Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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Sobre Crianza Ecológica

ECOLOGIA

Por Munich Santana

Hablar de crianza ecológica importa tener en cuenta la relación de todas las variables que marcan los objetivos puntuales en cada fase del desarrollo. Variables que van confluyendo en cada momento histórico del desarrollo de una vida: desde lo intrauterino, hasta el proceso de nacimiento y desarrollo de la fase maternante, en la relación con la figura materna. O con la figura paterna, la entrada en la familia o escuela, el desarrollo de la sexualidad, entre otras. Estas variables pueden darse en un plano micro (por ejemplo adentro de los cuerpos de la madre o el padre) hasta en un plano macro (como el de las estructuras sociales en que vivimos). Somos seres socio-históricos siempre, aun cuando  todavía vivamos adentro del útero de nuestras madres; somos seres biológicos aún cuando estamos enmarcados en espacios sociales o emocionales.
Tomar apenas la madre o el padre, la lactancia o la escuela, por separado, e intentar analizarlos, es una mirada limitante porque estos son aspectos parciales de una serie de variables que van confluyendo en todo momento de la crianza. Por supuesto en cada fase hay un aspecto que es más importante que otro, pero siempre está vinculado con los otros aspectos del ecosistema familiar y social.


Características de la crianza ecológica:

Interrelación entre distintas variables 

Influencia de la cultura de los padres y de la historia de cada individuo.
La jerarquía del tiempo hace que en determinado momento sea la madre, o el padre, o los grupos sociales, o la escuela, quienes tengan más peso. Esto no significa que las otras variables no estén presentes, sólo que están fuera del foco, al tiempo que hacen parte de la escena de la crianza. Y todo el tiempo estas variables se interrelacionan en el sistema familiar y social.
Perspectiva colectiva:

Reconocimiento de todas las necesidades de los miembros de la familia, donde el apoyo mutuo es una función muy enriquecedora del proceso de crianza.
Perspectiva temporal

Tener claro ésta perspectiva permite comprender el presente a partir del pasado (historia), y así tener una perspectiva de futuro (prevención), hacia donde vamos y porqué hacemos lo que hacemos en el proceso de crianza. Es decir no mirar apenas el fenómeno en el presente, como si las respuestas pudieran ser entendidas y sostenidas, separadas de un contexto histórico.
– Sostenibilidad

Un acto en la crianza puede ser pensado y propuesto por una familia o por sistemas macro sociales, cuando están dadas las condiciones que permiten sostener éste acto. Si no, es necesario crear las condiciones de sostenibilidad. Las propuestas de crianzas tendrían que salir del plan ideal para llegar a un plan real y sustentable para una familia. Ejemplo: ¿una mujer que deja de trabajar por un año para cuidar a su hijo, está haciendo un acto sustentable?.  ¿Es sustentable para una mujer que está angustiada y que se siente sola o muy ansiosa frente a su bebé, prolongar la lactancia hasta que éste decida dejar de tomar la leche materna?. No podemos decir que si o que no apenas con estos argumentos, antes bien habría que acercarse a la historia de cada familia y tener en cuenta las variables, la perspectiva colectiva y temporal, evaluando si es sostenible o no lo propuesto; esto es dejar de trabajar, encarar una lactancia prolongada.

Volver a la tribu
Es importante volver a la idea de Tribu, donde los roles psíquicos no estén tan marcados, donde lo importante sea la función y que todos cooperen para que ésta se dé. Si pensamos en el rol de madre (y hay una tendencia a endurecer la mirada y pensar que es aquello que hace solamente la mujer) o rol de padre (aquello que hace solamente el  hombre) nuestra mirada será estrecha y parcial. Pero si pensamos en función materna (cuidar, favorecer condiciones de contacto permanente con el bebé), ésta puede ser ejercida por cualquier persona con capacidad de contacto, y que ofrezca al bebé lo que éste necesita para contemplar las necesidades del período post-natal. Por otro lado, si pensamos en función paterna (sostener, contener y en otro momento separar y estructurar), ésta también puede ser realizada por cualquier persona que cumpla esta función. Aunque no haya madre o padre, es importante en un determinado momento del desarrollo  que  alguien cumpla las funciones materna y paterna.
La tarea de criar un hijo es una tarea muy grande para una única persona, incluso para dos; y es la razón por la que se sobrecargan los sistemas familiares, pues las familias suelen ser núcleos pequeños y cerrados de crianza. Abrirse a grupos sociales un poco más amplios, recuperar espacios, sean estos pequeños, que funcionen como tribus de crianza para crear condiciones de sostenibilidad y apoyo mutuo, son de suma importancia en el momento en el que uno decide seguir un camino de respeto a la autorregulación del niño, a sus ritmos, etc. Tribus que respeten y toleren, en el proceso de crianza, lo que cada uno puede o no puede hacer, sin culpabilizar o intentar cumplir ideales. Caminar en la recuperación de un modo de crianza más abierto, colectivo y responsable.

 

Texto construido sobre inspiración a partir de clases de Xavier Serrano.

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Medicina energética en árboles y plantas

Medicina Energética

Me apresuro a pedir disculpas a los botánicos y biólogos, que pueden haber entrado en pánico al leer las palabras “árboles” y “plantas”. Pero soy apenas un médico, y mi rudimentaria taxonomía agrupa a todos los seres vivientes del reino vegetal en sólo dos opciones: árboles y plantas. Éstas son más pequeñas que aquellos, por lo general voluminosos y muy altos. Y, entre otras características, las plantas pueden vivir en una maceta pero es casi imposible que esa modesta habitación pueda albergar a un árbol hecho y derecho. También hay un indiscutible hecho cronológico consistente en que los árboles suelen ser más viejos que las plantas. Así de simple y elemental es mi sistema clasificatorio para entenderme con lo que hago o quiero decir en éste tema.

Otra aclaración indispensable se refiere a la rigurosidad del trabajo, que dista mucho de exhibir la implacable solidez de un artículo científico con su pertinente metodología y terminología. Es, más bien, un artículo impertinente y escrito sobre la base de recuerdos y observaciones, la manera más divertida de escribir. Pero si bien carece de cifras, por motivos que se tornarán comprensibles a medida que se vaya desarrollando, es absolutamente riguroso en el sentido de que no contiene mentiras y sí una serie de observaciones junto a una metodología de trabajo. Así que se trata de un trabajo científico o como quieran llamarlo, más allá de sus apariencias formales.

Un poco de historia

Cierta vez, como por los años ochenta, estaba en el living de una de las casas que habité en México mirando una planta. O sea: un vegetal pequeño que moraba en una maceta. No se la veía muy bien, estaba algo “triste” y exhibía un aire como marchito o distante con sus hojas en bancarrota apuntando al suelo en ese inconfundible estilo de las despedidas… Estábamos los dos solos y silenciosos, cavilando sobre el destino de los seres y su efímero paso por la vida luego de mostrar alguna que otra flor. Bueno, ya lo sé, era una escena filosófica  un poco rara para los hábitos y costumbres.

Entonces recordé dos cosas: una se vinculaba con el comentario que me había hecho un paciente acerca de un libro donde se cuenta cómo la músicay sus variedades tienen mucha influencia sobre el crecimiento de las plantas. Por ejemplo: que Mozart es como una inyección de vida para ellas, mientras que el rock pesado les produce el efecto de un artefacto nuclear de varios megatones. Y la otra cosa que apareció fue recordar que, siendo mi trabajo la acupuntura, tal vez era posible ayudarla con las agujas. Tampoco era un pensamiento tan extraño, porque la acupuntura se aplica con éxito en los animales desde hace siglos.

Pero uno tarda en reconocer la identidad esencial de todos los vivientes. O mejor: la esencial igualdad de todos los que vivimos. Por eso tardé en darme cuenta que la acupuntura podría ayudarla, por esa insensata manía narcisista que pretende hacer del hombre un ser tan especial, tan superior y diferente (sin justificación).

Ahora volvamos a la maceta y a nuestra triste y desahuciada protagonista, aclarando que en éste y en todos los casos que traté, las condiciones de nutrientes y riego eran las mismas que en el caso de plantas y árboles sanos.

Primero intenté una equivalencia mental entre los meridianos de acupuntura en los humanos y los posiblemente existentes en una planta. Recordé las líneas de fuerza en los cristales y también la mejor manera de visualizar los meridianos principales en un ser humano: con los brazos hacia arriba uno puede ver mejor su trayecto. En esta posición es imposible no advertir la analogía entre las raíces y las piernas, entre ambos troncos (¡se denominan igual!) y entre las ramas y los brazos.

La analogía tenía fuerza y producía esa alegría de las cosas ciertas, de manera que seguí avanzando con la idea y me pregunté si los aparatos que utilizaba para detectar los puntos de acupuntura en mis pacientes humanos no podrían, también, encontrarlos en mi primera paciente-planta. Sin dudarlo fui hasta el consultorio y me traje un detector de puntos y las agujas, decidido a investigar el asunto y absolutamente comprometido con la planta luego del silencioso diálogo filosófico.

En ese tiempo había conseguido en México un detector cualitativo de puntos, el primero que utilicé en mi trabajo. Con él podía saber si estaba en presencia de un punto de acupuntura activo, pero no expresaba en números la cantidad de energía. Simplemente aprovechaba ésa característica bio-eléctrica de los puntos, consistente en que tienen una resistencia mucho menor(ohms) que el resto de la piel, de manera que cuando el detector se apoya en una zona donde se cumple tal requisito el aparato reacciona emitiendo una señal acústica. Pero este sistema necesita que el paciente sostenga otro electrodo con una de sus manos, para cerrar el circuito. El problema se resolvió fácil, porque puse ése electrodo a presión, en el ángulo formado entre el tallo y alguna rama consistente.

Y entonces me puse a investigar, con expectativa y curiosidad. Con esta metodología, apoyar el electrodo explorador es como hacerle una pregunta al punto: ¿existís?Y especialmente: ¿cómo estás?, ¿activo, indiferente, pasivo?

La maniobra es fácil cuando se conoce la ubicación de un punto, pero en el caso de mi amiga la planta todo era desconocido,  y aun hoy no conozco mapas de meridianos y puntos en los vegetales. También pensé que, como suele ocurrir en las enfermedades humanas, era factible que aparecieran puntos espontáneos adonde habitualmente no los hay, como pedidos de socorro del organismo que necesita desesperadamente ayuda para salir de la emergencia.

Otro asunto problemático era adónde investigar, porque haciendo acupuntura uno aprende rápido que dos o tres milímetros de distancia pueden constituir un mundo de diferencia. Pensando, imaginando y tal vez recibiendo instrucciones o sugerencias subliminales de la planta, resolví explorar su tronco, desde las raíces hasta el lugar donde salen las ramas. Y hacerlo en un trayecto longitudinal, siguiendo el recorrido de los hipotéticos meridianos.

Después de pasar el explorador tres veces sin éxito, en el cuarto intento ¡el aparato emitió el mágico zumbido, allí había un punto de acupuntura! ¡La planta me avisaba que podía utilizar ese punto con probabilidad de éxito!

Marqué el punto y seguí investigando, ya más confiado, para encontrar que eran varios los puntos activos y que estaban en línea como corresponde a verdaderos meridianos. Entonces, con todos los puntos marcados, elegí tres de ellos tratando que fueran equidistantes pero ya con criterio transversal, con idea de diámetro, y les puse agujas intentando que quedaran firmes pero no demasiado profundas. Fue una decisión intuitiva y acertada, pero recién hace pocos días me enteré del porqué: mi primo Sergio (cuya profesión es la de ingeniero forestal) me explicó que las líneas de crecimiento en las plantas son longitudinales (¡los meridianos!) y están ubicadas en la periferia pasando la corteza (donde puse las agujas).

El asunto es que a la semana la planta comenzó a revivir, y a los quince días se encontraba fuera de peligro. Hubo una sonrisa cómplice entre ambos y luego repetí varias veces el experimento en otros ejemplares enfermos o tristes, casi siempre con éxito. Después me olvidé del tema durante varios años debido a que tuve que ocuparme demasiado de los humanos, lo cual fue una decisión inteligente pero incompleta.

Y entonces, aparece el parque

Ahora la escena se traslada a comienzos de 1998, cuando nos instalamos en Tortuguitas. Acababa de comprar una casa en el barrio de Yei-Porá, que en guaraní significa Lugar Hermoso sin inútiles comentarios. En realidad se trata de un bellísimo parque que contiene una mediocre casa en su interior y enseña que podrá adquirirse una porción de tierra y algunos ladrillos, pero nunca un parque. En el mejor de los casos uno es admitido o adoptado por el parque, pero nada de hacerse el dueño. Ésta es una idea absurda cuando se convive con una buena cantidad de árboles durante cinco años a lo largo de las cuatro estaciones. Allí se aprende que los verdaderos propietarios de la tierra son ellos y nosotros los inquilinos, junto con una cantidad de pájaros y variedad de pequeños animalitos que gozan de la misma hospitalidad.

En ese lugar fantástico imaginado y diseñado por un amante de la botánica, conviven sin lastimarse tres variedades de roble, araucaria, alcanforero, pino llovido, abeto, eucalipto, tilos, olmo, magnolia, catalpa, acer, moreras, árbol de navidad, un flamante palo borracho y otros más que espero no se sientan ofendidos si omito su nombre. Pero cuando llegamos había varios de ellos en mal estado y faltaba mucho en los bordes contra los alambrados, que tampoco estaban completos. Llamamos a dos jardineros expertos que dieron su veredicto: “hay varios árboles que necesitan tratamiento urgente, y en algunos casos hasta es necesario llegar a las raíces y curarlas, porque de otra manera los van a perder”. Se ve que la idea no nos convenció o nos pareció cara, porque recién ahora vuelvo a recordar a esos dos jardineros.

Como en todo hospital que se precie, siempre hay candidatos para terapia intensiva, y aquí había algunos que no ocultaban sus males: eran los tres olmos, que realmente daban pena. Tenían las hojas llenas de agujeros, como picadas por viruela y mostraban un verde desteñido tipo anemia sin remedio. El jardinero de planta, Oscar, decía que en todos lados era igual con los olmos, que había una famosa “plaga del olmo” que no perdonaba en ningún lugar (después nos enteramos que el asunto era planetario, en todo el mundo ocurre lo mismo). Visto el tema desde la orgonomía reichiana, es dudoso que se trate de “una plaga”. Si el problema es mundial, más bien indica un proceso degenerativo de la especie: es probable que al olmo se le haya acabado su tiempo, simplemente.

No había dudas que el asunto era serio y había que hacer algo, de manera que para empezar con la terapia de parque elegí uno de los olmos, el que está enfrente de la casa. Y también agregué uno de los dos tilos (con algunas ramas que producían hojas en mal estado), la magnolia (aprisionada por una gran encina) y el eucalipto que tenía dos buenas ramas pero su tronco en pésimo estado.

Entonces repetí la metodología utilizada con la planta mexicana: busqué puntos activos con el mismo aparato…¡y también los encontré! La única diferencia es que tuve que buscar entre las grietas de la gruesa corteza de los árboles, elegir los puntos y luego usar gruesos clavos en lugar de las delgadas agujas de acupuntura. Era el 13 de febrero del 98.

De manera arbitraria, aunque intuitiva con ganas, elegí explorar en la zona del tronco del olmo correspondiente a su tercio superior. O sea: a un tercio del nacimiento de sus ramas, lo cual equivalía a una distancia de metro y medio desde el nacimiento del tronco. Entonces aparecieron cinco puntos muy activos en los siguientes lugares:

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En cambio en el tronco del tilo elegido, aparecieron siete puntos con la siguiente disposición:

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En total utilicé siete puntos en el tilo, cinco en el olmo, cuatro en el eucalipto y tres en la magnolia. Para estas épocas, hacía años que estaba trabajando con acumuladores de energía orgón adaptados a los puntos de acupuntura, de manera que para reforzar el efecto los agregué al extremo de algunos clavos de todos los árboles tratados.

A los cuatro meses, en el invierno, pusimos mucha planta en los límites del terreno: hiedras disciplinadas y no, jazmines amarillos y jazmines chinos. Y alrededor del incipiente tallo de cada planta, un acumulador de orgón fabricado con envases tetrabrik y cubierto con una capa de cinta aisladora, ya que cada envase implica una capa completa del acumulador: metal (aluminio) y no-metal (cartón y cinta aisladora).

Después nos dedicamos a vivir , y al tiempo, también a observar qué pasaba con el tratamiento. Habíamos empezado a aprender que los tiempos de crecimiento y respuesta terapéutica en árboles y plantas no se llevan bien con el vértigo de la existencia humana. En las plantas pequeñas, por ejemplo, puede notarse algún cambio en los primeros quince a treinta días, pero en los árboles hay que munirse de paciencia y esperar con calma (la misma que tienen ellos) uno o dos años para advertir diferencias significativas.

Recién al año de comenzado el experimento pudimos enterarnos que las hiedras y jazmines estaban creciendo muy bien, con excelente salud para las condiciones de luz, que en los confines del terreno no es mucha. Pero lo que impresionó mucho al jardinero fue la evolución del olmo, que había mejorado mucho respecto de otros olmos de distintos parques. Reproduzco lo que escribí a los quince meses de colocar clavos y pequeños acumuladores en los árboles:

 Evaluación de mayo del 99

  1. Olmo.Mejoría espectacular. La copa ha aumentado mucho su follaje, las hojas están menos picadas y el otoño todavía no empezó para este olmo. También mejoró un olmo no tratado, detrás de la casa. Uno o dos clavos se aflojaron solos.
  2. Tilo 1.  Tal vez haya aumentado levemente el tamaño del follaje y de las hojas, pero no estoy seguro.
  3. Magnolia.No se registran cambios.
  4. Eucalipto.No se notan diferencias en el ramaje, que estaba bien. Pero el tronco parece menos podrido (motivo del tratamiento) y ha sido muy fácil limpiarlo sacándole la corteza residual.

Acerca de la mejoría del olmo no tratadodirectamente, es bueno aclarar que tales cosas ocurren cuando se trabaja con energía y hasta con el comportamiento animal, como demuestran los trabajos sobre causación formativa de Rupert Sheldrake (pueden consultarse en “Una nueva ciencia de la vida”, editorial Kairós), donde un lote de ratas en Tokio aprende algo nuevo que inmediatamente es incorporado como conocimiento (sin aprendizaje) por otro lote de ratas similar…¡ubicado en Londres!

La magnolia no podía mejorar porque se encuentra asfixiada por la gran encina, aunque en los últimos años comenzó a crecer con más vigor hacia el área libre del parque. El eucalipto mantuvo su mejoría hasta la actualidad. Pero hubo cambios importantes con el olmo y el tilo, tanto en su evolución como en el tratamiento.

Cambios importantes en el olmo y el tilo

No todo siguió tan maravilloso: un año y medio después de la esplendorosa evaluación, a fines del 99, elolmose pegó un retroceso angustiante: las hojas comenzaron a picarse aceleradamente y también a caerse…¡al comienzo del verano!, al tiempo que el follaje empequeñecía a tamaños de comienzo. ¿Qué hacer? ¿Volver a buscar puntos y clavar agujas a diferentes alturas?  ¿Usar más acumuladores pequeños adosados a los clavos y reforzarlos? ¿Resignarse y usar una sierra para ignorar visualmente el fracaso?

Fue necesario replantear el problema en términos similares a lo que ocurre en los tratamientos de seres humanos: si no hay posibilidad cierta de equilibrar la energía para que ésta aumente “espontáneamente” una vez equilibrada, entonces es necesario aumentar la carga directamente utilizando acumuladores de energía orgón.

Me incliné por seguir este camino y comencé a diseñar un acumulador de mayor potencia que los tetrabrik, con una lámina de acero inoxidable recubierta por cartón (autoadhesivo para mesadas de cocina) y vuelta a cubrir con cinta plástica gruesa. La plancha era de unos treinta centímetros de ancho y rodeaba enteramente el tronco (que había descortezado para que el efecto fuera más notorio), inmediatamente por debajo del lugar donde estaban ubicados los clavos, que volví a ubicar en los mismos lugares.

La primavera siguiente (la del dos mil) volvió a mostrar una gran recuperación del olmo, que fue mejorando año a año tanto en la calidad de las hojas como en lo denso del follaje: ahora se pican pocas hojas y en menor medida, además de comenzar a caerse en una especie de otoño tardío. Tres años después (noviembre del dos mil tres) el árbol está muy sano y exuberante, tanto ¡que le han salido una cantidad de pequeñas ramas con hojas de gran calidad pigmentaria por debajo del acumulador!

Con el tilo la historia fue algo parecida aunque con retardo de dos años. Al principio mejoró con los clavos, pero luego tuvo un retroceso expresado en la calidad de las hojas y en la escasa floración de los últimos años. Y esto sí que es grave para todos: perderse la fantástica floración del tilo es como resignarse a una alegría menos. De manera que, desde hace algo más de un año, tiene ubicado un acumulador de acero inoxidable igual que el del olmo. Y a esta altura de la primavera, cuando las hojas han brotado, puede decirse que han mejorado respecto de hace uno o dos años. Pero aquí estoy, esperando el inconfundible aroma de sus flores…

El tilo, el olmo, la magnolia y el eucalipto no fueron los únicos árboles que fueron tratados con clavos luego de ser investigados con el buscador de puntos. El 2 de mayo del 99 hubo una ofensiva con varios ejemplares, entre ellos una morera y la bignonia oro, que anda colgada del roble de los pantanos y produce unas hermosas flores anaranjadas. Ambos mejoraron, al igual que otro que engendraba hojas de apariencia “oxidada” y cuyo nombre ignoro.

Experimentos con semillas y distintos tratamientos

Una línea de investigación en orgonomía ha consistido en trabajar con semillas “cargadas”. O sea: semillas sembradas dentro de un acumulador de orgón, y cuyo desarrollo es comparado con el de semillas testigo. Como la orgonomía es una ciencia en crecimiento (igual que las semillas del experimento) y poco conocida, no son muchos los que intentaron este tipo de experiencia, pero siempre funcionó. Ustedes mismos pueden verificarlo, fabricando un acumulador de orgón con las especificaciones que figuran en el primer artículo de la sección Investigaciones de la página web (http://www.acupuntura-orgon.com.ar/investigaciones).

Como información de apoyo para realizar esta observación, reproduzco textualmente el resumen de un experimento llevado a cabo por el Dr. Manuel Redón Blanch, médico orgonomista, durante algunos días de junio del 92 en Valencia, España. (En caso de intentar la experiencia que sigue, es necesario construir un acumulador con las dimensiones adecuadas)

Resumen de la primera experiencia con semillas de soja en acumulador de orgón

1. Tratamiento  

  • Diez días de duración. Del 26/6/92 al 6/7/92
  • Colocar dos semilleros, con unas 200 semillas en cada uno, dentro del acumulador y dentro de una caja de cartón, respectivamente. Ambos grupos de semillas tienen el mismo peso en seco.
  • Mantener cerrados ambos, caja y acumulador, durante 8 días. Abrir solamente durante los minutos del riego. Desde el octavo hasta el décimo día, la caja y el acumulador permanecen abiertos.
  • Los tres primeros días permanecen las semillas encharcadas. A partir del cuarto día, reciben un riego diario.
  • La experiencia se realiza en una terraza al aire libre.

2. Observaciones realizadas

  • Semillas: después del riego, las semillas del acumulador aparecen más secas que las de la caja de cartón, antes de germinar.
  • Raíz: mayor desarrollo en las semillas germinadas en el acumulador que en las de la caja de cartón, en cuanto a número y en cuanto a longitud.
  • Tallo: los tallos de soja del acumulador aparecen notablemente más tiesos y esbeltos que los de la caja de cartón.
  • Longitud en la caja de cartón, día 10:  a) sin germinar, o con apenas un cm: 71 semillas; b) entre 4 y 7 cms: 103 semillas; c) entre 7 y 10.5 cms: 26 semillas.
  • Longitud en el acumulador, día 10:  a) sin germinar, o con apenas un cm: 17 semillas; b) entre 4 y 7 cms: 100 semillas; c) entre 7 y 10.5 cms: 71 semillas; d) entre 10.5 y 12.5 cms: 12 semillas,
  • Agua: en los depósitos de ambos semilleros el agua está coloreada ligeramente, pero la del acumulador aparece más clara y transparente y la de la caja de cartón más turbia.

Valencia, 19 de julio de 1992

Tratamientos

Respecto de las plantas que se ponen “tristes”, es posible tratarlas aún sin disponer de un aparato para medirlas. Y hay dos posibilidades inmediatas, entre otras:

  • Envolver el comienzo del tallo en un simple acumulador de orgón fabricado con un envase tetrabrik de los que se usan para conservar leche o jugos. En este caso la técnica consiste en abrir el envase (queda un rectángulo) y dejarlo secar. Luego se rodea el tallo con el envase dando varias vueltas, aunque cuidando que la capa en contacto con el tallo sea la de aluminio. Y después hay que envolverlo todo con cinta aisladora como la que se utiliza en electricidad. En “contacto” no significa que debe estar a presión sobre el tallo, hay que dejar un espacio para que circule el aire. Según sea la dimensión de la planta a tratar puede utilizarse todo el ancho del rectángulo (16 cms.) o una parte. Es suficiente con cubrir el 20 o 30% de la longitud del tronco y regar normalmente a la planta.

La segunda opción es usar agujas de coser, alfileres o pequeños clavos. Y clavarlos en tres lugares equidistantes entre sí, entre la raíz y el comienzo de las ramas. Si éstas comienzan muy altas, es mejor clavar cerca de la raíz. No hay una profundidad igual para todas las plantas, ya que todas tienen tallos de distinto diámetro. Pero es necesario recordar que no hay que llegar hasta el centro del tallo, sino a menos de la mitad del camino. En el corte transversal, quedarían ubicados así:

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La doble flecha señala la altura a la cual pueden ir las agujas o alfileres, y también hasta dónde puede llegar el acumulador hecho con tetrabrik o similar.

En cualquiera de los dos casos (acumulador o agujas/alfileres/clavos), hay que dejarlos de manera permanente. Según la dimensión y estado de la planta comienzan a notarse cambios a los quince o treinta días. No me parece importante la estación del año en la que comienza el tratamiento, pero sí saber que la velocidad de respuesta tendrá que ver con el ciclo estacional de cada planta en particular.

Si la idea es tratar árboles, entonces la metodología cambia un poco.

Como en el caso de las plantas, aparecen dos opciones, y puede intentárselas sin usar aparatos de medición.

Ubicar tres clavos con el mismo criterio que en las plantas, de manera que sean equidistantes, a unos 120 grados uno del otro y en los dos tercios superiores entre el comienzo del tronco y el nacimiento de las ramas.

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La línea con doble flecha está ubicada a la altura del árbol adonde conviene ubicar los clavos, con la misma salvedad que en el caso de las plantas. O sea: bien clavados, pero no demasiado profundos. Es bueno dejarlos un año, y si no hay signos de reactivación, pasar a la segunda opción. Aunque si el árbol está muy deteriorado, conviene utilizar los dos métodos simultáneamente.

Conseguir una plancha de acero inoxidable de largo suficiente para rodear el tronco con un poco de exceso y de unos treinta centímetros de ancho. Si ya tiene cartón adosado para despegar y adherir, entonces dejar el cartón y clavar la lámina de acero en el árbol con clavos pequeños, con la capa de acero en contacto con el árbol. Si no tiene cartón hay que agregárselo, o bien poner una capa de polietileno del mismo o parecido grosor que la lámina de acero. Pero antes hay que raspar la capa superficial de la corteza, para que la energía orgón tenga menos resistencia en su camino. A continuación es necesario envolver la estructura ya clavada con una gruesa capa de cinta plástica que venga con buen pegamento. De manera que las tres capas deberían quedar así: el acero en contacto con el árbol, luego el cartón o polietileno y por último la capa de plástico. Los clavos quedan como estaban o se cambian, si es necesario.

Y munirse de la paciencia necesaria para dejar que el tiempo haga lo suyo, ya que recién a los dos años puede evaluarse el resultado del tratamiento.

Proporción áurea y alguna que otra plantita

Estaba buscando materiales para este artículo cuando resolvió aparecer una nota que tenía guardada acerca de la posible relación entre la ubicación de los puntos de acupuntura y la proporción áurea.

Según el Dr. Manneti, colega que practica acupuntura: “La ubicación de los puntos chinos de acción energética específica responde a la ley geométrica y aritmética conocida desde la antigüedad clásica como sección áurea, según Leonardo Da Vinci,  y cuyo valor numérico es 1,618… Conforme a Malba Tahan, existe una forma matemática de la belleza: dado un segmento AB, podremos dividirlo en dos partes iguales o en dos partes desiguales. Entre las diferentes maneras de ésta última existe una, y sola una estéticamente satisfactoria, denominada división áurea. Dicha fórmula está regida por el Número de Oro (1,618)…La partición asimétrica armónica de un cuerpo reconoce solo un valor tal que permite relacionar entre sí los valores de los segmentos obtenidos, de modo que sin importar el valor particular de cada uno de ellos, el resultado final será siempre 1,618...”

Pues bien, sin conocer este interesante aporte de Manneti (que ilustra su hipótesis con mapas de puntos y sus armónicas relaciones entre sí), es evidente que la elección del tercio superior del tallo o tronco para ubicar agujas o clavos responde intuitivamente a este principio de armonía, tal vez porque lo que es cierto también es bello y resulta bueno.

Una posibilidad a investigar es la utilización de “agua orgónica” para el riego. Si se dispone del acumulador de orgón, basta con poner un vaso o un frasco con agua en su interior y dejarlo en carga durante una o dos horas. Después podrá utilizarse el agua en una maceta. Este procedimiento es muy reciente y requiere ser investigado para demostrar su posible eficacia, pero también sus riesgos, ya que un exceso de carga puede “quemar” la planta y hasta la tierra donde mora.

Podrá verse que hay un fantástico campo de acción para trabajar sobre las plantas desde la medicina energética. Así me lo dice y recuerda mi paciente Fabián, que es jardinero y utiliza con éxito los acumuladores hechos con tetrabrik para mejorar la salud de alguna planta o incrementar su desarrollo.

Pero también mi padre, que miraba con tristeza el deterioro de una de las plantas que lo acompañan a mirar televisión o recordar las cosas de su vida, que ha sido hermosa y fructífera. Un día que estábamos hablando en su casa, me mostró la planta y me contó con tanta congoja lo que estaba ocurriéndole que decidí pasar la acción y utilizar la técnica de poner tres agujas.
A las dos semanas me contó con alegría no disimulada, que la planta estaba reviviendo y mostraba brotes nuevos. Ahora han pasado dos o tres meses y la planta sigue creciendo como si recién empezara y él se lo cuenta y la muestra a todo el mundo. Y me lo agradece y yo a él, que siempre ha sido generoso con mis posibilidades y me ha apoyado en todos mis proyectos. De manera que me hace doblemente feliz el éxito de la acupuntura y la orgonomía en esa plantita, tan chiquita y tan importante.

Buenos Aires, noviembre del dos mil tres

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Brotes nuevos y sanos en el olmo, que crecieron así:

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Febrero del 2005, todavía estaba el acumulador: la banda que puede notarse en el tronco del olmo

Carlos Inza


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Crianza en crisis: una oportunidad de cambio

Ecología

Hace dos generaciones atrás, los padres de nuestros padres, no tenían demasiadas dudas de cómo educar a sus hijos. No se cuestionaban los parámetros que eran reproducidos idénticamente, generación tras generación, que a su vez compartían con sus padres y abuelos, así como con el resto de la sociedad.

La forma de criar estaba completamente naturalizada y regulada desde el “saber popular” y la cultura de la época, y a nadie se le ocurría cuestionarla  ni criticarla, estaban convencidos que era lo mejor para sus hijos, incluso que había sido lo mejor para ellos.

Sin embargo la semilla de la razón  sembrada en épocas de la ilustración, con la famosa frase de René Descartes; “Pienso, luego existo”, que en su época culmina con el derrocamiento de la hegemonía monárquica, también comienza a socavar la estructura patriarcal autoritaria en nuestras propias culturas actuales. El iluminismo que impulsa la revolución francesa que termina destronando a Luis XVI también tocará al sistema familiar y a su trono, generación tras generación.

Paulatinamente la ley inamovible del dictamen paterno comienza a ser cuestionada, no solo desde la voz de los niños, niñas y adolescentes, sino también y fundamentalmente por las mujeres, que fueron empoderándose paulatinamente a lo largo de los últimos dos siglos.

Este corrimiento se ve fortalecido con el progreso del modernismo, que va desacreditando los axiomas culturales tradicionales, desde el surgimiento de la joven ciencia que comienza a ganar terreno desde el humanismo, el ecologismo, el psicoanálisis y las nuevas ciencias sociales humanas emergentes.

Dicho movimiento contra sistémico en pro de los derechos humanos, ensalzado con los principios de la ilustración; la razón, la igualdad y la libertad, desemboca en movimientos alternativos contestatarios, como el feminismo, el anarquismo, el movimiento hippie y destape sexual de los 60, entre otros. Y en medio de esta revolución cultural y social, se trastocan todos los roles establecidos desde su función, en relación a la crianza, que ocupaban desde antaño; la madre, el padre, los abuelos, los maestros y el resto de la sociedad. ¡Se patea el tablero! Todos son movidos de sus lugares y las reglas del juego comienzan a transformarse.

Este fenómeno social es aprovechado por la creciente industria laboral, coincidiendo también con su momento de expansión económica mundial, integrando a la mujer a la suma de mano de obra. La mujer finalmente siente que se libera del yugo de ser ubicada en la función de procrear y educar a sus hij@s y comienza a vislumbrar un nuevo sentido existencial. Los hombres pierden su lugar hegemónico y quedan perdidos en sus funciones familiares. Ya no se les ubica como el que establece los límites y la autoridad ni como el que sustenta desde lo económico.

Este nuevo escenario, de cambio, de crisis, derrumba el equilibrio de los viejos parámetros, y como en toda transición, se viven tiempos de gran inestabilidad y caos.

Seguramente que los que nacimos y crecimos en estos tiempos, hemos vivido, en mayor o menor medida esa desfiguración de roles y funciones en nuestras crianzas. Desde entonces, la forma de criar ha ido evolucionando y profundizando su crisis. Trasladándose la crisis del sistema familiar, también al cuestionamiento del sistema educativo y de los valores culturales que sostienen la sociedad.

Por otro lado, si bien estos avances son ciertos, estamos hablando de una generalización, que varía muchísimo según las diferentes culturas e idiosincrasias. Incluso dentro de la misma población existen diferencias radicales. Por éstos lugares del cono sur, en nuestras idiosincrasias latinoamericanas, existe aún una fuerte resistencia al cambio, y lo que hablábamos de relaciones patriarcales autoritarias, siguen funcionando en muchos de nuestros hogares y defendiéndose a capa y espada. Son estructuras de poder, patrones de relación que vienen funcionando desde hace miles de años, y que a su vez son la base del sistema en general. No fuimos educados para convivir desde la libertad, la tolerancia, el apoyo mutuo, la solidaridad y donde el amor y el placer fueran los motores de nuestras vidas. Más bien la lógica desde la que fuimos educados es desde la competencia y el individualismo, y donde lo que condujo nuestras vidas fueron la desconfianza, la culpa y el miedo.

Por suerte la masa crítica de familias que apuestan por una crianza alternativa, comienzan a volcar la opinión pública cada vez más a favor de una forma diferente a la crianza tradicional.

Estas primeras experiencias comienzan a ser orientadas y motivadas más desde lo que “no quieren” hacer o repetir de sus propias experiencias de crianza que desde la certeza de cómo hacerlo. Las familias se lanzan valientemente en esta difícil aventura de criar de una forma diferente a sus hij@s, descubriendo sobre la marcha las dificultades con los que se van encontrando y con la frustración por resultados que no coinciden con las expectativas.

Este fenómeno, vivido a la luz de la nueva era de la información cibernética y las redes sociales, lo hace mover a una velocidad vertiginosa y globalizadora. Generando cambios a gran escala, accediendo rápidamente a respuestas e información disponible en la red. Generándose un nuevo fenómeno  que coloca a éstas familias como un prominente mercado. La demanda no tarda en generar una oferta que empieza a crecer en forma exponencial, saturando rápidamente los medios online; servicios de asesorías, blogs, grupos de crianza, y cientos de profesionales y afines que repentinamente se convierten en especialistas y expertos en la materia. Todo esto favorecido desde la nueva lógica del sistema de lo “light” y lo “fast”; demanda de soluciones automáticas, respuestas instantáneas, rápidas y superficiales. Así surgen nuev@s “gurus” con espléndidos manuales mágicos que cuentan con todas las respuestas a todas las preguntas. En el terreno de la psicología, un fenómeno parecido sucedió hace unas décadas atrás, con la proliferación de famosos autores y libros de “autoayuda”, alcanzando una gran popularidad. Con los años y la experiencia comenzamos a percatarnos de que éstas rápidas y fáciles soluciones, no eran ni tan mágicas ni tan reales.

El fenómeno mediático nos hace pensar también que el tema de la crianza de pronto estalló y surgió de la nada, y que a nadie se le había ocurrido antes pensar en ello. Lo cierto es que la comunidad científica internacional viene trabajando arduamente desde hace prácticamente un siglo en pro de nuestra sociedad, elaborando hipótesis, teorías, investigaciones, y experiencias concretas específicamente sobre el tema de la “crianza”. Autores históricos como Donald Winnicott, Wilhelm Reich, Melanie Klein, Ashley Montagu, Harry Harlow, Mary Ainsworth, John Bowlby, René Spitz, entre otros tantos, sumados a muchísimos investigadores actuales desde múltiples campos, como la psicología, la sociología, la biología y las neurociencias con relevantes autores como Antonio Damasio, Richie Davison, Joseph LeDoux, Rodolfo Llinas. Actualmente contamos con muchísimas investigaciones serias que argumentan con evidencias aplastantes las razones por las cuales se hace urgente una revisión de nuestras pautas de crianza tradicionales, pero por variadas razones, esta información parece no llegar al público general, ni siquiera a los ámbitos académicos, donde se forman nuestros profesionales de la salud. Y aún más difícil es que éste saber llegue a movilizar los engranajes políticos, y por ende que se refleje de una forma coherente en los ámbitos legales, por ejemplo en las extensiones de licencias para la madre fundamentalmente y también para el padre. Estos engranajes, académicos y políticos, como sabemos, llevan mucho tiempo, aún en el mejor escenario de que exista voluntad y conciencia. En éste sentido las nuevas herramientas mediáticas sí tienen un potencial sumamente positivo a la hora de informar, sensibilizar y concientizar en líneas generales a las masas sociales, y de esta forma acelerar un proceso que por otras vías sería mucho más lento.

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Esta gran crisis que está atravesando la familia actual y sus modelos de crianza necesita del apoyo de profesionales altamente capacitados y formados en la materia interdisciplinarmente y de la conformación de equipos multidisciplinarios para abordar esta compleja temática, capaces de responder y acompañar estos difíciles tiempos de transición. Reconstruir los parámetros perdidos y orientarnos hacia una nueva forma de criar es un desafío que debemos afrontar entre todos y todas. Asumiendo la participación, el compromiso y la responsabilidad de informarnos en profundidad, de buscar ayuda profesional si está al alcance, de establecer alianzas entre familias que compartan y potencien estos procesos esenciales para la vida y el futuro de nuestra sociedad.

Como toda crisis, nos brinda una magnífica oportunidad para cambiar y transformarnos. Desde una postura proactiva, constructiva, creativa y esperanzadora. Confiando en que la vida logrará abrirse camino hacia una sociedad que nos permita crecer en alegría, salud y libertad.

Álvaro Fernandez Luzardo

Psicólogo, psicoterapeuta caracteroanalítico,

Especialista en prevención primaria e intervención ecológica de sistemas humanos.


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Alimentándose de palabras con sentido

Otras Yerbas

Hoy no hay recetas ni sanos consejos, pero sí tres citas monumentales. Las primeras dos se refieren a la evolución de la vida y algunos conocimientos que se transforman en una especie de “baño de verdad” y conjura contra la ignorancia malintencionada. Hay que hacerse cargo: la vida en este planeta tiene venerables 3900 millones de años y la inauguraron y la crearon y recrearon… ¡las bacterias! Nosotros somos recién llegados a la fiesta de la vida, apenas 3 o 4 millones de años. Pero inventamos una “creación” inexistente para creernos los reyes. Y, sin embargo, seguimos dependiendo de las bacterias para funciones esenciales como producir energía celular.La tercera cita empieza a des-brutizarnos un poco acerca de las características verdaderas de muchas de las culturas paleolíticas y neolíticas: resulta que eran verdaderas celebraciones de la vida. Y por lo tanto, estaban a años de luz de evolución delante de nosotros y la espantosa “organización” social y cultural que nos ha tocado “en suerte”: el patriarcado, vigente en los últimos 7 a 10 mil años y gran protagonista de la infelicidad y la devastación de la vida.

Carlos Inza

La sinergia evolutiva

Hace aproximadamente 3900 millones de años apareció la vida en la Tierra en forma de bacterias. La célula eucariótica (con núcleo) surgió de la simbiosis de una célula sin núcleo y de una bacteria. Esta simbiosis resultó ser eficacísima. Las células eucarióticas abrieronnuevos caminos de formas de vida y constituyeron entes orgánicos pluricelulares, que son la simbiosis de muchísimos tipos de células eucarióticas diferentes, con diferentes cualidades y capacidades, que a su vez se unen formando diferentes tipos de tejidos para realizar distintas funciones. Así vamos viendo este principio de la vida que es la sinergia producida por la asociación cooperativa (el todo es mucho más que la suma de sus partes). Los animales aparecieron hace 600 millones de años, es decir, 3300 millones de años después de la primera forma de vida. Después aparecieron las plantas (hace 500 millones de años), cuando una bacteria con capacidad fotosintética (de transformarla energía solar en materia viva) penetró en una célula, no para ser digerida por ésta, sino para asociarse con ella y vivir en simbiosis, convirtiéndose en un plastidio (cloroplastos, etc.). De nuevo la simbiosis sinérgica abrió el camino de la conservación de la atmósfera adecuada. Luego aparecieron los hongos, la carne de la tierra. Luego aparecieron los mamíferos (hace 100 millones de años), y hace 3 o 4 millones la especie humana.

Las bacterias son la vida

Una respuesta legítima a la cuestión “¿Qué es la vida?”, es: “bacterias”. Cualquier organismo, o es en sí mismo una bacteria, o desciende por una u otra vía de una bacteria o, más probablemente, es un consorcio de varias clases de bacterias. Ellas fueron los primeros pobladores del planeta y nunca han renunciado a su dominio. Quizá sean las formas de vida más pequeñas, pero han dado pasos de gigante en la evolución. Las bacterias han inventado incluso la pluricelularidad. Contra la creencia popular, en la naturaleza las bacterias son en su mayoría seres vivos pluricelulares. Algunos linajes bacterianos evolucionaron y dieron lugar a muchas clases diferentes de organismos, incluidos nosotros. Dentro de nuestras células, existen estructuras –las mitocondrias- que en otro tiempo fueron bacterias y que usan el oxígeno para generar energía. Las cianobacterias fotosintéticas y sus descendientes (las plantas), por su parte, extraen dióxido de carbono de la atmósfera, utilizan el carbono para sus cuerpos y eliminan oxígeno como desecho, del cual sólo una pequeña parte es usado por las mitocondrias que cohabitan con lo que en otro tiempo fueron bacterias fotosintéticas en todas las células vegetales.

Ambos párrafos son de MARGULIS, L. Y SAGAN, D., “¿Qué es la vida?”, Tusquets, Barcelona, 1996.

Para pensar en otro mundo, para desear otra forma de vivir

No sólo tenemos las pruebas materiales arqueológicas y algo de imaginación para pensar en otro mundo. Tenemos a la criatura gaiática en estado de inocencia dentro de nosotr@s, la que existía antes del proceso de edipización que ha manipulado nuestros anhelos de bienestar y de amor. Somos, a pesar de todo, seres deseantes, que deseamos profundamente amar y ser amados, y que además nos gustaría ser sólo eso. Quitarnos las corazas y las armaduras, dejar las armas de combate, dejarnos llevar por el deseo, ofrecernos y recibir sin medida ni cálculo; abolir el dinero; abolir la propiedad, vivir en reciprocidad y armonía. Desde ese estado emocional, desde esa criatura que en el fondo somos, miremos la sociedad neolítica para averiguar la verdad y recuperar el aliento.

CASILDA RODRIGAÑEZ BUSTOS, “El asalto al Hades”, La rebelión de Edipo, 1ª parte, Casilda Rodrigañez Bustos, 4ª edición, 2010.


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El parto en la trampa

Prevención y Profilaxis

Este texto parte de experiencias, comentarios, ideas y la unión de algunos cables sueltos que siempre están en mi cabeza.

Es un texto que va en la dirección, en el espíritu de la titánica tarea de cambiar el mundo, es decir cuán grandes son sus pretensiones. Pero a la vez la conciencia de ser un grano de arena es lo que me permite ser austera, ya que sé que no es tarea para mí solamente, ni tampoco para una única generación. Otros la comenzaron y la tarea continuará más allá de nosotros.

Quisiera hablar de la trampa en la que tantas veces veo caer a mujeres que quieren parir, conectarse con su bebé, proteger a su cría.

Cuando nos quedamos embarazadas nos abrimos a un mundo nuevo lleno de deseos y felicidades, pero también de miedo a la responsabilidad y de sensación de vulnerabilidad, entre otras cosas. Con más o menos conciencia transitamos el embarazo y a veces podemos llegar a desear un parto natural: y esto así porque tengo conexión con lo que significará para mi bebé y para la especie que yo pueda realizar el mejor parto diseñado por la naturaleza, y porque queremos sentir y permitir que ocurran las transformaciones necesarias para la llegada de otra vida.

En ese juego de si puedo parir o no cuentan muchas variables, que se abrirán con la manifestación de nuestras particularidades y hasta contradicciones: mi deseo, mi cuerpo, mis relaciones personales, cuanto apoyo tengo, mis miedos y mi historia, etc. Podemos entonces en cierto grado flexibilizar, ayudar a tomar conciencia y apoyar la idea de que sí, que es posible parir y en muchas más ocasiones de las que habitualmente suele ocurrir.

Por otro lado tenemos “el dónde” y el “quién” puede acompañarnos. Y aquí voy a considerar el lugar donde más partos ocurren: la maternidad. Sea ella privada o pública, cada una con sus características que intervienen para dejarnos sus marcas. Esa es la otra cara de la moneda y donde muchas veces está tendida la trampa donde terminan cayendo muchas mujeres y familias. La trampa que roba a las mujeres el protagonismo de su parto, desacreditándolas, infantilizándolas, asustándolas y desamparándolas, pudiendo adoptar formas muy variadas de falta de respeto y deshumanización en la atención al parto y nacimiento.

Por eso es de suma importancia sensibilizar al personal de los hospitales, porque un parto no solamente es bueno o malo si hay o no muerte de por medio. Cuando yo era chica (vengo de Brasil) con frecuencia escuchaba el dicho popular “lo que no mata engorda” (dicho sea de paso, está muy bien pensado cuando la sobrevivencia está en juego y tantos mueren literalmente de hambre), pero es evidente que no podemos pensar que lo único grave que puede pasar en el parto es la muerte. Por supuesto la muerte es irremediable, para el muerto y un hecho terrible para su entorno que todos buscamos evitar.

Un parto es bueno cuando la mujer es respetada y le es permitido desarrollar sus potencialidades en el parto; cuando son facilitadas las condiciones para que sea humana, mamífera y no un objeto en manos de un personal hospitalario desaprensivo. Entonces nos enfrentamos con que no solamente hay que preparar las mujeres para la reconexión con esa posibilidad, sino que hay que preparar los equipos de salud para que permitan vivir mejor y de forma más respetada las historias de nacimiento.

Por otra parte no es que ahora haya más violencia obstétrica que antes, es que ahora las mujeres están relatando más sus experiencias y están menos calladas y sumisas al sistema social sostenido por el patriarcado.

El sistema no tolera a una mujer madura, con potencia y que sabe lo que quiere, apenas acepta a la mujer sumisa que se adapte a las normas del sistema y que no piense y no dé trabajo. Pero una mujer por más empoderada que esté, no puede enfrentarse con un sistema médico que suele ser agresivo y abusivo, que representa el poder y que tiene en sus manos los aparatos del patriarcado, en suma: un sistema que es mucho más poderoso que una persona sola. He aquí la trampa de la que hablaba al principio.

Y cuando la mujer no es sumisa, sabe de sus derechos, tiene su plan de parto en manos, llega al hospital o clínica con el mismo o acompañada de una doula o pareja que pueden entrar a la sala de parto, sabe que es mejor elegir la posición de parir, que no le induzcan el parto, que no le hagan epsiotomía, que no le aceleren sus procesos naturales, aun así no es suficiente para asegurar que la van a respetar.

Una mujer que conoce sus derechos, que está conectada con las mejores posibilidades de un parto, no está exenta de asustarse, sentir dolor, llorar y hasta desesperarse. Pero no puede en el momento del parto ser parturienta, abogada, policía y médica de sí misma (o por lo menos no tendría que serlo). Hay muchas experiencias de mujeres que justamente por recordar y pedir que se respetaran sus derechos fueron más violentadas e incluso ridiculizadas en las instituciones públicas. Yo lo veo como una especie de revancha: “ah, vos que te creés saberlo todo y creés poder darnos indicaciones, ya te voy a mostrar quién manda”…

Y entonces se puede probar el gusto amargo de la jodida trampa de sentir que el conocimiento y la conciencia de sus derechos y de sus deseos ponen a la mujer como potencial víctima de un sistema abusivo, justamente por pedir y reclamar -y a veces hasta implorar- por sus derechos. Esta es un arma más del patriarcado para desacreditar la mayor fuerza que tenemos: la toma de conciencia.

Tomar conciencia de la cadena de violencia que funciona en los hospitales también es importante porque el mundo de fantasía a lo “Mary Poppins” no existe (y la palabra supercalifragilísticoespiralidoso no resuelve nada…). Una cadena de violencia que es el fruto obligado de relaciones laborales desiguales y de la lógica de una sociedad capitalista, competitiva y alienante. Se trata más bien de hablar de una selva, desnaturalizada y en que las fieras que pueden atacarnos son nada más y nada menos que otros seres humanos, que a su vez aparecen con sus propias historias de miedos, humillaciones, heridas, desinformación y desconexión con su propia naturaleza. Seres que no comprenden que sus actos dañan y dejan huellas profundas en los cuerpos y almas de mujeres, en los niños recién nacidos y al cabo en toda la familia involucrada.

Tomar consciencia de esto da la dimensión de lo difícil del cambio. De lo mucho que tenemos que trabajar. La conciencia ayuda a prevenir acerca de intervenciones innecesarias y conocimiento de la realidad de lo que ocurre en las instituciones oficiales de nacimiento.

Por supuesto hablo de violencia, y pareciera que este es el punto principal, sin embargo lo más importante es la vida, los nacimientos sanos y con la menor cantidad de intervención posible.

En el trabajo preventivo se busca conectar con la posibilidad de reconocer lo que la mujer quiere y necesita, y ayudarla a ver cómo puede hacer para tenerlo: se busca desarrollar habilidades que le permitan entrar en contacto consigo misma, con su bebé y con las personas que la acompañan en el parto. En el trabajo preventivo hay mucho de responsabilizarse por lo que uno busca para sí mismo. El foco está en lo sano y en potenciar ese camino, así bien como identificar dificultades y desarrollar estrategias para moverlas de su lugar. Por supuesto con conciencia de que la coraza que protegió a la mujer durante toda su historia puede jugar en contra. Así, tomar conciencia de la dureza de la coraza le permitirá saber cuánto tendrá que ser flexible, con la conciencia activa de quién es, cuáles son sus dificultades y potencialidades y en qué medio social está inserta.

Cuando hay una historia de violencia el trabajo es otro: se trata de sanar, acompañar, dar apoyo, salir del trauma, recuperar funciones. Se trata de resignificar la experiencia, pero sin sentir jamás que la culpa fue de la mujer. Nadie puede ser culpable por haber hecho una elección que terminó mal, porque esto es similar a decir que una mujer es víctima de violencia sexual porque usa minifalda. La violencia obstétrica existe y posiblemente existe, como muchas otras deformaciones de este mundo, por falta de conexión y contacto con la vida.

No puede ser que la única forma de escapar de una violencia explícita sea cambiar la forma del parto natural, optando casi siempre por una cesárea, por lo demás ya agendada por anticipado, luego innecesaria (o “innecesarea” como con acertada ironía vemos en campañas de humanización del parto). Porque es tal la brutalidad de una cesárea que, aunque la mujer no la perciba directamente es una violencia que llega al bebé, y en ese sentido se ejerce contra la especie. El problema entonces no es que un parto termine- cuando es imprescindible- en cesárea, sino que 60% a 80 % de los partos terminen en cesáreas.

Y existen las situaciones en que una mujer opte por una cesárea, cuando ella misma se la propone al equipo médico. Sin embargo esto también puede darse por múltiples razones. Una de ellas es la desconexión con los procesos naturales, otra es la conciencia previa de sus miedos y dificultades que le impedirán abrirse a un nacimiento natural. Asuntos que de por sí podrían trabajarse en una preparación para el parto tendiente a flexibilizar los pensamientos y sentimientos. De cualquier modo se trata de la limitación de una mujer específica que puede ser absolutamente entendible, aceptable y trabajada comprendiendo lo grandes que pueden ser los miedos y las corazas del ser humano.

Y cuando esa mujer no se prepara para el parto, los profesionales que la acompañan no le ayudan a flexibilizarse y a confiar en su cuerpo para bajar el miedo, pues el momento del parto no es el de hacerle tomar consciencia de lo que significa para su organismo y el de su bebé, una intervención quirúrgica fuera de los tiempos de los cuerpos y de las hormonas que son importantes para el período post parto. Sólo podemos acompañarla y respetarla en su decisión personal y compensar los efectos de esa forma de nacer, desde ya lo más importante es fortalecer el vínculo con ella y de ella con su bebé. Tampoco es sano que dejemos a la mujer con la culpa de no poder parir. Porque hasta el no poder parir no es sólo un fenómeno individual, también es un fenómeno social fruto de una sociedad asustada. Entonces todo el tiempo bordeamos el tema del nacimiento en un plano íntimo y en el público.

Así que sea cual sea la forma en que pudo nacer un bebé, la madre tiene que tener apoyo suficiente para poder conectarse con él y maternarlo. Las culpas las dejamos afuera; abramos las ventanas y dejemos que vuelen con el viento: NO SIRVEN ABSOLUTAMENTE PARA NADA. Y a mi modo de ver son funcionales al sistema patriarcal y capitalista que mantiene al ser humano aislado y miserable en su propio dolor, creyendo que todo le sucede porque él ha sido malo, incapaz, débil. Es de ésta forma que una mujer creerá que cuando algo sale mal en su parto la responsabilidad es suya, perdiendo de vista la estructura social profundamente malsana en la que ella está inserta. Muchas mujeres quedan con secuelas importantes de angustias y baja autoestima frutos de cómo terminó su parto. Por supuesto no dejo de considerar que el momento del parto es un momento de culminación de la historia de un embarazo y el principio de la vida extrauterina de un bebé y la mujer tendría que poder llegar en sus mejores condiciones y energías a la crianza de su hija o hijo. Y estar con un bebé en brazos con las secuelas de lo que quedó abierto violentamente en el parto sumada a las demandas de un bebé recién nacido puede ser muy estresante, angustiante y hasta colapsante para una madre. Cuanto más las mujeres tengan que aguantar creyendo que es su responsabilidad lo que no funcionó y tengan que sentir culpa, vergüenza y cualquier otra sensación o sentimiento que la deje sola con su dolor, más se desempoderan los movimientos sociales que sí pueden amparar y reivindicar nuevas formas de atención y respeto a la mujer, a la maternidad y a la vida que está surgiendo. Cuanto más llenos los consultorios de psicólogos y psiquiatras atendiendo mujeres que fueron infantilizadas dejándolas impotentes por el sistema médico y sin cuestionar ese propio sistema, más débiles serán los fenómenos grupales que podrían pedir y exigir mejores condiciones para el parto.

Por supuesto si hay un dolor personal es justo que una mujer pueda ser atendida y acompañada por su red de apoyo o profesionales de salud hasta que pueda elaborar y volver a sentirse fuerte nuevamente. Pero es importante no desvincular estos temas del propio sistema social que favorece la desconexión, la pasividad y la violencia en la atención a los partos.

Inteligencia es también la capacidad de adaptación y la adaptación se da cuando hay una integración en las informaciones de distintas experiencias, las buenas y las malas. Esta integración permite no quedarnos pegados a experiencias difíciles, y es esto lo que podemos fomentar a nivel individual para fortalecer nuevamente en la mujer víctima de violencia, para que pueda recuperar el deseo materno. Y a nivel social es un trabajo de hormiga el de formar conciencia, llevar información, presionar en la dirección de las políticas públicas que amparen el respeto, generando también la formación de profesionales más conectados con la vida y con los procesos naturales.

Cuando más y más mujeres y familias salgan a la calle para pedir, exigir su derecho al respeto y a la dignidad, cuánto más puedan denunciar las violencias vividas, cuando sus discursos y acciones vayan ganando más fuerza, más promisorios serán los cambios.

Salir de la trampa donde estuvimos engañados tanto tiempo es fundamental, la trampa invisible que aunque ya no nos aprisiona tiene la fuerza gigantesca de hacernos creer que nos protege. La realidad es que no nos protege, nos infantiliza, nos debilita, nos deja impotentes y amargados.

Lo que despierta el optimismo -y que ya está ocurriendo en muchas historias- es ver y comprobar que SALIR DE LA ESA TRAMPA ES POSIBLE, recuperar la  potencia de parir es posible y proteger el principio de la vida es posible.

 Munich Vieira Santana


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Cooperación: Clave para afrontar los retos de nuestro siglo

La cooperación está en la esencia del ser humano.

Debemos romper los moldes biológicos, sociales y educativos

para recuperar la creatividad, la autogestión y el apoyo mutuo.

 circulos

LA COOPERACIÓN ESENCIA DE LO VIVO

Hace más de un siglo, el etnólogo ruso Piortr Kropotkin demostró cómo la cooperación y el apoyo mutuo juegan un papel fundamental en el ser humano, entre otras cosas, porque  fue el factor determinante en el proceso evolutivo del Homo sapiens. Dicha teoría que, cuestiona la visión de Charles Darwin y pone de manifiesto sus insuficiencias, es sustentada por muchos científicos actuales, entre los que destacan los biólogos Máximo Sandín y Humberto Maturana quien afirma que “el origen antropológico del Homo sapiens no se dio a través de la competición, como Darwin planteaba, sino a través de la cooperación”.

Parece ser que hubo un periodo histórico en el que los colectivos humanos se organizaron y funcionaron siguiendo esos criterios solidarios. Siendo la acción conjunta, la búsqueda del bienestar y del bien común lo que incentivó la creatividad y permitió  la supervivencia de nuestros primeros antepasados. Pero en poco tiempo pasó a practicarse solo en algunas culturas tribales y por colectivos minoritarios porque el predominio del patriarcado- con la consiguiente división jerárquica del trabajo, de roles y de género-, lo fue sustituyendo por  relaciones basadas en el poder de unos pocos, el egoísmo y el individualismo. Comportamientos  que la sociedad industrial y el actual sistema capitalista basado en el trueque competitivo, convirtió en sus iconos.

Resulta interesante constatar que el mamífero humano es la única especie que ha roto aquella forma de relación, innata y natural, basada en la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo; comportamiento que sin embargo se da en todo el reino animal, como ya demostrara también el propio Kropotkin.

Son muchas las investigaciones realizadas en este sentido. Se sabe, por ejemplo, que  una hormiga estresada comunica al instante su estado a las demás gracias a una corriente de ferohormonas que emite su cuerpo y que llega a contagiarlas, ante lo cual buscan entre todas la forma de resolver el conflicto.

Algo similar describió Karl Von Frisch en su estudio sobre las abejas. Observó que tienen la capacidad de transmitir a sus compañeras el lugar exacto donde está ubicado el polen que alguna encontró, mediante una “danza” compuesta por movimientos horizontales y circulares, hecho que  potencia la cooperación entre todos los miembros de la colmena, y su integración.

Por tanto, si ese comportamiento forma parte de la naturaleza animal y de la esencia del ser humano, cabe preguntarse si existe algún factor específico, más allá de los culturales y  económicos, que impida su desarrollo y configuración social, e imponga por el contrario el modelo individualista y competitivo.

 UNA CONSTRUCCIÓN SOCIAL

Fue el neurosiquiatra Wilhelm Reich quién demostró hace ya algunas décadas que es precisamente nuestra estructura personal y su configuración caracterial —que se articula durante el proceso madurativo— la que refuerza y mantiene dicha dinámica social. Observamos sin embargo que, que por lo común, el ser humano se relaciona con su prole desde el principio de su vida hasta la madurez, de una forma antiecológica, al no satisfacer suficientemente o reprimir sus necesidades naturales imponiendo conductas basadas en el miedo y la violencia, dentro de modelos familiares y escolares que priman el individualismo y la competitividad.

Ello genera un sistema defensivo psicocorporal o “coraza caracteromuscular” que, si bien protege al niño del sufrimiento emocional, en la edad adulta le priva  del contacto interno con sus necesidades y potencialidades naturales, entre ellas su capacidad de autorregulación, de amar y de cooperación, atrofiando a su vez su sentimiento de pertenencia o consciencia ecológica. Los poderes fácticos refuerzan ese estado de cosas a través de la educación, las instituciones sociales y los medios de comunicación.

Esto viene confirmado por  las   investigaciones que desde hace unos años realiza  Michael Tomasello, co-director del Instituto Max Planck, según las cuales, los niños  que colaboran equitativamente en un trabajo tienden a compartir los resultados y el premio, mientras que cuando lo hacen de forma individual, su motivación y  forma de actuar  se basan en la obtención del beneficio, por lo que una de sus conclusiones es que la “cooperación es una tendencia humana mediatizada por la forma de educar”.

Además durante los últimos decenios la sociedad está cambiando vertiginosamente. Ni tan siquiera sirven ya los esquemas teóricos, las formas de funcionamiento ni la educación que cimentaba la sociedad industrial, basados en la necesidad de mano de obra mecánica y de técnicos especializados para su desarrollo.

Las nuevas tecnologías están eliminando puestos de trabajo de forma vertiginosa, y lo van a hacer mucho más. Nos encaminamos hacia una sociedad donde las  máquinas “inteligentes” al servicio de unos pocos, convivirán con grandes masas humanas esclavizadas, desubicadas y sin una ocupación determinada, lo cual comporta la anulación de la identidad, y por tanto del funcionamiento ecológico. En palabras del escritor Arthur C.Clarke, “lo que empezó siendo una novela de ciencia ficción, está siendo terminado como reportaje”.

RECUPERAR EL APOYO MUTUO

En el nuevo paradigma que la sociedad occidental necesita para superar la crisis global y planetaria, que Fritjof Capra denomina Ecologia Global, el comportamiento del ser humano deberá recuperar los cimientos de su naturaleza siendo pues, la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo sus principales referencias.

Por todo ello necesitamos, hoy más que nunca, romper esos moldes caducos que han demostrado conducirnos a la barbarie y  al agostamiento del planeta, con el riesgo evidente de que nuestra especie se extinga en unas décadas, y poner asimismo en práctica dinámicas alternativas basada en  modelos de cooperación. Para ello necesitamos:

  • Adoptar, dentro de lo posible,  una “racionalidad cooperativa” donde los intereses individuales no puedan separarse de los del resto de la sociedad, intentando dejar de lado nuestra forma economicista e individualista de pensar y de estar en la realidad,  tal como aconseja  el filósofo brasileño Mauricio Abdalla. Hay algunas experiencias ocasionales que pueden facilitarlo. Recuerdo  una sesión con un grupo terapéutico, donde  uno de los participantes manifestó de pronto que, después de tantas horas compartidas a lo largo de dos años, finalmente tenía conciencia de quién era, y que había perdido el sentimiento de soledad al darse cuenta de que el resto de personas del grupo, de alguna manera, estaban con él. Lo que hacía repercutía en los demás, lo que les pasaba a los demás repercutía en él mismo. Asocié enseguida su declaración entusiasmada con la frase con la que el gran filósofo de la complejidad, Edgar Morin, cerró en una ocasión una entrevista: “Yo soy quien soy, soy yo, soy tú, soy la humanidad entera”.
  • Poner los medios necesarios para cambiar radicalmente el tipo de educación, encaminándola —como preconiza Ken Robinson, uno de los adalides del “nuevo paradigma educativo”— hacia un modelo donde impere la colaboración y la cooperación. De lo contrario, nuestros hijos, por  muchos deberes que hagan y muy brillantes que sean sus expedientes académicos no podrán desarrollar sus potencialidades ni elegir una actividad social satisfactoria para ellos mismos y para el colectivo, en la sociedad que les ha tocado vivir.
  • Apoyar y hacer posible la sostenibilidad de todos aquellos colectivos laborales que están funcionado dentro de modelos basados en la autogestión y en la ecología, donde se sustituye  la jerarquía autoritaria por la autoridad de la asamblea y el reconocimiento de las funciones compartidas. Así como los espacios educativos que siguen esa línea. Recuerdo, en este sentido,  como en una escuela libre con la que tengo una relación muy próxima, la asamblea de niños y profesores que denominan  “círculo mágico” es el espacio donde se programan entre todos las tareas y se resuelven los conflictos internos
  • Modificar la forma en que se acompaña a los niños y las niñas desde el principio de sus vidas, organizando sistemas familiares abiertos, expansivos, gozosos, que respondan a sus necesidades en estrecha colaboración con los espacios escolares.
  • Coordinar ambos espacios, el familiar y el escolar con parámetros ecológicos parejos, donde se respeten  sus ritmos y  se confíe en su capacidad de autorregulación, permitiéndoles, para ello, participar desde el principio en las decisiones, tareas y actividades del espacio que compartan, reconociendo sus potencialidades, límites  e idiosincrasias, para que a su vez puedan reconocer las de los otros. Así  el sistema familiar facilitaría a los niños el desarrollo de lo instintivo, de lo innato, lo esencial, mientras que el sistema escolar les aportaría el sustrato cognitivo, el reconocimiento y la gestión de lo innato a partir de instrumentos concretos como  la organización y el trabajo en grupos creativos y solidarios. Modelo que se haría extensible a los clubes deportivos, de ocio, y a cualquier  otro colectivo.

Estas medidas, ayudarán a que las nuevas generaciones, adquirida su identidad humana y una ética solidaria, sean capaces de  afrontar la crisis planetaria con nuevos recursos y nuevas aptitudes, así como los retos de la nueva sociedad, para transformarla en una más humana, justa y solidaria.

 Xavier Serrano Hortelano

Psicólogo especialista en psicología clínica ( CV141) .Sexólogo.

Psicoterapeuta caracteroanalitico especialista en Psicoterapia breve, vegetoterapia y sistemas humanos

(Orgonterapeuta formado en la Scuola Europea Di Orgonterapia fundada por Ola Raknes y Federico Navarro) .

Director de la Escuela Española de Terapia Reichiana( ESTER)

  Miembro de la EABP. EAP. EFS, FEAP, SEPTG, IFOC

Ejerce su actividad clínica, preventiva y docente principalmente en Valencia( España) desde 1980.

 


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Autorregulación

¿Qué hay de común entre la Luna, las estaciones, el ser humano? pienso: los ritmos, el tiempo, la regulación  de los procesos.

Nacer, crecer, reproducirse y morir en cada uno de los tiempos, estaciones y procesos.

Toda maduración pasa por un proceso.

Y sin embargo nosotros, los humanos, somos especialistas en acelerar, romper e irrespetar.

Estimular, enseñar, adiestrar, súper estimular en lugar de esperar, acompañar y disminuir los obstáculos del camino. Pues la maduración tiene que venir antes del aprendizaje y en ese caso el aprendizaje no es tan difícil.

Hay una ansiedad generalizada que no permite el movimiento auténtico de la autorregulación.

Posiblemente nacemos antes del tiempo necesario, aquel tiempo que determina cada bebé en el útero cuando lanza las hormonas que ponen en marcha toda la fisiología del parto, porque son pocos los casos de nacimientos respetados. Y desde que nacemos es tal la expectativa en nuestro éxito como bebés, que de ahí pasamos a pensar que lo más importante es hablar pronto, caminar pronto, independizarse de los padres pronto.

Los padres anticipan los procesos de sus hijos con la ilusión de hacerlos fuertes e independientes, lo que hacen sin embargo es ayudar a la construcción de un falso yo, aparentemente ágil y solo exteriormente fuerte, pero que no ha alcanzado a completar su desarrollo en función de su capacidad. Por lo que  puede ser frágil por dentro.

La infancia es un tiempo de dependencia. Especialmente en el primer año de vida, pues los bebés necesitan después del nacimiento las mismas condiciones que tenían en el útero: contacto, calor, seguridad y alimento, cada vez que lo necesiten. Este momento fue llamado por Wilhelm Reich Período Crítico Biofísico.

Cada vez que se estimula y acelera el proceso de un niño se está diciendo que ese es el modelo correcto y no su necesidad y potencialidad interna. El ser desaprende a confiar  en lo que siente y buscará una ley externa que controle sus impulsos, porque ya no sabe reconocer si sirve o no lo que su organismo le dice.

La ley externa funda nuestra vida en la sociedad “civilizada”, con la idea de que sin control nuestros impulsos internos pueden provocar muchos desórdenes e inviabilizar la vida en común.

¡Pero claro! Si no respetamos a los niños desde chicos, si no satisfacemos sus necesidades de amor y contacto, estaremos criando fieras descontroladas que solamente la ley patriarcal autoritaria podrá dominarlos.

Ocurre que desde una mirada de crianza respetuosa se puede dotar al niño de verdaderos conocimientos de sus necesidades primarias cuando son respetadas, generando así autoconfianza. Con autoconocimiento, respeto y autoconfianza, los instintos de supervivencia y amor siguen su curso, no necesitando generar impulsos secundarios hostiles hacía si y hacía el mundo, para adaptarse a la forma de crianza que le están imponiendo sus padres o cuidadores.

Siento que mientras escribo esto pareciera una tarea imposible pensar que podríamos volver a lo natural, al respeto en los procesos de crianzas. Y siento eso ya que inevitablemente los que  gestan, acompañan y educan a un niño están completamente sumergidos en una cultura hostil, y a su vez metidos en sus propios sistemas de defensas corporales y psíquicos (coraza-caracterial). Solamente tomando consciencia de nuestras propias dificultades podemos controlar la fiera insatisfecha y no respetada que hay adentro de nosotros (los adultos) y evitar que perpetuemos la herencia hacia nuestros hijos. Quizás por eso no es suficiente saber solamente desde lo cognitivo, a través de los cientos de libros que existen sobre crianza respetuosa: es importante un saber que venga desde el cuerpo, desde la experiencia misma, con contacto y negociando con nuestras propias dificultades como padres.

La idea de autorregulación es una posibilidad de camino expresada por Wilhelm Reich en su desesperanza por el acompañamiento apenas clínico “curativo” individual. Una autorregulación que permitiera el autogobierno. Que el individuo pudiera tener la Ley con “L” mayúscula en su ley interna, ley que es gobernada por su necesidad primaria de amor y de relaciones que satisfagan su libido, que es primero oral y después genital. Si tuviésemos un campo social que permitiera el camino del autorregulación: primero familiar, después educacional y macro social, sería posible pensar en una apropiación de la ley interna, que es la Gran Ley de la naturaleza.

Falta mucho por supuesto. Pero es una semilla de cambio.

Es decir que un cambio significativo no viene apenas desde individual hacia la sociedad, sino también desde la sociedad hacia el individuo.  Como dos flechas que se buscan y que cuando se toquen habrán logrado una integración y ya no estarán separadas; pensar en lo individual siempre es pensar en lo colectivo, pensar en lo colectivo es siempre pensar en lo individual.

En mi mirada no es posible pensar en el bebé sin considerar el adulto, sin entender el tipo de sociedad que tenemos, sin comprender las dificultades personales y sociales del cambio. Y siempre intentar ir un poco más allá, promoviendo más capacidad de contacto y respeto.

El padre que quiere que su hijo duerma toda la noche y para ello utiliza métodos humillantes que no respetan al niño en lo más profundo, termina promoviendo un crimen de lo más potente que tiene su hijo: su capacidad de entenderse, respetarse y autorregularse. No es fácil acompañar hasta que el niño pueda valerse solo, no es sencillo sostener el no saber del otro, principalmente cuando hay muchos ojos y dedos externos a la familia o a la madre que indican que el camino no es ese. Pero la vida no está en la normas rígidas de crianza que parecen encaminar los niños rumbo al éxito social. La vida, parafraseando a Kundera, “está en otra parte”: en la naturaleza y en el respeto de la misma.

Compartamos métodos de crianza respetuosos, denunciemos la humillación y el sometimiento que se cometen en nombre del amor, incluso cuando participamos de eso en alguna medida, para que cuando sean grandes esos bebés no soporten vivir en un mundo de injusticias, de desigualdades sociales, de individualismo que promueven guerras en nombre de la paz o de cualquier otra forma de destrucción de vida, simplemente porque respetan la vida adentro y afuera de ellos.

El conocimiento puede ayudar a construir ese camino entendiendo que es bueno el contacto, la mirada, el respeto hacia nuestro hijo; construyendo una matriz de amor real y no sólo imaginaria y simbólica. Que el amor llegue en los actos, en el toque, en la voz, en los movimientos. Que nuestras dificultades y contradicciones como madres, padres, cuidadores y maestros puedan volcarse en lugares especializados, o  con amigos o comunidades que nos acompañen en nuestros caminos, de modo que no tengan que traducirse en actos directos de violencia, abandono e irrespeto hacia los niños.

No sé cómo será ese mundo con individuos que fueron respetados y se autorregulan, no sé cómo mantener realmente lejos de nuestras vidas al “poder” que hace al más fuerte controlar, manipular y someter al más frágil, principalmente cuando ese poder es justificado por métodos de enseñanza profundamente arraigados en nuestra sociedad. Pero es la utopía de querer ese mundo donde los seres sean más autorregulados, y la potencia individual y social estén en acuerdo, lo que me alimenta y me direcciona. No sé si otro mundo será posible, si el gran poder patriarcal y autoritario que controla todo permitirá el movimiento hacía la vida. Pero como dice Manuel Redón en su texto sobre el “Paradigma reichiano en la actualidad” hay una gran potencialidad en la utopía, y yo prefiero quedarme del lado de la potencia de la vida qué del lado del poder dominante.

Munich Vieira Santana