Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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Sobre Crianza Ecológica

ECOLOGIA

Por Munich Santana

Hablar de crianza ecológica importa tener en cuenta la relación de todas las variables que marcan los objetivos puntuales en cada fase del desarrollo. Variables que van confluyendo en cada momento histórico del desarrollo de una vida: desde lo intrauterino, hasta el proceso de nacimiento y desarrollo de la fase maternante, en la relación con la figura materna. O con la figura paterna, la entrada en la familia o escuela, el desarrollo de la sexualidad, entre otras. Estas variables pueden darse en un plano micro (por ejemplo adentro de los cuerpos de la madre o el padre) hasta en un plano macro (como el de las estructuras sociales en que vivimos). Somos seres socio-históricos siempre, aun cuando  todavía vivamos adentro del útero de nuestras madres; somos seres biológicos aún cuando estamos enmarcados en espacios sociales o emocionales.
Tomar apenas la madre o el padre, la lactancia o la escuela, por separado, e intentar analizarlos, es una mirada limitante porque estos son aspectos parciales de una serie de variables que van confluyendo en todo momento de la crianza. Por supuesto en cada fase hay un aspecto que es más importante que otro, pero siempre está vinculado con los otros aspectos del ecosistema familiar y social.


Características de la crianza ecológica:

Interrelación entre distintas variables 

Influencia de la cultura de los padres y de la historia de cada individuo.
La jerarquía del tiempo hace que en determinado momento sea la madre, o el padre, o los grupos sociales, o la escuela, quienes tengan más peso. Esto no significa que las otras variables no estén presentes, sólo que están fuera del foco, al tiempo que hacen parte de la escena de la crianza. Y todo el tiempo estas variables se interrelacionan en el sistema familiar y social.
Perspectiva colectiva:

Reconocimiento de todas las necesidades de los miembros de la familia, donde el apoyo mutuo es una función muy enriquecedora del proceso de crianza.
Perspectiva temporal

Tener claro ésta perspectiva permite comprender el presente a partir del pasado (historia), y así tener una perspectiva de futuro (prevención), hacia donde vamos y porqué hacemos lo que hacemos en el proceso de crianza. Es decir no mirar apenas el fenómeno en el presente, como si las respuestas pudieran ser entendidas y sostenidas, separadas de un contexto histórico.
– Sostenibilidad

Un acto en la crianza puede ser pensado y propuesto por una familia o por sistemas macro sociales, cuando están dadas las condiciones que permiten sostener éste acto. Si no, es necesario crear las condiciones de sostenibilidad. Las propuestas de crianzas tendrían que salir del plan ideal para llegar a un plan real y sustentable para una familia. Ejemplo: ¿una mujer que deja de trabajar por un año para cuidar a su hijo, está haciendo un acto sustentable?.  ¿Es sustentable para una mujer que está angustiada y que se siente sola o muy ansiosa frente a su bebé, prolongar la lactancia hasta que éste decida dejar de tomar la leche materna?. No podemos decir que si o que no apenas con estos argumentos, antes bien habría que acercarse a la historia de cada familia y tener en cuenta las variables, la perspectiva colectiva y temporal, evaluando si es sostenible o no lo propuesto; esto es dejar de trabajar, encarar una lactancia prolongada.

Volver a la tribu
Es importante volver a la idea de Tribu, donde los roles psíquicos no estén tan marcados, donde lo importante sea la función y que todos cooperen para que ésta se dé. Si pensamos en el rol de madre (y hay una tendencia a endurecer la mirada y pensar que es aquello que hace solamente la mujer) o rol de padre (aquello que hace solamente el  hombre) nuestra mirada será estrecha y parcial. Pero si pensamos en función materna (cuidar, favorecer condiciones de contacto permanente con el bebé), ésta puede ser ejercida por cualquier persona con capacidad de contacto, y que ofrezca al bebé lo que éste necesita para contemplar las necesidades del período post-natal. Por otro lado, si pensamos en función paterna (sostener, contener y en otro momento separar y estructurar), ésta también puede ser realizada por cualquier persona que cumpla esta función. Aunque no haya madre o padre, es importante en un determinado momento del desarrollo  que  alguien cumpla las funciones materna y paterna.
La tarea de criar un hijo es una tarea muy grande para una única persona, incluso para dos; y es la razón por la que se sobrecargan los sistemas familiares, pues las familias suelen ser núcleos pequeños y cerrados de crianza. Abrirse a grupos sociales un poco más amplios, recuperar espacios, sean estos pequeños, que funcionen como tribus de crianza para crear condiciones de sostenibilidad y apoyo mutuo, son de suma importancia en el momento en el que uno decide seguir un camino de respeto a la autorregulación del niño, a sus ritmos, etc. Tribus que respeten y toleren, en el proceso de crianza, lo que cada uno puede o no puede hacer, sin culpabilizar o intentar cumplir ideales. Caminar en la recuperación de un modo de crianza más abierto, colectivo y responsable.

 

Texto construido sobre inspiración a partir de clases de Xavier Serrano.

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Crianza feliz en un mundo saludable

ECOLOGÍA

Por Xavier Serrano Hortelano

 

Poner los medios adecuados para que los niños puedan crecer alegres y felices desarrollando todas sus capacidades y potencialidades,

no solo supone un beneficio para ellos, sino para toda la sociedad

porque es la semilla que permitirá su humanización

y la salvaguarda de nuestro planeta Gaia.

Era una mañana fría y soleada de 1947. Dos hombres maduros, altos y de complexión fuerte, caminaban por un pequeño sendero del bosque que rodeaba la casa de uno de ellos, el neurosiquiatra de origen austriaco Wilhelm Reich. Su amigo era el famoso pedagogo inglés Alexander Neill, director de la escuela Sumerhill. Por las restricciones de los visados a los europeos, no se veían desde 1939, año en el que Reich tuvo que emigrar a Estados Unidos huyendo de los nazis, si bien sus cartas habían mantenido viva la amistad y el intercambio de ideas, entre las que imperaban las relacionadas con la “autorregulación infantil”.

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Wilhelm Reich y Alexander Neill

De hecho, era el tema que estaban abordando apasionadamente. Intentaban concretar las características propias de una posible crianza feliz, y las consecuencias personales, pero también sociales y políticas, del sufrimiento emocional durante la infancia.

            De la misma forma que la mayoría de neurosis, depresiones o psicosis eran consecuencia de privaciones afectivas, traumas y actitudes represivas de los adultos sobre los niños, pensaban que eso mismo podía predisponer a la falta de responsabilidad y de compromiso social, el miedo a la libertad, el sadismo encubierto, la búsqueda distorsionada de la felicidad o la incapacidad de amar que observaban en el comportamiento general de las personas; algo que —junto a unas condiciones políticas y económicas específicas— habían llevado a Hitler al poder y a la defenestración de Europa, como ya señalara el propio Reich en su libro Psicología de masas del fascismo.

            Esta perspectiva estaba en la base del celo y entrega con las que ambos vivían sus profesiones, coincidiendo cada vez más en la importancia que tenía la investigación que permitiera saber cuáles eran los medios necesarios para el desarrollo del infante humano que, vinculado a su propia naturaleza le permitiera ser persona, poniendo fin a la educación patriarcal  basada en la represión, el castigo, el aprendizaje forzado y el miedo; factores que provocan filtros perceptivos, adormecen la conciencia, separan al niño de su núcleo vital y articulan un acorazamiento rígido mental y corporal.

            Suponía un gran reto, porque no solo se trataba de prevenir la psicopatología sino de demostrar que lo que se considera como normal o normativo y la idea habitual que se tiene de salud y felicidad, era el reflejo de una convivencia acorazada y limitada, que Reich definió como “neurosis caracterial”.

Neill siguió publicando libros cuya referencia principal fue la experiencia en su escuela; y Reich, con un equipo interdisciplinar de unas cuarenta personas creo el Orgonomic Infant Research Center (Centro de Investigación Orgonómica de la Infancia), que fue  pionero de muchas de las actividades que han facilitado el desarrollo de una crianza más libre y feliz, y en las que otros profesionales han ido profundizando. Entre ellas: el acompañamiento emocional durante el embarazo, el nacimiento sin violencia, el establecimiento de una atmósfera vincular primaria, y la aplicación de su experiencia clínica con la vegetoterapia caracteroanalítica para prevenir la coraza rígida y reparar las consecuencias de los traumas infantiles.

UNA INFANCIA SALUDABLE Y FELIZ

Desde hace más de treinta años, nuestro colectivo, desde el área de prevención y la escuela infantil de Valencia Els Doñets (Los Duendes), ha continuando esa línea de  investigación e intervención, desde la vida intrauterina hasta el final de la adolescencia, praxis que actualmente denominamos Ecología de sistemas humanos. Entre otras cosas hemos  podido ratificar que los niños, como mamíferos, necesitan espacios familiares y sociales, amorosos y respetuosos con su ritmo interno, para regular sus constantes vitales, madurar, y adquirir la identidad humana. Tarea compleja, que cuando se lleva adelante, nos permite observar las características propias que conllevan los procesos madurativos en crianzas con un alto nivel de satisfacción, alegría y salud.

Los  bebés son activos. Sonríen la mayor parte del tiempo, duermen menos de lo habitual, y muestran sus necesidades vitales: afecto, contacto epidérmico, mimo, movimiento, exploración, lactar, sueño, frío, calor… a través del llanto.

Tienen la mirada viva, no hay tensiones en los músculos de la frente, la mandíbula, el cuello o el diafragma y no reaccionan con angustia cuando se les empuja hacia arriba dejándolo caer hasta volverlo a recoger en brazos, es decir, no manifiestan “angustia a la caída”. Succionan con fuerza y solo muerden el pecho cuando la madre está distraída o ansiosa. Puede haber momentos de extrema empatía en el tetar que les ocasiona espasmos musculares placenteros por todo el cuerpo, que Reich describió como “orgasmo oral”.

Conforme van creciendo, mantienen esa tendencia a la expansión y la alegría. Canalizan su creatividad y vitalidad a través del juego espontáneo, medio que le ayuda a desarrollar un tono muscular y a madurar todos sus sistemas vitales, incluido el sensoriomotriz y el cognitivo, aprendiendo desde la curiosidad funcional y el corazón.

Asimismo con formas lúdicas y un ritmo propio, establecen patrones sociales flexibles y abiertos, rechazando la compulsividad y la rigidez. Son solidarios, les resulta fácil cooperar y no manifiestan actitudes sádicas, competitivas o vejatorias hacia el resto de iguales.

Muestran su sexualidad inicialmente de forma abierta y espontánea, y con el tiempo la vivirán en su intimidad.

Se sorprenden y sufren ante las exigencias escolares, las actitudes sádicas y el rechazo sexual, pero saben sobreponerse a estas situaciones sin influir en sus formas de actuar habituales.

            Ese estado de alegría se refleja en que se excitan y vibran con todo lo que les interesa. Y sienten y expresan, no solo los estados de felicidad, sino también dolor, rabia, tristeza, nostalgia, y de una forma asertiva y contundente, lo que desean y lo que piensan.

            Actualmente son muchos los pensadores de vanguardia —como el filósofo francés Edgar Morin, el biólogo chileno Humberto Maturana o el psiquiatra chileno Claudio Naranjo— que contemplan la educación como algo vital y proponen cambios radicales para hacerla más eficaz y humana. Pero es importante contemplar el hecho de que donde se generan sus pilares fundamentales, como son la introyección de los valores esenciales, la adquisición de un ritmo funcional y de la identidad humana, es en el sistema familiar, que está presente desde el principio de la vida.

 Por ello, es tarea de todos, establecer formas de relacionarnos humanizadas, no solo con los niños, sino también  entre los adultos, que nos ayuden a recuperar la alegría de vivir, y la consciencia ecológica. Participando así en el cambio global planetario.

Recuadro

CONSTRUYENDO LA FELICIDAD INFANTIL PARA HUMANIZAR LA SOCIEDAD.

Junto a la reivindicación de cambios sociales y legales proponemos:

—Espacios familiares y educativos que confíen en la fuerza del instinto y la naturaleza humana, privando el placer sobre el deber y donde el niño pueda asumir sus responsabilidades de una forma suave, progresiva, desde la libertad.

—Embarazos deseados y partos sin violencia con la implicación cómplice de las parejas.

—Lactancias naturales, en función del ritmo del bebé, en ambientes familiares cooperativistas.

—Respetar las manifestaciones sexuales, aportando la información adecuada cuando se requiera.

—Potenciar  la comunicación directa y las manifestaciones lúdicas y creativas

—Escuelas donde la libertad solidaria ,la inteligencia emocional  y la convivencia ecológica sean sus principales señas de identidad

—Facilitar la toma de decisiones a partir de la experiencia elegida libremente, bajo previa advertencia de sus consecuencias.

—Hábitos cotidianos ecológicos y contacto con la naturaleza.

—Aceptación del adolescente con su “extraña” forma de comunicar y de actuar, necesaria para el afianzamiento de su diferencia y de su identidad.

La correspondencia completa entre Wilhelm Reich y Alexander Neill se publicó en 1981 en la editorial Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, con el título Record of a Friendship.


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Crianza en crisis: una oportunidad de cambio

Ecología

Hace dos generaciones atrás, los padres de nuestros padres, no tenían demasiadas dudas de cómo educar a sus hijos. No se cuestionaban los parámetros que eran reproducidos idénticamente, generación tras generación, que a su vez compartían con sus padres y abuelos, así como con el resto de la sociedad.

La forma de criar estaba completamente naturalizada y regulada desde el “saber popular” y la cultura de la época, y a nadie se le ocurría cuestionarla  ni criticarla, estaban convencidos que era lo mejor para sus hijos, incluso que había sido lo mejor para ellos.

Sin embargo la semilla de la razón  sembrada en épocas de la ilustración, con la famosa frase de René Descartes; “Pienso, luego existo”, que en su época culmina con el derrocamiento de la hegemonía monárquica, también comienza a socavar la estructura patriarcal autoritaria en nuestras propias culturas actuales. El iluminismo que impulsa la revolución francesa que termina destronando a Luis XVI también tocará al sistema familiar y a su trono, generación tras generación.

Paulatinamente la ley inamovible del dictamen paterno comienza a ser cuestionada, no solo desde la voz de los niños, niñas y adolescentes, sino también y fundamentalmente por las mujeres, que fueron empoderándose paulatinamente a lo largo de los últimos dos siglos.

Este corrimiento se ve fortalecido con el progreso del modernismo, que va desacreditando los axiomas culturales tradicionales, desde el surgimiento de la joven ciencia que comienza a ganar terreno desde el humanismo, el ecologismo, el psicoanálisis y las nuevas ciencias sociales humanas emergentes.

Dicho movimiento contra sistémico en pro de los derechos humanos, ensalzado con los principios de la ilustración; la razón, la igualdad y la libertad, desemboca en movimientos alternativos contestatarios, como el feminismo, el anarquismo, el movimiento hippie y destape sexual de los 60, entre otros. Y en medio de esta revolución cultural y social, se trastocan todos los roles establecidos desde su función, en relación a la crianza, que ocupaban desde antaño; la madre, el padre, los abuelos, los maestros y el resto de la sociedad. ¡Se patea el tablero! Todos son movidos de sus lugares y las reglas del juego comienzan a transformarse.

Este fenómeno social es aprovechado por la creciente industria laboral, coincidiendo también con su momento de expansión económica mundial, integrando a la mujer a la suma de mano de obra. La mujer finalmente siente que se libera del yugo de ser ubicada en la función de procrear y educar a sus hij@s y comienza a vislumbrar un nuevo sentido existencial. Los hombres pierden su lugar hegemónico y quedan perdidos en sus funciones familiares. Ya no se les ubica como el que establece los límites y la autoridad ni como el que sustenta desde lo económico.

Este nuevo escenario, de cambio, de crisis, derrumba el equilibrio de los viejos parámetros, y como en toda transición, se viven tiempos de gran inestabilidad y caos.

Seguramente que los que nacimos y crecimos en estos tiempos, hemos vivido, en mayor o menor medida esa desfiguración de roles y funciones en nuestras crianzas. Desde entonces, la forma de criar ha ido evolucionando y profundizando su crisis. Trasladándose la crisis del sistema familiar, también al cuestionamiento del sistema educativo y de los valores culturales que sostienen la sociedad.

Por otro lado, si bien estos avances son ciertos, estamos hablando de una generalización, que varía muchísimo según las diferentes culturas e idiosincrasias. Incluso dentro de la misma población existen diferencias radicales. Por éstos lugares del cono sur, en nuestras idiosincrasias latinoamericanas, existe aún una fuerte resistencia al cambio, y lo que hablábamos de relaciones patriarcales autoritarias, siguen funcionando en muchos de nuestros hogares y defendiéndose a capa y espada. Son estructuras de poder, patrones de relación que vienen funcionando desde hace miles de años, y que a su vez son la base del sistema en general. No fuimos educados para convivir desde la libertad, la tolerancia, el apoyo mutuo, la solidaridad y donde el amor y el placer fueran los motores de nuestras vidas. Más bien la lógica desde la que fuimos educados es desde la competencia y el individualismo, y donde lo que condujo nuestras vidas fueron la desconfianza, la culpa y el miedo.

Por suerte la masa crítica de familias que apuestan por una crianza alternativa, comienzan a volcar la opinión pública cada vez más a favor de una forma diferente a la crianza tradicional.

Estas primeras experiencias comienzan a ser orientadas y motivadas más desde lo que “no quieren” hacer o repetir de sus propias experiencias de crianza que desde la certeza de cómo hacerlo. Las familias se lanzan valientemente en esta difícil aventura de criar de una forma diferente a sus hij@s, descubriendo sobre la marcha las dificultades con los que se van encontrando y con la frustración por resultados que no coinciden con las expectativas.

Este fenómeno, vivido a la luz de la nueva era de la información cibernética y las redes sociales, lo hace mover a una velocidad vertiginosa y globalizadora. Generando cambios a gran escala, accediendo rápidamente a respuestas e información disponible en la red. Generándose un nuevo fenómeno  que coloca a éstas familias como un prominente mercado. La demanda no tarda en generar una oferta que empieza a crecer en forma exponencial, saturando rápidamente los medios online; servicios de asesorías, blogs, grupos de crianza, y cientos de profesionales y afines que repentinamente se convierten en especialistas y expertos en la materia. Todo esto favorecido desde la nueva lógica del sistema de lo “light” y lo “fast”; demanda de soluciones automáticas, respuestas instantáneas, rápidas y superficiales. Así surgen nuev@s “gurus” con espléndidos manuales mágicos que cuentan con todas las respuestas a todas las preguntas. En el terreno de la psicología, un fenómeno parecido sucedió hace unas décadas atrás, con la proliferación de famosos autores y libros de “autoayuda”, alcanzando una gran popularidad. Con los años y la experiencia comenzamos a percatarnos de que éstas rápidas y fáciles soluciones, no eran ni tan mágicas ni tan reales.

El fenómeno mediático nos hace pensar también que el tema de la crianza de pronto estalló y surgió de la nada, y que a nadie se le había ocurrido antes pensar en ello. Lo cierto es que la comunidad científica internacional viene trabajando arduamente desde hace prácticamente un siglo en pro de nuestra sociedad, elaborando hipótesis, teorías, investigaciones, y experiencias concretas específicamente sobre el tema de la “crianza”. Autores históricos como Donald Winnicott, Wilhelm Reich, Melanie Klein, Ashley Montagu, Harry Harlow, Mary Ainsworth, John Bowlby, René Spitz, entre otros tantos, sumados a muchísimos investigadores actuales desde múltiples campos, como la psicología, la sociología, la biología y las neurociencias con relevantes autores como Antonio Damasio, Richie Davison, Joseph LeDoux, Rodolfo Llinas. Actualmente contamos con muchísimas investigaciones serias que argumentan con evidencias aplastantes las razones por las cuales se hace urgente una revisión de nuestras pautas de crianza tradicionales, pero por variadas razones, esta información parece no llegar al público general, ni siquiera a los ámbitos académicos, donde se forman nuestros profesionales de la salud. Y aún más difícil es que éste saber llegue a movilizar los engranajes políticos, y por ende que se refleje de una forma coherente en los ámbitos legales, por ejemplo en las extensiones de licencias para la madre fundamentalmente y también para el padre. Estos engranajes, académicos y políticos, como sabemos, llevan mucho tiempo, aún en el mejor escenario de que exista voluntad y conciencia. En éste sentido las nuevas herramientas mediáticas sí tienen un potencial sumamente positivo a la hora de informar, sensibilizar y concientizar en líneas generales a las masas sociales, y de esta forma acelerar un proceso que por otras vías sería mucho más lento.

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Esta gran crisis que está atravesando la familia actual y sus modelos de crianza necesita del apoyo de profesionales altamente capacitados y formados en la materia interdisciplinarmente y de la conformación de equipos multidisciplinarios para abordar esta compleja temática, capaces de responder y acompañar estos difíciles tiempos de transición. Reconstruir los parámetros perdidos y orientarnos hacia una nueva forma de criar es un desafío que debemos afrontar entre todos y todas. Asumiendo la participación, el compromiso y la responsabilidad de informarnos en profundidad, de buscar ayuda profesional si está al alcance, de establecer alianzas entre familias que compartan y potencien estos procesos esenciales para la vida y el futuro de nuestra sociedad.

Como toda crisis, nos brinda una magnífica oportunidad para cambiar y transformarnos. Desde una postura proactiva, constructiva, creativa y esperanzadora. Confiando en que la vida logrará abrirse camino hacia una sociedad que nos permita crecer en alegría, salud y libertad.

Álvaro Fernandez Luzardo

Psicólogo, psicoterapeuta caracteroanalítico,

Especialista en prevención primaria e intervención ecológica de sistemas humanos.


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La sexualidad nuestra de cada día

Ecología

Hace un tiempo vengo sintiendo el impulso de poder poner en palabras algunos pensamientos sueltos en relación a sexualidad y abrazo genital, y su función en la regulación energética del  los cuerpos y del sistema familiar.

Con el nacimiento de un hijo o una hija surge la necesidad de adaptaciones para hacer frente a los diversos movimientos que tienen lugar en la pareja con esos nacimientos. Por lo mismo, poder mantener viva la llama del abrazo genital es algo de una trascendencia y potencialidad muy grande en la construcción de una familia. Sin embargo, muchas veces las parejas terminan sufriendo un distanciamiento, un adormecimiento de la piel y de la libido, que dificulta el contacto y la posibilidad de reencontrarse físicamente después que los hijos nacen.

El nacimiento de un hijo trae la función de maternar y paternar. En las mujeres se despierta la capacidad de maternar, esto es vincularse y establecer una simbiosis necesaria para garantizar la continuidad en la maduración de un bebé recién nacido; una función dada en gran medida por los cambios hormonales que vienen ocurriendo desde el embarazo. Ese pequeño ser que nace tiene muchas necesidades básicas que atender, generando muchas veces un desequilibrio en las mujeres que están sobrecargadas y agotadas, pudiendo así aparecer un difícil encuentro con sus propias necesidades insatisfechas, angustias y sombras. Pero independiente de angustias y miedos, las mujeres tienen su cuerpo más exigido al tener que dormir poco, alimentarse mal y atender tan poco a sí mismas. Queda muy al descubierto la falta de lugares donde equilibrar su energía: poder volver a lo suyo, sus libros, su deporte, sus proyectos personales, su identidad, su cuerpo, su sexualidad.

El hombre de la pareja deja de ser su hombre y pasa muchas veces a ser el lugar donde la mujer puede descargar el agotamiento, el estrés, el miedo, la rabia y la angustia, marginando así el placer. Lo que antes era vivido como un espacio de placer y descarga sexual ahora necesita ser un lugar de descanso, de no demanda y no exigencia. Principalmente las mujeres que han sido poco cuidadas y maternadas en su historia piden cuidados, amor acogedor, generoso y tolerante (aun cuando no saben pedirlo), en suma piden amorosidad y sostén de sus parejas, incluso cuando esas no hayan sido las bases de la relación anterior al nacimiento de los hijos.

En ese momento de no querer ninguna demanda o exigencia, la solicitud por parte del hombre de mantener relaciones sexuales, es tomada como una exigencia. Lo que luego tendrá que rechazar. Aquí es donde se puede generar una confusión por la que la sexualidad deja de ser de la mujer como una placentera herramienta de equilibrio de su vida energética y emocional, y pasa a ser una obligación, una tarea más en aras de satisfacer al hombre y mantener la cohesión de la pareja.

Es bueno recordar lo que tanto ha hablado Wilhelm Reich sobre la liberadora función del orgasmo, que permite una descarga del excedente energético del organismo renovando su energía y su fuerza creativa, algo de una dimensión muy íntima y personal, y a la vez un encuentro de entrega consigo mismo y con el otro. Es una función fundamental para la vida y la salud y que la mayoría de las veces es distorsionada y/o reprimida por los procesos de socialización. Esa distorsión mantiene los roles de género muy bien marcados. Es una distorsión que aparece cuando se es muy pequeño  y que provocará que ese ser humano no se apropie de su deseo genital. En éste sentido me gustan las palabras de Joan Vilchez cuando dice:

 “W. Reich consideraba la sexualidad como la tendencia natural del organismo al placer, en sentido amplio, no sólo genital. Es sexual todo lo que nos da placer. Es un instinto, al igual que el hambre, el sueño…y que tiende a la autorregulación.

(Nuestro instinto sexual es muy maleable, plástico y creativo, no tiene la rigidez de otras especies animales, ya que está modulado por el ecosistema familiar y social. La sexualidad humana tiene varias funciones: no sólo la reproducción, sino el placer, la comunicación, la creación de vínculos…)”

 Sin embargo, las mujeres desde pequeñas continúan siendo reprimidas en su deseo de satisfacción sexual y genital; quizás ahora ya no en la forma de siglos pasados, sino por medio de una sutil represión que va pasando generación tras generación y que puede empezar desde la vida intrauterina. En el proceso de socialización/dominación de los cuerpos, todavía se escuchan frases como “no te portes como un hombre”, “no juegue en la calle como un hombre”,  “no te sientes así”, “no seas vulgar”. En tanto que a los hombres se continúa sutil o abiertamente diciéndoles “que no sientan”, que “sean fuertes”, que “no lloren”, y que al ser sensibles, compañeros, solidarios están poniendo en riego su masculinidad. La socialización diferenciada de géneros es propia de la cultura, construyendo modos estereotipados donde las mujeres “pueden” sentir el amor y disfrutar de eso, “pueden” identificarse con la madre nutricia pero tener mucha dificultad de acceder al placer sexual pleno y los hombres “sólo” necesitan sexo y tienen más dificultades de abrirse a sensibilidades que pudieran llevarlos a una experiencia de intimidad y sinceridad en una relación. La pelea para salir de los estereotipos es diaria, y se da en los grandes y pequeños actos cotidianos de una relación de pareja.

Tanto las mujeres como los hombres, todos sienten amor y desean satisfacción sexual, pero a veces están más reprimidos de un lado que de otro. Por eso muchas veces es más fácil sostener el juego de esconder qué siento, que pasar a una relación de gratificante entrega.

Quizás al sensibilizar a la mujer para que se adueñe de su sexualidad, de su derecho a usarla o no en su propia economía energético/emocional, podremos liberar algunas cadenas que una y otra vez se arman en la formación de una familia. Pero cuando se dice a una mujer que puede equilibrar su energía vital a través del acto sexual, hay que considerar también que esa sexualidad es fruto de la relación entre dos personas y de los procesos de vinculación que allí ocurren, es decir, de las potencialidades y limitaciones de los integrantes de la pareja.

Si crecemos en una sociedad donde la sexualidad femenina está al servicio de la satisfacción del hombre y la mantención de la familia, ¿qué gracia tiene para la mujer despertar de nuevo ese deseo?

Recuperemos el deseo materno, permitiendo el maternaje que ayuda en la autorregulación de los cuerpos de los hijos para que estos puedan construir naturalmente relaciones más fraternales, espontaneas y regidas por el placer (Casilda Rodrigañez). Dejemos de reprimir el deseo, tanto en la crianza de los hijos como en su propia vida emocional y sexual adulta. Tarea ardua es salir de ese registro reprimido, es un ejercicio diario ya que la cultura de dominación nos ha expulsado del paraíso (del cuerpo materno) muy tempranamente. La esperanza es la de que los niños sean más respetados en su deseo y puedan recuperar con más rapidez una funcionalidad anclada en el placer y en el movimiento para la vida, y capacidad de amar. Pero eso no va a funcionar muy bien si hombres y mujeres no encuentran en su vida familiar y de pareja su propio lugar de regulación del placer en sus cuerpos.

La idea es que podamos ser libres y por ende sujetos de nuestra propia vida sexual, y nunca objetos cosificados en relaciones estereotipadas. La mujer que puede conectarse con su energía sexual tiene la posibilidad de equilibrar el sistema energético de su cuerpo a través del encuentro con su pareja.  Y así volver a su bebé con la energía justa y necesaria. El vínculo con su bebé engloba otro tipo de relación libidinal. No es necesario poner en un plano de competencia la relación de pareja y la relación con los hijos.

Una vez más, habría que resaltar que en el momento del nacimiento de un hijo, la balanza queda tan desequilibrada que es difícil encontrar satisfacción, gratificación, descarga genital y crecimiento para los miembros de una pareja.

A veces puede llevar algunos años que la pareja vuelva a encontrarse sin un niño entremedio, sin ansiedades, sin demandas constantes. Por esto es que solamente el encuentro con la propia sexualidad, en un acto de decisión y lucidez, es lo que puede reactivar el vínculo físico de la pareja (más allá de familia). Y sin dejar de entender que “la genitalidad, el orgasmo, no “se consigue”, no se “alcanza” volitivamente o con técnicas mecanicistas: es una capacidad que todo organismo tiene pero está limitada. Aunque siempre existirá sexualidad, y, por supuesto, todo lo que permita el goce; ese goce, esa capacidad de placer, está limitada y condicionada por el carácter y por nuestra coraza muscular” (Maite Pinuaga, pág. 25), y por lo mismo se torna difícil acceder a la sexualidad sin trabajar aspectos del carácter y de la coraza.

 En los últimos tiempos, cuando hablo con los hombres de los grupos de crianza que coordino, utilizo la expresión “Guardianes de LA PAREJA”. Ahora lo explico, antes que algunas mujeres se enojen conmigo…

Me viene la imagen del hombre como guardián de ese vínculo hombre-mujer y también guardián de la familia. Alguien con la enorme tarea de proteger y favorecer la relación materno infantil, así como alguien que recuerda a la mujer que él la desea, que la está esperando y así protegiendo el espacio de la pareja. Si la mujer sabe que está siendo protegida y que hay alguien que la puede ayudar a salir de su profunda conexión con el bebé y consigo misma, podrá entregarse a la tarea de maternar sin culpa, sin represión y sin competencias. Todos se benefician.

Infelizmente no siempre es esto lo que ocurre. Diversas fórmulas y combinaciones son posibles frente al nacimiento de los hijos. Los hombres pueden ponerse celosos del vínculo materno infantil al sentirse desplazados, puestos en un segundo plano al tener que esperar y a veces incluso ser los últimos de la lista. Otros se pondrán muy maternales, dejando de proteger y pedir a la mujer espacios de a dos. También hay padres que desaparecen y les cuesta tomar la responsabilidad de la familia y de la pareja durante un tiempo. Puede también ocurrir que los hombres tengan mucha dificultad en desear a sus mujeres una vez que estas se convierten en mamás, pues no pueden dejar de verlas como “madres”. Sin hablar de los casos donde el desamor es lo más presente en la pareja y familia. Cada caso es único y no es correcto generalizar; aun así siento la necesidad de reivindicar el poder sanador del abrazo genital.

Este texto está pensado para las familias donde los hombres quieren paternar y, cada uno a su modo, contribuir al desarrollo y maduración de sus hijos. Es lo que hoy podemos llamar paternidad activa y corresponsabilidad en la crianza. Hombres que están dispuestos a cuestionar algunos patrones de su propio proceso de socialización, y además hombres que desean a sus mujeres. Pero si esas mujeres no pueden tomar a sus hombres como seres deseantes y solamente como padres de sus hijos, la pareja puede estar en peligro.

A veces en la cabeza de la mujer hay mucha confusión. No pueden tomar a sus hombres, aparecen las rabias, los desencuentros, las competencias y el deseo sexual naufraga entre tantos enredos.

Ocurre que también es una tarea para las mujeres la de valorar el acompañamiento que los hombres puedan brindar y confiar en sus capacidades aunque sea de forma muy distinta a las suyas. Ya sabemos que en lo general es la mujer quien está sola en la crianza, pero no siempre es así. Y cuando no lo es, muchas veces, igual está la dificultad de incorporar al hombre en los procesos de crianza y retomarlo como pareja.

En la nueva familia que se forma, hombres y mujeres están buscando lugares más cercanos, más respetuosos para acompañar a sus bebés. Y los patrones relacionales seguramente tendrán que flexibilizarse para que no repitamos las historias de desencuentro de nuestros antepasados que pone, mujeres por un lado y hombres del otro. Pero si una mujer continua quedando sola en la crianza, ella guarda muchos rencores que después inevitablemente son llevados a la relación de pareja en forma de reclamos, amortiguamiento de la vía sexual, entre otras cosas.

Los hombres como guardianes, y no como policías, son los que pueden recordar a la mujer  que hay otra vida que las espera, que hay un amor que la protege y la desea, mientras ella resurge como mujer y madre.

Adaptar la pareja a la familia no es fácil.

En relación a la sexualidad genital, quizás lo mejor es que pudiéramos pensar que lo que le cuesta a la mujer es la penetración, principalmente en los primeros meses después de un parto, por cuestiones obvias de reacomodación del cuerpo y de los órganos genitales y útero. Pero sí pueden estar abiertas a las caricias, masajes, acercamiento corporal, besos, masturbación, escucha, compañerismo. Por otro lado muchos hombres quizás no puedan pensar en acariciar, besar, masajear, conversar sin la penetración. De nuevo aparecen las respuestas estereotipadas, incluso cuando la intención es otra.

Quizás el juego no es a todo o nada. Qué pueden aportar cada uno hasta que puedan TODO nuevamente?

El abrazo genital es la posibilidad de fortalecer lo individual y lo trascendental. La salud bioenergética del cuerpo requiere la descarga del excedente de energía vital. En una relación sexual están en juego el equilibrio del cuerpo, de las emociones; es un espacio de conexión profunda con uno mismo, con el otro y con el cosmos (Wilhelm Reich, Mikel García). Pero si la sexualidad es una disputa de poder posiblemente la mujer no quiera dar su poder al hombre.

La función sexual es el modo más “simple” de reencuentro con la totalidad. Y de eso se trata, que la mujer no piense que la única forma de satisfacer su libido es a través de la relación con el bebé. Porque además de no ser cierto, no es justo para el bebé.

No pongamos en un plan de competencia la maternidad de un lado y la vida en pareja del otro: no pongamos a mujeres y hombres en esta competencia, porque seguro que a los bebés no les interesa. Y una pareja que, a lo largo de su relación, continúa a mirarse, a desearse, ayuda a un hijo a encontrar su propio lugar en la familia.

Decirlo es fácil, pero en la práctica es más difícil porque las mujeres (históricamente hablando) están muy heridas por los hombres (de su historia), y para sanar esas relaciones en su propia relación de pareja necesitarán de mucho placer, entrega a sí misma y a su cuerpo. Conocer qué les gusta, cómo les gusta y qué pueden pedir a un hombre. Y para un hombre es la hora de ser creativo y dejar de recibir la comida caliente encima de la mesa o de la cama.

Lo cierto es que la realidad es compleja y cada historia de pareja es única. No pretendo explicar todo con estas palabras, aunque podamos encontrar muy a menudo formas estereotipadas (acorazadas) de ser en las mujeres y hombres y en sus conductas de pareja y sexuales. Mi invitación es para que seamos más revolucionarios en el amor, intentemos romper con nuestros esquemas patriarcales en los roles de género que terminan por alejar el placer de la vida familiar. Revolucionemos el amor, hombres y mujeres, intentando unir corazón y pelvis adentro de nosotros mismos y en el abrazo genital. ¡La familia entera agradece!

Referencias:

Casilda Rodriguañez, (2008). La sexualidad y el funcionamiento de la dominación. La rebelión de Edipo II. Ediciones La mariposa y la iguana: Argentina.
Joan Vilchez, SEXUALIDAD Y PSICOTERAPIA CARACTEROANALÍTICA. Comunicación al 11º Congreso de la Federación Europea de Sexología  Madrid, 20 – 22 Septiembre 2012
 http://www.esternet.org/sexualidad_y_psicoterapia_caracteroanalitica.htm
Maite Pinuaga, Habitar la Pelvis (ese paraíso perdido)
http://maitesanchezpinuaga.es/descarga/habitar_la_pelvis.pdf
Mikel García, (2000) Sexualidad y transpersonalidad. Barañaín.
Wilhelm Reich (1977). La función del orgasmo. Ed. Paidós. Barcelona

 Munich Vieira Santana


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Cooperación: Clave para afrontar los retos de nuestro siglo

La cooperación está en la esencia del ser humano.

Debemos romper los moldes biológicos, sociales y educativos

para recuperar la creatividad, la autogestión y el apoyo mutuo.

 circulos

LA COOPERACIÓN ESENCIA DE LO VIVO

Hace más de un siglo, el etnólogo ruso Piortr Kropotkin demostró cómo la cooperación y el apoyo mutuo juegan un papel fundamental en el ser humano, entre otras cosas, porque  fue el factor determinante en el proceso evolutivo del Homo sapiens. Dicha teoría que, cuestiona la visión de Charles Darwin y pone de manifiesto sus insuficiencias, es sustentada por muchos científicos actuales, entre los que destacan los biólogos Máximo Sandín y Humberto Maturana quien afirma que “el origen antropológico del Homo sapiens no se dio a través de la competición, como Darwin planteaba, sino a través de la cooperación”.

Parece ser que hubo un periodo histórico en el que los colectivos humanos se organizaron y funcionaron siguiendo esos criterios solidarios. Siendo la acción conjunta, la búsqueda del bienestar y del bien común lo que incentivó la creatividad y permitió  la supervivencia de nuestros primeros antepasados. Pero en poco tiempo pasó a practicarse solo en algunas culturas tribales y por colectivos minoritarios porque el predominio del patriarcado- con la consiguiente división jerárquica del trabajo, de roles y de género-, lo fue sustituyendo por  relaciones basadas en el poder de unos pocos, el egoísmo y el individualismo. Comportamientos  que la sociedad industrial y el actual sistema capitalista basado en el trueque competitivo, convirtió en sus iconos.

Resulta interesante constatar que el mamífero humano es la única especie que ha roto aquella forma de relación, innata y natural, basada en la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo; comportamiento que sin embargo se da en todo el reino animal, como ya demostrara también el propio Kropotkin.

Son muchas las investigaciones realizadas en este sentido. Se sabe, por ejemplo, que  una hormiga estresada comunica al instante su estado a las demás gracias a una corriente de ferohormonas que emite su cuerpo y que llega a contagiarlas, ante lo cual buscan entre todas la forma de resolver el conflicto.

Algo similar describió Karl Von Frisch en su estudio sobre las abejas. Observó que tienen la capacidad de transmitir a sus compañeras el lugar exacto donde está ubicado el polen que alguna encontró, mediante una “danza” compuesta por movimientos horizontales y circulares, hecho que  potencia la cooperación entre todos los miembros de la colmena, y su integración.

Por tanto, si ese comportamiento forma parte de la naturaleza animal y de la esencia del ser humano, cabe preguntarse si existe algún factor específico, más allá de los culturales y  económicos, que impida su desarrollo y configuración social, e imponga por el contrario el modelo individualista y competitivo.

 UNA CONSTRUCCIÓN SOCIAL

Fue el neurosiquiatra Wilhelm Reich quién demostró hace ya algunas décadas que es precisamente nuestra estructura personal y su configuración caracterial —que se articula durante el proceso madurativo— la que refuerza y mantiene dicha dinámica social. Observamos sin embargo que, que por lo común, el ser humano se relaciona con su prole desde el principio de su vida hasta la madurez, de una forma antiecológica, al no satisfacer suficientemente o reprimir sus necesidades naturales imponiendo conductas basadas en el miedo y la violencia, dentro de modelos familiares y escolares que priman el individualismo y la competitividad.

Ello genera un sistema defensivo psicocorporal o “coraza caracteromuscular” que, si bien protege al niño del sufrimiento emocional, en la edad adulta le priva  del contacto interno con sus necesidades y potencialidades naturales, entre ellas su capacidad de autorregulación, de amar y de cooperación, atrofiando a su vez su sentimiento de pertenencia o consciencia ecológica. Los poderes fácticos refuerzan ese estado de cosas a través de la educación, las instituciones sociales y los medios de comunicación.

Esto viene confirmado por  las   investigaciones que desde hace unos años realiza  Michael Tomasello, co-director del Instituto Max Planck, según las cuales, los niños  que colaboran equitativamente en un trabajo tienden a compartir los resultados y el premio, mientras que cuando lo hacen de forma individual, su motivación y  forma de actuar  se basan en la obtención del beneficio, por lo que una de sus conclusiones es que la “cooperación es una tendencia humana mediatizada por la forma de educar”.

Además durante los últimos decenios la sociedad está cambiando vertiginosamente. Ni tan siquiera sirven ya los esquemas teóricos, las formas de funcionamiento ni la educación que cimentaba la sociedad industrial, basados en la necesidad de mano de obra mecánica y de técnicos especializados para su desarrollo.

Las nuevas tecnologías están eliminando puestos de trabajo de forma vertiginosa, y lo van a hacer mucho más. Nos encaminamos hacia una sociedad donde las  máquinas “inteligentes” al servicio de unos pocos, convivirán con grandes masas humanas esclavizadas, desubicadas y sin una ocupación determinada, lo cual comporta la anulación de la identidad, y por tanto del funcionamiento ecológico. En palabras del escritor Arthur C.Clarke, “lo que empezó siendo una novela de ciencia ficción, está siendo terminado como reportaje”.

RECUPERAR EL APOYO MUTUO

En el nuevo paradigma que la sociedad occidental necesita para superar la crisis global y planetaria, que Fritjof Capra denomina Ecologia Global, el comportamiento del ser humano deberá recuperar los cimientos de su naturaleza siendo pues, la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo sus principales referencias.

Por todo ello necesitamos, hoy más que nunca, romper esos moldes caducos que han demostrado conducirnos a la barbarie y  al agostamiento del planeta, con el riesgo evidente de que nuestra especie se extinga en unas décadas, y poner asimismo en práctica dinámicas alternativas basada en  modelos de cooperación. Para ello necesitamos:

  • Adoptar, dentro de lo posible,  una “racionalidad cooperativa” donde los intereses individuales no puedan separarse de los del resto de la sociedad, intentando dejar de lado nuestra forma economicista e individualista de pensar y de estar en la realidad,  tal como aconseja  el filósofo brasileño Mauricio Abdalla. Hay algunas experiencias ocasionales que pueden facilitarlo. Recuerdo  una sesión con un grupo terapéutico, donde  uno de los participantes manifestó de pronto que, después de tantas horas compartidas a lo largo de dos años, finalmente tenía conciencia de quién era, y que había perdido el sentimiento de soledad al darse cuenta de que el resto de personas del grupo, de alguna manera, estaban con él. Lo que hacía repercutía en los demás, lo que les pasaba a los demás repercutía en él mismo. Asocié enseguida su declaración entusiasmada con la frase con la que el gran filósofo de la complejidad, Edgar Morin, cerró en una ocasión una entrevista: “Yo soy quien soy, soy yo, soy tú, soy la humanidad entera”.
  • Poner los medios necesarios para cambiar radicalmente el tipo de educación, encaminándola —como preconiza Ken Robinson, uno de los adalides del “nuevo paradigma educativo”— hacia un modelo donde impere la colaboración y la cooperación. De lo contrario, nuestros hijos, por  muchos deberes que hagan y muy brillantes que sean sus expedientes académicos no podrán desarrollar sus potencialidades ni elegir una actividad social satisfactoria para ellos mismos y para el colectivo, en la sociedad que les ha tocado vivir.
  • Apoyar y hacer posible la sostenibilidad de todos aquellos colectivos laborales que están funcionado dentro de modelos basados en la autogestión y en la ecología, donde se sustituye  la jerarquía autoritaria por la autoridad de la asamblea y el reconocimiento de las funciones compartidas. Así como los espacios educativos que siguen esa línea. Recuerdo, en este sentido,  como en una escuela libre con la que tengo una relación muy próxima, la asamblea de niños y profesores que denominan  “círculo mágico” es el espacio donde se programan entre todos las tareas y se resuelven los conflictos internos
  • Modificar la forma en que se acompaña a los niños y las niñas desde el principio de sus vidas, organizando sistemas familiares abiertos, expansivos, gozosos, que respondan a sus necesidades en estrecha colaboración con los espacios escolares.
  • Coordinar ambos espacios, el familiar y el escolar con parámetros ecológicos parejos, donde se respeten  sus ritmos y  se confíe en su capacidad de autorregulación, permitiéndoles, para ello, participar desde el principio en las decisiones, tareas y actividades del espacio que compartan, reconociendo sus potencialidades, límites  e idiosincrasias, para que a su vez puedan reconocer las de los otros. Así  el sistema familiar facilitaría a los niños el desarrollo de lo instintivo, de lo innato, lo esencial, mientras que el sistema escolar les aportaría el sustrato cognitivo, el reconocimiento y la gestión de lo innato a partir de instrumentos concretos como  la organización y el trabajo en grupos creativos y solidarios. Modelo que se haría extensible a los clubes deportivos, de ocio, y a cualquier  otro colectivo.

Estas medidas, ayudarán a que las nuevas generaciones, adquirida su identidad humana y una ética solidaria, sean capaces de  afrontar la crisis planetaria con nuevos recursos y nuevas aptitudes, así como los retos de la nueva sociedad, para transformarla en una más humana, justa y solidaria.

 Xavier Serrano Hortelano

Psicólogo especialista en psicología clínica ( CV141) .Sexólogo.

Psicoterapeuta caracteroanalitico especialista en Psicoterapia breve, vegetoterapia y sistemas humanos

(Orgonterapeuta formado en la Scuola Europea Di Orgonterapia fundada por Ola Raknes y Federico Navarro) .

Director de la Escuela Española de Terapia Reichiana( ESTER)

  Miembro de la EABP. EAP. EFS, FEAP, SEPTG, IFOC

Ejerce su actividad clínica, preventiva y docente principalmente en Valencia( España) desde 1980.

 


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Naturaleza humana y medio ambiente

El paradigma reichiano puede ser una forma de entender y analizar los desequilibrios ambientales frutos de un hombre acorazado, rígido, que cada día pone más en peligro la vida en el planeta. El pensamiento reichiano tiene una visión holística, ecológica, sistémica y funcional que ayuda al entendimiento de la relación humanos-ambiente. Además, el propio discurso de preocupación ambiental y por un mundo más sustentable sirve para justificar el porqué de realizar trabajos preventivos desde la primera infancia, incorporando la idea de autorregulación y evitando el acorazamiento en el hombre, permitiendo así mejorar la calidad de vida en el mundo.

Wilhelm Reich (1955), teórico iniciado en el psicoanálisis, desarrolló su propio método de trabajo, que fue evolucionando a lo largo de su vida, pasando por el análisis del carácter hacía la vegetoterapia caracteroanalítica, hasta llegar a la orgonterapia. Su teoría fue ambiciosa ya que buscó realizar un diálogo abierto entre las diversas ciencias para entender el fenómeno de la vida. Conocido como el padre de las psicoterapias corporales, y por esto mismo, más circunscrito al área clínica por muchos continuadores de su pensamiento, parcializando la fuerza y coherencia de su teoría, que abarca lo social, lo energético, lo biológico y lo psíquico. Su paradigma, que intenta responder las dudas que deja el paradigma mecanicista, lo denominó “Funcionalismo Orgonómico” (1950a). Diversos teóricos consagrados y aceptados en la psicología, como Eric Fromm (1977), Alexander Lowen (1977), Fritz Perls (1959), fueron influenciados por Reich, si bien muchas veces no le hacen el justo reconocimiento.

Reich pensó un paradigma donde la praxis clínica es complementada y profundizada por la profilaxis (trabajos preventivos) y la acción social, así como es enriquecida por las investigaciones acerca de la energía vital, la que denominó “orgón[1]” (Serrano, 1991).

En este artículo, se busca rescatar la teoría reichiana para entender las relaciones entre los seres humanos y su ambiente, por lo que puede aportar a una comprensión más enriquecedora de la problemática ambiental tan agravada por el hombre contemporáneo (Reich, 1950a).

La interacción entre hombre y ambiente siempre ha existido, pero nunca el ambiente estuvo tan amenazado como ahora. Y esto se da por los cambios que se han producido en la interacción entre los hombres y entre estos y su ambiente: los hombres, como consumidores, van usando y abusando del ambiente físico como les conviene, ya sea para la supervivencia personal, o para la supervivencia de su especie. Es por esto, que estamos viviendo en un planeta que está sufriendo graves problemas ecológicos. El consumo de los recursos naturales para generar energía que abastezca nuestra superpoblación provoca ingentes problemas como el calentamiento global, el aumento de sustancias tóxicas en la superficie del planeta, el deshielo, cambio de temperatura de los océanos, huracanes desvastadores, miedos a futuras inundaciones y tsunamis, etc. Y viendo la realidad ambiental de contingencia, se hace necesario dedicar tiempo y esfuerzo para intentar cambiar los efectos destructivos de la vida del hombre en el planeta. Serrano (2001) apunta que estos efectos destructivos son consecuencias de la importancia que el consumismo tiene entre los hombres. Un modelo social que está en la base de nuestro sistema económico actual y que provoca un modo de vida cada vez más individualista, dañando al hombre tanto en sus relaciones personales, como sociales y ambientales.

Este modelo basado en el consumismo ha provocado una falta de entendimiento respecto que la especie humana solo puede existir dentro de un ecosistema. El hombre necesita de su entorno así como un feto, para sobrevivir, necesita del útero materno, que en ese momento es su ecosistema (Pinuaga & Serrano, 1997).

Rinehart & Winston (1974) dicen que al cambiar el ambiente “el ser humano pone en movimiento fuerzas que solo pueden ser revertidas o recanalizadas por un esfuerzo conciente y deliberado, y tal esfuerzo solo será bien sucedido en la medida que las implicaciones de las relaciones persona-ambiente sean enteramente comprendidas” (5)[2]. Por lo tanto es fundamental asumir la responsabilidad de esta comprensión para que se pueda pensar en los cambios necesarios, que como dicen estos mismos autores, solo el animal humano puede deliberada y concientemente realizar.

Se entiende que el pensamiento reichiano tiene una visión holística y ecológica que puede ayudar al entendimiento de la relación hombre-ambiente, así como creo que todo el discurso de preocupación ambiental sirve para justificar el porqué de realizar trabajos preventivos desde la primera infancia, pensando en otra forma de vida, donde se la pueda respetar más, sea ésta al interior del hombre o, en la naturaleza.

Si como refleja Maturana (2003a) conversar es “dar vueltas con”, espero que podamos dar algunas vueltas ayudado por la teoría reichiana para entender y buscar preguntas y respuestas sobre la problemática ambiental.

EL HOMBRE ES UN SER BIO-PSICO-SOCIAL Y ENERGÉTICO

Reich pensaba en el hombre como un ser bio-psico-social y energético, donde cada uno de estos aspectos mantiene una relación dialéctica con el otro. Esto quiere decir que si algo afecta la vida social de este individuo, alguna repercusión tendrá en la vida emocional, o (somática) biológica, o energética de este mismo individuo. Todos estos aspectos tienen una relación dialéctica y funcional. (Reich, 1950a)

El ser humano no vive sin influenciar y ser influenciado por el ambiente que lo circunda, sea éste social o físico. Pensar distinto puede ser peligroso pues podemos no asumir las consecuencias de la vida que cada uno puede generar.

Cuando Reich escribió “Materialismo dialéctico y psicoanálisis” (1923) intentó aproximar dos teorías, que en principio son inconciliables: el marxismo y el psicoanálisis (uno de los motivo porque fue expulsado de la Asociación Internacional de Psicoanálisis – I.P.A-. y del Partido Comunista), sin embargo este trabajo muestra su necesidad de entender el ser humano a partir de los procesos internos (psicológicos) y externos (sociales).

Maturana (2003) coincide con Reich cuando dice que “el ser humano individual es social, y el ser humano social es individual” (Maturana, 2003: 72) pues vivimos nuestra cotidianidad en continua imbricación con el ser de otros. Lo que nos devuelve siempre a una mirada dialéctica entre lo individual (bio-psíquico) y social.

Esta aproximación de teorías, realizada por Reich, existió gracias a una búsqueda de interdisciplinaridad, pues creía que para entender el fenómeno de la vida humana estamos limitados usando apenas el psicoanálisis, o aspectos solamente psicológicos.

Justamente por ser la interdisciplinaridad uno de los puntos más importantes de su obra, fue acercándose a varias teorías que ayudaron a entender y a componer lo que él terminó llamando orgonterapia. Su paso por la medicina, psicoanálisis, biología, física y sociología dan el verdadero soporte de esta conversación entre disciplinas.

Serrano (2004) comentando sobre la interdisciplinaridad de Reich, dice que él “se atrevió a poner un término nuevo a una disciplina nueva (orgonomía) cuyo intento era, precisamente, reunir científicos de distintas disciplinas para poder estudiar de forma global las leyes de lo vivo e intentar descubrir lo que hay de común entre una bacteria y una galaxia; entre un animal humano y una planta; porqué hay vida, y cómo coexistimos” (Serrano, 2004: 117).

Este acercamiento a algunas teorías se dio de forma natural, en la medida en que veía que el flagelo emocional (y sexual) era fruto de una educación determinada por una sociedad autoritaria y represora, colocando énfasis en la importancia de cambiar la sociedad para que el sufrimiento emocional disminuyese.

Pensando en lo que se refiere a la relación hombre-ambiente, es importante cambiar la forma como se relacionan los hombres entre sí para poder cambiar la forma como perciben y interactúan con el ambiente físico (sea natural o construido).

Reich (1955) afirmó que el ser humano posee una unidad psicosomática, y que lo que ocurre en el ámbito psíquico tiene relación en el físico (somático), y de ahí comienza a entender que para sobrevivir en esta sociedad que boicotea la libre expresión y la autorregulación, el hombre tiene que proteger sus emociones, desarrollando una coraza (muscular y caracterial), una armadura que le permita continuar. Y es con esta coraza que se relaciona consigo mismo, con los otros y con el ambiente: protegido, pero también limitado en sus potencialidades de percibir y sentir.

Al final de su vida, Reich (1950b) construyó un pensamiento mucho más abierto y holístico, donde el carácter preventivo va ganando más fuerza e importancia. Percibió que el trabajo de la clínica es uno de los vértices de un triángulo que fundamenta el trabajo de un orgonterapeuta (junto a la investigación orgonómica, y la prevención y acción social – ya mencionadas) y que ella no puede ser pensada como única forma de acción para cambios individuales y sociales. Las construcciones finales de su teoría también pasaron por el entendimiento de la relación entre el hombre y su ambiente físico, principalmente unidos por  el concepto de energía vital.

Rescatando a Reich, es justamente su idea de un hombre bioenergético, lo que lo diferencia de otros autores que también teorizan sobre la dialéctica en las relaciones individuales y sociales.

Para Reich la energía vital (orgón), es una especie de energía biológica que está en todas partes: en los seres vivos y en la atmósfera. También conocida por Bergson como “impulso vital” (Deleuze, 1999), con principios semejantes al concepto de energía estudiado por Thelhard de Chardin (1965), y estudiada y conocida en la medicina oriental como prana, chi (Pierrakos, 1990), entre otras formas de denominarla. Cuando Reich habla de energía orgónica, entra en una esfera de conocimiento que aún es difícil de comprender para muchos teóricos, incluso algunos psicoterapeutas corporales no abordan con profundidad en los conceptos de la orgonomía, priorizando más el análisis del carácter y el tipo de terapia que enfatiza apenas las reacciones corporales y las emociones en el cuerpo. Pero entender la energía biológica llamada orgón que tanto investigó Reich es una forma de entender su pensamiento de un modo más completo.

Reich a través de las investigaciones acerca de la energía orgónica, pudo percibirla, medirla y hasta acumularla, demostrando su existencia visualmente, térmicamente y a través del microscopio. Entendiendo que la energía es lo que mantiene la vida. Su forma de abordar este concepto no es mística, sino al contrario científica, basado en investigaciones que están explicadas en sus libros: “La biopatía del cáncer” (1948), “Éter, Dios y Diablo” (1949), entre otros.

Además en las investigaciones sobre la energía orgónica pudo fabricar algunas máquinas que ayudaban: a limpiar la contaminación radioactiva ambiental y a hacer llover, evidenciando que él también estuvo interesado por los cambios climáticos y los efectos de la forma de vida del hombre sobre la naturaleza.

En esta mirada holística, se percibe los aspectos bio-psico-socio-energéticos funcionalmente relacionados  pues, “la verdad de una cosa no se encuentra en la cosa aislada, sino en su interrelación con otras cosas y su conexión con el todo” (Torró, 1997: 31). Y no es posible hablar de ambiente, sin hablar de individuos y su organización social.

NATURALEZA… HUMANA

A propósito de lo ecológico dentro del paradigma reichiano, el hombre es inevitablemente parte de la naturaleza. Reich afirma: “siendo dado que el hombre es una parte de la naturaleza y no lo inverso, no se puede ir más que de la naturaleza al hombre y jamás del hombre a la naturaleza” (Reich en Torró, 1997: 32). Y cuando se percibe el hombre como siendo parte de la naturaleza, se entiende que él no es mayor que ella. Él hace parte de la naturaleza como todos los otros animales, solo que con una herramienta con la cual puede manipular tiempos, ritmos y romper la continuidad de los aspectos naturales, pudiendo parecer  por esto mayor que la naturaleza misma. Pero sin duda el hombre es uno de los animales más peligrosos pues puede no respetar los movimientos naturales.

“El organismo humano y cualquier organismo vivo en general forman un todo en el que sus partes dependen unas de las otras de manera funcional y dialéctica” (Torró, 1997: 32). Esta es la base de un pensamiento que es sistémico y ecológico.

Reich (1949) señaló que el hombre perdió contacto con la naturaleza adentro y fuera de él. Planteó entonces un retorno a la naturaleza por medio de una vuelta a la pulsación natural que poseen todos los seres vivos cuando nacen. Retrocediendo de esta forma, al contacto con la vida y la capacidad de autorregulación interna.

Él habló en casi toda su obra acerca de potencializar la autorregulación y el rescate de la sensación de órgano que son procesos que se dan en el hombre no acorazado y que facilitan la vida pulsátil (Reich, 1949). Habla de potencializar porque en general el hombre está aprisionado en su propia coraza, como resultado de tener que protegerse de los conflictos creados entre su mundo interno (instintos) y su mundo externo (familia, escuela, sociedad).

Cuando Reich hablaba que “el animal humano no puede comprender y amar la naturaleza en él y fuera de él sin que su pensamiento y su acción funcionen como la naturaleza, es decir, de manera funcional y no mecanicista o mística” (Reich, 1949: 60), quiere plantear que mientras no funcionemos integrados con la naturaleza pulsante (viva), no se entenderá la naturaleza.

El paradigma reichiano critica las formas mecanicista y mística para explicar la vida, porque las consideraba modelos muy limitados en su visión del hombre. Y esto es lo que a veces se intenta hacer con su legado: transformarlo en algo aplicado mecánica y automáticamente, (como son vistos algunos de los ejercicios corporales de apertura de coraza), o como algo místico y “alternativo” y, luego entonces, misterioso. (Reich, 1949)

Sin embargo el pensamiento reichiano es funcional, es decir, que entiende la vida  por medio de sus funciones y de las relaciones entre ellas, y por tanto es importante entender y permitir los movimientos (emocionales, pulsionales, energéticos) para permitir el fluir de la vida (Reich, 1949).

¿Pero, cuál sería la naturaleza de la vida? Funcionar y oponerse a cualquier posibilidad de aprisionamiento, ya que en el proceso de socialización se confunden o substituyen: la naturaleza primaria humana (libre y pulsátil); con las defensas adoptadas por los hombres (forma caracterial/coraza).

En el proceso de socialización (con los padres, escuela y sociedad de un modo general), el niño es reprimido en su impulso hacía el placer y para protegerse adentro de la estructura social alterada por el autoritarismo y por la falta de respeto al ritmo de la vida, forma una coraza que al mismo tiempo que lo protege, lo limita.

“La coraza del cuerpo inhabilita el acceso a las sensaciones de órgano fundamentales y por este hecho toda verdadera sensación de plenitud. La sensación del cuerpo es abolida y con ella la confianza en si” (Reich, 1949: 79). El hombre desaprende los afectos; vive con miedo de las emociones que lo lleven al camino de la pérdida de la razón. Y la fantasía que la razón es lo que estabiliza al hombre y lo que funda la vida actual, gana más fuerza cada día. Pero emoción y razón no pueden caminar muy separadas, pues ambas son antítesis y síntesis de lo que es el ser humano (Reich, 1949).

El hombre acorazado, aquel que pulsa menos, que está distante de si mismo, necesita de la burocracia y de la rigidez para controlar los procesos de la naturaleza. Y con esto va condenando la naturaleza a su alrededor. Todo lo que implique vida y movimiento está comprometido en el hombre aprisionado en su coraza. Este hombre piensa en función de su rigidez y siente menos de lo que podría, percibiendo el movimiento de la vida como algo intrascendente. (Reich, 1949).

“La vida no acorazada, en cambio, encontrará en sus propios movimientos, la expresión del movimiento de la vida en tanto que tal” (Reich, 1949: 74).

Reich preguntaba cuándo se debería empezar un trabajo de cambio y por dónde podríamos partir. Él planteaba que un cambio en la sociedad solo era posible si aumentasen los trabajos para prevenir la implementación de la miseria emocional en los seres humanos desde el principio de sus vidas, porque es muy difícil cambiar la sociedad con individuos tan comprometidos emocionalmente (acorazados), por tanto, la esperanza estaba en los niños del futuro.

El carácter de las personas puede ser una importante resistencia a los cambios sociales, ya que él condiciona las necesidades, las percepciones y la acción en la vida cotidiana y puede influenciar negativamente movimientos sociales de oposición que no obtendrán resultados duraderos de cambios (Serrano, 2001).

En el texto “Malestar en la cultura” (1929), Freud dijo que el hombre sólo puede vivir en sociedad si reprime sus impulsos sexuales y agresivos, para que cierto tipo de orden esté posibilitado. Freud fue quien mejor explicó el hombre neurótico, fruto de esta sociedad autoritaria y patriarcal. Sin embargo esto no quiere decir que ésta sea la única posibilidad de “ser” del hombre. Reich señala que mientras pensemos que la represión es lo que posibilita la vida social, el hombre no va a aprender a regular su energía pulsional en favor de una vida más sana y libre, y así funcionar a partir de los principios de la naturaleza y de lo vivo (Reich, 1949).

Cuando se habla de hacer trabajos de prevención, se busca favorecer el respeto a la vida y a la libre pulsación de un individuo, el cual podrá aprender, por su propia experiencia, a respetar la vida a su alrededor: la suya, la del otro y la del planeta. Con esto podemos pensar que una educación pro-ambiental es más eficaz cuanto más temprano la comencemos y cuanto más permitamos que la vida humana pueda conectarse con la pulsación natural.

Por lo tanto sería necesario empezar nuestras acciones preventivas antes incluso del nacimiento: desarrollando trabajos de prevención durante el embarazo; facilitando partos naturales donde se respete el ritmo de la vida y donde la idea de que la vida es un continuum esté presente (Liedloff, 2003). En cuanto al concepto de continuum, Liedloff defiende la idea que en el desarrollo humano es importante respetar la continuidad de los eventos que van ocurriendo. Por ejemplo: el niño que nace de parto natural está respetando más el continuum de su especie que el niño que nace de parto por cesárea. En el primero caso él está siendo preparado para el nacimiento por intermedio de las contracciones uterinas (que son una especie de masaje que estimula el funcionamiento de los órganos internos). En el segundo caso, ocurre un corte en su pulsación, ya que no existe el proceso que facilita la continuidad pasando de una situación a otra de forma brusca y discontinuada. Respetar la ley del continuum en la primera infancia es entender las fases por las cuales pasa cada niño, al tiempo que se respeta su ritmo biológico, sin imponer cambios bruscos en el paso de una fase a otra. De esta forma también estamos facilitando el contacto con sus propias sensaciones, previniendo la formación de la coraza, y equipando los nuevos seres humanos para un contacto mayor con su naturaleza y con su ecosistema.

Se puede pensar que a un niño que le respetaron sus movimientos y desarrollo, estará más equipado para a su turno respetar los movimientos de vida de la naturaleza.

Además de Reich, los post-reichianos afirman que es necesario cambiar las bases de la sociedad, las bases de lo que funda la vida en la sociedad actual. La vida social aparece agotada en sus potencialidades: estamos ya en el momento de la debacle, y entrando en una fase destructiva de un modo de vida fundado en la agresión y en la competencia. Que revela que muchas relaciones sociales se basan en una forma limítrofe, ya sea por las grandes desconexiones existentes dentro del hombre, ya por su relación con otros seres y su ambiente (Redón, 2007).

Desarrollar una conciencia y un comportamiento pro-ambiental será más fácil cuando podamos también devolver la sensibilidad aprisionada del hombre acorazado.

NATURALEZA VERSUS CULTURA: POSIBILIDAD DE ENCUENTRO

Reich habló de un hombre que por no estar bien introducido en el mundo social, debido a sus conflictos en etapas muy recientes de la vida – desde la fase intrauterina y primeros años de vida – tiene una incapacidad de conciliar naturaleza y cultura. Para Reich la naturaleza es introducida por la madre (siendo ésta una de las funciones maternas), y la cultura por el padre (Pinuaga & Serrano, 1997).

Haciendo una analogía entre naturaleza y cultura con las funciones maternas y paternas, y pensando en una forma de vida más limítrofe – como la que tenemos ahora – donde el conflicto principal radica en que no fue madurada la fase oral y de sustentación, evidenciando así una fisura en el encuentro con la madre, por lo tanto con la naturaleza: el niño entra en la cultura (padre-sociedad) con secuelas del vacío del desencuentro con su propia naturaleza. Cuando el psicoanálisis  (Freud, 1919) dice que hay que dominar el placer/ impulsos (para no acercarnos a la vida animal-irracional) por el principio de la realidad; realidad y placer parecen tomar caminos distintos, a veces opuestos adentro del ser. Estar en sociedad, conociendo y aceptando los movimientos libidinales pareciera ser imposible al interior del pensamiento psicoanalítico.

Reich habló de la posibilidad del encuentro entre naturaleza y cultura en el hombre para que él pueda vivir más pulsátil en la sociedad y, que así también, pueda lograr su unidad psicosomática. Y que si la familia; madre y padre respetan la energía libidinal de su hijo, éste tendrá mejor preparación para vivir de forma menos disociada su vida adulta.

Los psicólogos/as además de preocuparse por cuestiones individuales y sociales, también tienen que estar preocupados con la generación y distribución de energía, con el nivel de CO2, con la distribución de agua potable, con los deshielos, con los incendios accidentales y provocados.

El ambiente está desequilibrado, y esto se da principalmente por la forma de vida adoptada por los hombres: individualista, consumista, beligerante; una forma de vida que busca proteger apenas a un individuo. Y cuanto más miremos hacía adentro, menos vemos cuanto esa forma de ser afecta directamente el ambiente que se transforma al tiempo que se destruye.

Las grandes ciudades son frutos de esta vida individualista: casas pequeñas para familias pequeñas; edificios dormitorios para familias en ciudades populosas. El problema de tener una vivienda propia es cada día más evidente, incluso para los países desarrollados, como Francia, España, el Reino Unido, etc.A pesar de la explosión demográfica en determinadas regiones del planeta, son aun pocas las iniciativas de protección al medio ambiente. No las promoverá este hombre que se preocupa tan poco por recolección selectiva de la basura, por la economía de energía y agua, por reciclar y proteger. Y esto es así, porque está preocupado por la apariencia; preocupado en tener cosas, y consumir todo cuanto pueda.

“La sociedad de consumo se mantiene y posee un claro futuro pues se apoya en seres débiles, que necesitan líderes autoritarios, así como consumir y compensar sus carencias históricas” (Serrano, 2001: 40). Las carencias históricas que Serrano menciona son emocionales, construidas a lo largo de la vida de un individuo. Reich afirmaba que es preciso pasar por un cambio en las relaciones sociales que priorice la satisfacción afectiva en su proceso de desarrollo para disminuir o eliminar la adicción al consumo. Ya que el consumismo sirve para llenar espacios vacíos adentro de la vida emocional del ser humano.

Sin embargo el consumo de bienes no está garantizado para todos. Como dice Moreno & Pol (1999):

Aunque en determinadas partes del mundo el consumo es muy alto, quedan sin satisfacer las necesidades básicas de consumo de una gran parte da la humanidad. Ello se traduce en la demanda excesiva y en estilos de vida insostenibles en los segmentos más ricos, que imponen presiones inmensas en el medio ambiente. Entre tanto, los segmentos más pobres no logran satisfacer sus necesidades de alimentos, salud, vivienda y educación (Río 92, program 21:25 In Moreno & Pol, 1999: 24).

Serrano (2001) afirma que lo que se debería consumir en la primera infancia es el amor, a través de “una vida intrauterina sana, un parto natural, una lactancia funcional con amor y viviendo en una familia abierta que le permite reconocer su cuerpo y el de los demás, accediendo al mundo social de forma dulce y rítmica…” (Serrano, 2001: 40). Para que el consumo no fuese una forma de llenar los agujeros de cada uno.

Se busca subrayar entonces que no se pretende explicar los fenómenos sociales exclusivamente a través de los aspectos individuales. Ni quiero caer en el riesgo de que se entienda que los problemas sociales serán resueltos o disminuidos apenas con algunos cambios a nivel individual. Las psicoterapias ya demostraron que el hombre terapeutizado no está logrando cambiar la sociedad. Pero, es cierto que cada individuo mantiene de forma sutil la máquina que da forma a las relaciones actuales, que es la máquina del consumismo. Es preciso tomar conciencia de esto para pensar en pequeñas revoluciones (Serrano, 2001).

Es por lo tanto necesario hacer movimientos individuales y sociales, volver a creer que se puede cambiar algo de este mundo en que vivimos, y que podemos plantar semillas que desaceleren la máquina de destrucción individual, social y, evidentemente, ambiental.

ESPERANZAS UTÓPICAS PARA EL FINAL

Para el final de este artículo, se apunta tres aspectos que pueden facilitar un futuro distinto: la idea de sustentabilidad; el desarrollo y rescate de la colectividad; y el desarrollo de una ciencia del amor.

Según Lester Brown “una sociedad sustentable es aquella que es capaz de satisfacer sus necesidades sin disminuir las oportunidades de las generaciones futuras” (en Serrano 2004: 119). Es justamente todo lo contrario de lo que está pasando ahora: estamos consumiendo todos los recursos y pensando muy poco en las generaciones futuras. No es extraño escuchar la pregunta: ¿en qué mundo van a vivir nuestros hijos y nietos?

Según Serrano (2004), la lógica del mundo actual es productivista y mantenida por la lógica neurótica, por la que estamos entrando en una locura como especie ya que cada vez más nuestras dinámicas individuales y sociales son destructivas.

Moreno & Pol (1999) afirman que para asumir un planteamiento de sustentabilidad es necesario una actitud comprometida con la realidad. Se entiende por esto que ellos quieren decir que podemos salir de la esfera de las ideas, del pensamiento y así concretar en el plan real y práctico, acciones importantes que faciliten la sustentabilidad de la vida en el planeta. Ellos hablan aun que es necesario un cierto nivel de “vertebración y cohesión social” (Moreno & Pol, 1999: 24) para que la colectividad pueda asumir la idea de los principios de la sustentabilidad.

Lo que ellos llaman “cohesión social” puede ser asociado con lo que refiere Maturana (2003) al decir que el ser humano tiene una “pegajosidad biológica” (Maturana, 2003: 80) que lo une a los otros seres humanos: que se forma a partir del placer de la compañía de los otros seres, del amor y de la socialización humana, y que sin ella no existe una vida verdaderamente social.

Recuperar la colectividad parece ser una salida como comenta Serrano (2004):

“Podríamos llevar la idea de colaboración y cooperación al terreno de las sociedades humanas para recuperar dinámicas sociales perdidas y ahogadas por la competitividad feroz y la violencia vinculada a intereses económicos, que nos está llevando a la auto-destrucción como especie y como consecuencia, a la de nuestro planeta” (Serrano, 2004: 120)

Asumir las responsabilidades de lo que somos, de las consecuencias de nuestra forma de ser y de los cambios que podemos potenciar, parecen ser algunos de los caminos a seguir.

La teoría del Darwinismo social es una peligrosa cientificación a servicio de la era industrial (y que continúa hasta los días actuales), cuando justifica la competencia libre y la supervivencia del más apto. Pero, otro enfoque, propuesto por Montagu (1990), defiende la idea que el fenómeno que permitió siempre que el hombre continúe como especie y que haya alcanzado la humanidad fue la cooperación y la ayuda mutua (Montagu, 1990).

Nosotros, seres humanos, parecemos los más fuertes porque tenemos la inteligencia al servicio de la supervivencia; pero al mismo tiempo comenzamos a ver que esta inteligencia no es suficiente para aplacar los efectos destructivos de la vida justificada por la ley del más fuerte y más poderoso. Entonces podemos pensar, siguiendo el paradigma reichiano, que esta inteligencia no está siendo usada de manera funcional.

Maturana (2003) afirma que la vida solo continúa porque existe la idea de colectividad; que es la preocupación por la especie lo que favorece la continuidad de la misma. Pero, la especie humana no puede vivir sin un ecosistema a su alrededor. El bebé no puede sobrevivir solo, así como el hombre no puede vivir sin que otras especies también existan. Esto ocurre así pues hacemos parte de un ecosistema donde muchos aspectos tienen que estar organizados para que la vida continúe dinámica y funcional.

No se puede entender el problema ambiental actual separándolo de la comprensión sobre cómo el ser humano va tornándose más individualista al tiempo que abandona la vida natural y por ende su ambiente. Serrano (2001) plantea que mientras el ser humano no pueda ser generado y cuidado en un ambiente que respete más sus procesos de autorregulación (naturaleza), él no va entender porque tiene que pensar en la naturaleza externa a él.

El desierto emocional es una consecuencia de la vida árida y desprovista de sensaciones y percepciones propias de un hombre rígido (acorazado). Si éste no se preocupa más por el mundo a su alrededor, por la vida en sociedad y por el desequilibrio en su ambiente, los desiertos aumentarán.

Maturana (2003) dice que “toda sociedad en la que se pierde el amor, se desintegra” (Maturana, 2003: 80), pues sin amor no hay socialización. Siguiendo la idea de Reich de desierto emocional y de Maturana que habla de la falta de amor que destruye la vida social, debemos pues estar atentos a las relaciones de amor que se desarrollan desde el principio de la vida de un ser humano, para que la vida en sociedad pueda mejorar y que los desiertos emocionales puedan ser disminuidos.

Por ello se coincide con Michel Odent cuando en su texto “Cientificación del Amor[3]” dice que debemos crear una nueva ciencia: la ciencia del amor. Pues se cree que entendiendo los efectos del amor, del encuentro entre seres humanos, podemos mitigar los efectos de una civilización fundada en la competencia y la agresión. Y Odent afirma que “el desarrollo de la capacidad de amar y del respeto mutuo, así como a la Madre Tierra, se está volviendo un prerrequisito para la supervivencia individual y global” (Odent, 2005: XXVIII).

Munich Vieira Santana 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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[1] Orgón es el nombre dado por Reich a la energía vital, biológica observada por él desde los años ´30. Su nombre es derivado de la palabra organismo (Dadoun, 1991).

[2] Traducción de la autora

[3] Se considera importante no tomar la idea de amor como algo etéreo, intocable, irreal, romántico, sino de una forma más práctica, como habla Keleman (1996) sobre los estadios del amor en el desarrollo a través de: cuidados, preocuparse con el otro, cooperar y compartir.