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Crianza en crisis: una oportunidad de cambio

Ecología

Hace dos generaciones atrás, los padres de nuestros padres, no tenían demasiadas dudas de cómo educar a sus hijos. No se cuestionaban los parámetros que eran reproducidos idénticamente, generación tras generación, que a su vez compartían con sus padres y abuelos, así como con el resto de la sociedad.

La forma de criar estaba completamente naturalizada y regulada desde el “saber popular” y la cultura de la época, y a nadie se le ocurría cuestionarla  ni criticarla, estaban convencidos que era lo mejor para sus hijos, incluso que había sido lo mejor para ellos.

Sin embargo la semilla de la razón  sembrada en épocas de la ilustración, con la famosa frase de René Descartes; “Pienso, luego existo”, que en su época culmina con el derrocamiento de la hegemonía monárquica, también comienza a socavar la estructura patriarcal autoritaria en nuestras propias culturas actuales. El iluminismo que impulsa la revolución francesa que termina destronando a Luis XVI también tocará al sistema familiar y a su trono, generación tras generación.

Paulatinamente la ley inamovible del dictamen paterno comienza a ser cuestionada, no solo desde la voz de los niños, niñas y adolescentes, sino también y fundamentalmente por las mujeres, que fueron empoderándose paulatinamente a lo largo de los últimos dos siglos.

Este corrimiento se ve fortalecido con el progreso del modernismo, que va desacreditando los axiomas culturales tradicionales, desde el surgimiento de la joven ciencia que comienza a ganar terreno desde el humanismo, el ecologismo, el psicoanálisis y las nuevas ciencias sociales humanas emergentes.

Dicho movimiento contra sistémico en pro de los derechos humanos, ensalzado con los principios de la ilustración; la razón, la igualdad y la libertad, desemboca en movimientos alternativos contestatarios, como el feminismo, el anarquismo, el movimiento hippie y destape sexual de los 60, entre otros. Y en medio de esta revolución cultural y social, se trastocan todos los roles establecidos desde su función, en relación a la crianza, que ocupaban desde antaño; la madre, el padre, los abuelos, los maestros y el resto de la sociedad. ¡Se patea el tablero! Todos son movidos de sus lugares y las reglas del juego comienzan a transformarse.

Este fenómeno social es aprovechado por la creciente industria laboral, coincidiendo también con su momento de expansión económica mundial, integrando a la mujer a la suma de mano de obra. La mujer finalmente siente que se libera del yugo de ser ubicada en la función de procrear y educar a sus hij@s y comienza a vislumbrar un nuevo sentido existencial. Los hombres pierden su lugar hegemónico y quedan perdidos en sus funciones familiares. Ya no se les ubica como el que establece los límites y la autoridad ni como el que sustenta desde lo económico.

Este nuevo escenario, de cambio, de crisis, derrumba el equilibrio de los viejos parámetros, y como en toda transición, se viven tiempos de gran inestabilidad y caos.

Seguramente que los que nacimos y crecimos en estos tiempos, hemos vivido, en mayor o menor medida esa desfiguración de roles y funciones en nuestras crianzas. Desde entonces, la forma de criar ha ido evolucionando y profundizando su crisis. Trasladándose la crisis del sistema familiar, también al cuestionamiento del sistema educativo y de los valores culturales que sostienen la sociedad.

Por otro lado, si bien estos avances son ciertos, estamos hablando de una generalización, que varía muchísimo según las diferentes culturas e idiosincrasias. Incluso dentro de la misma población existen diferencias radicales. Por éstos lugares del cono sur, en nuestras idiosincrasias latinoamericanas, existe aún una fuerte resistencia al cambio, y lo que hablábamos de relaciones patriarcales autoritarias, siguen funcionando en muchos de nuestros hogares y defendiéndose a capa y espada. Son estructuras de poder, patrones de relación que vienen funcionando desde hace miles de años, y que a su vez son la base del sistema en general. No fuimos educados para convivir desde la libertad, la tolerancia, el apoyo mutuo, la solidaridad y donde el amor y el placer fueran los motores de nuestras vidas. Más bien la lógica desde la que fuimos educados es desde la competencia y el individualismo, y donde lo que condujo nuestras vidas fueron la desconfianza, la culpa y el miedo.

Por suerte la masa crítica de familias que apuestan por una crianza alternativa, comienzan a volcar la opinión pública cada vez más a favor de una forma diferente a la crianza tradicional.

Estas primeras experiencias comienzan a ser orientadas y motivadas más desde lo que “no quieren” hacer o repetir de sus propias experiencias de crianza que desde la certeza de cómo hacerlo. Las familias se lanzan valientemente en esta difícil aventura de criar de una forma diferente a sus hij@s, descubriendo sobre la marcha las dificultades con los que se van encontrando y con la frustración por resultados que no coinciden con las expectativas.

Este fenómeno, vivido a la luz de la nueva era de la información cibernética y las redes sociales, lo hace mover a una velocidad vertiginosa y globalizadora. Generando cambios a gran escala, accediendo rápidamente a respuestas e información disponible en la red. Generándose un nuevo fenómeno  que coloca a éstas familias como un prominente mercado. La demanda no tarda en generar una oferta que empieza a crecer en forma exponencial, saturando rápidamente los medios online; servicios de asesorías, blogs, grupos de crianza, y cientos de profesionales y afines que repentinamente se convierten en especialistas y expertos en la materia. Todo esto favorecido desde la nueva lógica del sistema de lo “light” y lo “fast”; demanda de soluciones automáticas, respuestas instantáneas, rápidas y superficiales. Así surgen nuev@s “gurus” con espléndidos manuales mágicos que cuentan con todas las respuestas a todas las preguntas. En el terreno de la psicología, un fenómeno parecido sucedió hace unas décadas atrás, con la proliferación de famosos autores y libros de “autoayuda”, alcanzando una gran popularidad. Con los años y la experiencia comenzamos a percatarnos de que éstas rápidas y fáciles soluciones, no eran ni tan mágicas ni tan reales.

El fenómeno mediático nos hace pensar también que el tema de la crianza de pronto estalló y surgió de la nada, y que a nadie se le había ocurrido antes pensar en ello. Lo cierto es que la comunidad científica internacional viene trabajando arduamente desde hace prácticamente un siglo en pro de nuestra sociedad, elaborando hipótesis, teorías, investigaciones, y experiencias concretas específicamente sobre el tema de la “crianza”. Autores históricos como Donald Winnicott, Wilhelm Reich, Melanie Klein, Ashley Montagu, Harry Harlow, Mary Ainsworth, John Bowlby, René Spitz, entre otros tantos, sumados a muchísimos investigadores actuales desde múltiples campos, como la psicología, la sociología, la biología y las neurociencias con relevantes autores como Antonio Damasio, Richie Davison, Joseph LeDoux, Rodolfo Llinas. Actualmente contamos con muchísimas investigaciones serias que argumentan con evidencias aplastantes las razones por las cuales se hace urgente una revisión de nuestras pautas de crianza tradicionales, pero por variadas razones, esta información parece no llegar al público general, ni siquiera a los ámbitos académicos, donde se forman nuestros profesionales de la salud. Y aún más difícil es que éste saber llegue a movilizar los engranajes políticos, y por ende que se refleje de una forma coherente en los ámbitos legales, por ejemplo en las extensiones de licencias para la madre fundamentalmente y también para el padre. Estos engranajes, académicos y políticos, como sabemos, llevan mucho tiempo, aún en el mejor escenario de que exista voluntad y conciencia. En éste sentido las nuevas herramientas mediáticas sí tienen un potencial sumamente positivo a la hora de informar, sensibilizar y concientizar en líneas generales a las masas sociales, y de esta forma acelerar un proceso que por otras vías sería mucho más lento.

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Esta gran crisis que está atravesando la familia actual y sus modelos de crianza necesita del apoyo de profesionales altamente capacitados y formados en la materia interdisciplinarmente y de la conformación de equipos multidisciplinarios para abordar esta compleja temática, capaces de responder y acompañar estos difíciles tiempos de transición. Reconstruir los parámetros perdidos y orientarnos hacia una nueva forma de criar es un desafío que debemos afrontar entre todos y todas. Asumiendo la participación, el compromiso y la responsabilidad de informarnos en profundidad, de buscar ayuda profesional si está al alcance, de establecer alianzas entre familias que compartan y potencien estos procesos esenciales para la vida y el futuro de nuestra sociedad.

Como toda crisis, nos brinda una magnífica oportunidad para cambiar y transformarnos. Desde una postura proactiva, constructiva, creativa y esperanzadora. Confiando en que la vida logrará abrirse camino hacia una sociedad que nos permita crecer en alegría, salud y libertad.

Álvaro Fernandez Luzardo

Psicólogo, psicoterapeuta caracteroanalítico,

Especialista en prevención primaria e intervención ecológica de sistemas humanos.
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