propio ritmo biológico de maduración, lo que implica centrarse en sus necesidades y experiencias y no en las expectativas y metas de los adultos. Esto significa, introducir la teoría de la autorregulación desde el enfoque post-reichiano en las intervenciones preventivas vinculadas con embarazo y primera infancia; y así prevenir el desarrollo trastornos psico-corporales, durante la infancia y también en la vida adulta.

La concepción tradicional de crianza que se aplica en España pertenece a un paradigma diferente respecto la visión de la Ecología de los Sistemas Humanos, en el primero se aprecia una tendencia al aprendizaje vía frustración para el bebé del tipo “llorar antes de dormir”, en el paradigma post reichiano el aprendizaje se logra vía satisfacción de las necesidades del tipo “acunar antes de dormir”. Esta diferencia sustancial, genera en las redes sociales de los participantes crítica y muchas veces desvalorización de este modelo de crianza que desarrollan. El discurso de la autorregulación genera, en algunos casos, un conflicto con las presiones institucionales representadas por la familia, la escuela o el mismo trabajo, al manifestar cómo las necesidades de los niños/as y adolescentes son predominantes a las creencias y pautas de crianza tradicionales.

Otro aspecto importante y útil de la intervención que realiza el Centro Hazi – Hezi, es el trabajo en vínculo afectivo. Para Bowlby (1988)  el vínculo facilita el desarrollo de una base segura a partir de la cual un niño o un adolescente pueden salir al mundo y regresar sabiendo que será acogido y alimentado física y emocionalmente. En los aprendizajes de los participantes esto se traduce en la posibilidad de reflexionar acerca del propio proceso de vinculación con sus figuras parentales y el ejercicio de la vinculación con las hijas/os, de modo de implementar en el presente el recurso que se conoció en el pasado o de buscar alternativas a lo que no ayudó, para ello el grupo es muy significativo dado que es un nuevo referente en el presente.

El método de trabajo desarrollado por el equipo del Centro Hazi-Hezi es una conjugación de tres ejes reconocibles: el trabajo sobre la persona del facilitador vía psicoterapia personal profunda, la adquisición de una teoría de base que provee de un método de trabajo coherente y la supervisión de la práctica preventiva. Estos ejes aparecen como fundamentos de la realización de una práctica preventiva coherente, sensible y acompañada.  Los logros del trabajo preventivo requieren la implementación de una alianza de trabajo (Greenson, 2004), dado que el desarrollo del proceso grupal supone compromiso e implicación de todos sus miembros, en este sentido no se trata sólo de dar y recibir información pedagógica, sino de incorporarse a una dinámica grupal en la cual se trabaja con las vivencias relacionadas con el proceso del embarazo y la crianza de los hijos.

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Autores:

Freddy Orellana Bahamondes

Psicólogo clínico. Director, docente y formador de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Email:freddyorellana@hotmail.com

Javier Cortés Alti

Psicólogo Clínico. Docente Universidad de Santiago de Chile.

Email: jcortesalti@gmail.com

Mónica Rodríguez Verdugo

Psicóloga Clínica, docente y formadora de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Docente. Email: altazora@hotmail.com


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Práctica Preventiva en Embarazo y Primera Infancia desde la Autorregulación en el Centro HAZI – HEZI – 1ª parte

Esta investigación sistematiza, desde la perspectiva de los participantes, la práctica preventiva que realiza, en base al paradigma post Reichiano o ecología de los sistemas humanos, el Centro Hazi-Hezi de España, por un lado con grupos de mujeres embarazadas y sus parejas, y por otro lado, familias con hijos de uno, dos y tres años de vida. Para ello se realizaron entrevistas semi-estructuradas que permitieron distinguir los conceptos fundamentales del discurso y método preventivo, describir el desarrollo de la experiencia por etapas y discriminar los principales aprendizajes de los participantes según las variables de análisis definidas. La investigación pretende generar una reflexión acerca del aporte del enfoque post – Reichiano en este tipo de intervenciones en la consolidación del vínculo temprano centrado en el desarrollo de una capacidad de contacto empático en la relación madre- padre e hija/o.

INTRODUCCIÓN

En España, lugar donde ocurre la práctica sistematizada, existen políticas públicas destinadas a mejorar la salud de la mujer embarazada, a mantener una baja mortalidad en el parto y al aumento de la protección social de la maternidad. Con respecto al embarazo, las normas técnicas de la cartera de servicios de atención primaria definidas por el Ministerio de Sanidad y Consumo  (Aguilera M., 2001) contemplan para toda mujer embarazada incluida en el servicio, atenciones médicas periódicas en el pre y post parto.

En cuanto a la atención al parto, (Maroto-Navarro, García –Calvente & Mateo-Rodriguez, 2004) consideran que los servicios sanitarios españoles están centrados en un modelo de salud cuyo objetivo principal es la reducción de la mortalidad y la morbilidad materna y perinatal. Estas intervenciones, no se han enfocado al bienestar psicológico de las madres, aunque las propias madres valoran positivamente la educación maternal, coinciden con la opinión de expertos y profesionales en la necesidad de hacer énfasis no sólo en los aspectos de preparación al parto, sino en la adquisición de conocimientos y el desarrollo de actitudes y conductas que repercutan positivamente en la salud posparto y en la crianza de los hijos.

La práctica preventiva de crianza sistematizada, se desarrolla en el País Vasco en un contexto de atención privada (Centro Hazi – Hezi, que significa en Euskera Crecer y Madurar, dedicado a la atención clínica y al trabajo preventivo con familias)   y representa para las mujeres y hombres que concurren una alternativa a la oferta de los servicios públicos, implicando no sólo el embarazo y parto, sino también, la crianza desde el nacimiento hasta los tres años de edad del hijo.

MARCO TEÓRICO

Conceptos Teóricos base del Discurso Preventivo

El modelo teórico de la práctica preventiva del Centro Hazi – Hezi, se basa en la teoría de la autorregulación desarrollada por Reich (1994) y continuada por autores post – reichiano como Raknes (1991), Navarro (1995) y Serrano (1994) entre otros. Además es necesario considerar las aportaciones de otros autores que enriquecen esta concepción teórica.

Autorregulación: Reich (1993) y autores Post Reichianos (Raknes, 1991; Serrano, 1994; Baker, 1978) plantean  que la autorregulación debe ser entendida dentro de una lógica psicosomática. Comprenden al ser humano como un sistema que integra en una unidad lo biológico y lo psicológico, donde ambos componentes confluyen y determinan el desarrollo psico –afectivo- sexual de una persona. Para esta perspectiva la posibilidad del ejercicio de la autorregulación está condicionada por  la satisfacción de las  necesidades afectivas, sexuales y psicológicas que presenta el individuo para su desarrollo y no solamente determinada por las demandas que le impone la sociedad de acuerdo al patrón cultural específico.

Desde el paradigma post reichiano el punto fundamental al que debe orientarse toda educación es salvaguardar el placer natural del organismo, es decir, facilitar la pulsación natural organísmica, evitando que el miedo genere una contracción angustiosa crónica que paralice la pulsación (capacidad de expansión y contracción  de un organismo) o la desnaturalice e impida un desarrollo natural. Ante esta situación contextual que impide o dificulta la pulsación natural y placentera, el organismo trata de mantener el equilibrio mediante una lucha por sobreponerse a los efectos bloqueantes, si lo consigue logrará mantenerse sano y placentero, de lo contrario buscará un medio de compensar la tensión – angustiosa creada, descargando patológicamente esta carga acumulada a través de síntomas específicos que generan dolor y/o displacer.

Serrano (2005), señala que la enfermedad y el sufrimiento emocional tienen una etiología fundamentalmente social y se articula durante el proceso de maduración y de integración de funciones de nuestra específica estructura humana. Por tanto el sistema familiar, como ecosistema principal durante ese período, –en cuanto que dependemos de él para sobrevivir–, se convierte en el principal modulador, pero no en el único responsable, de la enfermedad o de la salud

Continuum: Liedloff  (2003) define el concepto del continuum humano como la secuencia de experiencias que corresponde a las expectativas y tendencias de nuestra especie en un entorno consecuente con aquello en lo que esas expectativas y tendencias se formaron. Incluye además, que las otras personas que forman parte de aquel entorno se comporten y nos traten adecuadamente. Refiere que para alcanzar un óptimo desarrollo físico, mental y emocional, los seres humanos —especialmente los bebés— necesitamos vivir las experiencias adaptativas que han sido básicas para nuestra especie a lo largo del proceso de nuestra evolución. Para un bebé, estas experiencias necesarias serían: contacto físico permanente con la madre (u otro familiar o cuidador/a) desde el nacimiento. Esto es, permanecer constantemente en brazos o pegado/a al cuerpo de otra persona hasta que el bebé comience a arrastrarse o gatear por sí mismo, lo que sucede en torno a los 6-8 meses. Lactancia materna a demanda. Disponer de cuidadores/as que atiendan las necesidades del bebé (movimientos, llantos, etc.) sin emitir juicios ni invalidarle. Hacer sentir al bebé y potenciarle sus expectativas basadas en que es un ser innatamente social y cooperativo, al tiempo que fomentar su fuerte instinto de autoconservación.

Por contraste, un bebé sujeto a prácticas de regulación que no considere esta secuencia de experiencias  y cuidado puede experimentar a menudo la separación traumática de su madre al nacer  y colocación en una sala de maternidad, en aislamiento físico; en casa, durmiendo solo y aislado, a menudo luego de “llorar para dormir”; con su alimentación planificada según ciertas horas y prescripciones médicas,  puesto en la cuna o coche con una estimulación escasa; con cuidadores que lo ignoran o desalientan cuando él llora o señala de otro modo sus necesidades; o respondiendo con excesiva ansiedad, haciendo del niño el centro de atención; detectando el niño (y conformándose a)  las expectativas de sus cuidadores de que es incapaz de desarrollar su instinto de conservación, es naturalmente antisocial, y no puede aprender los comportamientos correctos sin controles terminantes, amenazas y una variedad de técnicas de control parental que minan su proceso de aprendizaje exquisitamente desarrollado a través de la evolución humana.

Por tanto, la autorregulación debe ser entendida no solamente con la satisfacción actual de las necesidades afectivas, psicosexuales y sociales que presenta los seres humanos, sino como un proceso continuo, que contribuye a la maduración de los mismos. Si este proceso madurativo natural se ve disminuido, interrumpido por regulaciones externas que surgen de las expectativas de los cuidadores y no consideren las necesidades del bebé, niño o adolescente  en este proceso, se verá afectada la capacidad de ellos para lograr la autorregulación de sus propias necesidades.

Psicomotricidad:   Un núcleo común de las diversas definiciones de psicomotricidad viene dado por la concepción de la persona como un ser global, entendido como una unidad psicosomática que se expresa a partir del cuerpo y el movimiento, en esta expresión humana confluyen aspectos motrices, cognitivos y socio-afectivos como elementos que configuran la personalidad y que nos permiten su comprensión (Llorca, Ramos, Sánchez & Vega., 2002). Los fundamentos del trabajo psicomotriz se encontrarían en la investigación, principalmente a través de la observación participante, de las conductas motrices, del concepto de esquema corporal y su relación con la globalidad, y del concepto de imagen corporal.

Las conductas motrices tradicionalmente han sido divididas según las siguientes dimensiones: conductas neuromotrices, conductas motrices básicas y conductas perceptivo-motrices (Berruezo, P, 2002). Existe diversas conceptualizaciones del concepto esquema corporal, no obstante existe consenso en los autores (Cori en Llorca et al, 2002; Pastor, 2001; Ballesteros, 1981)  en torno a que el concepto de esquema corporal está situado en la relación entre el bebe o niño y su entorno familiar, escolar y social, cuya construcción tiene un carácter evolutivo que se desarrolla desde el nacimiento hasta el inicio de la pubertad y que consiste en una representación mental del propio cuerpo en relación con los datos del mundo exterior, de los límites y posibilidades de acción vivenciados.

Respecto al concepto de imagen corporal  Dolto (1984)  señala que la imagen corporal es la síntesis viva de nuestras experiencias emocionales repetidamente vividas en los contextos relacionales y puede considerarse como la encarnación simbólica inconsciente del sujeto y ello antes que el sujeto sepa decir “yo”, por tanto en la construcción del esquema corporal interviene de forma dialéctica la imagen corporal y el esquema corporal.

El objetivo de la psicomotricidad no es la autonomía motriz sino psicomotriz, lo que quiere decir que el sujeto, consciente y de forma gratificante para él, se encuentra en condiciones de utilizar el movimiento funcionalmente para sí mismo y para los demás, tanto en el plano instrumental como operativo, tanto en el plano psicológico como comunicativo (Llorca et al.. 2002).  En este sentido la principal finalidad de la psicomotricidad es el desarrollo de las competencias motrices, cognitivas y socio-afectivas que se ponen de manifiesto a partir del juego corporal y del movimiento en el contexto de las relaciones con los otros y los objetos, lo cual desarrollará a su vez, como consecuencia, la identidad y autonomía personal.

La psicomotricidad en el contexto de la autorregulación, implica que se respeta su ritmo o capacidad de pulsación, en su proceso madurativo. En este sentido, es necesario que el niño/a pueda vivir las experiencias necesarias para desarrollar sus funciones ontogenéticas. De esta manera, puede ir generando un registro perceptivo propio de las experiencias, a partir de sus propios movimientos y no desde el ritmo de las expectivas y exigencias externas de los cuidadores.

Carácter y Contacto: Reich (1993) definió el concepto de carácter como la coraza del yo, con estos términos hizo referencia a la constatación clínica que la mayor o menor violencia o coerción sufrida en la infancia dentro del sistema familiar y educativo, así como el nivel de estrés patógeno que ha vivido una persona en su proceso de maduración psicoafectiva desde la vida intrauterina hasta la adolescencia, lo obliga no solo a formar un espacio psíquico donde van a refugiarse todas esas experiencias lejos de nuestra consciencia, y al que Freud llamó inconsciente, sino también a desarrollar un sistema defensivo estructural, conductual y somático o neuromuscular, que permite y facilita la adaptación a las exigencias de los ecosistemas humanos, ello se traduce en la construcción de una coraza caracteromuscular. (Serrano,  2004)

Esta evitación del sufrimiento, proceso que a nivel fisiológico puede ser definido como homeostasis, genera por contrapartida una pérdida de contacto con los propios procesos intrapsíquicos y las propias sensaciones corporales que dan cuenta de cierta vivencia afectiva (Serrano, 1994), lo que desde esta perspectiva se denomina Bloqueo Emocional, ello se evidencia en la conducta, es decir en el carácter y en las tensiones crónicas del cuerpo, la disfunción respiratoria y la distonía neurovegetativa (cefaleas, astenia, estreñimiento, taquicardias, etc.) que existiría, en mayor o menor medida, en todos los seres humanos participantes de la actual estructura social.

Es importante recalcar que lo distintivo de la definición de carácter de Reich y de autores post reichianos (Serrano X.(1999); Navarro F.(1995)) es que establecen una clara relación entre los procesos somáticos y las dinámicas psicológicas de las personas, de modo que los disturbios emocionales tiene también un correlato corporal, específicamente a través del sistema neurovegetativo que determina el nivel de constricción o de expansión psico-corporal, por lo que la salud emocional tiene un correlato de salud corporal y viceversa.

El desarrollo de un carácter o coraza neuromuscular rígida, generaría una pérdida de contacto perceptivo que afectaría la capacidad de autorregulación de las necesidades afectivas, psicosexuales y sociales, las cuales son reemplazadas por las necesidades y regulaciones de los cuidadores. La pérdida de contacto perceptivo consigo mismo, también produciría una pérdida de contacto con la emocionalidad del otro e influiría en el establecimiento del vínculo afectivo y la capacidad de empatía.

Vínculo: Bowlby  (1988) plantea que su enfoque de la parentalidad humana se desarrolla desde una perspectiva etológica, señala:

“Al volver a examinar la naturaleza del vínculo del niño con su madre, al que tradicionalmente nos referimos como dependencia, se ha descubierto que resulta útil considerarlo como el resultado de un conjunto de pautas de conducta características, en parte pre programadas, que se desarrollan en el entorno corriente durante los primeros meses de vida y que tienen el efecto de mantener al niño en una proximidad más o menos estrecha con su figura materna” (Bowlby, 1998. Pg. 15).

Agrega, que esta conducta se organiza cibernéticamente al final del primer año, lo que significa que la conducta se activa bajo determinadas condiciones y cesa bajo otras condiciones.

El proceso de vinculación estaría conformado por las conductas de maternaje y por las conductas de vinculación del bebé; ambos conjuntos observados en simultaneidad son los elementos interactivos del sistema diádico. El sistema diádico madre-bebe altamente empático y emocionalmente regulado permite compartir estados afectivos. Desde la sintonía que alcancen las conductas de uno y otro, se irá modelando el yo del bebé como un emergente que, descubriendo experiencias afectivas compartidas irá desarrollando una personalidad sana (Fonagy, 2002 en Kimelman,  2006).

Para Bowlby (1988) un rol fundamental de los padres es brindar una vinculación que facilite el desarrollo de una base segura “a partir de la cual un niño o un adolescente pueda hacer salidas al mundo exterior y a la cual puede regresar sabiendo con certeza que será bien recibido, alimentado física y emocionalmente, reconfortado si se siente afligido y tranquilizado si está asustado”. (Pg. 24).

Finalmente, el vínculo madre – hijo y posteriormente padre – hijo, juega un rol importante en la autorregulación que el niño durante la infancia pueda alcanzar en sus necesidades afectivas, psicosexuales y sociales. También, el tipo de vínculo, influirá en el desarrollo del carácter y en la pérdida de contacto perceptivo así como en el desarrollo psicomotriz y en el proceso madurativo entendido como un continuo de experiencias y funciones que el niño debe ir integrando en una unidad psicosomática.

 (continuará en la próxima edición)

Autores:

Freddy Orellana Bahamondes

Psicólogo clínico. Director, docente y formador de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Email: freddyorellana@hotmail.com

Javier Cortés Alti

Psicólogo Clínico. Docente Universidad de Santiago de Chile.

Email: jcortesalti@gmail.com

Mónica Rodríguez Verdugo

Psicóloga Clínica, docente y formadora de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Docente. Email: altazora@hotmail.com


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Permitir el movimiento vital a través de trabajos preventivos

La prevención es uno de los temas que cruza trasversalmente la obra de Wilhelm Reich. Gracias a la luminosa idea de integrar diversos aspectos del ser humano, Reich desde un principio incorporó lo social al análisis de las neurosis humanas.

“Lo vivo” es aquello que pulsa, que tiene energía, calor, vibración, movimiento, que nos empuja a buscar más vitalidad y continuidad.  Es lo que hay en común entre todos los seres vivos.

Lo que impide que la vida se desarrolle en toda su potencialidad es la parálisis provocada por lo social (a través del sistema represivo en la educación de los niños desde bebés), que termina por construir en el ser una segunda naturaleza, menos flexible y con una coraza que lo protege de ser aniquilado por las amenazas externas (familiares y sociales). A veces la formación de esa segunda naturaleza es tan fuerte que nos hace creer que ésta es la única forma posible de existir en el mundo pues, como diría Reich, el ser humano ha perdido su flexibilidad y disminuido su capacidad de pulsación energética.

La prevención en Reich empieza cuando osa hablar de los matrimonios compulsivos, la infancia y formas de crianza neuróticas, la represión de la satisfacción sexual en la infancia y adolescencia, las orientaciones sexuales en las parejas y en los adolescentes; es decir, una especie de “sexoeducación”.  Cosas tan sencillas y comunes actualmente, pero que en aquella época, provocaban gran desafío. Hablar del placer en la relación sexual, la programación de la llegada de los hijos, el aborto etc. era meterse en la “cama del proletario”. Y meterse en la cama de otro cuando no fuiste invitado no es fácil.

Sin embargo actualmente en algunos sectores sociales y frente a algunas personas y situaciones, todavía son delicados estos temas. Sólo basta recordar de la polémica que puede existir frente al aborto, divorcios, reconocer formas naturales de parir, decidir amamantar más allá del primer año de vida,  y que la teta de una madre que amamanta todavía causa incomodidades, al punto tal de que fotos publicadas en redes sociales sean denunciadas como pornografía.

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Pero en Reich el tema de la prevención se fue ampliando y madurando más a partir del desarrollo de la teoría de la unidad psicosomática, de su mirada sobre el desarrollo funcional, del descubrimiento del orgón y su relación con la vida desde un principio y, principalmente, con la teoría de la autorregulación de la vida en los bebés y niños. Una autorregulación que permita la continuidad de la pulsación natural de los seres recién nacidos.

Su amistad con Neill,  un pedagogo responsable por la formación en la Escuela de Summerhill, que hablaba de la posibilidad de autogobierno, fue una fuente importante de inspiración y construcción de su teoría de la autorregulación.

En la década del 40, ya dentro de la orgonomía, muchos trabajos se desarrollan en la perspectiva preventiva. Reich coordinaba junto a Chester Raphael y Michel Silvert  el Centro de Orgonomía Infantil (OIRC), con el objetivo de estudiar el niño sano, así como dedicarse al cuidado prenatal de la madre embarazada, supervisión del parto y de los primeros años de vida del recién nacido, buscando la prevención del acorazamiento durante los 6 primeros años de vida y acompañando los casos hasta la pubertad (Con acompañamiento emocional y energético, también a través del uso de acumuladores de orgón). En el Centro era importante la idea de prepararse para un trabajo que demandaba de los profesionales implicados mucho tiempo, paciencia y perseverancia durante años.

Quizás en todo trabajo de carácter preventivo sea fundamental la paciencia, pues los resultados no son inmediatos y muchas veces llegan a contramano del pensamiento rápido que se ha impuesto en la actualidad. Es plantar una semilla que va a nacer en otra generación.

También deben mencionarse los aportes de Eva Reich, quien ha dedicado parte de su vida a hacer trabajos preventivos con mujeres embarazadas y acompañando partos, desarrollando una metodología de trabajo basada en la “bioenergética suave”.

Ella ha contribuido en la prevención de psicopatologías, basándose en la idea que los niños no tienen naturalmente bloqueos neuromusculares (corazas); y que más bien lo que ocurre es que están en manos de adultos, estos sí, acorazados. Su trabajo preventivo se orienta a permitir que el niño pueda crecer sin corazas rígidas y mantenga intacta su energía vital, y una capacidad de mayor pulsación energética y emocional. Eva Reich agrega que la prevención es una humanización del ser humano a partir de su concepción. Preconizada como su “regla áurea”, Eva Reich la definió así: “No inflijas a los niños los daños que te fueron infligidos a ti. No los pases a la generación siguiente inconscientemente o a sabiendas. En vez de ello puedes interrumpir la cadena de la transmisión que se remonta a miles de años, incluso si tú mismo te ves involucrado y sufres por ello. Ésta es la gran esperanza” (Reich, Eva, 1999).

Dentro de esa misma lógica de mirada preventiva,  la denominación del “período crítico biofísico” se hizo  muy fundamental para entender mejor la importancia de trabajar desde temprano para promover la salud. En ese período, todo lo que ocurre en el nuevo ser -en el bebé- repercute en su vida bio-física, un momento que va desde la vida intrauterina y que perdura durante el primer año de vida extrauterina. Es el yo ubicado eminentemente en el cuerpo.  Antes del hablar y el pensar y antes de la construcción de la vida psíquica el yo ya existe en los músculos, piel, huesos, sensaciones, paladar, olfato, visión, audición. Es el momento donde más vitalidad hay en el organismo y menos defensas; donde el movimiento de la vida palpita.

En ese ser que es pura sensación y que lo vital está en pleno movimiento, la madre es su mayor defensora y garantizadora de sus necesidades, para así completar su desarrollo emocional, neurológico y de maduración de algunos órganos y del sistema motor. Después de una maduración del sistema biofísico, viene la formación de la psique humana con sus funciones de conciencia y razonamiento que son facilitadas por el lenguaje, permitiendo la integración funcional entre el yo biológico y el yo psíquico.

Al hablar de autorregulación se quiere hablar del respeto a lo vivo, al organismo humano que nace con necesidades que deben ser satisfechas para garantizar el funcionamiento orgánico.

Actualmente la parte preventiva, profiláctica u orientadora,  acerca del principio de la vida es una importante forma de intervención para favorecer la llegada de las nuevas generaciones, promoviendo nuevas y más herramientas de contacto con sus organismos,  permitiendo una  vida más plena, con menos corazas rígidas limitadoras de su expresión vital.

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Acompañamiento a  embarazadas y familias en grupos de crianza y orientación sobre la energía sexual de los niños y niñas son formas prácticas para conectar el vasto pensamiento reichiano con la vida social, así como el combate a una forma de vida acorazada. Un acompañamiento que explica y confía en los procesos naturales de embarazo y parto, que busca prevenir posibles dificultades de la familia en función de sus historias y garantizar el apego entre madre y bebé. Que cuida al continuum de la maduración y ayuda a las familias a superar las dificultades que puedan ir surgiendo en cualquier momento alrededor del nacimiento, compensando esas trabas y restableciendo el movimiento de la vida (pulsación).

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Continuamos creyendo que para paliar la neurosis y facilitar la autorregulación se debe hacer una profilaxis, tratando de incentivar una reforma sexual, dando espacio primordial a la función del orgasmo, reguladora de la energía vital. Sin dudas esto implica un cuestionamiento en profundidad a la cultura en qué vivimos.

La educación es una clave del cambio para la sociedad doliente. Una tarea ardua pues la generación que educa y forma está acorazada. Y el organismo acorazado no tolera la libertad, la vida, el contacto, el pensamiento y la educación libres, los partos libres, las formas de crianza libres. Por más endurecidos que estemos, hemos de confiar en que ése pájaro llamado libertad nos puede llevar a lugares vitales más sanos.

Esta es una tarea que requiere mucho contacto consigo mismo, pues estamos combatiendo nuestros propios acorazamientos: los pequeños y mezquinos hombres y mujeres que habitan en nosotros son lugares alimentados por el miedo. Miedo que, por lo demás, todos los días nos satura, llenándonos ojos y oídos desde los medios de comunicación y hasta desde nuestro entorno más querido.

Una tarea de hormiga, a veces ingrata, pero que si podemos lograr va a permitir a las nuevas generaciones mayores posibilidades de contacto y energía vital. Menos miedo y acorazamiento y más satisfacción, respeto y verdad en sus relaciones personales. Sentimos la responsabilidad de potenciar estos cambios.

El cambio que queremos para nuestra sociedad consiste en recuperar el lado sano, confiar en lo vivo y en la potencia (dejar de enfatizar el poder).

Recuperar la humanidad en la propia Humanidad.

Bienvenidos sean entonces los que vengan en esa dirección….

Munich Vieira Santana


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Los bebés orgónicos

¿Qué ocurre con los chicos cuyas madres han utilizado un acumulador de energía orgón durante el embarazo?

 No son muchos, apenas seis o siete.

La primera fue mi hija Julia, hace 22 años. El último mi nieto Sandino hace apenas una semana, a mediados de mayo del 2014. Entre ellos hay, máximo, cinco más. En estos casos fueron sus madres, pacientes del consultorio, quienes recibieron “el tratamiento”. En general, no vinieron por estar embarazadas sino porque estaban siendo tratadas por otras cuestiones. Simplemente quedaron embarazadas en el transcurso del tratamiento y aceptaron de buena gana recibir una ayuda extra que incluía al bebé.

La idea básica, en todos los casos, consistió en que la administración de energía orgón durante el embarazo podía serles beneficiosa para vivirlo con mayor plenitud y no perder demasiada energía en el intento, ya que todas ellas seguían trabajando,  haciendo su vida normal.

En todos los casos utilizaron un pequeño acumulador de orgón pegado a la piel en un punto importante de acupuntura durante todo el embarazo o gran parte de él. La indicación básica de uso fue de seis horas diurnas y diarias, salvo un día de descanso a la semana. El punto de acupuntura elegido fue el 6 del meridiano de Vaso Concepción (6VC), ubicado a unos dos centímetros por debajo del ombligo, en la línea media. Es uno de los puntos más importantes de la acupuntura, habitualmente utilizado para mejorar la carga energética del organismo. Tanto que su nombre en chino, Qi Hai, significa “Mar de la energía”.

No es punto especial para el embarazo: todas las personas que utilizan ésta variedad de acumulador para mejorar su carga energética reciben la misma indicación, cualquiera sea su problemática de salud.

Pero la idea original, mejorar la energía materna, se amplió  rápidamente, ya desde la primera experiencia. Cada vez más, el énfasis de su posible eficacia fue recayendo en el embrión. Pensando en la grandísima actividad biológica de los primeros meses de gestación, era inevitable suponer que la evolución, el crecimiento y maduración se verían fuertemente favorecidos si el bebé también recibía la influencia de la carga energética.

O sea: empezó a tallar fuerte la hipótesis de que el propio bebé podría ser más sano y cargado desde el comienzo, cuando las cosas son por primera vez. Cada día de vida intrauterina es un estreno, a cada instante ocurren acontecimientos decisivos a velocidades impensables: la aparición de los órganos, su desarrollo, la comunicación interna a medida que los sistemas nervioso y endocrino aumentan en funcionalidad y protagonismo. O sea: son tiempos de vertiginosa multiplicación celular y formación del “chasis básico” del organismo. Entonces, ¿cómo no pensar que un aflujo sostenido de energía orgón en ésa primera etapa de la vida debería tener una eficacia notable, cuando todo es nuevo y el debut en la vida real se aproxima?

En el momento de las primeras experiencias había, además, mucho debate en las filas reichianas relacionado con las desviaciones patológicas del embarazo y su influencia decisiva de por vida en la nueva existencia. De hecho, siempre estuvimos seguros de que si la etapa intrauterina se caracteriza por graves conflictos en la vida de la madre y su medio ambiente, las consecuencias para la vida  futura del recién nacido son nefastas y podrían signarlo para siempre, condenándolo a una vida enferma. Y no sólo enferma, sino gravemente enferma, a veces invalidante física y emocionalmente. Ésta certeza no se ha modificado ni un ápice. Sólo depende de la importancia de la patología personal, grupal  y social.

Entonces, ¿cómo defender el futuro del recién nacido, su derecho a empezar lo más sano posible?

La iniciativa de los bebés orgónicos es parte de la respuesta. O, al menos, claramente su intención.

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Si todo fuera como podría y debería ser, o sea: parejas sanas, mujeres con úteros rebosantes de energía, ésta iniciativa estaría de más, no tendría sentido. Pero la realidad de nuestros días no es así: tanto varones como mujeres no suelen pulsar sanamente en la frecuencia de la vida. La prueba es que, al menos en los países “desarrollados”, los hombres-promedio tienen menor cantidad de hormona masculina (testosterona) y sus estudios de espermatozoides muestran una alarmante baja en cantidad y calidad. En las mujeres también hay dificultad, tanto para quedar embarazada como para sostener con éxito la maduración y crecimiento del embrión. Incluso hay mucho problema para parir de manera natural, tanto que son necesarios cursos y adiestramiento para enseñar un conocimiento con el que las mujeres nacen, por definición. ¡Es como si fuera necesario hacer un curso para aprender a orinar!

Es importante saber que nosotros, los humanos, nacemos en la mitad del tiempo en que deberíamos hacerlo. Basta la comparación con otros mamíferos para advertirlo. ¿Cuánto tarda un potrillo recién nacido en pararse, trastabillando y hasta cayendo hasta lograrlo? Nada, casi nada, a lo sumo unos minutos. ¿Cuánto tarda un cachorrito de perro o gato en moverse, casi reptando, para acertar en la teta de su madre? Poco, muy poco. Somos un caso único en la historia de la vida: dependemos tanto de que nos pongan la teta en la boca que moriríamos muy rápido si a nuestra madre no se le ocurriera hacerlo. Solo al empezar a gatear, cerca de los nueve o diez meses, estamos en condiciones de empezar a dar algún signo de madurez biológica y a emparejarnos con el resto de los mamíferos.

De manera que, hasta ése momento, es como si siguiéramos habitando el útero materno. El motivo es fácil de entender: debido a la cabezota que tenemos y seguimos desarrollando sin escrúpulos durante los primeros meses de vida extrauterina, sería imposible salir “a término” de nuestro primer hogar, a eso de los dieciocho meses: ¡haría falta una pelvis descomunal para dejarnos salir!

Así que todos podríamos considerarnos verdaderos abortos. O prematuros, para decirlo con cierta delicadeza. Lo importante, para lograr entendernos más profundo y mejor, es advertir que al principio de nuestra vida “oficial”, dependemos excesivamente de nuestra madre porque nacemos indefensos, desamparados y sin ninguna posibilidad de sobrevivir por cuenta propia. Y esa dependencia e inmadurez pueden pagarse de por vida.

El tiempo de vida intrauterina y los primeros diez meses después del nacimiento pueden calificarse como “primer período biofísico crítico”. Este período es decisivo porque los daños en una etapa de crecimiento primario pueden ser irreversibles y no tener verdadera solución.

No estamos hablando de malformaciones evidentes, de chicos sin brazos, sin intestino o  con pulmones rudimentarios. Estamos hablando de chicos que sólo son sanos en la apariencia, aunque el neonatólogo jure que “está todo bien” mostrando reflejos correctos y cifras de glóbulos rojos normales. O sea: de todo lo que la medicina mecánica es incapaz de advertir, como es el caso de la energía y la predisposición caracterial del recién nacido. No hay aparatos para medir la entrega y la capacidad de contacto emocional o la alegría de vivir. Y, por otra parte, cada uno ve lo que quiere o necesita ver en un recién nacido, incluyendo lo parecido que es a uno mismo o a su familia.

Pero esos rasgos de verdadera salud no tardan en aparecer en quién los tenga y de ausentarse sin aviso en quienes carezcan de ellos. Cuestión de mirar bien, nomás. Los chicos con buena energía (o energía “positiva”, que viene a ser lo mismo) tienen características muy notorias: son inteligentes, son sanos, son sensibles, son naturalmente amorosos y solidarios, son creativos, tienen una gran capacidad de contacto y una iniciativa notable para las cosas de la vida. Exactamente eso, en promedio, es lo que he visto hasta ahora en los pocos bebés orgónicos que conozco.

¿Qué voy a atribuirlo, exclusivamente, a que sus madres usaron un acumulador de orgón durante el embarazo?  No, claro que no. Pero estoy seguro de que ayudaron significativamente a que tales rasgos de verdadera y profunda salud emergieran con mayor facilidad. También resulta muy claro que un bebé orgónico no tiene el futuro garantizado si sus padres no vibran en sintonía parecida, pero tienen más chance de madurar y crecer sanamente, aún con dificultades producto del poco amor que puedan recibir (aquí amor significa respeto profundo y verdadero cuidado, sin baboseo ni “propietarismo”).

¿Por qué razón el acumulador implica un aporte nutritivo de primer orden? Simplemente porque incorpora energía orgón directa al biosistema madre-hijo. Y es bueno aclarar que la energía de la que hablamos actúa simultáneamente sobre las dos dimensiones del ser vivo: el físico y el emocional. Es algo así como incorporar “amor biofísico”, espero que me entiendan. No reemplaza a madre, padre y demás deudos. Pero mejora lo que hay, lo que ya está en plena ebullición. Tal vez ayuda a señalar un camino o determina la mejor elección posible en la orientación de la vida en curso.

Y seguramente disminuye la tendencia a nacer ya acorazado contra la vida. ¿Qué los bebés nacen todos igualmente felices y sanos y sólo “se arruinan” cuándo llegan a un lugar inadecuado, a una familia enferma? No, no, lamentablemente no es así. Pueden nacer ya acorazados y defendiéndose porque es lo que aprendieron a “mamar” en el útero materno. Pueden nacer con una pobre pulsación vital porque la energía materna o de la pareja es escasa y bloqueada. Todo esto puede pasar en esos meses donde parece que no pasa nada salvo un crecimiento asombroso y desenfrenado.

¿Es posible suponer que un acumulador así usado es capaz de evitar al embrión bloqueos y disfunciones maternas, paternas o grupales? ¿Es posible una especie de “saneamiento intrauterino” gracias a sus efectos?

Sinceramente, lo ignoro. Tampoco se puede asegurar que, inevitablemente, funcionará siempre tan bien como en los pocos casos mencionados.  Pero sí está claro que sus efectos serán más notorios si la pareja espera amorosamente al flamante ser humano y hace una buena preparación previa, tanto física como emocional. ¡Y no hablo del parto, sino de lo que viene después!

Estoy contando una esperanza, simplemente.

La esperanza es que muchas madres usen el acumulador durante los meses del embarazo.

Por ellas y por sus hijos. Y también como contribución, no se sabe de qué tamaño ni cuán importante, al saneamiento de la especie humana, que tanto lo necesita.

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Testimonios sobre algunos bebés orgónicos

 Frida, que tiene 6 años

¡Te hablo desde una mamá enamorada de su hija! ¡Tal vez fue ése el efecto!

Si pienso en Frida bebé, creo que fue un bebé muy dormilón, afectuosa y conectada con lo que la rodeaba. Suena feo decirlo pero fue un bebe fácil.  La lleve a todos lados y ella siempre tuvo mucha facilidad de adaptación. Siempre durmió muy bien, desde los 2 hasta los 8 meses durmió toda la noche sin problemas.

Tiene una relación con su cuerpo muy intensa, muy conectada. Le gustó siempre mucho el agua y bailar, es muy dinámica. Y es muy enojosa: saca su bronca muy claramente, ¡es difícil para los padres! Pero está bueno que no se la guarde.  Es muy lúdica, siempre jugó mucho sola, armándose cuentos, historias,  disfrazada, con muñecos, casitas en cualquier lado. Es muy querida por sus amigas.

La única enfermedad crónica que tiene Frida es dolor de oído. Ahora está mejor pero es su único tema hasta el momento. Sea invierno o verano.

Usó antibióticos solo una vez por el oído.

Valentina

 Ludmila, que tiene 3 años y medio

Empecé a sentirla especial cerca del año: la bañé y tomó el jabón, se lo iba a retirar para que no se lo llevara a la boca pero ella ya estaba enjabonándose la panza. A partir de allí comencé a observar si había dejado de llevar cosas a su boca y en efecto, parecía descubrir la función de cada objeto hasta sorprenderme totalmente cuando alrededor del año tomó lápices de colores se sentó en el suelo y comenzó a garabatear la baldosa (su hermana dibujaba y sus padres son artistas). Pregunté asombrada por otros niños de la misma edad, hijos de becarios, y aún no sabían tomar un lápiz. Mi memoria no había fallado.

Su segundo año fue de descubrimientos de sabores y colores, siguió manchando hojas con colores pero usando distintos colores y trazos. Gozaba su comida y pasó rápidamente de comer con las manos a manejar sus cucharas de plástico, completamente sola sin que la indujéramos. Comía mucho, y en un momento comenzó a disminuir la teta pero luego se arrepintió (o a su madre le costó) y volvió hasta muy grande.

Cerca de cumplir los dos, ésa primavera muy cálida la pasó desnuda, por lo menos en mi jardín, costumbre que continúa: en cuanto puede se saca la ropa y los zapatos cuando entra a la casa y a veces en la calle. Cerca de los dos y desnuda comenzó a percatarse de su pis y caca y empezó sola a controlar corriendo a su pelela que a veces dejábamos en el jardín; al poco tiempo dejó pañales a la noche. Su tercer año fue delicioso, sus juegos son intrépidos y tuvo accidentes menores, sus movimientos fueron mejorando e imitando a su hermana para bailar, por ejemplo. Es bilingüe pero eso no atrasó el español como a su hermana. Está atravesando su cuarto año, es muy amigable con los niños y adultos, muy charleta y ocurrente. Van algunas historias, ya no recuerdo todas:

1)    Estamos viendo un video del Lago de los Cisnes. Ella viene mira un poco, se va a otra parte pero sin dudas seguía mi relato del argumento. Viene, se para y me dice: “Sabes Babi, cuando yo fui grande y bailarina el brujo no pudo engañarme a mi”

2)    Lidu se mira al espejo grande de mi habitación, le pregunto: “Cuál de las dos es Lidu”, se da vuelta y me dice señalando su persona “Ésta soy yo”, “¿Y la del espejo”? Lidu se señala en el espejo y responde “Ésa es la otra”

En una época le pedíamos los tonos de las canciones pues tiene afinación perfecta, ahora se niega pues se da cuenta de que pasa algo con eso aunque no se priva de cantar.

Norma, su abuela

Olivia, que tiene 5 años

Olivia es una nena hermosa, muy creativa, atenta y concentrada. No veo nada que me llame la atención. La verdad que siempre estuvo perfecta salvo alguna tos o resfrío o dolor de oídos, nada más por suerte. También tuvo varicela pero muy muy leve, como si la hubiéramos vacunado pero no.

Carla

Julia, que tiene 22 años

Como es hija mía, ustedes supondrán que puedo contar miles de maravillas sobre ella. Lamento darles la razón porque han acertado: puedo hacerlo porque son ciertas. Y no voy a contar aquí cada uno de los momentos, cada una de sus historias. Pero sí puedo decir que, cuando era bebé y durante la primera infancia, coincide asombrosamente con los testimonios anteriores: fue extremadamente parecida a Frida, Ludmila y Olivia. Pero seguramente, lo más importante que tengo para decir sobre ella (y lo más esperanzador, considerando el objetivo de éste artículo), es que, a sus 22 años, sigue siendo un sol.

 

 Carlos Inza

Buenos Aires, junio del 2014