Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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EN MEMORIA A LAS VICTIMAS DE FEMICIDIOS

PSICOLOGÍA CORPORAL

Por Karin Bock Galvez

 

 

Karin Bock Gálvez

Psicóloga,  Psicoterapeuta Sistémica

Docente en la UCINF – Santiago de Chile

Alumna del magister en Género de la Universidad de Chile

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Sobre Crianza Ecológica

ECOLOGIA

Por Munich Santana

Hablar de crianza ecológica importa tener en cuenta la relación de todas las variables que marcan los objetivos puntuales en cada fase del desarrollo. Variables que van confluyendo en cada momento histórico del desarrollo de una vida: desde lo intrauterino, hasta el proceso de nacimiento y desarrollo de la fase maternante, en la relación con la figura materna. O con la figura paterna, la entrada en la familia o escuela, el desarrollo de la sexualidad, entre otras. Estas variables pueden darse en un plano micro (por ejemplo adentro de los cuerpos de la madre o el padre) hasta en un plano macro (como el de las estructuras sociales en que vivimos). Somos seres socio-históricos siempre, aun cuando  todavía vivamos adentro del útero de nuestras madres; somos seres biológicos aún cuando estamos enmarcados en espacios sociales o emocionales.
Tomar apenas la madre o el padre, la lactancia o la escuela, por separado, e intentar analizarlos, es una mirada limitante porque estos son aspectos parciales de una serie de variables que van confluyendo en todo momento de la crianza. Por supuesto en cada fase hay un aspecto que es más importante que otro, pero siempre está vinculado con los otros aspectos del ecosistema familiar y social.


Características de la crianza ecológica:

Interrelación entre distintas variables 

Influencia de la cultura de los padres y de la historia de cada individuo.
La jerarquía del tiempo hace que en determinado momento sea la madre, o el padre, o los grupos sociales, o la escuela, quienes tengan más peso. Esto no significa que las otras variables no estén presentes, sólo que están fuera del foco, al tiempo que hacen parte de la escena de la crianza. Y todo el tiempo estas variables se interrelacionan en el sistema familiar y social.
Perspectiva colectiva:

Reconocimiento de todas las necesidades de los miembros de la familia, donde el apoyo mutuo es una función muy enriquecedora del proceso de crianza.
Perspectiva temporal

Tener claro ésta perspectiva permite comprender el presente a partir del pasado (historia), y así tener una perspectiva de futuro (prevención), hacia donde vamos y porqué hacemos lo que hacemos en el proceso de crianza. Es decir no mirar apenas el fenómeno en el presente, como si las respuestas pudieran ser entendidas y sostenidas, separadas de un contexto histórico.
– Sostenibilidad

Un acto en la crianza puede ser pensado y propuesto por una familia o por sistemas macro sociales, cuando están dadas las condiciones que permiten sostener éste acto. Si no, es necesario crear las condiciones de sostenibilidad. Las propuestas de crianzas tendrían que salir del plan ideal para llegar a un plan real y sustentable para una familia. Ejemplo: ¿una mujer que deja de trabajar por un año para cuidar a su hijo, está haciendo un acto sustentable?.  ¿Es sustentable para una mujer que está angustiada y que se siente sola o muy ansiosa frente a su bebé, prolongar la lactancia hasta que éste decida dejar de tomar la leche materna?. No podemos decir que si o que no apenas con estos argumentos, antes bien habría que acercarse a la historia de cada familia y tener en cuenta las variables, la perspectiva colectiva y temporal, evaluando si es sostenible o no lo propuesto; esto es dejar de trabajar, encarar una lactancia prolongada.

Volver a la tribu
Es importante volver a la idea de Tribu, donde los roles psíquicos no estén tan marcados, donde lo importante sea la función y que todos cooperen para que ésta se dé. Si pensamos en el rol de madre (y hay una tendencia a endurecer la mirada y pensar que es aquello que hace solamente la mujer) o rol de padre (aquello que hace solamente el  hombre) nuestra mirada será estrecha y parcial. Pero si pensamos en función materna (cuidar, favorecer condiciones de contacto permanente con el bebé), ésta puede ser ejercida por cualquier persona con capacidad de contacto, y que ofrezca al bebé lo que éste necesita para contemplar las necesidades del período post-natal. Por otro lado, si pensamos en función paterna (sostener, contener y en otro momento separar y estructurar), ésta también puede ser realizada por cualquier persona que cumpla esta función. Aunque no haya madre o padre, es importante en un determinado momento del desarrollo  que  alguien cumpla las funciones materna y paterna.
La tarea de criar un hijo es una tarea muy grande para una única persona, incluso para dos; y es la razón por la que se sobrecargan los sistemas familiares, pues las familias suelen ser núcleos pequeños y cerrados de crianza. Abrirse a grupos sociales un poco más amplios, recuperar espacios, sean estos pequeños, que funcionen como tribus de crianza para crear condiciones de sostenibilidad y apoyo mutuo, son de suma importancia en el momento en el que uno decide seguir un camino de respeto a la autorregulación del niño, a sus ritmos, etc. Tribus que respeten y toleren, en el proceso de crianza, lo que cada uno puede o no puede hacer, sin culpabilizar o intentar cumplir ideales. Caminar en la recuperación de un modo de crianza más abierto, colectivo y responsable.

 

Texto construido sobre inspiración a partir de clases de Xavier Serrano.


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Patriarcado ¿Cómo te lo explico, Ramiro? #Niunamenos

CLONACIÓN DE IDIOTAS

Por Daniela Mattolini

El virus del patriarcado (manzanita uno)

Te entiendo, me dijo una mujer lúcida. “Yo desconfiaba también, como vos de las clasificaciones y etiquetas… creo que lo que te molesta no es eso, es el patriarcado…” Desde que Ana me dijo eso, ocurrió una recapitulación de situaciones autoritarias, sutiles o explícitas. Las imágenes me fueron mostraron la humanidad más cercana y más lejana, la menos y la más querida infectada por una especie de virus: un virus patriarcal, que se encarga de etiquetar toda situación en toda disciplina para formar ovejas-lobo. Es decir, sos del rebaño, pero acusás a las demás ovejas si se salen del “portarse bien”. Y las mujeres que se portan mal corren el riesgo de ser asesinadas. Muchos señores y señoras ovejas parecen celebrar, consentir, justificar cuando un cordero es degollado.

Si prestás atención duele. Cuando el virus asoma en los comentarios casi que es posible aislarlo, identificarlo, buscar una vacuna, una homeopatía, un antídoto. Cuando no, es casi imposible. Todos contagiados de “… es que andaba sola” “ella se lo buscó” “¿qué tiene de malo un piropo?” “las mujeres de bien” (porque parece que hay las de mal…)

Mi cinismo me trae imágenes de zombies infectados de patriarcado. Una señora de “batón” celeste y chancletas pasando el lampazo por la vereda mendocina diciéndole a la vecina mientras mueve la cabeza desaprobatoriamente “algo habrán hecho”. Una explicación sencilla, tranquilizadora que se aplica a todas las violencias. Se me ocurren muchas imágenes para contárselo a los que todavía me hablan de que no creen en el feminismo ni en ningún “ismo” o a los que dicen que el feminismo es lo mismo que el machismo pero al revés.

Todos somos Opinólogos

“Se viralizó una carta en memoria de las chicas mendocinas asesinadas” dice el titular de una nota de Clarín. En la nota aclaran que la carta fue escrita en primera persona por una estudiante paraguaya y pone el foco en la mirada recriminatoria que hay hacia las mujeres en estos casos. Fue compartida casi 600 mil veces. Miles de notas, miles de muertes, miles de dolores. Pero los comentarios debajo de las notas los de “la gente” siguen diciendo lo mismo: la culpa es de las chicas que se metieron “en la boca del lobo”. Cito uno de muchos comentarios y para muestra basta un botón:

“Hay una realidad innegable, que las minas se empeñan en desconocer: una mujer no es igual a un hombre ! Así de sencillo. Es una persona vulnerable, muchísimo más débil físicamente, muy fácil de atacar y dominar….Un muchacho de 20 años como ellas puede hacer frente tranquilamente a cualquiera y no estará en desventaja, pero una mina sí ! POR ESO SE INSISTE EN QUE SEAN ACOMPAÑADAS AL MENOS POR UN VARÓN, justamente para evitar ese tipo de peligros… Y por lo demás, todos sabemos cómo piensan y actúan dos minitas de 20 años que salen a recorrer países cuartomundistas, en los que no hay garantías de ningún tipo…Se sueltan, y andan a la pesca de un par de machitos que les guste, y en esa búsqueda se topan con dos malandras como los que las asesinaron. Así terminan las mochileras.” Dice un tal Ramiro. http://www.clarin.com/sociedad/vira…

Hay tantos Ramiros ¿bienintencionados? emitiendo sus opiniones justamente ante las voces femeninas que decimos que con estos comentarios las matan dos veces y nos condenan a todas, incluídas “sus” mujeres: hermanas, hijas, parejas. En honor a la verdad, algunos diarios merecen más mis respetos que otros y Clarín no es santo de mi devoción, es más bien diabólico en mi panteón de comunicadores. En el tratamiento de esta dolorosa noticia y en casos similares son de destacar la lucidez de Unidiversidad y de Cosecha Roja.

Muy cerca de la marcha realizada en Mendoza por estos femicidios, se realizó la marcha del 8 de marzo, en la que se conmemoró el Día Internacional de la Mujer a raíz de un evento terrorífico como tantos. Tantos que se van naturalizando… y se van mezclando y al querer conmemorarlo, nunca falta una mayoría (dominante) que relativiza ese evento. Porque “a los hombres también los mata y nadie dice nada”, y a los niños y a las ballenas y al oso Arturo. Cada cual merece su justicia seguramente, acorde a su caso, pero nos gustaría que alguna vez quienes alzan estos argumentos pudieran comprender que siguen tapando esta herida social, este hueco legal, este dolor ancestral con esas opiniones y argumentos. En psicología se le llamaría resistencia o negación al mecanismo defensivo ante una dolorosa verdad que pretende revelarse. Y así la sociedad lo tapa a la vez que lo muestra. Cada noticia sobre violencia de género en los medios, bien o mal escrita desde la perspectiva de género obtiene comentarios que sostienen el paradigma patriarcal (escritos por hombres y mujeres).

Queda mucho por hacer, hay mucho que se está haciendo. En las parejas, en las crianzas, en las decisiones sobre cómo vivimos, cómo consumimos y qué consumimos. Porque las muertes de 1908 que dieron lugar a la marcha, a los reclamos socialistas que hoy derivan en el Día Internacional de la Mujer tienen que ver con el consumo de la vida, con la sociedad de consumo y con la falta de respeto las mínimas condiciones de supervivencia de algunos por sobre el confort de otros. 146 mujeres quemadas por un reclamo en una fábrica textil se reproducen por miles en el mundo actual que también cuenta con esclavas textiles acá nomás en Capital Federal Argentina, esclavas sexuales, acá nomás en la Patagonia para que los “esclavos” a sueldo de las mineras se “descarguen” entre el casino y el prostíbulo. Bien pensado, jefe. Jefe patriarcal, esclavista de multinacional que devora a la tierra y a la gente, que acumula una riqueza vacía, dinero.

Es válido dar lugar a las voces que hablan de los dolores del mundo, de los dolores por la humanidad y la tierra tal como la estamos observando. Que es de todos, que no sólo las mujeres mueren, se esclavizan, son violentadas y son asesinadas. Que la violencia se ha ejercido indiscriminadamente, entonces a qué venimos algunas a ponerle resaltador a la que padecen las mujeres. Bueno, es que hay violencias que sólo padecen las mujeres y que la padecen por el hecho de serlo. Esto no ocurre de modo institucionalizado y sistemático con los hombres o los osos polares. Así de simple.

Y hay que hacer la prueba de explicarlo con manzanitas, de conquistar en la comunicación algo de conciencia juntos y juntas. Con el que no lo ve, con el que piensa distinto (aunque frustre tanto que aun publicando una carta como la que se “viralizó” el virus del patriarcado se encienda aún más en los comentarios como los de Ramiro) tratar de bancarse (un poco) la resistencia, la negación, las posturas defensivas, el ataque ideológico, porque de verdad y con urgencia necesitamos un cambio de paradigma, un cambio de conciencia.

Nos están matando por ser mujeres (manzanita dos).

“Es una persona vulnerable, muchísimo más débil físicamente, muy fácil de atacar y dominar…” la debilidad según Ramiro, la oportunidad de ser dominado o atacado, esa cualidad es un “hecho”. Si sos débil, no salgas. Si sos mujer sos débil. Físicamente. Física. Mente.

Porque hay cosas que se supone que las mujeres debemos hacer y cosas que no y si te salís de esos parámetros-jaula entonces corrés un gran riesgo, como nos recuerdan todos los Ramiros que comentaron en este mes, con tono admonitorio sobre cuál es el lugar de la mujer y cuál no. Viene Marcelo un poco más abajo y dice: “Asi terminan las aventuras cuando uno se cree que el mundo es para divertirse y que la vida es una fiesta. Horrendo. Para eso están los padres, que tienen experiencia.”

La vida es una fiesta, Marcelo. Todo lo bueno viene de la Vida. Vos por ejemplo, Marcelo, muy probablemente venís de una fiesta de la vida entre una mujer y un hombre, ojalá vengas de un buen orgasmo consentido y buscado. Estás invitado a la fiesta de la vida, a defender la alegría (como dice Benedetti y canta Serrat) desde que saliste del vientre de tu madre y lograste sobrevivir hasta emitir una opinión tan lamentable. Vos que también sos débil Ramiro, físicamente, sometible y asesinable. Vulnerable, como todo ser humano.

Pero como no sos mujer, no es un “hecho” que tenés que cuidarte, no tenés prohibido viajar solo. Vos, según vos, no estarías en riesgo “físicamente”.

Entre otros comentarios, a muchos Marcelos, Marcelas, Ramiros y Ramiras no les gustan las “poesías” soñadoras sobre ser libres de viajar… tranquilas. Le parece ingenuo que queramos andar por la vida sin que nos maten, siendo tan respetables como cualquiera ¿cómo se nos ocurre?

Querer una vida… Viva. Querer una vida igualitaria. Poder estudiar, y quizá ir a la universidad y querer ganar un sueldo acorde a lo trabajado y que no sea menor mi pago por ser mujer. Que no me pregunten sobre la maternidad como una obligación las señoras del barrio, ni como una carga los jefes que prefieren contratar hombres que no se embarazan, (como las mujeres que encima pretenden cobrar sueldo durante la licencia por maternidad, que ya es un invento moderno). Y las hippies y las chetas que tienen la moda del feminismo, de priorizar a los hijos o de querer partos sin violencia.

Qué pretenciosas, queremos respeto por nuestra vida, por nuestras decisiones, por nuestra libertad. Pero Ramiro duerme tranquilo mandándonos a callar, a no viajar, a no ir a fiestas, a no trabajar si vas a ser madre, a no ser linda, a no querer serlo, a no gustar, a no disfrutar. A consumir pavadas románticas y domésticas que tengan a Marcelo contento. A bancarte todo calladita si querés algo más que lo que Marcelo espera para el triste destino de la mujer. Cualquier osadía, será castigada con violación y pena de muerte. Porque te lo buscaste.

Somos putas, somos brujas, somos locas, por las mismas cosas que un hombre es un groso, un capo, un winner.

Por querer vivir y desear en paz, igualitariamente. Parece que todavía hace falta hacer mucho más para que Marcelo, Ramiro y los salieris de Tinelli se curen del virus patriarcal.

Hoy los restos de Majo Coni y Marina Menegazzo serán sepultados en un cementerio de Luján de Cuyo (Mendoza). Lamentablemente, Ramiro duerme tranquilo, él cree que no mató a nadie.

Daniela Mattolini

Psicóloga, Terapeuta Floral

Participa en Mendoza Permacultura y Alumbra (agrupación de mujeres a favor de un parto respetado)

 


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DE LAS ÓRDENES AL SILENCIO

OTRAS YERBAS

Por Laura Quevedo

Durante los casi 5 años de cursado en la Universidad me formaron para ser una buena “Licenciada en Obstetricia”. Sabía exactamente cuántas gotitas de oxitocina sintética en solución de dextrosa al 5% tenían que pasar para que una mujer pariera lo más rápido posible. Era muy hábil usando la “RAM”[1] con una mano y auscultando los latidos fetales con la otra. Aprendí a hacer “fonditos”[2] cuando el médico que estaba asistiendo el parto me lo pedía. Como toda estudiante inexperta y temerosa, yo obedecía y aprendía de mis superiores. Por supuesto, ahora recuerdo eso y no puedo evitar sentirme pésimo.

Nunca voy a olvidar la primera vez que vi hacer una episiotomía. Imposible no acordarme del sonido que hizo la tijera al cortar la piel de ésa mujer. Sentí escalofríos. Desde ése momento me resistía a “aprender” a cortar a las mujeres. No podía. No lograba entender porqué era necesario lastimar de ésa forma la vagina para que naciera su hijo. De a poco comencé a animarme a evitarlas, lo cual me costó varios retos y descalificaciones. Pero no me importaba. Sentía que estaba evitando un daño innecesario y eso me hacía bien.

Cuando me recibí fue muy difícil enfrentar el mundo laboral. Comencé a trabajar en clínicas privadas soportando maltratos de todo tipo. Llegaba a mi casa llorando, dudando de mi verdadera vocación. Sentía que eso no era lo que quería ser y hacer el resto de mi vida. Por momentos, me veía siendo cómplice de situaciones violentas. Cada semana sufría de migrañas que me obligaban a estar acostada sin poder hacer nada durante días.

En una de esas tantas charlas de catarsis que hacíamos entre amigas bparteras, una de ellas me prestó el libro de Raquel Schallman “Parir en Libertad” y desperté, redescubrí mi deseo fuerte y certero de ser partera. Por primera vez leía los términos violencia obstétrica, intervenciones innecesarias, sistema médico hegemónico… Por primera vez me sentía identificada con una colega. No era la única que sentía esa disociación entre lo que quería hacer y lo que “debía” hacer. Quería ésa revolución. Quería acompañar con ésa pasión a las parejas y lograr el cambio.

Luego de un tiempo, llegaron los libros de Ina May Gaskin, Michel Odent, Laura Gutman, Casilda Rodrigañez Bustos. Y abrí los ojos a una nueva partería. Apasionante, sorprendente, y LIBRE.

Es maravilloso comprender qué necesita realmente una mujer pariendo. Para mí ése fue el mayor descubrimiento. Ya llevaba 3 años de partera y nunca había visto una mujer pariendo sin oxitocina artificial, en libertad de movimientos, pujando espontáneamente.  Ahora que lo pienso, me vuelvo a sorprender.

¿Será como dice Michel Odent: “ el número de mujeres que da a luz a consecuencia de su propio cóctel hormonal está llegando a CERO”? Es realmente preocupante, sobre todo si tenemos en cuenta que la oxitocina es la llamada “hormona del AMOR”, y que tiene funciones tanto en la madre como en el recién nacido que van a perdurar toda la vida.

Me gustaría compartir ésta información que para mí significó una VERDADERA REVOLUCIÓN en cuanto a mi desempeño como partera. Es importante conocer las necesidades reales de una mujer que está de parto. La oxitocina es considerada una hormona “tímida”, ya que para su liberación pulsátil y eutócica es necesario un entorno favorable. Condiciones que no necesariamente son complejas, pero sí están muy lejos de la situación de las salas de partos en instituciones de salud tanto públicas como privadas de la actualidad.

Como premisa básica debemos considerar que durante el trabajo de parto y parto la madre debe encontrarse en un ambiente cálido. Ni la madre ni el bebé deben sentir frío en ningún momento. Algo tan simple como ésto, puede cambiar el rumbo de un trabajo de parto. Otra condición importante es NO DISTRAER A LA MADRE. Para que la oxitocina llegue a su pico máximo es necesario que la parturienta esté totalmente desconectada del mundo. Su parte racional dormida y su parte instintiva y mamífera en ALERTA. Para lograrlo es necesario que la mujer se sienta confiada de su proceso y de quienes la acompañan (partera, médico, doula, pareja, etc). Si algo le genera miedo o inseguridad, se secretará ADRENALINA, que actúa como un antagonista de la oxitocina deteniendo su excreción, provocando entonces trabajos de parto estancados o “distócicos”. Nada debe distraerla: ruidos, luces fuertes, preguntas que la hagan razonar, miedos, trato hostil. Todo eso hace que el proceso sea más lento, difícil y por momentos más doloroso. El sentirse observada provoca una reacción de “despertar en su parte racional” y por lo tanto, frena la secreción de la oxitocina.

Es paradójico que nunca me hablaran de esto en la universidad. Es más, la mayoría de lxs obstetras/parteras lo ignoran. Nuca escuché a una partera ni a un médico hablando bajito, ni los vi apagando las luces, y muy pocas veces escuché palabras cariñosas. Me enseñaron a “dirigir” el trabajo de parto, a decirle a la parturienta cuándo pujar y cuándo no pujar. Quien más alto y fuerte le “ordenaba” a pujar, era mejor partero/a. Quien se paraba con mayor autoridad frente a ésa vulnerable madre con sus genitales expuestos y con gran dolor, era el/la que mejor “hacía” los partos. Es increíble. Me enseñaron totalmente lo contrario a lo que debe hacerse.

Cuando vi por primera vez una mujer pariendo sin intervenciones, en su casa, rodeada de amor y contagiando oxitocina, quedé sorprendida frente a la perfección y la maravilla de nuestro cuerpo.

Conocí el “reflejo de eyección fetal” que siempre vi interrumpido en  partos anteriores. El tocar el periné, apurar el descenso del feto, indicar a la mujer cuándo pujar, obligarla a acostarse (litotomía) provoca la inhibición de ése reflejo perfecto, y se predispone al binomio madre-hijo a mayor cantidad de riesgos e intervenciones (Sufrimiento Fetal Agudo, Maniobra Kristeller, infusión de oxitocina “a chorros”, dificultad respiratoria materna, cansancio extremo, atonía uterina, etc.)

Un auténtico reflejo de eyección fetal puede provocar un estado orgásmico, placentero para la mujer y el bebé naciendo. Es una sensación inexplicable, avasallante, imparable. Y no se necesita que alguien te ordene cuándo hacerlo. ¿O acaso necesitamos a alguien que nos diga cuándo hacer fuerza cuando vamos al baño? Simplemente llega la necesidad de pujar y miles y miles de células impulsan a ése cuerpo fuera de otro cuerpo. Es indescriptible.

Considero como recursos esenciales para quienes acompañan un trabajo de parto: la PACIENCIA y el RESPETO. Recordemos que fue un impaciente quien inventó el fórceps, otro la episiotomía y otro la infusión de oxitócica sintética. Pero primero, para ser pacientes debemos confiar. Las mujeres en nuestro cuerpo, y en el cuerpo del bebé por nacer. Y las parteras y médicos en la fisiología y poder de esa mujer. La maravillosa naturaleza se encargará de dar señales cuando sea el momento de empezar con el trabajo de parto, cuando sea el momento de pujar y parir.

Estoy eternamente agradecida a los padres que me eligieron para acompañarlos en sus partos en domicilio. Gracias a ellos pude comprender el verdadero arte de la partería. Ser guardiana, crear las condiciones necesarias para que se desarrolle el trabajo de parto y se dé un auténtico reflejo de eyección fetal, un contacto precoz del binomio madre-hijo, una lactancia exitosa, etc.

La lección principal que nos brinda un parto fisiológico y libre es que: UN PROCESO  NO NECESITA INDICACIONES NI ÓRDENES. Sí mucha humildad, confianza, paciencia y entrega.

Ésa es la base del nuevo paradigma de atención. Es lo esencial en el arte de partear. Pasar de las ÓRDENES al SILENCIO. Ése el gran secreto. Tan simple y básico como dejar SER.

Sé que recién comienza mi camino por la partería y que aún necesito aprender más de mujeres y bebés. Cada parto es ÚNICO como cada ser que llega a éste mundo. Por eso agradezco a la vida y sobre todo a las mujeres de mi vida, por haber sembrado en mí la necesidad y responsabilidad de ser guardiana y cuidadora de un momento tan maravilloso como es el nacimiento.

 

[1] Es una de las ramas de las pinzas Kocher  utilizada para romper bolsas de las aguas. Las siglas RAM hacen referencia a “Rotura Artificial de Membranas”

[2] Se le llama hacer “Fondo” a la Maniobra de Kristeller.

 

Laura Quevedo

Licenciada en Obstetricia, Partera

Integrante de Alumbra/Mendoza – Una agrupación a favor del parto respetado y contra la violencia obstétrica.


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Indignación: reducen la pena a un violador de menores por considerar al nene homosexual

PERIODISMO SUR-REALISTA

“La realidad vista desde acá, un poco al costado, a partir de las noticias de los diarios. (Por un corresponsal en la frontera)”

Los jueces Piombo y Sal Llargués de la Cámara de Casación bonaerense dijeron que el niño de 6 años “estaba habituado a que lo abusen”. Hay precedentes de una decisión similar y un pedido de juicio político.
Domingo 17 de Mayo de 2015 | 11:15 / VERGÜENZA. Redujeron la pena de 6 años a 3 años y dos meses.
La Cámara de Casación bonaerense le redujo la pena a un violador de menores porque consideró que la víctima, de 6 años, “es gay”. Según publicó el diario Perfil, los jueces Horacio Piombo y Ramón Sal Largués decidieron bajar la sanción a Mario Tolosa, de 6 años a 3 años y dos meses. El tribunal mencionó que el nene tenía “una orientación sexual homosexual y estaba habituado a que lo abusen“. Ante la resolución judicial, la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) expresó su “estupor”.
Esteban Paulón, Presidente de la FALGBT, expresó en un comunicado: “Pretender que una supuesta orientación sexual de la víctima de un abuso es un atenuante al momento de juzgar un caso de este tipo es desconocer la Convención de los Derechos del Niño y la ley de Protección Integral a la infancia; al tiempo que proyecta un mensaje discriminatorio y estigmatizante que vincula el abuso sexual con la orientación sexual de las personas, que son dos aspectos que no tienen ninguna relación.”
Mario Tolosa era vicepresidente del Club Florida, donde abusó del nene en 2010 en Vicente López.  Ante la denuncia de la abuela, la Justicia lo condenó a 6 años por “abuso sexual con acceso carnal”, pero la Cámara de Casación le redujo la pena. “Estaba acostumbrado a tener sexo. Es gay, ya tiene su sexualidad definida. El abuso pasó pero no fue tan ultrajante”, aseguró el Tribunal.
Los camaristas ya le habían reducido la condena a un pastor evangélico acusado de violación de menores. Esto derivó en un pedido de juicio político en 2011, pero no prosperó. En ese entonces, los jueces habían argumentado que las víctimas “viven en comunidades en las que el nivel social acepta relaciones a edades muy bajas”.

http://tn.com.ar/policiales/indignacion-reducen-la-pena-a-un-violador-de-menores-por-considerar-al-nene-homosexual_591226

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Sana indignación entre los amigos de los camaristas denunciados: “No sé adónde vamos a parar, si resulta que ahora los putos van a decirnos qué hay que hacer y qué no hay que hacer, especialmente esto último”, manifestó el Dr. Troncoso, abogado de los jueces cuestionados y sentado al lado del sonriente pastor evangélico que zafó antes, gracias a los mismos jueces.

Mientras acariciaba dulcemente la cabecita de un niño que pasó vendiendo flores y le daba su celular musitando algo al oído del pequeño, se explayó un poco más ante este reportero: “Tolosa es un tipo bárbaro, insospechable de maltrato. Y todos sabemos que el nene es un putito de lo peor, que anda de cama en cama, de baño en baño. ¿Qué culpa tiene Tolosa de que el pendejo sea tan putazo? Nació así y listo. Ni siquiera merecía los tres años que le dieron. Los jueces lo convencieron de que aceptara la pena porque seguro que sale rápido, máximo en tres meses. Y también porque hay una fuerte campaña difamatoria contra estos hechos naturales y ahora parece que las actitudes verdaderamente varoniles no están bien vistas, no están de moda”.

“Contradecir a las fuerzas naturales tiene un alto costo que pagaremos con la pérdida de la paz social”, dice.  “¿O acaso está mal tirarse a la mucama amenazándola con despedirla si no quiere? Estamos llegando al colmo de la degradación, ya no se respetan los valores tradicionales ni las sagradas instituciones. La degeneración humana no tiene límites”, proclama. La entrevista se empieza a poner cada vez más peligrosa: el tipo está furioso y habla cada vez más fuerte, al tiempo que un hilo de baba se le escurre por la comisura izquierda.

“Ustedes se darán cuenta quienes son los que nos impugnan”, sigue. “¡Nada más y nada menos que una manga de trolos y trolas!”, grita cada vez más desaforado. “Si ni los padres del pibe le dan importancia a la cuestión, de tan acostumbrados que están. A la maldita abuela del putito se le ocurrió denunciar a Tolosa. Lo único que no entiendo es porque fue tan boludo como para dejar pruebas y permitir que lo agarraran con las manos en la masa. Debía estar muy caliente pero no lo culpo, los hombres de verdad somos así. Y como dicen mis defendidos, su conducta no fue tan ultrajante porque sentó al pendejo en el bidet y hasta le alcanzó papel higiénico” agrega, mientras hace un chasquido con la mano derecha y rápidamente aparecen cuatro grandotes de cabeza rapada.

Entonces saludo con la cabeza y me voy rápido, mientras el abogado me pregunta dónde se publica y que quiere ver las pruebas porque si no me demanda o me manda a los grandotes, según le parezca lo que se me ocurra publicar.

                                      El Corresponsal en la Frontera

 


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El parto en la trampa

Prevención y Profilaxis

Este texto parte de experiencias, comentarios, ideas y la unión de algunos cables sueltos que siempre están en mi cabeza.

Es un texto que va en la dirección, en el espíritu de la titánica tarea de cambiar el mundo, es decir cuán grandes son sus pretensiones. Pero a la vez la conciencia de ser un grano de arena es lo que me permite ser austera, ya que sé que no es tarea para mí solamente, ni tampoco para una única generación. Otros la comenzaron y la tarea continuará más allá de nosotros.

Quisiera hablar de la trampa en la que tantas veces veo caer a mujeres que quieren parir, conectarse con su bebé, proteger a su cría.

Cuando nos quedamos embarazadas nos abrimos a un mundo nuevo lleno de deseos y felicidades, pero también de miedo a la responsabilidad y de sensación de vulnerabilidad, entre otras cosas. Con más o menos conciencia transitamos el embarazo y a veces podemos llegar a desear un parto natural: y esto así porque tengo conexión con lo que significará para mi bebé y para la especie que yo pueda realizar el mejor parto diseñado por la naturaleza, y porque queremos sentir y permitir que ocurran las transformaciones necesarias para la llegada de otra vida.

En ese juego de si puedo parir o no cuentan muchas variables, que se abrirán con la manifestación de nuestras particularidades y hasta contradicciones: mi deseo, mi cuerpo, mis relaciones personales, cuanto apoyo tengo, mis miedos y mi historia, etc. Podemos entonces en cierto grado flexibilizar, ayudar a tomar conciencia y apoyar la idea de que sí, que es posible parir y en muchas más ocasiones de las que habitualmente suele ocurrir.

Por otro lado tenemos “el dónde” y el “quién” puede acompañarnos. Y aquí voy a considerar el lugar donde más partos ocurren: la maternidad. Sea ella privada o pública, cada una con sus características que intervienen para dejarnos sus marcas. Esa es la otra cara de la moneda y donde muchas veces está tendida la trampa donde terminan cayendo muchas mujeres y familias. La trampa que roba a las mujeres el protagonismo de su parto, desacreditándolas, infantilizándolas, asustándolas y desamparándolas, pudiendo adoptar formas muy variadas de falta de respeto y deshumanización en la atención al parto y nacimiento.

Por eso es de suma importancia sensibilizar al personal de los hospitales, porque un parto no solamente es bueno o malo si hay o no muerte de por medio. Cuando yo era chica (vengo de Brasil) con frecuencia escuchaba el dicho popular “lo que no mata engorda” (dicho sea de paso, está muy bien pensado cuando la sobrevivencia está en juego y tantos mueren literalmente de hambre), pero es evidente que no podemos pensar que lo único grave que puede pasar en el parto es la muerte. Por supuesto la muerte es irremediable, para el muerto y un hecho terrible para su entorno que todos buscamos evitar.

Un parto es bueno cuando la mujer es respetada y le es permitido desarrollar sus potencialidades en el parto; cuando son facilitadas las condiciones para que sea humana, mamífera y no un objeto en manos de un personal hospitalario desaprensivo. Entonces nos enfrentamos con que no solamente hay que preparar las mujeres para la reconexión con esa posibilidad, sino que hay que preparar los equipos de salud para que permitan vivir mejor y de forma más respetada las historias de nacimiento.

Por otra parte no es que ahora haya más violencia obstétrica que antes, es que ahora las mujeres están relatando más sus experiencias y están menos calladas y sumisas al sistema social sostenido por el patriarcado.

El sistema no tolera a una mujer madura, con potencia y que sabe lo que quiere, apenas acepta a la mujer sumisa que se adapte a las normas del sistema y que no piense y no dé trabajo. Pero una mujer por más empoderada que esté, no puede enfrentarse con un sistema médico que suele ser agresivo y abusivo, que representa el poder y que tiene en sus manos los aparatos del patriarcado, en suma: un sistema que es mucho más poderoso que una persona sola. He aquí la trampa de la que hablaba al principio.

Y cuando la mujer no es sumisa, sabe de sus derechos, tiene su plan de parto en manos, llega al hospital o clínica con el mismo o acompañada de una doula o pareja que pueden entrar a la sala de parto, sabe que es mejor elegir la posición de parir, que no le induzcan el parto, que no le hagan epsiotomía, que no le aceleren sus procesos naturales, aun así no es suficiente para asegurar que la van a respetar.

Una mujer que conoce sus derechos, que está conectada con las mejores posibilidades de un parto, no está exenta de asustarse, sentir dolor, llorar y hasta desesperarse. Pero no puede en el momento del parto ser parturienta, abogada, policía y médica de sí misma (o por lo menos no tendría que serlo). Hay muchas experiencias de mujeres que justamente por recordar y pedir que se respetaran sus derechos fueron más violentadas e incluso ridiculizadas en las instituciones públicas. Yo lo veo como una especie de revancha: “ah, vos que te creés saberlo todo y creés poder darnos indicaciones, ya te voy a mostrar quién manda”…

Y entonces se puede probar el gusto amargo de la jodida trampa de sentir que el conocimiento y la conciencia de sus derechos y de sus deseos ponen a la mujer como potencial víctima de un sistema abusivo, justamente por pedir y reclamar -y a veces hasta implorar- por sus derechos. Esta es un arma más del patriarcado para desacreditar la mayor fuerza que tenemos: la toma de conciencia.

Tomar conciencia de la cadena de violencia que funciona en los hospitales también es importante porque el mundo de fantasía a lo “Mary Poppins” no existe (y la palabra supercalifragilísticoespiralidoso no resuelve nada…). Una cadena de violencia que es el fruto obligado de relaciones laborales desiguales y de la lógica de una sociedad capitalista, competitiva y alienante. Se trata más bien de hablar de una selva, desnaturalizada y en que las fieras que pueden atacarnos son nada más y nada menos que otros seres humanos, que a su vez aparecen con sus propias historias de miedos, humillaciones, heridas, desinformación y desconexión con su propia naturaleza. Seres que no comprenden que sus actos dañan y dejan huellas profundas en los cuerpos y almas de mujeres, en los niños recién nacidos y al cabo en toda la familia involucrada.

Tomar consciencia de esto da la dimensión de lo difícil del cambio. De lo mucho que tenemos que trabajar. La conciencia ayuda a prevenir acerca de intervenciones innecesarias y conocimiento de la realidad de lo que ocurre en las instituciones oficiales de nacimiento.

Por supuesto hablo de violencia, y pareciera que este es el punto principal, sin embargo lo más importante es la vida, los nacimientos sanos y con la menor cantidad de intervención posible.

En el trabajo preventivo se busca conectar con la posibilidad de reconocer lo que la mujer quiere y necesita, y ayudarla a ver cómo puede hacer para tenerlo: se busca desarrollar habilidades que le permitan entrar en contacto consigo misma, con su bebé y con las personas que la acompañan en el parto. En el trabajo preventivo hay mucho de responsabilizarse por lo que uno busca para sí mismo. El foco está en lo sano y en potenciar ese camino, así bien como identificar dificultades y desarrollar estrategias para moverlas de su lugar. Por supuesto con conciencia de que la coraza que protegió a la mujer durante toda su historia puede jugar en contra. Así, tomar conciencia de la dureza de la coraza le permitirá saber cuánto tendrá que ser flexible, con la conciencia activa de quién es, cuáles son sus dificultades y potencialidades y en qué medio social está inserta.

Cuando hay una historia de violencia el trabajo es otro: se trata de sanar, acompañar, dar apoyo, salir del trauma, recuperar funciones. Se trata de resignificar la experiencia, pero sin sentir jamás que la culpa fue de la mujer. Nadie puede ser culpable por haber hecho una elección que terminó mal, porque esto es similar a decir que una mujer es víctima de violencia sexual porque usa minifalda. La violencia obstétrica existe y posiblemente existe, como muchas otras deformaciones de este mundo, por falta de conexión y contacto con la vida.

No puede ser que la única forma de escapar de una violencia explícita sea cambiar la forma del parto natural, optando casi siempre por una cesárea, por lo demás ya agendada por anticipado, luego innecesaria (o “innecesarea” como con acertada ironía vemos en campañas de humanización del parto). Porque es tal la brutalidad de una cesárea que, aunque la mujer no la perciba directamente es una violencia que llega al bebé, y en ese sentido se ejerce contra la especie. El problema entonces no es que un parto termine- cuando es imprescindible- en cesárea, sino que 60% a 80 % de los partos terminen en cesáreas.

Y existen las situaciones en que una mujer opte por una cesárea, cuando ella misma se la propone al equipo médico. Sin embargo esto también puede darse por múltiples razones. Una de ellas es la desconexión con los procesos naturales, otra es la conciencia previa de sus miedos y dificultades que le impedirán abrirse a un nacimiento natural. Asuntos que de por sí podrían trabajarse en una preparación para el parto tendiente a flexibilizar los pensamientos y sentimientos. De cualquier modo se trata de la limitación de una mujer específica que puede ser absolutamente entendible, aceptable y trabajada comprendiendo lo grandes que pueden ser los miedos y las corazas del ser humano.

Y cuando esa mujer no se prepara para el parto, los profesionales que la acompañan no le ayudan a flexibilizarse y a confiar en su cuerpo para bajar el miedo, pues el momento del parto no es el de hacerle tomar consciencia de lo que significa para su organismo y el de su bebé, una intervención quirúrgica fuera de los tiempos de los cuerpos y de las hormonas que son importantes para el período post parto. Sólo podemos acompañarla y respetarla en su decisión personal y compensar los efectos de esa forma de nacer, desde ya lo más importante es fortalecer el vínculo con ella y de ella con su bebé. Tampoco es sano que dejemos a la mujer con la culpa de no poder parir. Porque hasta el no poder parir no es sólo un fenómeno individual, también es un fenómeno social fruto de una sociedad asustada. Entonces todo el tiempo bordeamos el tema del nacimiento en un plano íntimo y en el público.

Así que sea cual sea la forma en que pudo nacer un bebé, la madre tiene que tener apoyo suficiente para poder conectarse con él y maternarlo. Las culpas las dejamos afuera; abramos las ventanas y dejemos que vuelen con el viento: NO SIRVEN ABSOLUTAMENTE PARA NADA. Y a mi modo de ver son funcionales al sistema patriarcal y capitalista que mantiene al ser humano aislado y miserable en su propio dolor, creyendo que todo le sucede porque él ha sido malo, incapaz, débil. Es de ésta forma que una mujer creerá que cuando algo sale mal en su parto la responsabilidad es suya, perdiendo de vista la estructura social profundamente malsana en la que ella está inserta. Muchas mujeres quedan con secuelas importantes de angustias y baja autoestima frutos de cómo terminó su parto. Por supuesto no dejo de considerar que el momento del parto es un momento de culminación de la historia de un embarazo y el principio de la vida extrauterina de un bebé y la mujer tendría que poder llegar en sus mejores condiciones y energías a la crianza de su hija o hijo. Y estar con un bebé en brazos con las secuelas de lo que quedó abierto violentamente en el parto sumada a las demandas de un bebé recién nacido puede ser muy estresante, angustiante y hasta colapsante para una madre. Cuanto más las mujeres tengan que aguantar creyendo que es su responsabilidad lo que no funcionó y tengan que sentir culpa, vergüenza y cualquier otra sensación o sentimiento que la deje sola con su dolor, más se desempoderan los movimientos sociales que sí pueden amparar y reivindicar nuevas formas de atención y respeto a la mujer, a la maternidad y a la vida que está surgiendo. Cuanto más llenos los consultorios de psicólogos y psiquiatras atendiendo mujeres que fueron infantilizadas dejándolas impotentes por el sistema médico y sin cuestionar ese propio sistema, más débiles serán los fenómenos grupales que podrían pedir y exigir mejores condiciones para el parto.

Por supuesto si hay un dolor personal es justo que una mujer pueda ser atendida y acompañada por su red de apoyo o profesionales de salud hasta que pueda elaborar y volver a sentirse fuerte nuevamente. Pero es importante no desvincular estos temas del propio sistema social que favorece la desconexión, la pasividad y la violencia en la atención a los partos.

Inteligencia es también la capacidad de adaptación y la adaptación se da cuando hay una integración en las informaciones de distintas experiencias, las buenas y las malas. Esta integración permite no quedarnos pegados a experiencias difíciles, y es esto lo que podemos fomentar a nivel individual para fortalecer nuevamente en la mujer víctima de violencia, para que pueda recuperar el deseo materno. Y a nivel social es un trabajo de hormiga el de formar conciencia, llevar información, presionar en la dirección de las políticas públicas que amparen el respeto, generando también la formación de profesionales más conectados con la vida y con los procesos naturales.

Cuando más y más mujeres y familias salgan a la calle para pedir, exigir su derecho al respeto y a la dignidad, cuánto más puedan denunciar las violencias vividas, cuando sus discursos y acciones vayan ganando más fuerza, más promisorios serán los cambios.

Salir de la trampa donde estuvimos engañados tanto tiempo es fundamental, la trampa invisible que aunque ya no nos aprisiona tiene la fuerza gigantesca de hacernos creer que nos protege. La realidad es que no nos protege, nos infantiliza, nos debilita, nos deja impotentes y amargados.

Lo que despierta el optimismo -y que ya está ocurriendo en muchas historias- es ver y comprobar que SALIR DE LA ESA TRAMPA ES POSIBLE, recuperar la  potencia de parir es posible y proteger el principio de la vida es posible.

 Munich Vieira Santana


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La sexualidad nuestra de cada día

Ecología

Hace un tiempo vengo sintiendo el impulso de poder poner en palabras algunos pensamientos sueltos en relación a sexualidad y abrazo genital, y su función en la regulación energética del  los cuerpos y del sistema familiar.

Con el nacimiento de un hijo o una hija surge la necesidad de adaptaciones para hacer frente a los diversos movimientos que tienen lugar en la pareja con esos nacimientos. Por lo mismo, poder mantener viva la llama del abrazo genital es algo de una trascendencia y potencialidad muy grande en la construcción de una familia. Sin embargo, muchas veces las parejas terminan sufriendo un distanciamiento, un adormecimiento de la piel y de la libido, que dificulta el contacto y la posibilidad de reencontrarse físicamente después que los hijos nacen.

El nacimiento de un hijo trae la función de maternar y paternar. En las mujeres se despierta la capacidad de maternar, esto es vincularse y establecer una simbiosis necesaria para garantizar la continuidad en la maduración de un bebé recién nacido; una función dada en gran medida por los cambios hormonales que vienen ocurriendo desde el embarazo. Ese pequeño ser que nace tiene muchas necesidades básicas que atender, generando muchas veces un desequilibrio en las mujeres que están sobrecargadas y agotadas, pudiendo así aparecer un difícil encuentro con sus propias necesidades insatisfechas, angustias y sombras. Pero independiente de angustias y miedos, las mujeres tienen su cuerpo más exigido al tener que dormir poco, alimentarse mal y atender tan poco a sí mismas. Queda muy al descubierto la falta de lugares donde equilibrar su energía: poder volver a lo suyo, sus libros, su deporte, sus proyectos personales, su identidad, su cuerpo, su sexualidad.

El hombre de la pareja deja de ser su hombre y pasa muchas veces a ser el lugar donde la mujer puede descargar el agotamiento, el estrés, el miedo, la rabia y la angustia, marginando así el placer. Lo que antes era vivido como un espacio de placer y descarga sexual ahora necesita ser un lugar de descanso, de no demanda y no exigencia. Principalmente las mujeres que han sido poco cuidadas y maternadas en su historia piden cuidados, amor acogedor, generoso y tolerante (aun cuando no saben pedirlo), en suma piden amorosidad y sostén de sus parejas, incluso cuando esas no hayan sido las bases de la relación anterior al nacimiento de los hijos.

En ese momento de no querer ninguna demanda o exigencia, la solicitud por parte del hombre de mantener relaciones sexuales, es tomada como una exigencia. Lo que luego tendrá que rechazar. Aquí es donde se puede generar una confusión por la que la sexualidad deja de ser de la mujer como una placentera herramienta de equilibrio de su vida energética y emocional, y pasa a ser una obligación, una tarea más en aras de satisfacer al hombre y mantener la cohesión de la pareja.

Es bueno recordar lo que tanto ha hablado Wilhelm Reich sobre la liberadora función del orgasmo, que permite una descarga del excedente energético del organismo renovando su energía y su fuerza creativa, algo de una dimensión muy íntima y personal, y a la vez un encuentro de entrega consigo mismo y con el otro. Es una función fundamental para la vida y la salud y que la mayoría de las veces es distorsionada y/o reprimida por los procesos de socialización. Esa distorsión mantiene los roles de género muy bien marcados. Es una distorsión que aparece cuando se es muy pequeño  y que provocará que ese ser humano no se apropie de su deseo genital. En éste sentido me gustan las palabras de Joan Vilchez cuando dice:

 “W. Reich consideraba la sexualidad como la tendencia natural del organismo al placer, en sentido amplio, no sólo genital. Es sexual todo lo que nos da placer. Es un instinto, al igual que el hambre, el sueño…y que tiende a la autorregulación.

(Nuestro instinto sexual es muy maleable, plástico y creativo, no tiene la rigidez de otras especies animales, ya que está modulado por el ecosistema familiar y social. La sexualidad humana tiene varias funciones: no sólo la reproducción, sino el placer, la comunicación, la creación de vínculos…)”

 Sin embargo, las mujeres desde pequeñas continúan siendo reprimidas en su deseo de satisfacción sexual y genital; quizás ahora ya no en la forma de siglos pasados, sino por medio de una sutil represión que va pasando generación tras generación y que puede empezar desde la vida intrauterina. En el proceso de socialización/dominación de los cuerpos, todavía se escuchan frases como “no te portes como un hombre”, “no juegue en la calle como un hombre”,  “no te sientes así”, “no seas vulgar”. En tanto que a los hombres se continúa sutil o abiertamente diciéndoles “que no sientan”, que “sean fuertes”, que “no lloren”, y que al ser sensibles, compañeros, solidarios están poniendo en riego su masculinidad. La socialización diferenciada de géneros es propia de la cultura, construyendo modos estereotipados donde las mujeres “pueden” sentir el amor y disfrutar de eso, “pueden” identificarse con la madre nutricia pero tener mucha dificultad de acceder al placer sexual pleno y los hombres “sólo” necesitan sexo y tienen más dificultades de abrirse a sensibilidades que pudieran llevarlos a una experiencia de intimidad y sinceridad en una relación. La pelea para salir de los estereotipos es diaria, y se da en los grandes y pequeños actos cotidianos de una relación de pareja.

Tanto las mujeres como los hombres, todos sienten amor y desean satisfacción sexual, pero a veces están más reprimidos de un lado que de otro. Por eso muchas veces es más fácil sostener el juego de esconder qué siento, que pasar a una relación de gratificante entrega.

Quizás al sensibilizar a la mujer para que se adueñe de su sexualidad, de su derecho a usarla o no en su propia economía energético/emocional, podremos liberar algunas cadenas que una y otra vez se arman en la formación de una familia. Pero cuando se dice a una mujer que puede equilibrar su energía vital a través del acto sexual, hay que considerar también que esa sexualidad es fruto de la relación entre dos personas y de los procesos de vinculación que allí ocurren, es decir, de las potencialidades y limitaciones de los integrantes de la pareja.

Si crecemos en una sociedad donde la sexualidad femenina está al servicio de la satisfacción del hombre y la mantención de la familia, ¿qué gracia tiene para la mujer despertar de nuevo ese deseo?

Recuperemos el deseo materno, permitiendo el maternaje que ayuda en la autorregulación de los cuerpos de los hijos para que estos puedan construir naturalmente relaciones más fraternales, espontaneas y regidas por el placer (Casilda Rodrigañez). Dejemos de reprimir el deseo, tanto en la crianza de los hijos como en su propia vida emocional y sexual adulta. Tarea ardua es salir de ese registro reprimido, es un ejercicio diario ya que la cultura de dominación nos ha expulsado del paraíso (del cuerpo materno) muy tempranamente. La esperanza es la de que los niños sean más respetados en su deseo y puedan recuperar con más rapidez una funcionalidad anclada en el placer y en el movimiento para la vida, y capacidad de amar. Pero eso no va a funcionar muy bien si hombres y mujeres no encuentran en su vida familiar y de pareja su propio lugar de regulación del placer en sus cuerpos.

La idea es que podamos ser libres y por ende sujetos de nuestra propia vida sexual, y nunca objetos cosificados en relaciones estereotipadas. La mujer que puede conectarse con su energía sexual tiene la posibilidad de equilibrar el sistema energético de su cuerpo a través del encuentro con su pareja.  Y así volver a su bebé con la energía justa y necesaria. El vínculo con su bebé engloba otro tipo de relación libidinal. No es necesario poner en un plano de competencia la relación de pareja y la relación con los hijos.

Una vez más, habría que resaltar que en el momento del nacimiento de un hijo, la balanza queda tan desequilibrada que es difícil encontrar satisfacción, gratificación, descarga genital y crecimiento para los miembros de una pareja.

A veces puede llevar algunos años que la pareja vuelva a encontrarse sin un niño entremedio, sin ansiedades, sin demandas constantes. Por esto es que solamente el encuentro con la propia sexualidad, en un acto de decisión y lucidez, es lo que puede reactivar el vínculo físico de la pareja (más allá de familia). Y sin dejar de entender que “la genitalidad, el orgasmo, no “se consigue”, no se “alcanza” volitivamente o con técnicas mecanicistas: es una capacidad que todo organismo tiene pero está limitada. Aunque siempre existirá sexualidad, y, por supuesto, todo lo que permita el goce; ese goce, esa capacidad de placer, está limitada y condicionada por el carácter y por nuestra coraza muscular” (Maite Pinuaga, pág. 25), y por lo mismo se torna difícil acceder a la sexualidad sin trabajar aspectos del carácter y de la coraza.

 En los últimos tiempos, cuando hablo con los hombres de los grupos de crianza que coordino, utilizo la expresión “Guardianes de LA PAREJA”. Ahora lo explico, antes que algunas mujeres se enojen conmigo…

Me viene la imagen del hombre como guardián de ese vínculo hombre-mujer y también guardián de la familia. Alguien con la enorme tarea de proteger y favorecer la relación materno infantil, así como alguien que recuerda a la mujer que él la desea, que la está esperando y así protegiendo el espacio de la pareja. Si la mujer sabe que está siendo protegida y que hay alguien que la puede ayudar a salir de su profunda conexión con el bebé y consigo misma, podrá entregarse a la tarea de maternar sin culpa, sin represión y sin competencias. Todos se benefician.

Infelizmente no siempre es esto lo que ocurre. Diversas fórmulas y combinaciones son posibles frente al nacimiento de los hijos. Los hombres pueden ponerse celosos del vínculo materno infantil al sentirse desplazados, puestos en un segundo plano al tener que esperar y a veces incluso ser los últimos de la lista. Otros se pondrán muy maternales, dejando de proteger y pedir a la mujer espacios de a dos. También hay padres que desaparecen y les cuesta tomar la responsabilidad de la familia y de la pareja durante un tiempo. Puede también ocurrir que los hombres tengan mucha dificultad en desear a sus mujeres una vez que estas se convierten en mamás, pues no pueden dejar de verlas como “madres”. Sin hablar de los casos donde el desamor es lo más presente en la pareja y familia. Cada caso es único y no es correcto generalizar; aun así siento la necesidad de reivindicar el poder sanador del abrazo genital.

Este texto está pensado para las familias donde los hombres quieren paternar y, cada uno a su modo, contribuir al desarrollo y maduración de sus hijos. Es lo que hoy podemos llamar paternidad activa y corresponsabilidad en la crianza. Hombres que están dispuestos a cuestionar algunos patrones de su propio proceso de socialización, y además hombres que desean a sus mujeres. Pero si esas mujeres no pueden tomar a sus hombres como seres deseantes y solamente como padres de sus hijos, la pareja puede estar en peligro.

A veces en la cabeza de la mujer hay mucha confusión. No pueden tomar a sus hombres, aparecen las rabias, los desencuentros, las competencias y el deseo sexual naufraga entre tantos enredos.

Ocurre que también es una tarea para las mujeres la de valorar el acompañamiento que los hombres puedan brindar y confiar en sus capacidades aunque sea de forma muy distinta a las suyas. Ya sabemos que en lo general es la mujer quien está sola en la crianza, pero no siempre es así. Y cuando no lo es, muchas veces, igual está la dificultad de incorporar al hombre en los procesos de crianza y retomarlo como pareja.

En la nueva familia que se forma, hombres y mujeres están buscando lugares más cercanos, más respetuosos para acompañar a sus bebés. Y los patrones relacionales seguramente tendrán que flexibilizarse para que no repitamos las historias de desencuentro de nuestros antepasados que pone, mujeres por un lado y hombres del otro. Pero si una mujer continua quedando sola en la crianza, ella guarda muchos rencores que después inevitablemente son llevados a la relación de pareja en forma de reclamos, amortiguamiento de la vía sexual, entre otras cosas.

Los hombres como guardianes, y no como policías, son los que pueden recordar a la mujer  que hay otra vida que las espera, que hay un amor que la protege y la desea, mientras ella resurge como mujer y madre.

Adaptar la pareja a la familia no es fácil.

En relación a la sexualidad genital, quizás lo mejor es que pudiéramos pensar que lo que le cuesta a la mujer es la penetración, principalmente en los primeros meses después de un parto, por cuestiones obvias de reacomodación del cuerpo y de los órganos genitales y útero. Pero sí pueden estar abiertas a las caricias, masajes, acercamiento corporal, besos, masturbación, escucha, compañerismo. Por otro lado muchos hombres quizás no puedan pensar en acariciar, besar, masajear, conversar sin la penetración. De nuevo aparecen las respuestas estereotipadas, incluso cuando la intención es otra.

Quizás el juego no es a todo o nada. Qué pueden aportar cada uno hasta que puedan TODO nuevamente?

El abrazo genital es la posibilidad de fortalecer lo individual y lo trascendental. La salud bioenergética del cuerpo requiere la descarga del excedente de energía vital. En una relación sexual están en juego el equilibrio del cuerpo, de las emociones; es un espacio de conexión profunda con uno mismo, con el otro y con el cosmos (Wilhelm Reich, Mikel García). Pero si la sexualidad es una disputa de poder posiblemente la mujer no quiera dar su poder al hombre.

La función sexual es el modo más “simple” de reencuentro con la totalidad. Y de eso se trata, que la mujer no piense que la única forma de satisfacer su libido es a través de la relación con el bebé. Porque además de no ser cierto, no es justo para el bebé.

No pongamos en un plan de competencia la maternidad de un lado y la vida en pareja del otro: no pongamos a mujeres y hombres en esta competencia, porque seguro que a los bebés no les interesa. Y una pareja que, a lo largo de su relación, continúa a mirarse, a desearse, ayuda a un hijo a encontrar su propio lugar en la familia.

Decirlo es fácil, pero en la práctica es más difícil porque las mujeres (históricamente hablando) están muy heridas por los hombres (de su historia), y para sanar esas relaciones en su propia relación de pareja necesitarán de mucho placer, entrega a sí misma y a su cuerpo. Conocer qué les gusta, cómo les gusta y qué pueden pedir a un hombre. Y para un hombre es la hora de ser creativo y dejar de recibir la comida caliente encima de la mesa o de la cama.

Lo cierto es que la realidad es compleja y cada historia de pareja es única. No pretendo explicar todo con estas palabras, aunque podamos encontrar muy a menudo formas estereotipadas (acorazadas) de ser en las mujeres y hombres y en sus conductas de pareja y sexuales. Mi invitación es para que seamos más revolucionarios en el amor, intentemos romper con nuestros esquemas patriarcales en los roles de género que terminan por alejar el placer de la vida familiar. Revolucionemos el amor, hombres y mujeres, intentando unir corazón y pelvis adentro de nosotros mismos y en el abrazo genital. ¡La familia entera agradece!

Referencias:

Casilda Rodriguañez, (2008). La sexualidad y el funcionamiento de la dominación. La rebelión de Edipo II. Ediciones La mariposa y la iguana: Argentina.
Joan Vilchez, SEXUALIDAD Y PSICOTERAPIA CARACTEROANALÍTICA. Comunicación al 11º Congreso de la Federación Europea de Sexología  Madrid, 20 – 22 Septiembre 2012
 http://www.esternet.org/sexualidad_y_psicoterapia_caracteroanalitica.htm
Maite Pinuaga, Habitar la Pelvis (ese paraíso perdido)
http://maitesanchezpinuaga.es/descarga/habitar_la_pelvis.pdf
Mikel García, (2000) Sexualidad y transpersonalidad. Barañaín.
Wilhelm Reich (1977). La función del orgasmo. Ed. Paidós. Barcelona

 Munich Vieira Santana