Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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Acupuntura del Cielo II

MEDICINA ORGONÓMICA

Por Carlos Inza

El trabajo de regulación climática con los cloud-buster o rompe-nubes

Continuación de articulo publicado en el Número pasado

 

Lo visible dura un verano y luego se marchita,

pero aquello que le dio vida se oculta bajo la tierra y allí vive,

inmutable, bajo la superficie de los eternos cambios.

 Lo que se ve es la flor y ésta perece. El rizoma permanece.

Carl G. Jung

 

Tal vez el cloudbusting sea, también, un desafío para “el sentido común”. Pero no en el aspecto tipo: “la idea es demasiado loca para que sea cierta” o “hacen falta muchos cambios en el paradigma vigente para que pueda ser aceptada”. Sentido común aquí significa lo siguiente: si un método es capaz de “hacer llover” o, menos pretenciosamente, “coincidir con la aparición de lluvia” ocho veces de cada diez intentos, y todas ellas contra los pronósticos de cualquier servicio meteorológico, entonces “sentido común” parece esto: “es muy probable que sea un método acertado”. ¿Qué otra cosa puede querer decir “sentido común”, entonces? ¿Alguien puede explicarme qué otra cosa puede significar?

Y si alguien dice que en ciencia no existe nada parecido a “sentido común”, y que los teólogos de la razón se niegan a considerar seriamente el sentido de esa expresión, entonces habrá que revisar la validez de los supuestos que fundamentan esta ciencia en sí misma, porque de ser así se trataría de una actividad enfrentada con el instinto más claro y más preciado por los seres vivos: la supervivencia.

Las razones no son tan raras, tan difíciles de comprender: es medio una cuestión de poder (la ciencia real no es aséptica, depende de quiénes la financian) y medio un problema de patología gremial, porque los científicos reales de carne y hueso no son seres excepcionalmente sanos: están tan o más acorazados que el promedio de la sociedad. Son habitualmente incapaces de mirar la realidad sin prejuicios y desde su propia libertad de investigador (¡un requisito que sólo figura en pomposas declaraciones!), y están atados a infinidad de cláusulas y reglamentos sin cuya estricta observancia no pueden pertenecer al club que les da continencia y salario. Y en general se abstienen de opinar, de arriesgar una disidencia con sus jefes y patrones: la bibliografía que citan tiene que ser más importante que sus propias conclusiones porque de otra manera el trabajo “no es serio” y se transforma en inaceptable para los estatutos del club.

Sí: es otro caso de dependencia emocional, es la necesidad de sentirse amparado y protegido a cualquier precio. Es el contrato de Fausto otra vez, siempre y con tal de no correr el riesgo de vivir ejerciendo la propia libertad, ésa misma que te puede dejar irremisiblemente solo y en peligro. ¿Pueden ellos opinar, están en condiciones de emitir una opinión libre acerca de la energía orgón, de los acumuladores de energía y de los tubos enfilados al cielo? Otra vez la respuesta es no: no pueden, no están en condiciones de hacerlo. Y si no, miren las cosas que pasan en medicina con la utilización de métodos tradicionales consagrados por su eficacia pero negados, condenados y combatidos por la medicina “oficial”.

Tienen un buen ejemplo con “el empacho”, que infinidad de curadoras (no “curanderas”) con experiencia saben diagnosticar y tratar. Pero como no figura en la lista de las enfermedades oficialmente admitidas no existe y, por lo tanto, no se puede tratar. Estas actitudes son demasiado para la paciencia: ¡negar algo porque no lo entiendo es típico de idiotas! Medicina oficial significa lo que “hay que creer”: una cuestión de fe, un problema teológico. Así uno es reconocido, admitido en la lista de los tontos con registro, y eso rige para todos los integrantes de una sociedad incluidos sus científicos, los nuevos sacerdotes.

Vuelta a los tubos, otra vez.

Aquí no entender significa negar la existencia de la omnipresente energía orgón, también existente en la atmósfera terrestre. Si tal energía no existe, ¿cómo tomarse en serio un método que dice actuar sobre ella? ¿Cómo analizar una metodología que descansa en su capacidad para variar los potenciales de una energía inexistente?

Ahora bien: intentemos una mirada razonable, alejada de la locura mecanicista que sigue hegemonizando la práctica y el pensamiento científicos. Y de golpe me acuerdo de Florencio Escardó, un pediatra brillante que comenzó a ser marginado por sus colegas cuando se transformó en homeópata y utilizó su espacio en los medios (era Piolín de Macramé, un excelente escritor) para intentar una visión más profunda acerca de los sujetos de la pediatría: los niños. Él dijo,  sencillamente: “medicina de verdad es la que cura”.

Mirada razonable…

Cualquier “mirada razonable” corre el riesgo de aparecer asesinada en un zanjón. Por ejemplo: al doctor Hamer se le ocurrió una visión del cáncer increíblemente más certera, profunda y objetiva que la de la oncología oficial (no hace falta demasiado para lograrlo). Si las hipótesis de Hamer son correctas (y me parece que lo son), se termina el brillante negocio de la quimioterapia y la radioterapia como tratamientos “curativos” o paliativos. Por lo tanto Hamer es inhabilitado profesionalmente, perseguido judicialmente (hasta dónde sé está preso en Francia) y sufre cuatro atentados contra su vida: ¡argumentos de gran peso “científico” para contradecirlo! Conclusión: el poder, las empresas perjudicadas, las academias de medicina y la mafia son una sola cosa…

¿Y los tubos?

Bien, gracias. También hay una industria para producir lluvia o tratar de eliminar amenazas para la producción agrícola, como es el caso del granizo. ¡Cuesta muchísimo dinero alistar una flota de aviones para bombardear las nubes con ioduro de plata y convencerlas de que suelten su preciada carga o se la guarden! (Y su porcentaje de éxito comprobado es muy inferior al del cloudbusting)

¿Qué puede pensar algún exitoso empresario de esta actividad si se entera que la correcta manipulación de unos pocos tubos comprados en la ferretería del barrio puede ser más eficaz que la inversión de millones de pesos? No va a pensar nada, va a tratar de eliminar al peligroso competidor, sea como sea. Primero va a llamar a la policía, al gobierno y a los científicos: todos van a darle la razón. Pero si sus amigos fallan y no pueden impedir el uso de los tubos, acudirá a la mafia sin dudarlo ni un segundo. “No puedo dejar a tanta gente sin trabajo, es anti-social y mi sensibilidad no me lo permite”.

“No podemos permitir que se utilice un método que no está aceptado por científicos competentes y reconocidos y que, por lo tanto, atenta contra las instituciones y nuestro estilo de vida”.

El circo sigue, dale que va.

¿Qué era eso de “regular” el clima, no es peligroso acaso?

Más peligroso es morirse de asfixia o vegetar sobreviviendo en condiciones penosas, me parece.

Y como también, hace un rato, sugerí una diferencia entre “hacer llover” y “regular” o equilibrar el clima, quiero explicarla.

Los trabajos de Wilhelm Reich en los años cincuenta sobre la atmósfera surgieron de una necesidad imperiosa: aligerar de Dor (energía de muerte o negativa que tampoco existe, obviamente) la región de su laboratorio luego del llamado Experimento Oranur, que podría haber terminado con la vida de todos sus participantes y de cuánto estuviera vivo alrededor, pero que ahora no viene al caso detallar. El Dor estaba en la atmósfera, especialmente concentrado en nubes negras, amenazantes y potencialmente luctuosas, como corresponde a su color.

De manera azarosa, como suele ocurrir con los grandes descubrimientos, Wilhelm advirtió que algunos tubos de acero accidentalmente enfocados hacia el lago coincidían con pequeñas olas sobre su superficie: un extraño hecho al que en ese momento no le encontró explicación pero que requiere extrema finura para ser advertido. Entonces unió ésa observación a otras que había obtenido antes, relacionadas con la fuerte afinidad entre agua y energía orgón (ésa que no existe) y algo poderosamente intuitivo hizo un clic en su pensamiento: “¿Y si dirigimos los tubos hacia las nubes negras, agregando un cable que descargue a tierra o agua?”.

Lo hizo ¡y funcionó!

Las nubes empezaron a desaparecer “delante de sus ojos”, igual que las de Melián, el Puelo o Tortuguitas: ese día nació el aparato llamado cloudbuster (rompe-nubes) y más tarde la nueva actividad relacionada con la modificación del clima a gran escala: el cloudbusting. Poco tiempo le costó darse cuenta (no olvidar que era un genio), que según el lugar del cielo adónde apuntaba los tubos, las nubes podían no sólo desaparecer, sino también generarse y crecer hasta producir lluvia.

De manera que comenzó a experimentar en situaciones de sequía (tampoco olvidar que era un médico) y casi siempre sus trabajos terminaban en la precipitación celeste de grandes cantidades de agua: eran lluvias no pronosticadas. Para quien no trabaje con energía o la niegue de plano, puede parecer una broma o coincidencia azarosa. Es más: parece material fácil para chistes psiquiátricos. También deberíamos estar acostumbrados a ésas reacciones: cuando algo es incomprensible o parece ligado a una actividad tradicionalmente confiada a los dioses como “hacer llover”, es fácil sentir mucho miedo y, por lo tanto, criticar sin fundamento, desmerecer burdamente o burlarse sádicamente de quien osa intentarlo.

¡Pero muchísimo peor es si lo logra!

Porque entonces ya no hay control para la furia y el odio desatados aunque los más cautos, sentados en su mediocridad, se limiten a pronunciar la frase mágica que devela todos los enigmas y calma las conciencias levemente intranquilas: “La metodología es ridícula y las ideas básicas son simples delirios: eso no puede ser”. Y listo: sin correr el riesgo de ninguna prueba y verificación se acabó la discusión, porque eso no debe ser.

Vuelta de página.

La imperiosa necesidad de terminar con la sequía ha sido un imperativo de la historia humana a partir del neolítico, cuando nos convertimos en agricultores sedentarios. Entonces surgieron ceremonias, ruegos, sacrificios, conjuros y artilugios diversos para lograr lluvia. Sería bueno investigar su posible eficacia de manera objetiva, sin la anticipada burla mecanicista. (¡Esto ya es el colmo, como para no hervir de santa indignación, hay que hacer “algo”!). En cuanto a la posibilidad de realizar sacrificios humanos para lograr que llueva, el asunto se pone interesante: somos muchos los que podríamos aportar una buena lista de candidatos para la ceremonia.

Fue por eso que, a partir de su descubrimiento con los tubos, Reich dedicó gran parte de su tiempo a un objetivo casi excluyente, aunque no  único: lograr que lloviera cuando la región que habitaba entraba en períodos de sequía y todos los seres vivos se deprimían. Es que la sequía suena a desierto, y el desierto suena a muerte de los vivos, así de sencillo. ¿Vieron cuando todas las plantas están “tristes”? La única manera de superar esa angustia es el simple milagro de la lluvia, eso que debe pasar para que los prados se pongan verdes, los campos fructifiquen y la vida siga adelante en un cambio que se parece demasiado a una resurrección, si es que se compara un antes y un después.

De manera que encontró técnicas operativas para lograr un aumento considerable de la probabilidad de lluvias (éste lenguaje me cuesta un poco pero va a caerle mejor al estómago de los científicos). Y realmente ésas técnicas funcionan: pueden consultarlo y enterarse en los trabajos publicados de Reich (su libro CORE da cuenta de ésas maravillas, también logradas en pleno desierto) o en los de James De Meo (buscándolo en Internet podrán enterarse de sus valiosos trabajos en EEUU, Israel, Namibia y Eritrea: http://www.orgonelab.org/ResearchSummary2.htm y http://www.orgonelab.org/AIBC.htm ).

Pero cuando empecé a trabajar con los tubos en Buenos Aires durante noviembre del 2005, las cosas eran diferentes.

Como en toda ciudad grande, en Buenos Aires el problema no es la sequía salvo la humana, que es más grave y peor que la falta de lluvia. En ésos lugares tan poco amigables, los grandes problemas son: el brutal nivel de polución medioambiental, la gran cantidad de Dor que poseen las nubes, el estancamiento climático y el desierto emocional humano, peculiaridades que transforman la vida en una experiencia cada vez más opresiva, desafortunada y asfixiante. De manera que usar los tubos para modificar el clima tenía otro significado, otros objetivos. Seguramente eso me ayudó a considerar el problema desde el punto de vista de alcanzar el equilibrio del sistema climático, al igual que intento hacer con mis pacientes en medicina energética.

Por ejemplo: me pregunto y les pregunto, si mejorar algunas características del clima local tornándolo más “suave”, podría moderar algunos rasgos patológicos de la conducta humana. Más suave (dulce) significa: menos pesado y abrumador disminuyendo la humedad, con viento que barra como una escoba y una pizca más de lluvia para limpiar el aire y la inmundicia terrena. Algo vagamente parecido al clima de montaña, con mañanas y tardes frescas. Rasgos patológicos significa: un poco menos de violencia loca, un poco más de trato digno hacia los demás y menos indiferencia por la desdicha ajena. Es claro que hay una buena cantidad de razones socio-económico-políticas para explicar la clásica agresividad de las grandes urbes, entre ellas el apiñamiento y la “coincidencia” de varios sectores sociales en los que pelear a los codazos para llegar primero es aceptado como si fuera sano, aunque sea meramente normal en términos estadísticos.

Bueno sí: deliré con ese deseo cuando empecé a poner los tubos en Buenos Aires, ¿y qué?

 Razoné desde la orgonomía reichiana: si la cantidad de Dor (energía negativa) es excesiva y predomina sobre el Orgón (energía positiva), entonces no es extraño que predominen la agresión y la falta casi total de solidaridad, dos enfermedades muy graves. ¿Pero qué pasa si el Dor disminuye y aumenta la oferta de Orgón? Muchísimas veces y cotidianamente, sin exagerar ni un poco, veo a mis pacientes comportarse según la cantidad y el equilibrio de su energía. Es casi una regla que cuando la energía está muy baja, uno se siente deprimido y sin ganas de entrar en contacto con “el mundo”, con los demás vivientes. Y mucho menos se sienten deseos de interesarse por sus vidas y alegrarse o entristecerse según les vaya.

En ciudades como Buenos Aires no existen los vecinos, gente molesta a la cual muchos ni saludan aunque compartan sus vidas y su encierro en el mismo paquete de cemento, a veces durante muchísimos años. El estilo de vida en las mega-ciudades es de “propiedad horizontal”: todos por el piso aunque estén extrañamente suspendidos en el aire y nadie bien apoyado sobre la tierra, a pesar de que sus suelas (¡sus tierras!) a veces hagan ruido para hacerse notar.

Y entonces se me ocurrió pensar cuánto tiene que ver el clima con nuestra vida, cuánto pesa en la “sensación básica” de cada persona. Disculpen con las historias de consultorio, pero ése lugar ha sido siempre muy importante para darme cuenta de infinidad de cosas. Por ejemplo: la indiferencia, ignorancia o desdén acerca de la importancia del clima para explicar nuestros estados físicos y emocionales.

Nadie tiene la obligación de saber qué, cuando la humedad es muy alta, disminuye sensiblemente la cantidad de energía disponible. La razón es que el orgón y el agua tienen mucha afinidad, de manera que las microgotas de agua en suspensión captan orgón y la cantidad disponible de éste para ser utilizado por los organismos vivos disminuye apreciablemente. Por ésa razón es que en los días de mucha humedad, la inmensa mayoría experimenta cansancio desde el mismo momento de despertar, o se fatiga rápido y fácil: es que en ésos días funcionamos con menos energía, sencillamente.

Lo que me sigue asombrando es que no se tenga en cuenta al clima como factor fundamental de nuestro estado básico: como si fuéramos de plástico y los acontecimientos naturales no ejercieran ninguna influencia importante sobre nosotros. La ruptura humana con la naturaleza ha llegado demasiado lejos y demasiado profundo: como si ya no fuéramos de acá y eso nos diera “derecho” a destruir al planeta sin culpa. Todavía recuerdo, asombrado y horrorizado, la foto de ese turista que miraba con sus manos en la cintura una gigantesca ola del Tsunami 2004, la misma que seguramente se lo habrá tragado segundos después. Claro que los ignorantes y poco desarrollados “animales salvajes” se habían escapado horas antes, buscando refugio lejos de la costa: ellos sí son de acá, lástima que sean tan poco inteligentes…

Sigo con la idea-tubo, con la odisea-tubos.

Pensé que mejorar el clima también podía mejorarnos un poco a todos.

Subí a un taxi e interrogué al conductor, aprovechando que luego de los primeros cloudbusting, los insoportables días del verano porteño habían mejorado: el clima estaba menos bochornoso, bastante más amigable. “Y…así es otra cosa, uno puede dormir mejor, está de mejor humor durante el día y hasta maneja más tranquilo”, me dice. Y me quedé feliz como si hubiera hecho una gran cosa por los demás, y me preguntaba todo el tiempo si sería casualidad o efecto de los tubos. Pero tanto no me importaba.

“Sí, estoy mejor pero no sé porqué”, dicen primero Enrique y una hora después Marta. ¿Será la acupuntura o habrá otros motivos?, se interrogan siempre mis pacientes, los que recién empiezan y no han tenido experiencia anterior con ésta medicina. ¿Por qué será que estoy mejor? se dicen, deseando que sea por alguna razón comprensible o al menos aceptable. ¿Cómo se puede explicar que algunas agujas que apenas se sienten sean capaces de producir tanto efecto en el cuerpo y en el alma? ¿Será verdad, será cierto?

Entonces me imagino a la atmósfera terrestre diciendo lo mismo: “Estoy mejor: circulo más fácil y me muevo con más libertad, como si estuviera menos presa, menos bloqueada. ¿Por qué será, acaso Zeus y Eolo se han despertado de mejor humor hoy?”

¿Será eficiente hacerle acupuntura al cielo?

Nunca me pidió turno, eso sí.

Mi secretaria nunca anotó Cielo entre los pacientes que pedían una cita.

¿Por qué diablos me metí en esta historia, que de golpe te hace volar junto con los tubos y te deja en un lugar raro, imposible de compartir si no viviste lo mismo?

Sí, aunque parezca absurdo y esté dispuesto a admitir que es tan pero tan razonable que lo piensen a medida que me leen: supongo que un clima más sano nos hace bien a todos, nos hace sentir mejor y tal vez nos haga mejores personas, aunque sea un poquitito así. Es que acabo de meterme en un asunto crucial, casi sin darme cuenta: ¿hay climas sanos y climas enfermos?

¡Decididamente sí!

Y otra vez una desesperada exhortación al sentido común, ahora sin comillas. A ver: pónganse, por favor y por un instante, a nivel de la tierra. ¿Puede ser sano un clima dónde no llueve casi nunca? ¿Un clima pesado y bochornoso que aniquila toda dignidad, transformándote en una babosa que se arrastra por el piso en lugar de andar con la frente bien alta? ¿Puede ser sano un clima que produce nubes negras quietas y como petrificadas por la falta de brisa? ¿Un clima sin frío en invierno y demasiado caluroso de día y de noche en el verano? ¿Un clima que confunde a la naturaleza al extremo de hacerle producir brotes antes de la primavera, brotes que no soportarán luego la más leve de las heladas arrepentidas? ¿Puede ser sano un clima que se transforma en una fábrica de desiertos?

Así andaba yo en mis primeras épocas de cloudbusting: cargando el pavoroso peso de la humanidad y de los tubos de hierro, destruyéndome la espalda y metiéndome demasiada presión, la misma que después me contagió las arterias. Es que para colmo ya había demasiados terribles anuncios acerca de la catástrofe climática (la común expresión “cambio climático” es una mentira atroz) y mi investigación personal acerca de la Clonación de Idiotas (proceso y resultado de la civilización humana que conocemos) estaba bastante avanzada, aunque todavía no ha terminado.

En la cabeza tenía claro que cualquier actitud mesiánica es un error gigantesco, tal cual había aprendido durante los años de militancia política, pero el estilo en el que empecé este trabajo se le parecía sospechosamente. Es que estaba demasiado enojado con nuestra especie, pero también muy angustiado y preocupado por los hechos que ya están ocurriendo, producto de la enfermedad climática que nosotros mismos hemos fabricado. Entonces me cargaba solo todo el pesadísimo equipo para llegar a la terraza del edificio donde vivíamos, y armaba el aparato y apuntaba hacia dónde me parecía mejor. Y me interrogaba todo el tiempo acerca de los efectos que podía producir. Y deseaba con todo mi corazón que fueran los mejores, los más sanos. Por ejemplo: que disminuyera la cantidad de crímenes horrorosos, sádicos. Tenía esa ilusión que aún no ha sido ni confirmada ni desmentida. Y espero que a nadie se le ocurra pensar que estoy sugiriendo que los trabajos de cloudbusting pueden, solitos y sin ayuda, arreglar el drama del carácter humano promedio. Por favor, no.

Es más: ahora que pienso en voz alta y nadie me escucha, afortunadamente, me pregunto si está bien mejorar el clima. Si es bueno, en el caso fortuito de que los tubos se “pongan de moda” porque a algún Científico Reconocido se le dé por pensar que Tubario no es tan loco y Funciona. Sí, créanme: me lo pregunto. Ya sé que somos Duros de Matar, pero mejorar el clima y retardar el calentamiento: ¿de qué puede servirnos si no somos capaces de mejorar nuestro corazón y de usar mejor nuestro talentoso pero peligroso cerebro?

Se aceptan respuestas, si es que las hay y ocurriera que las tienen.

Hoy, 14 de junio del 2008, Ernesto Guevara, más conocido como el Che, hubiera cumplido 80 años. Hace varios años, cuando todavía era el Comandante Guevara, propuso algo bastante inusual para el cuadrado dogmatismo leninista. Dijo algo así (no es textual y ni pienso buscar la cita) como que una revolución que realmente valga la pena tiene que tener el objetivo de crear un “Hombre Nuevo”, así con mayúsculas. Y que si no, todo quedará en nueva y mera repartija económica, nada más.

Más allá de saber en detalle las cualidades y características que le adjudicaba al Hombre Nuevo, el Che acertó por completo en lo esencial: no pasó nada verdaderamente importante con las revoluciones de ésta época, salvo que lograron congelar durante mucho tiempo las ilusiones auténticamente revolucionarias. Y no hablemos de utopías maravillosas y discutibles: hablemos de un hombre real mejor que el que hoy predomina por lejos en todos los confines del planeta.

En concreto: estoy tratando de decir, y lo digo, que como especie estamos profundamente enfermos.

Que una mejoría cosmética no va a ser de gran ayuda.

Y que la historia está llena de ejemplos de “buenas intenciones” sin el menor resultado. Porque el asunto no es si somos buenos o malos, sino si estamos sanos o enfermos. Y la respuesta está a la vista: estamos tan enfermos que ya somos un caso psiquiátrico, salvo honrosas excepciones que no han logrado contagiar al resto. Entonces, acerca de los tubos y su posible benéfico efecto a escala planetaria, vuelvo a preguntarme: ¿tiene sentido? Necesito sentir que sí para volver a trabajar con ellos, ahora que estamos convaleciendo de “tubitis aguda”. Por eso decía, al comienzo de éste escrito, que el proyecto también está parado “por razones sanitarias”: son éstas últimas, las que acabo de explicar.

Por si no hubiera quedado claro: la diferencia entre ser “malos” o estar enfermos es crucial. Lo primero alude a una circunstancia irreversible, inevitable, casi como escrita en genes indiscutibles e inalterables: somos así porque no podemos ser de otra manera, cualquier intento por mejorar las cosas está condenado al fracaso.

La segunda posibilidad significa algo muy diferente: implica que nos hemos equivocado, que en algún momento perdido en las tinieblas del tiempo hemos tomado un camino incorrecto. Pero también que no siempre fue así, como demuestran algunos estudios antropológicos, y por lo tanto es posible la rectificación.

O sea: la curación. Verlo así permite la esperanza.

La otra opción no deja margen para nada que realmente valga la pena.

Y mucho menos para tomarse el trabajo de andar escribiendo esto, subirse a la azotea con una tonelada encima de las espaldas o gozar las delicias de la hipertensión.

Aunque la aventura sea tan apasionante que ni les cuento.

¿O sí?

Adivino a la distancia el fervor por la lectura de este Tubario, las súplicas por su continuación, la desesperación por saber más acerca de cómo fue, la explicación detallada de sus pormenores y sus alcances.

Así que no insistan: sigo aunque no me lo pidan.

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Ahora llegué a una conclusión elemental, digna de tarados.

Uno se enferma para curarse.

Y cuando no está enfermo, es que ya se curó.

Ya sé que es más fácil merecer el premio consuelo de una kermés parroquial que el lustroso e inútil Nobel por ésta “brillante” hipótesis.

Pero déjenme explicar un poco, sólo un poco, denme una oportunidad más.

Cualquier enfermedad tiene y contiene cierta poderosa lógica, muchísimo sentido y clarísima racionalidad. No aparecen por casualidad, si no por causalidad.

Alumbran un lugar oscuro, muestran una equivocación o deficiencia, permiten vislumbrar que hay otros caminos diferentes de los que hemos elegido, nos dan una oportunidad de rectificación.

Me quedé encandilado con “vislumbrar”: ¿ver, alumbrar, iluminar dos veces?

Por eso es que uno se enferma para curarse de “otras cosas”, de cuestiones que tienen que ver con la vida real que vivimos y necesitan ser modificadas.

Por eso, cuando ya no se necesitan esos síntomas, es que uno se curó o está en camino de hacerlo. Está claro que los cambios posibles son diversos y casi infinitos: desde vínculos hasta comidas, pasando por el lugar dónde se vive, la elección de zapatos y ocupaciones, el estilo de saludo y las pausas en la respiración o la renuncia a ejercer roles y poderes inútiles. Cada uno tendrá que investigar cuáles son sus necesidades de cambio, pero es casi una ley: uno se enferma para curarse de lo que no funciona bien y necesita ser rectificado.

¿Qué tendrá que ver con el clima?

¿Cómo podrá adaptarse al trabajo climático ésta pretenciosa generalidad?

En este momento lo ignoro, y debe ser por eso que sigo escribiendo.

Ah! Había olvidado que me comprometí a contar algunos detalles operativos, ciertas historias y episodios escondidos en la intimidad de Tubario, apasionantes vericuetos de la cuestión, truculencias secretas y chismes deliciosos para leer en la sala de espera o la peluquería, sin lo cual carecerían de toda gracia e interés, obviamente.

Ésas mismas historias que unánimemente nunca me pidieron pero que ya se vienen, con el debido respeto.

¿Les dije antes que no quiero que terminemos como los dinosaurios?

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Fue el momento crucial.

Intentar, salir de dudas, pasar a la acción.

Como antes con los acumuladores de orgón y luego con los dorbuster, hubo un bautismo de fuego, una ceremonia de iniciación.

Mucha pruebita con el canario, hormigas y escarabajos.

Mucho estudio previo, ideas, fantasías, entusiasmo por sus posibilidades.

Pero el momento de la verdad consistía en probar el tubo acumulador diseñado para puntos de acupuntura en un ser humano, no podía postergarlo más.

De manera que elegí un cobayo humano para la prueba: fui yo.

Y funcionó, lo sentí desde la primera vez que lo usé.

Pero entonces viene esa región del cerebro, la misma que me obligó a deshacer nubes antes de darme permiso para los otros experimentos climáticos, y me dice: “Todo bien, ¿pero no te parece que hace falta un tiempo de uso en distintas circunstancias para que tenga más valor? Además trabajas con un sistema para medir la energía, ¿qué tal si lo usas para verificar que la tuya mejora?”

El maldito fragmento de cerebro tenía razón, de manera que seguí sus indicaciones. Y al mes de usar el tubo en un punto clave de acupuntura ubicado por debajo del ombligo, ya no tenía dudas acerca de su eficacia.

Mi energía había mejorado claramente: estaba menos cansado, terminaba con más dignidad los largos días de trabajo y encima me quedaba bastante resto para seguir viviendo intensamente lo que el día o la noche me ofrecieran.

Mis mediciones también habían mejorado en cuanto a las dos variables más importantes: cantidad y equilibrio de energía.

Y especialmente, me sentía mucho mejor.

¿Qué más hacía falta para estar seguro de que el acumulador funcionaba muy pero muy bien?

Bueno: recetarlo a mis pacientes y a mis vínculos más cercanos.

Funcionó en todos, en cada uno produciendo efectos generales y particulares, de acuerdo a estructura y realidad actual.

Curiosamente, todos se sentían mejor. Y claro: era obvio que también se preguntaran si no era “sugestión”, la misma pregunta que me hacen los que mejoran con acupuntura.

Una pregunta hartante que ya no contesto. Al principio daba largas explicaciones, luego decía “está bien, seguí por cábala, si siempre coincide es que te trae buena suerte”, más tarde investigué con plantas y animales y derivaba la pregunta al capítulo “Plantas” de mi página web. Ahora no digo nada, apenas sonrío sin ganas y sigo poniendo agujas. Listo.

Y de paso aprendí algo acerca de la “sugestión”, ese término sutil para desvalorizar fácil cualquier método terapéutico heterodoxo. Aprendí que cualquier tratamiento requiere, para ser exitoso, un buen vínculo médico-paciente. Pero eso no es “sugestión”, es confianza y entrega mutuas, nada más. Y no depende del sistema médico en cuestión, sino de la calidad y autenticidad del vínculo que se arma entre esas dos personas dedicadas al objetivo de mejorar la salud de una de ellas.

¡Es que sugestión viene de sugerir, que significa “llevar por debajo”!

En cuanto a la eficacia del acumulador de energía, el problema se resolvió fácil: ¿menos cansancio, más energía disponible en la vida real, más y mejores cosas hechas, realizadas?

Si la respuesta es sí, entonces es que el acumulador funciona.

Ni siquiera hace falta medir la energía para constatarlo, aunque sí para saber cómo se está redistribuyendo.

“Claro, pero cómo podés estar seguro si no medís, si no constatás con métodos objetivos”, dice la misma aborrecible región del cerebro mecanicista.

Nada más háganse ésta pregunta: ¿por qué razón la medicina pone tantas trabas y exigencias cuándo no entiende algo o los hechos se dedican a contrariar a la ortodoxia?

¿Es por “seriedad metodológica”, para alejar las tinieblas teológicas y evitar la mirada mística?

¡No, no es por eso!

Es para reservarse el momento preciso de su utilización, para usar el principio de autoridad (domesticación certificada) y lucrar con la novedad: es fundamental que algunos ganen mucho dinero con cualquier innovación, si no es así no sirve. Pero el único parámetro verdadero en medicina es que “algo” funcione, sea eficaz: eso es lo único que vale.

Si un chamán te cura haciéndote rezar a las seis de la tarde y recetándote hierbas imposibles, lo que hace el chamán es verdad, es cierto. Que tu ignorancia o la mía nos provoquen un incómodo escozor, a veces insoportable, es nuestro problema. En todo caso: veamos cómo podemos aprender más de la vida y sus caminos, intentemos honestamente entender cómo es que “eso” funciona, porqué razón es eficaz. Si uno renuncia a ésa búsqueda usufructuando el poder que la cultura “reconocida” y las instituciones le otorgan, entonces hablemos de política y poder, no de ciencia y medicina.

O digamos, simple, sencilla y humanamente: “no lo sé, no lo entiendo”.

¿Ah, sí?

No entendiste nada: te pagamos para que sepas, para que nos digas qué tenemos que hacer sin sombra de duda, sin titubear. No para que mires con asombro y reconozcas tu ignorancia, ¿entendiste?

Bueno: el acumulador de energía orgón hace veinte años que demuestra su eficacia todos los días. Sí: un tubito de mala muerte o una chapita insignificante pegada debajo del ombligo, “eso” que mis pacientes no saben cómo llamar.

¿Te interesa saber cómo funciona?

¿Te interesa saber porqué los tubos pueden influenciar y modificar el clima?

Es la misma razón y para eso escribo esto, si es que todavía me estás leyendo. Pero por favor: ¡no atentes contra tu sistema de creencias!

Vivir en la contradicción y la ambigüedad es muy malo para la salud…

En cambio, si estás abierto a revisar tus “creencias”, entonces podrías seguir adelante para compartir esta aventura de exploración y preguntarte libremente lo que te maraville o no entiendas.

¿Sabías que “los científicos” ignoran cómo funciona en “detalle” la aspirina? ¿Dejarías de usarla por eso, si es que te ayudó muchas veces? Es más: ¿no habría que prohibirla hasta que sepamos todo lo que hay que saber sobre ella?

Pero sigamos un poco más.

Entonces me hacía muchas preguntas, pero especialmente una. ¿Qué pasaría si, habiendo aprobado el examen de hacer desaparecer nubes, utilizaba los tubos con fines más ambiciosos como refrescar, hacer llover o limpiar el aire?

En realidad no es cierto eso de “hacer llover”: me extraña que digas eso, que suena a dios o magia, lo mismo da.

Así lo tuyo es ser nada más que fabricante de lluvias, rainmaker, vendedor de sueños, optimista de barrio, mentiroso profesional, iluso diplomado, charlatán de feria, manipulador de esperanzas, falso dios de bolsillo, creyente del absurdo, especialista en utopías, chamán traspapelado, estafador metafísico, colmo del absurdo inútil.

Eso y mucho más, me dijo.

“A ver, ¡hacélo si estás tan seguro, sé valiente y jugátela! Pero después, cuando no pase nada de nada, no gimotees en los rincones ni te pongas a inventar una falsa excusa para disimular tu fracaso. Sé digno y cállate para siempre”, así me dijo.

Y entonces, no me quedó más remedio que intentarlo para sacarme el asunto de la cabeza, olvidarlo de una vez por todas y no quedar como un cobarde delante de mí.

 

Carlos Inza

Médico, Homeopata, Acupuntor y Orgonoterapeuta

Buenos Aires, julio del 2010

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            PREVENCIÓN Y PROFILAXIS

 Por Álvaro Fernández Luzardo

En los últimos tiempos la humanidad ha estado muy ocupada en elaborar estudios cada vez más eficientes para conocer y comprender los fenómenos de la naturaleza con el propósito de dominarla y controlarla. A su vez ha desarrollado tecnologías cada vez más sofisticadas para aumentar el confort y facilitar su vida cotidiana, reforzado y amparado en el llamado “estado de bienestar” llevado adelante fundamentalmente en Europa.  En estos terrenos los seres humanos han hecho grandes progresos, pero con el tiempo comenzaron a aparecer algunos problemas, percatándose de que algo no va bien. Por un lado el impacto medioambiental que el desarrollo civilizatorio ha ocasionado comienza a preocupar seriamente tras el evidente deterioro y desequilibrio ocasionado en nuestro planeta, refiriéndonos solo a lo macro, a lo visible. En este sentido el movimiento ecológico de los últimos tiempos reaccionó con una alerta desesperada que a regañadientes comienzan a incorporar, desde el discurso, los ámbitos políticos. El daño que estamos haciendo al planeta es de por si alarmante, pero en los hechos, la estructura y la organización general de la población humana, que es la causa de la depredación planetaria, continúa adelante como si nada pasara. Pero hay otro aspecto del que se habla poco, y es el impacto que el proceso civilizatorio, la cultura, ha tenido y tiene sobre la “naturaleza humana” en particular.

La cultura tiene por objetivo dominar, controlar y ajustar la naturaleza humana para adaptarla a su civilización. En esa carrera emancipadora que el hombre viene desarrollando desde hace miles de años contra su naturaleza animal, instintiva, esa lucha cultura contra natura, comienza a mostrar algunas consecuencias preocupantes. Pero al igual que ocurrió con el medioambiente, tuvo que pasar un tiempo considerable para que ciertas repercusiones se comiencen a evidenciar. El ser humano comenzó a modificar deliberadamente procesos biológicos que la naturaleza tardo milenios en desarrollar, en función de  nuevas demandas que surgen desde  nuevos intereses de  la organización moderna socioeconómica. Por poner algunos ejemplos; En los años cincuenta, en época de posguerra se promueve masivamente la lactancia a biberón, para que las madres se sumen como mano de obra. ¿Qué consecuencias tuvo este cambio aparentemente inocuo en el desarrollo humano? Otro ejemplo es el incremento exponencial que ha tenido en los últimos años los nacimientos por cesáreas programadas, y por ende la disminución de partos naturales. ¿Sabemos las implicancias de éste otro cambio? También está el surgimiento masivo de guarderías desde los 6 meses o antes; modificando tajantemente los vínculos entre madres e hijos. ¿Qué repercusiones tendrán estas modificaciones de las condiciones vitales a mediano y largo plazo?

Conocemos bastante bien las condiciones ambientales que una semilla necesita  para poder crecer y florecer, pero paradójicamente conocemos poco las complejas condiciones ambientales que necesitamos nosotros, los mamíferos humanos, para desarrollarnos de manera óptima.

Utilizo el término “ecología humana” para referirme al estudio, investigación y comprensión de las complejas condiciones ambientales, que el mamífero humano necesita para desarrollarse saludablemente a lo largo de toda su vida.

Los seres humanos somos uno de los mamíferos más vulnerables y dependientes que existen en la naturaleza. Las condiciones ambientales y los vínculos afectivos primarios son de vital importancia para un desarrollo saludable. Pero desconocemos en profundidad nuestras dinámicas vitales;  biológicas y psicoafectivas necesarias para autorregularnos a lo largo de toda la vida, que forman parte de la ecología humana, y que hacen posible una sostenibilidad cotidiana, placentera y expansiva.

Los procesos de acompañamiento y cuidados primarios son bien conocidos por el resto de los animales mamíferos, que responden, desde su “saber” instintivo, desde su “sentir” lo que hacen y cómo lo hacen, y desde el “contacto” que establecen con sus crías. Lo que les permite entablar un lenguaje desde el cual mantener una retroalimentación que tienda al equilibrio y a la armonía en el sistema, necesaria para favorecer la expansión y el crecimiento vital.

Los seres humanos, las criaturas más “inteligentes” del planeta, vamos perdiendo cada vez más esa capacidad de contacto y de comunicación con nuestros bebés. Esa capacidad instintiva primaria tan necesaria, sobre todo, en los primeros tiempos de la vida.

¿Porqué hemos perdido estas capacidades naturales?

La preponderancia del desarrollo neocortical en los seres humanos, el último y moderno tercer cerebro, con sus novedosas adquisiciones como el razonamiento y  la capacidad de predecir, con su noción de temporalidad, entre otras,  fue relegando la utilización de los sistemas más antiguos filogenéticamente hablando, y de esta forma fuimos desprestigiando y subestimando ciertas capacidades más primitivas. La razón fue desplazando a la emoción y al instinto, y así nos fuimos atrofiando y desconectando de nuestro campo de conciencia y  de nuestro rango de acción, a estas fuentes de sabiduría que fueron cultivadas durante millones de años.

El  hombre moderno, comenzó un camino de emancipación, separación y desconexión, deslumbrado y cegado por sus nuevas y potentes cualidades. Las características y lógicas de éste nuevo cerebro, son las que comienzan a  determinar un nuevo paradigma, nuevos valores y una nueva forma de organizar sus sociedades y elaborar una nueva cultura. Una de las nuevas cualidades es la capacidad de abstracción, que le da la posibilidad de separarse, de pensarse individualmente. Esto comienza a instaurar una de las características más prominentes de nuestra sociedad actual; el individualismo y la competitividad. Y el alejamiento de la espiritualidad en todas sus facetas, la pérdida de ese sentimiento de pertenencia, de unión y de conexión con el resto de los seres vivos y con la naturaleza.  Otra de las nuevas cualidades es la capacidad analítica, que lo lleva también a separar, a desmembrar y comprender al universo como una máquina, compuesta de piezas, individuales e independientes.

El nuevo hombre, arrogante y soberbio, ya no cree en nada ni en nadie, solo en sí mismo, aislado y solo, tampoco confía en ningún otro sentido que no sea la razón, y no cualquier razón, sino su única razón propia. En búsqueda de la verdad, prosigue un aumento exponencial de conocimiento ,información e ideales, que en los últimos tiempos, con internet y las redes sociales, ha tenido un crecimiento exponencial vertiginoso, que paradójicamente, lo ha llevado a un atolladero cada vez más ineficiente y estéril.

La salida no aparece con nuevos discursos, nuevas ideas o teorías y explicaciones, porque todas ellas no nos alejan ni un ápice de la dimensión de lo mental, no logramos salir de la cabeza! Lo que supuestamente nos hace ser la criatura más inteligente nos condujo a una trampa, que de no salir a tiempo, se puede convertir en fatal para nuestra propia especie.

Éste es el desafío, recuperar nuestra humanidad perdida, nuestra conexión con las capacidades abandonadas, con el saber instintivo y el contacto emocional, que nos puede devolver la esperanza de recuperar nuestro bienestar perdido y nuestra unión con la vida. Esto no significa abandonar las modernas capacidades adquiridas, sino el poder integrarlas a las demás.

La razón, la capacidad contemplativa, reflexiva, etc, son muy útiles para nuestro crecimiento y evolución personal, y como especie, sino se vuelven déspotas y negadoras del resto de capacidades que también son fundamentales y que no las puede suplantar el órgano cerebral recientemente evolucionado.

¿Cuáles son las condiciones óptimas, ecológicas, para que los seres humanos lleguen a desarrollar el potencial verdaderamente humano?

“Aplicar las leyes del funcionamiento ecológico al ciclo vital del desarrollo humano, desde la vida intrauterina hasta la adolescencia, permitiría recuperar los valores esenciales de la humanidad y promover un cambio general hacia la salud y la felicidad”. (Serrano 2012).

La ecología humana , entonces, es el estudio de las condiciones vitales, que incluyen factores no sólo físicos, fisiológicos y biológicos, sino que dan primordial importancia a las interacciones y las relaciones afectivas y emocionales entre los seres humanos, condicionados desde lo sociocultural.

En Uruguay estamos llevando a cabo esta praxis desde nuestro Centro de Autorregulación Infantil  “Ecohum”, desde donde ofrecemos asistencia, asesoría y acompañamiento en la crianza a la familia. También trabajamos sobre la difusión de ésta mirada dando cursos, conferencias, talleres y  actividades grupales psicosociales.

“No podemos decir a nuestros hijos que tipo de mundo sería o habría que construir, pero podemos equipar nuestros hijos con el tipo de estructura caracterial y con el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir, su propio futuro y el de sus hijos.” Wilhelm Reich

 

 

Bibliografía

J.Mañas Montero- Autorregulación y Autogobierno , un abrazo entre Psicología y Educación.

W.Reich- Los niños del futuro.

W.Reich- El acorazamiento del recién nacido.

X.Serrano- Al alba del siglo XXI

Álvaro Fernández Luzardo

Psicólogo y Psicoterapeuta Caracteroanalítico

 Especialista en prevención primaria e intervención ecológica de sistemas humanos

Integrante del Centro Reichiano de Montevideo y del Ecohum (Centro de Ecologia Humana)


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Indignación: reducen la pena a un violador de menores por considerar al nene homosexual

PERIODISMO SUR-REALISTA

“La realidad vista desde acá, un poco al costado, a partir de las noticias de los diarios. (Por un corresponsal en la frontera)”

Los jueces Piombo y Sal Llargués de la Cámara de Casación bonaerense dijeron que el niño de 6 años “estaba habituado a que lo abusen”. Hay precedentes de una decisión similar y un pedido de juicio político.
Domingo 17 de Mayo de 2015 | 11:15 / VERGÜENZA. Redujeron la pena de 6 años a 3 años y dos meses.
La Cámara de Casación bonaerense le redujo la pena a un violador de menores porque consideró que la víctima, de 6 años, “es gay”. Según publicó el diario Perfil, los jueces Horacio Piombo y Ramón Sal Largués decidieron bajar la sanción a Mario Tolosa, de 6 años a 3 años y dos meses. El tribunal mencionó que el nene tenía “una orientación sexual homosexual y estaba habituado a que lo abusen“. Ante la resolución judicial, la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) expresó su “estupor”.
Esteban Paulón, Presidente de la FALGBT, expresó en un comunicado: “Pretender que una supuesta orientación sexual de la víctima de un abuso es un atenuante al momento de juzgar un caso de este tipo es desconocer la Convención de los Derechos del Niño y la ley de Protección Integral a la infancia; al tiempo que proyecta un mensaje discriminatorio y estigmatizante que vincula el abuso sexual con la orientación sexual de las personas, que son dos aspectos que no tienen ninguna relación.”
Mario Tolosa era vicepresidente del Club Florida, donde abusó del nene en 2010 en Vicente López.  Ante la denuncia de la abuela, la Justicia lo condenó a 6 años por “abuso sexual con acceso carnal”, pero la Cámara de Casación le redujo la pena. “Estaba acostumbrado a tener sexo. Es gay, ya tiene su sexualidad definida. El abuso pasó pero no fue tan ultrajante”, aseguró el Tribunal.
Los camaristas ya le habían reducido la condena a un pastor evangélico acusado de violación de menores. Esto derivó en un pedido de juicio político en 2011, pero no prosperó. En ese entonces, los jueces habían argumentado que las víctimas “viven en comunidades en las que el nivel social acepta relaciones a edades muy bajas”.

http://tn.com.ar/policiales/indignacion-reducen-la-pena-a-un-violador-de-menores-por-considerar-al-nene-homosexual_591226

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Sana indignación entre los amigos de los camaristas denunciados: “No sé adónde vamos a parar, si resulta que ahora los putos van a decirnos qué hay que hacer y qué no hay que hacer, especialmente esto último”, manifestó el Dr. Troncoso, abogado de los jueces cuestionados y sentado al lado del sonriente pastor evangélico que zafó antes, gracias a los mismos jueces.

Mientras acariciaba dulcemente la cabecita de un niño que pasó vendiendo flores y le daba su celular musitando algo al oído del pequeño, se explayó un poco más ante este reportero: “Tolosa es un tipo bárbaro, insospechable de maltrato. Y todos sabemos que el nene es un putito de lo peor, que anda de cama en cama, de baño en baño. ¿Qué culpa tiene Tolosa de que el pendejo sea tan putazo? Nació así y listo. Ni siquiera merecía los tres años que le dieron. Los jueces lo convencieron de que aceptara la pena porque seguro que sale rápido, máximo en tres meses. Y también porque hay una fuerte campaña difamatoria contra estos hechos naturales y ahora parece que las actitudes verdaderamente varoniles no están bien vistas, no están de moda”.

“Contradecir a las fuerzas naturales tiene un alto costo que pagaremos con la pérdida de la paz social”, dice.  “¿O acaso está mal tirarse a la mucama amenazándola con despedirla si no quiere? Estamos llegando al colmo de la degradación, ya no se respetan los valores tradicionales ni las sagradas instituciones. La degeneración humana no tiene límites”, proclama. La entrevista se empieza a poner cada vez más peligrosa: el tipo está furioso y habla cada vez más fuerte, al tiempo que un hilo de baba se le escurre por la comisura izquierda.

“Ustedes se darán cuenta quienes son los que nos impugnan”, sigue. “¡Nada más y nada menos que una manga de trolos y trolas!”, grita cada vez más desaforado. “Si ni los padres del pibe le dan importancia a la cuestión, de tan acostumbrados que están. A la maldita abuela del putito se le ocurrió denunciar a Tolosa. Lo único que no entiendo es porque fue tan boludo como para dejar pruebas y permitir que lo agarraran con las manos en la masa. Debía estar muy caliente pero no lo culpo, los hombres de verdad somos así. Y como dicen mis defendidos, su conducta no fue tan ultrajante porque sentó al pendejo en el bidet y hasta le alcanzó papel higiénico” agrega, mientras hace un chasquido con la mano derecha y rápidamente aparecen cuatro grandotes de cabeza rapada.

Entonces saludo con la cabeza y me voy rápido, mientras el abogado me pregunta dónde se publica y que quiere ver las pruebas porque si no me demanda o me manda a los grandotes, según le parezca lo que se me ocurra publicar.

                                      El Corresponsal en la Frontera

 


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Orgón y Dor: luces y sombras en el escenario

Nos acostumbramos, mal acostumbrados, a suponer que una existencia plena, vital, es una existencia de luces sin sombras. Como si siempre tuviéramos que estar al borde del orgasmo, como si la vida fuera sólo placer y celebración. Y, trasladado al plano de la salud, como si la “salud perfecta” fuera posible y estuviera al alcance de la mano.

En la dimensión del pensamiento reichiano, esto equivale a suponer que en un organismo vivo y sano, solo hay lugar para el Orgón (energía positiva) y nada para el Dor (energía negativa).

Pero las cosas no son así, nos guste o no. La vida auténtica, la de verdad, es una relación entre luces y sombras, entre Orgón y Dor. Está claro, eso sí, que la salud implica un predominio de Orgón. Pero el Dor está, siempre está, insistente pero no caprichoso. Porque tiene un sentido y, especialmente, una realidad indiscutible. Cualquier proceso vital implica un cierto grado de Dor, que no es otra cosa que desechos tóxicos y energía estancada, enrarecida. La obstinación en pretender vivir en un solo polo (el de la dicha, el placer, la vitalidad exuberante) sólo puede conducir al fracaso, a una profunda desilusión que, tarde o temprano, provocará graves perturbaciones. Primero en la dinámica energética, luego en la funcionalidad y más tarde en las estructuras anatómicas, en la profundidad de los tejidos.

Sabemos, gracias a la energética reichiana y a la neurofisiología, que hay un equilibrio entre los sistemas simpático y parasimpático. Que cada uno cumple un rol esencial, irremplazable y necesario. Que el simpático predomina en las situaciones de “pelea por la vida” (búsqueda del alimento, defensa del territorio, etc.) y que el parasimpático actúa reparando la energía puesta en juego al activar la energía en situaciones elementales y sanas, lo cual también implica cierta “agresividad” indispensable  para vivir y sobrevivir. Esta etapa de reposo y reparación también se asocia con el placer.

Pero la situación se complica si alguno de los sistemas predomina en exceso: entonces tendremos que enfrentar las facturas que el sistema energético que somos habrá de pasarnos. En los excesos de actividad desenfrenada viviremos en simpaticotonía (desgastando el sistema, estresados) y en los excesos de abulia (aunque sea “gozosa”) no sobreviviremos mucho tiempo. Por eso debe haber equilibrio, Por eso debemos considerar que no podemos transformar la existencia en un western donde hay “sistemas buenos y sistemas malos”: es una manera muy superficial de mirar la vida real.

Hay, incluso, un rechazo al dolor que a primera vista parece razonable: “no quiero sufrir”. Pero esta actitud rebasa los límites de lo aceptable cuando se hace lo posible para evitar la más leve de las molestias: entonces un analgésico y listo. El problema es que, en lo profundo, esta actitud implica un rechazo a sentir la vida como realmente es para cambiarla por el anhelo de una ficción mentirosa: para mí solo vale lo que me produce placer. Es una actitud de niños maleducados y caprichosos, simplemente.

Haciendo una incursión simple, casi elemental, en las profundidades del funcionamiento energético de los seres vivos, encontramos que las dos energías básicas tienen un anclaje físico: el Orgón en los Biones PA, y el Dor en los Bacilos-T. Esto descubrió Reich estudiando en profundidad el cáncer, lo cual derivó en un salto cualitativo en la comprensión de los procesos vitales. Si, en el caso del cáncer, se puede suponer que los Bacilos-T son los malos de la película, también es importante saber que sólo han predominado después de una larga batalla en la que el Orgón ha sido derrotado.

Pero esta batalla, parte de una guerra no oficialmente declarada, se hunde en la historia del funcionamiento patológico de una persona, si de humanos hablamos. Y en su origen, antes del fallo o fracaso, los Bacilos-T (o el Dor) no cumplen una función “negativa”: simplemente son parte de un sistema que está siempre en movimiento y necesita, también, de sus aspectos “negativos”. Que entonces, vistas las cosas así, no resultan negativos sino imprescindibles en el ciclo de la vida.

Será difícil aceptarlo, pero la muerte también es parte de la vida y no su polaridad negativa, enferma. Lo enfermo puede ser una forma de vivir, dejando que predomine ésa misma fuerza que, en condiciones saludables, expresa la reparación, el silencio, la noche y la quietud. O sea: la sombra. Es una deformación de la vida real, simple y sana, suponer que la salud consiste en un movimiento perpetuo para ser exitoso o, en todo caso, constante y permanentemente dichoso y con el orgasmo listo, preparado a cada instante.

Veamos, entonces, qué resultados arrojó la investigación de Reich cuando avanzó más allá de las fronteras del conocimiento aceptado y se comprometió con la verdad que surge de la intimidad energética y su funcionamiento.

La Biopatía del Cáncer

Es el título de un libro fundamental, de los más trascendentes que ha dado el conocimiento humano. Trata de la energía y, por lo tanto, del Orgón y del Dor. Y trata de las perturbaciones más serias en la función básica de la vida. O sea: de la función de Pulsación. A estas perturbaciones tan serias, Reich dio el nombre de Biopatías. Y dentro de ellas, sin duda, está el cáncer.

Las citas siguientes corresponden al libro ya mencionado en su edición española (Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1985) y sus páginas correspondientes:

“Descripción del proceso canceroso en ratas:

  1. Los bacilos T muestran un comportamiento parasitario y, sin embargo, se originan en sustancias del cuerpo.
  2. Se forman por degeneración de tejidos y organismos.
  3. Aparecen cuando el carbono se trasforma en biones.
  4. Muestran un parentesco con el cianuro.
  5. Provocan la formación de biones.
  6. Siempre son un signo de contracción simpaticotónica y de encogimiento del organismo.” (pág. 244)

Esto significa que el cáncer se gesta desde adentro y no es el resultado de una invasión foránea, pero que se comporta como un parásito, ¡como un depredador del mismo organismo que lo contiene y lo origina!

 “A nuestro juicio, la predisposición a la enfermedad se adquiere esencialmente por la miseria de la vida y no se hereda indefectiblemente de los antepasados. Significa género y grado de motilidad emocional (orgonótica) del biosistema.”

 Se supone que la célula cancerosa inicia el proceso patológico “cáncer” al transformarse “células normales en células cancerosas”. Si se sigue con máxima atención el desarrollo de la célula cancerosa, se comprobará que este concepto es erróneo. Ocurre todo lo contrario: La célula cancerosa es una consecuencia de la defensa de los tejidos contra la acción de los bacilos T. Esta afirmación puede sonar extraña, pero deja de parecerlo una vez que se examinan los hechos. El primer paso en el desarrollo del carcinoma no es la célula cancerosa ni la desintegración del tejido en biones azules sino el ingreso masivo de bacilos T en esos tejidos o en la sangre. Los bacilos T también se encuentran en los tejidos sanos y en la sangre sana. Siempre están presentes cuando hay degeneración de proteínas.” (pág. 262-263)

 Estos párrafos expresan que el cáncer es, simplemente, el resultado de una manera de vivir. Y que lo más importante para entenderlo, es “el grado de motilidad emocional del biosistema”.  Un sistema vivo inmóvil, quieto, es como el agua estancada: necesariamente se pudre. Al estancarse el Orgón produce Dor, cuya manifestación física son los Bacilos-T. Y cuando éstos comienzan a predominar en el sistema es que se desarrolla la célula cancerosa que, entonces, debe entenderse como un intento de defensa, muchas veces fracasado.

 “De modo que hasta el organismo más sano contiene bacilos T y tiene tendencia a la desintegración pútrida. Eso significa que la disposición al cáncer es universal. Pero en tanto los tejidos y la sangre sean orgonóticamente fuertes, los bacilos T serán destruidos y eliminados antes de que se multipliquen, se acumulen y puedan provocar daños. ¿Pero cuál es el primer daño que puede infligir un bacilo T? La respuesta a esta pregunta demostrará que la formación de células cancerosas es una reacción defensiva del organismo contra los bacilos T y no la enfermedad en sí.”

 Aquí se entiende mejor la necesidad de no acusar maniqueamente a los Bacilos-T porque en una organismo sano tienen una función que no es patológica, sino de equilibrio del sistema en su funcionamiento perpetuamente oscilante. Solo se transforman en un problema que compromete la salud cuando “los tejidos y la sangre no son orgonóticamente fuertes”.  Hay, entonces, dos formas básicas de reacción en cualquier organismo vivo: la Reacción B, que expresa el predominio de la funcionalidad del Orgón y la Reacción T, que implica la dominancia del Dor.

La siguiente tabla expresa las diferencias en distintos sistemas y funciones del predominio de ambas reacciones:

 

                                               Reacción B Reacción T
  1. Organismo total
Erguido, con buena tonicidad. Sin espasmos, sin clonismo. Sensación de fuerza, capacidad de disfrutar. Encorvado, flácido o hipertónico. Espasmos, clonismo. Sensación de debilidad, incapacidad de disfrutar o miedo al placer.
  1. Piel
Tibia, bien irrigada, turgente, rosada o bronceada; sudor tibio. Fría, húmeda, sudor frío, lívida, arrugada, palidez que puede ser de un blanco cadavérico.
  1. Musculatura
Relajada, capaz de alternar tensión con relajación. Fuerte. No hay coraza muscular. Buen peristaltismo, ni constipación ni hemorroides. Tensa o fláccida y débil con frecuencia, exceso de adiposidad, coraza muscular por doquier, sobre todo en mandíbulas, frente, nuca, aductores, glúteos, espalda.
 4.Expresión facial Vivaz, cambiante. Semejante a una máscara rígida.
  1. Sangre
Reacción B al ser esterilizada en autoclave, eritrocitos turgentes,       pulsantes; amplio y neto margen de orgón; desintegración bionosa muy lenta en solución fisiológica.Cultivos no producen bacilos T. Reacción T al ser esterilizada en auto-clave; eritrocitos pequeños o encogidos, sin pulsación, agujas T, margen de orgón débil y estrecho, desintegración bionosa muy rápida, estafilococos,          estreptococos o bacilos T cultivables.
  1. Sistema

      cardiovascular

Presión sanguínea normal; pulso regular, sereno y fuerte. Tensión sanguínea demasiado alta o demasiado baja; pulso demasiado rápido o demasiado lento, irregular o débil.
  1. Tejidos (células epiteliales, tejidos extraídos para biopsia, etc.)
Firme turgencia:Sin formación de biones en KCl. (cloruro de potasio) Falta de turgencia, encogidos, estructura bionosa o rápida     desintegración bionosa en KCl
  1. Ojos
Brillantes (rápida reacción a la luz en las pupilas). Globos oculares ni protuberantes ni hundidos. Opacos; mirada “perdida”, reacción pupilar lenta; a veces midriasis; globos oculares protuberantes o hundidos.
     9. Respiración Espiración completa, con pausa a continuación, libre pulsación del tórax. Sensación placentera en los genitales después de cada espiración. Espiración superficial, incompleta.Actitud inspiratoria crónica, pausa a continuación de la inspiración: actitud crónica de ansiedad en la caja torácica. No hay sensación placentera al espirar.
    10. Orgasmo Normal: Convulsión del cuerpo en su totalidad.No hay estasis sexual. Inexistente o perturbado.Estasis sexual crónica.
11. Campo orgonótico en torno al organismo. Amplio, “elástico”. Estrecho o inexistente.

(pág. 271-272)

Tampoco es bueno hacer una lectura extrema de esta tabla, tipo “todo o nada” para cada uno de los parámetros descriptos. Porque, como en la vida, no hay nada que sea extremadamente  algo. Hemos visto, justamente, que las cosas no son del todo blancas o negras. Y que los fenómenos vitales transcurren en variedad de grises, más cerca del negro o del blanco. El resultado es un promedio. Y aquí sí es fundamental saber de qué lado de las dos reacciones básicas estamos.

 Carlos Inza


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Energética del orgón 1

Principios generales de la energía orgónica y su funcionamiento

Uno de los discípulos más importantes de Wilhelm Reich fue Ola Raknes. También uno de sus mejores intérpretes, tanto que su libro “Wilhelm Reich y la Orgonomía” es la mejor y más clara introducción al pensamiento reichiano. De este libro se reproduce un importante pasaje acerca de la energía orgón descubierta por Reich:

“De tales observaciones y otros experimentos, Reich formuló gradualmente un número de leyes y de principios generales de la energía orgónica y su funcionamiento. Enumeraré aquí lo que me parece más importante de estos principios:

1) La energía es universal y está en todas partes, ocupa todo el espacio, pero en concentraciones diferentes. Está en constante movimiento, salvo cuando se bloquea su movimiento, y toma entonces una particular forma que Reich llamó DOR (que significa “deadly orgone”, o sea: “orgón letal”).

2) La energía orgónica no tiene masa, es primordial, precursora tanto de la materia como de otras formas de energía.

3) Es entrópicamente negativa, esto es: las concentraciones orgónicas más fuertes atraen más energía de las concentraciones circundantes más débiles. Esta entropía negativa se contrapone a la entropía mecánica, y es esencial para la creación y mantenimiento de la vida.

4) Las concentraciones naturales de orgón tienden a formar sistemas que se desarrollan, alcanzan su máximo y después declinan hasta disolverse. Tales sistemas pueden ser galaxias, estrellas, planetas y en la atmósfera terrestre, huracanes y otros sistemas ciclónicos, incluso simples nubes. También los organismos vivos son sistemas de energía orgónica.

5) La concentración y la fusión de corrientes orgónicas individuales puede crear materia donde antes no existía.

6) La materia existente puede, mediante la acción de la energía orgónica, organizarse en forma viviente, donde antes no existía la vida.

7) La tierra está rodeada de una envoltura orgónica que se mueve en dirección de la rotación terrestre, de oeste a este, pero más deprisa. Al este de los huracanes la dirección del movimiento orgónico se invierte.

 8) Las concentraciones de orgón en la atmósfera atraen la humedad y pueden formar nubes, lluvia o nieve. Estas concentraciones pueden ser controladas con un aparato que Reich inventó y al que llamó “cloud-buster” (rompe-nubes).

 9) El libre flujo del orgón en el interior del organismo vivo -libre metabolismo energético- es una condición indispensable para el sano funcionamiento del organismo. Si este flujo se bloquea, el orgón se transformará en DOR, enemigo de la vida.

10) El DOR está presente también en la atmósfera, en la mayor parte de los lugares intermitentemente, y en ciertas zonas constantemente. Inhibe los normales procesos atmosféricos como, por ejemplo, la formación de las nubes. Las regiones infestadas por DOR aparecen apagadas, inmóviles y son opresoras, y el “smog” existe principalmente en estas regiones. El DOR atmosférico es de gran importancia para quien quiera hacer llover o quiera realizar otra actividad de control atmosférico. La infestación de DOR puede aliviarse por medio de los “cloud-busters” ideados por Reich.

11) El metabolismo orgónico del organismo depende también del campo orgónico externo. Si está infestado de DOR pesada y constantemente, los animales y plantas estarán perturbados en su metabolismo energético, lo que puede conducir a graves disturbios, y finalmente también a la muerte.

El estudio de esta energía, de sus manifestaciones y de su funcionamiento en los diferentes campos constituye la nueva ciencia de la orgonomía.”

Carlos Inza