Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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DE LAS ÓRDENES AL SILENCIO

OTRAS YERBAS

Por Laura Quevedo

Durante los casi 5 años de cursado en la Universidad me formaron para ser una buena “Licenciada en Obstetricia”. Sabía exactamente cuántas gotitas de oxitocina sintética en solución de dextrosa al 5% tenían que pasar para que una mujer pariera lo más rápido posible. Era muy hábil usando la “RAM”[1] con una mano y auscultando los latidos fetales con la otra. Aprendí a hacer “fonditos”[2] cuando el médico que estaba asistiendo el parto me lo pedía. Como toda estudiante inexperta y temerosa, yo obedecía y aprendía de mis superiores. Por supuesto, ahora recuerdo eso y no puedo evitar sentirme pésimo.

Nunca voy a olvidar la primera vez que vi hacer una episiotomía. Imposible no acordarme del sonido que hizo la tijera al cortar la piel de ésa mujer. Sentí escalofríos. Desde ése momento me resistía a “aprender” a cortar a las mujeres. No podía. No lograba entender porqué era necesario lastimar de ésa forma la vagina para que naciera su hijo. De a poco comencé a animarme a evitarlas, lo cual me costó varios retos y descalificaciones. Pero no me importaba. Sentía que estaba evitando un daño innecesario y eso me hacía bien.

Cuando me recibí fue muy difícil enfrentar el mundo laboral. Comencé a trabajar en clínicas privadas soportando maltratos de todo tipo. Llegaba a mi casa llorando, dudando de mi verdadera vocación. Sentía que eso no era lo que quería ser y hacer el resto de mi vida. Por momentos, me veía siendo cómplice de situaciones violentas. Cada semana sufría de migrañas que me obligaban a estar acostada sin poder hacer nada durante días.

En una de esas tantas charlas de catarsis que hacíamos entre amigas bparteras, una de ellas me prestó el libro de Raquel Schallman “Parir en Libertad” y desperté, redescubrí mi deseo fuerte y certero de ser partera. Por primera vez leía los términos violencia obstétrica, intervenciones innecesarias, sistema médico hegemónico… Por primera vez me sentía identificada con una colega. No era la única que sentía esa disociación entre lo que quería hacer y lo que “debía” hacer. Quería ésa revolución. Quería acompañar con ésa pasión a las parejas y lograr el cambio.

Luego de un tiempo, llegaron los libros de Ina May Gaskin, Michel Odent, Laura Gutman, Casilda Rodrigañez Bustos. Y abrí los ojos a una nueva partería. Apasionante, sorprendente, y LIBRE.

Es maravilloso comprender qué necesita realmente una mujer pariendo. Para mí ése fue el mayor descubrimiento. Ya llevaba 3 años de partera y nunca había visto una mujer pariendo sin oxitocina artificial, en libertad de movimientos, pujando espontáneamente.  Ahora que lo pienso, me vuelvo a sorprender.

¿Será como dice Michel Odent: “ el número de mujeres que da a luz a consecuencia de su propio cóctel hormonal está llegando a CERO”? Es realmente preocupante, sobre todo si tenemos en cuenta que la oxitocina es la llamada “hormona del AMOR”, y que tiene funciones tanto en la madre como en el recién nacido que van a perdurar toda la vida.

Me gustaría compartir ésta información que para mí significó una VERDADERA REVOLUCIÓN en cuanto a mi desempeño como partera. Es importante conocer las necesidades reales de una mujer que está de parto. La oxitocina es considerada una hormona “tímida”, ya que para su liberación pulsátil y eutócica es necesario un entorno favorable. Condiciones que no necesariamente son complejas, pero sí están muy lejos de la situación de las salas de partos en instituciones de salud tanto públicas como privadas de la actualidad.

Como premisa básica debemos considerar que durante el trabajo de parto y parto la madre debe encontrarse en un ambiente cálido. Ni la madre ni el bebé deben sentir frío en ningún momento. Algo tan simple como ésto, puede cambiar el rumbo de un trabajo de parto. Otra condición importante es NO DISTRAER A LA MADRE. Para que la oxitocina llegue a su pico máximo es necesario que la parturienta esté totalmente desconectada del mundo. Su parte racional dormida y su parte instintiva y mamífera en ALERTA. Para lograrlo es necesario que la mujer se sienta confiada de su proceso y de quienes la acompañan (partera, médico, doula, pareja, etc). Si algo le genera miedo o inseguridad, se secretará ADRENALINA, que actúa como un antagonista de la oxitocina deteniendo su excreción, provocando entonces trabajos de parto estancados o “distócicos”. Nada debe distraerla: ruidos, luces fuertes, preguntas que la hagan razonar, miedos, trato hostil. Todo eso hace que el proceso sea más lento, difícil y por momentos más doloroso. El sentirse observada provoca una reacción de “despertar en su parte racional” y por lo tanto, frena la secreción de la oxitocina.

Es paradójico que nunca me hablaran de esto en la universidad. Es más, la mayoría de lxs obstetras/parteras lo ignoran. Nuca escuché a una partera ni a un médico hablando bajito, ni los vi apagando las luces, y muy pocas veces escuché palabras cariñosas. Me enseñaron a “dirigir” el trabajo de parto, a decirle a la parturienta cuándo pujar y cuándo no pujar. Quien más alto y fuerte le “ordenaba” a pujar, era mejor partero/a. Quien se paraba con mayor autoridad frente a ésa vulnerable madre con sus genitales expuestos y con gran dolor, era el/la que mejor “hacía” los partos. Es increíble. Me enseñaron totalmente lo contrario a lo que debe hacerse.

Cuando vi por primera vez una mujer pariendo sin intervenciones, en su casa, rodeada de amor y contagiando oxitocina, quedé sorprendida frente a la perfección y la maravilla de nuestro cuerpo.

Conocí el “reflejo de eyección fetal” que siempre vi interrumpido en  partos anteriores. El tocar el periné, apurar el descenso del feto, indicar a la mujer cuándo pujar, obligarla a acostarse (litotomía) provoca la inhibición de ése reflejo perfecto, y se predispone al binomio madre-hijo a mayor cantidad de riesgos e intervenciones (Sufrimiento Fetal Agudo, Maniobra Kristeller, infusión de oxitocina “a chorros”, dificultad respiratoria materna, cansancio extremo, atonía uterina, etc.)

Un auténtico reflejo de eyección fetal puede provocar un estado orgásmico, placentero para la mujer y el bebé naciendo. Es una sensación inexplicable, avasallante, imparable. Y no se necesita que alguien te ordene cuándo hacerlo. ¿O acaso necesitamos a alguien que nos diga cuándo hacer fuerza cuando vamos al baño? Simplemente llega la necesidad de pujar y miles y miles de células impulsan a ése cuerpo fuera de otro cuerpo. Es indescriptible.

Considero como recursos esenciales para quienes acompañan un trabajo de parto: la PACIENCIA y el RESPETO. Recordemos que fue un impaciente quien inventó el fórceps, otro la episiotomía y otro la infusión de oxitócica sintética. Pero primero, para ser pacientes debemos confiar. Las mujeres en nuestro cuerpo, y en el cuerpo del bebé por nacer. Y las parteras y médicos en la fisiología y poder de esa mujer. La maravillosa naturaleza se encargará de dar señales cuando sea el momento de empezar con el trabajo de parto, cuando sea el momento de pujar y parir.

Estoy eternamente agradecida a los padres que me eligieron para acompañarlos en sus partos en domicilio. Gracias a ellos pude comprender el verdadero arte de la partería. Ser guardiana, crear las condiciones necesarias para que se desarrolle el trabajo de parto y se dé un auténtico reflejo de eyección fetal, un contacto precoz del binomio madre-hijo, una lactancia exitosa, etc.

La lección principal que nos brinda un parto fisiológico y libre es que: UN PROCESO  NO NECESITA INDICACIONES NI ÓRDENES. Sí mucha humildad, confianza, paciencia y entrega.

Ésa es la base del nuevo paradigma de atención. Es lo esencial en el arte de partear. Pasar de las ÓRDENES al SILENCIO. Ése el gran secreto. Tan simple y básico como dejar SER.

Sé que recién comienza mi camino por la partería y que aún necesito aprender más de mujeres y bebés. Cada parto es ÚNICO como cada ser que llega a éste mundo. Por eso agradezco a la vida y sobre todo a las mujeres de mi vida, por haber sembrado en mí la necesidad y responsabilidad de ser guardiana y cuidadora de un momento tan maravilloso como es el nacimiento.

 

[1] Es una de las ramas de las pinzas Kocher  utilizada para romper bolsas de las aguas. Las siglas RAM hacen referencia a “Rotura Artificial de Membranas”

[2] Se le llama hacer “Fondo” a la Maniobra de Kristeller.

 

Laura Quevedo

Licenciada en Obstetricia, Partera

Integrante de Alumbra/Mendoza – Una agrupación a favor del parto respetado y contra la violencia obstétrica.

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El Empacho

OTRAS YERBAS

por Carlos Inza

¿Qué es, cómo se cura?

 

Te juro que no te van a alcanzar todos los master y doctorados en pediatría que tengas para entender o, simplemente, aceptar la cuestión del empacho si no viniste al mundo dotado de la cantidad suficiente de sensibilidad médica. Pero hay reemplazos, por ejemplo: hacer o haber hecho medicina rural.

Entonces vas a aprender rápido que, si de verdad te interesa el paciente (habitualmente “el pacientito”), lo mejor que podrías hacer es derivarlo a la señora de la vuelta, que esa sí que sabe cómo curar el empacho. No es conocimiento teórico: me tocó aprenderlo cuando fui médico rural.

También tuve que aprender, con la misma rapidez, que cuando uno no sabe de qué se trata una cosa que no figura en los libros, el camino más corto hacia la ignorancia definitiva consiste en negarlo nada más que porque uno no lo conoce o no lo entiende.

Por ejemplo, el Dr. Carlos Carabajal  no lo entiende, y entonces se permite decir que:

“Se trata de un conjunto de enfermedades banales o autolimitadas, que tienen un proceso de entre dos o tres días y luego pasan. Por lo tanto, para cuando terminan las sesiones de la “cura del empacho”, el niño ya se encuentra mejor”.

O sea: se curó solo porque no estaba enfermo, no tenía “nada”. (Nada que pueda entender, el que eso dice). Pero no es verdad: es muy claro que los chicos o adultos empachados tienen “algo”. Ese algo se traduce por síntomas predominantemente digestivos: dolores abdominales, náuseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza, inapetencia, palidez y la “lengua blanca”. Pero también angustia y un notorio malestar general. Podría entrar en algo vagamente definible como “dispepsia nerviosa”, para arrimar el bochín a los libros.

Tampoco es cierto que sea tan “banal” o se cure solo: la mayoría de las veces la situación persiste y no cura con medicamentos estándar. Entonces entra en acción la medicina popular por medio de la curandera. Ella entiende muy bien que la causa principal no son los alimentos, sino la alteración emocional como manifestación de que “algo” está pasando en el ambiente donde se vive y no es fácil adaptarse y seguir adelante.

¿La cura? Habitualmente “tirando el cuerito”. O sea: “despegando” la piel de la espalda cerca de la columna, donde suele encontrarse fuertemente adherida. Muchos lo hemos visto cantidad de veces y podemos dar fe de su eficacia. Es más: para un acupunturista no tiene nada de raro porque esas habilidosas señoras (nunca conocí a un hombre que cure el empacho) actúan sobre puntos de acupuntura relacionados con el área digestiva. Hasta ahí todo bien, porque la explicación aclara cualquier brote de escepticismo, al menos para quienes nos dedicamos a la acupuntura. ¿Pero cómo explicar cuando se elige el otro método, el de “medir el empacho”, y también funciona?

“Para “medir” la importancia del empacho se utiliza una cinta, o una “piola” con la cual se miden tres codos (literalmente la extensión entre la mano y el codo de la persona “sanadora”) desde la punta de la cinta y se dobla en donde están los tres codos. Después se coloca la punta doblada en la boca del estómago y se vuelve a medir los tres codos. Este procedimiento se repite tres veces, hasta que no haya diferencias. La cinta se acorta cuando el paciente está “empachado”. Luego de cada una de las mediciones se señala con la mano una cruz en la boca del estómago del “empachado” o la “empachada”. Este ritual se repite hasta tres días, dependiendo de la gravedad medida del empacho. Hay personas que sólo necesitan una sola curación.”

¡Ahí sí que se queman los libros y uno debe reconocer su ignorancia!

Es un brillante ejercicio de humildad para los médicos. Enseña que hay demasiadas cosas que no sabemos ni entendemos, la mayoría de ellas simples, elementales. Y, si es que uno sabe “escuchar y leer”, es un recordatorio de que lo importante de cualquier actividad sanadora es que funcione.

Es la simple verdad de la medicina: lo que funciona es cierto, verdadero. El que uno no lo entienda solo habla de su propia ignorancia, nada más. Aludir a que “no existe” porque no está en los libros que estudiaste, o salir del paso con una sonrisita nerviosa y una frase descalificadora, solo denuncia ignorancia y autoritarismo. De manera que el médico que reacciona en ese estilo tiene más de un problema, seguramente. Y en el caso del empacho, las curanderas corren con ventaja porque logran entender el problema que causa los síntomas con mayor profundidad que un mecánico disfrazado de médico.

Se puede intentar una maniobra terapéutica, antes de ubicar a la famosa señora que sabe “tirar el cuerito” o utiliza el enigmático método de “la medición”: frotar los pulgares a ambos lados de la columna, a unos dos centímetros y desde la altura de las escápulas hasta el comienzo de las nalgas hasta que la piel quede roja o rosada.

Pero si esto no funciona y cuando los síntomas del empacho se presenten, a cualquier edad, no lo duden: vayan a ver a una curandera y listo. Y después me cuentan con quién, porque en el campo es fácil encontrarlas, pero en la mega-urbe son clandestinas.


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Alimentándose de palabras con sentido

Otras Yerbas

Hoy no hay recetas ni sanos consejos, pero sí tres citas monumentales. Las primeras dos se refieren a la evolución de la vida y algunos conocimientos que se transforman en una especie de “baño de verdad” y conjura contra la ignorancia malintencionada. Hay que hacerse cargo: la vida en este planeta tiene venerables 3900 millones de años y la inauguraron y la crearon y recrearon… ¡las bacterias! Nosotros somos recién llegados a la fiesta de la vida, apenas 3 o 4 millones de años. Pero inventamos una “creación” inexistente para creernos los reyes. Y, sin embargo, seguimos dependiendo de las bacterias para funciones esenciales como producir energía celular.La tercera cita empieza a des-brutizarnos un poco acerca de las características verdaderas de muchas de las culturas paleolíticas y neolíticas: resulta que eran verdaderas celebraciones de la vida. Y por lo tanto, estaban a años de luz de evolución delante de nosotros y la espantosa “organización” social y cultural que nos ha tocado “en suerte”: el patriarcado, vigente en los últimos 7 a 10 mil años y gran protagonista de la infelicidad y la devastación de la vida.

Carlos Inza

La sinergia evolutiva

Hace aproximadamente 3900 millones de años apareció la vida en la Tierra en forma de bacterias. La célula eucariótica (con núcleo) surgió de la simbiosis de una célula sin núcleo y de una bacteria. Esta simbiosis resultó ser eficacísima. Las células eucarióticas abrieronnuevos caminos de formas de vida y constituyeron entes orgánicos pluricelulares, que son la simbiosis de muchísimos tipos de células eucarióticas diferentes, con diferentes cualidades y capacidades, que a su vez se unen formando diferentes tipos de tejidos para realizar distintas funciones. Así vamos viendo este principio de la vida que es la sinergia producida por la asociación cooperativa (el todo es mucho más que la suma de sus partes). Los animales aparecieron hace 600 millones de años, es decir, 3300 millones de años después de la primera forma de vida. Después aparecieron las plantas (hace 500 millones de años), cuando una bacteria con capacidad fotosintética (de transformarla energía solar en materia viva) penetró en una célula, no para ser digerida por ésta, sino para asociarse con ella y vivir en simbiosis, convirtiéndose en un plastidio (cloroplastos, etc.). De nuevo la simbiosis sinérgica abrió el camino de la conservación de la atmósfera adecuada. Luego aparecieron los hongos, la carne de la tierra. Luego aparecieron los mamíferos (hace 100 millones de años), y hace 3 o 4 millones la especie humana.

Las bacterias son la vida

Una respuesta legítima a la cuestión “¿Qué es la vida?”, es: “bacterias”. Cualquier organismo, o es en sí mismo una bacteria, o desciende por una u otra vía de una bacteria o, más probablemente, es un consorcio de varias clases de bacterias. Ellas fueron los primeros pobladores del planeta y nunca han renunciado a su dominio. Quizá sean las formas de vida más pequeñas, pero han dado pasos de gigante en la evolución. Las bacterias han inventado incluso la pluricelularidad. Contra la creencia popular, en la naturaleza las bacterias son en su mayoría seres vivos pluricelulares. Algunos linajes bacterianos evolucionaron y dieron lugar a muchas clases diferentes de organismos, incluidos nosotros. Dentro de nuestras células, existen estructuras –las mitocondrias- que en otro tiempo fueron bacterias y que usan el oxígeno para generar energía. Las cianobacterias fotosintéticas y sus descendientes (las plantas), por su parte, extraen dióxido de carbono de la atmósfera, utilizan el carbono para sus cuerpos y eliminan oxígeno como desecho, del cual sólo una pequeña parte es usado por las mitocondrias que cohabitan con lo que en otro tiempo fueron bacterias fotosintéticas en todas las células vegetales.

Ambos párrafos son de MARGULIS, L. Y SAGAN, D., “¿Qué es la vida?”, Tusquets, Barcelona, 1996.

Para pensar en otro mundo, para desear otra forma de vivir

No sólo tenemos las pruebas materiales arqueológicas y algo de imaginación para pensar en otro mundo. Tenemos a la criatura gaiática en estado de inocencia dentro de nosotr@s, la que existía antes del proceso de edipización que ha manipulado nuestros anhelos de bienestar y de amor. Somos, a pesar de todo, seres deseantes, que deseamos profundamente amar y ser amados, y que además nos gustaría ser sólo eso. Quitarnos las corazas y las armaduras, dejar las armas de combate, dejarnos llevar por el deseo, ofrecernos y recibir sin medida ni cálculo; abolir el dinero; abolir la propiedad, vivir en reciprocidad y armonía. Desde ese estado emocional, desde esa criatura que en el fondo somos, miremos la sociedad neolítica para averiguar la verdad y recuperar el aliento.

CASILDA RODRIGAÑEZ BUSTOS, “El asalto al Hades”, La rebelión de Edipo, 1ª parte, Casilda Rodrigañez Bustos, 4ª edición, 2010.


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CURA DE AJO TIBETANA

Otras Yerbas

Receta de una preparación que cura o mejora gran parte de las enfermedades y que fue hallada en un Monasterio Budista en el año 1972 en caracteres antiguos, entre las montañas del Tíbet.

*350 gramos de ajo triturado o cortado en pequeños trozos, se meterá en un frasco de vidrio junto con un 1/4 litro de aguardiente (grapa de orujo) o cantidad de bebida blanca similar suficiente para que quede justo por encima del ajo.  El frasco se cerrará herméticamente y se guardará en la heladera durante 10 días, agitándolo suavemente una vez por día. Al terminar este proceso el líquido se filtrará con un colador fino de gasa. Volver a meter el líquido en la heladera 2 días más.

Al terminar estos 2 días, el fármaco ya está preparado para comenzar atomarlo a gotas con un poco agua (quedan dos frascos goteros de 150 mililitros), antes de cada comida, siguiendo la siguiente tabla:

Dia  Desayuno      Almuerzo        Cena
1        1 gota          2 gotas     3 gotas
2       4 gotas       5 gotas       6 gotas
3       7 gotas       8 gotas       9 gotas
4       10 gotas     11 gotas     12 gotas
5       13 gotas     14 gotas     15 gotas
6       16 gotas     17 gotas     18 gotas
7       12 gotas     11 gotas     10 gotas
8       9 gotas       8 gotas       7 gotas
9       6 gotas       5 gotas       4 gotas
10     3 gotas       2 gotas       1 gota
11     15 gotas     25 gotas     25 gotas
12     25 gotas     25 gotas     25 gotas
13 y hasta terminar 25 gotas 25 gotas 25 gotas

LA TERAPIA NO SE PUEDE VOLVER A REPETIR HASTA DENTRO DE 5 AÑOS.

Este preparado de extracto de ajo, limpia el organismo de las grasas y lo libera de los cálculos depositarios. Mejora el metabolismo y en consecuencia todos los vasos sanguíneos se hacen elásticos. Disminuye el peso del cuerpo, deshace los coágulos de sangre, cura el diafragma, miocardio enfermo; la arteriosclerosis, la isquemia, la sinusitis, la hipertensión, las enfermedades broncopulmonares, hace desaparecer el dolor de cabeza. Cura la trombosis del cerebro, la artritis y el reumatismo. También la gastritis, las úlceras de estómago y las hemorroides, absorbe todo tipo de tumor interno y externo, y cura los disturbios de la vista y del oído.  Todo el organismo se recupera.

 Nota: es difícil asegurar que la poción realiza todos los prodigios descriptos. Pero es seguro que mejora la funcionalidad entera del organismo. Además, eso de que la fórmula haya sido descubierta en un monasterio budista del Tíbet y, encima escrita en caracteres antiguos, debe equivaler a la mitad de la curación. No me consta que haya que esperar cinco años para repetirla, pero sí que realmente funciona.

 Carlos Inza


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Preparado de Aloe vera

Según la versión de fray Romano Zago

Tiene propiedades de regenerador celular y se utiliza tanto en personas sanas como en enfermos de cáncer y otras afecciones graves, aunque en distinta cantidad.

  • Para una depuración: tomar dos cucharadas soperas por día durante 10 días (antes del desayuno y cena), descansar 10 días y repetir durante otros 10 días. Puede hacerse en todos los cambios estacionales o, en el caso de enfermedades no tan graves, continuar con este mismo esquema por más tiempo.
  • En caso de enfermedad grave: tres cucharadas diarias: una en ayunas, otra antes de almuerzo y cena. Durante 30 días. Y realizar nuevos estudios médicos.

Fórmula de Fray Romano Zago

Ingredientes para el tratamiento de enfermedades:

350/400 gramos de hojas de Aloe vera  (dos hojas grandes o tres medianas)

–Medio kilo o un litro de miel pura de abejas

40-50 ml (unas 6 cucharadas) de destilado (aguardiente, coñac, whisky, etc., que se usa como vasodilatador)

Ingredientes para depuración: la mitad de los anteriores.

 

Preparación:

Se eliminan las espinas de los bordes de las hojas y el polvo depositado en ellas, utilizando un trapo seco o una esponja. Después se cortan en trozos las hojas (sin quitar la corteza) y se meten en la licuadora junto a la miel y al destilado elegido. Se bate bien y el preparado está listo para su consumo. No hay que filtrarlo, ni cocerlo, sino sólo conservarlo con cuidado en el refrigerador dentro de un envase oscuro, bien cerrado.

 

Dosis para el tratamiento de enfermedades:
El Padre Zago recomienda la ingestión de una cucharada sopera quince o veinte minutos antes de cada una de las tres comidas principales. Se debe agitar bien el producto antes del uso. Una vez terminado el primer frasco, se recomienda someterse a una visita médica para comprobar el estado de la enfermedad. Según sea el parecer del facultativo, después de una pausa de varios días, se puede repetir el ciclo del tratamiento, hasta que el paciente sea considerado fuera de peligro.
Debe utilizarse una planta madura de aloe, es decir de al menos cuatro años, y es importante que la miel sea también de óptima calidad y sobre todo natural, precisamente a causa de su carácter de “portadora” de las sustancias benéficas contenidas en el aloe.

La persona que toma la bebida a base de aloe puede experimentar erupciones cutáneas o diarrea, y en los casos más acentuados, conatos de vómito. Pero ello indica que se va por el buen camino, y que los esfuerzos realizados comienzan a dar sus frutos.

Se desaconseja su uso a las embarazadas.

 Carlos Inza


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Baños de inmersión para limpieza y recarga

Se trata de una receta donde se combinan lo viejo y lo nuevo, la tradición y los hallazgos modernos: tal vez una combinación infalible si es que las hay. Tiene relación con los famosos baños de inmersión y su utilización en medicina. Es parte de una antigua tradición que ha entrado en desuso oficial, aunque por todo el mundo existen fuentes termales que tienen infinidad de concurrentes. Existe incluso una disciplina, la Hidroterapia, que se ha desarrollado al amparo de las corrientes naturistas. Y como éstas, también la hidroterapia espera su reivindicación y profundización, algo que seguramente ocurrirá cuando la orgonomía tenga la difusión y el nivel de desarrollo que merece.

La propuesta siguiente esta extraída de El Manual del Acumulador de Orgón, del Dr. James DeMeo, editado durante 1995 en Estados Unidos.

Es bueno aclarar que el agua tiene una notable afinidad con la energía orgón y que los baños de inmersión pueden tener dos efectos básicos sobre ella: extracción o recarga. La receta que proponemos a continuación desarrolla ambos efectos debido a la combinación de sales en solución acuosa que presenta.

Es muy simple: basta con llenar la bañera y disolver en el agua 500 gramos de sal marina y 500 gramos de bicarbonato de sodio. La temperatura debe resultar agradable al cuerpo, el tiempo de permanencia es de unos 20 minutos y al salir es mejor dejar que el secado sea espontáneo, cubriéndose con una bata o toalla. Eso es todo. No hay una frecuencia estándar: cada uno puede explorar la que le resulte más conveniente. Este baño reduce la tensión y la sobrecarga energética tóxica al eliminar el Dor corporal (energía negativa) y permitir su sustitución por energía orgón (positiva). Es mejor hacerlos a la tarde o a la noche y luego quedarse en casa, tranquilos y relajados.

 salbicarbonato

La cita que sigue es harto elocuente y compartible. Aparece en muchos sitios de internet, todos vinculados a una visión no estándar ni “oficial” acerca de la medicina. Pese a mis esfuerzos de búsqueda, no logré saber nada más acerca de su autor, aunque tampoco importa. Incluso si la cita fuera apócrifa o el tal colega no existiera. Simplemente porque expresa una gran verdad.

maleta

 

“Como un médico jubilado, puedo decir honestamente que, a menos que usted se encuentre en un grave accidente, LA MEJOR OPORTUNIDAD DE TENER UNA VIDA Y UNA  VEJEZ FELIZ ES EVITAR A LOS MÉDICOS Y A LOS HOSPITALES Y APRENDER DE NUTRICIÓN, MEDICINA HERBAL Y OTRAS FORMAS DE MEDICINA NATURAL [es decir, PREVENCIÓN]. Casi todos los medicamentos son tóxicos y están diseñados sólo para tratar los síntomas y no para curar a nadie. La mayoría de la cirugía es innecesaria. En resumen, nuestro principal sistema médico es irremediablemente inepto y/o corrupto. El tratamiento del cáncer y las enfermedades degenerativas es un escándalo nacional. Cuanto antes se  aprenda de esto, mejor será”.

 Cita del Dr. Allan Greenberg el 12/24/2002.

Carlos Inza


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Programa de Desintoxicación

Cómo empezar a limpiarse de toxinas en diez días, arrancando con entusiasmo y terminando con dignidad.

No está demás empezar diciendo que es imposible vivir sin toxinas.

La limpieza absoluta es un deseo inútil, además de sospechoso, más apto para alguna teología que para la vida real, la que efectivamente nos toca. Tampoco es bueno reducir el concepto de toxina a lo que fácilmente puede relacionarse con un “Programa de desintoxicación” que pivotea sobre algunas dietas: la presencia de sustancias ingeridas con la alimentación o ésta en sí misma por la cantidad y cualidad de sus componentes.

No: la idea de tóxico o toxina es más vasta porque la toxicidad puede estar contenida en una gran variedad de fuentes de distinto origen.

Puede ser el aire, el agua, el espacio, los vínculos, la vida laboral, los medios de comunicación y muchos otros, por qué no. Y así, casi sin querer, fueron enunciadas las principales fuentes de toxinas.

Y de golpe o gradualmente uno siente que está lleno de basura, de problemas, que su organismo no fluye, no vive ni se mueve contento, con soltura. Y entonces decide limpiarse, desintoxicarse.

Sin ánimo de extensos desarrollos, que no vienen al caso, al menos es necesario advertir que cada vez más existe fundada sospecha acerca de la calidad de lo que ingresamos en nuestro organismo. Pareciera que la industria alimentaria es fácil de criticar, y efectivamente es así: la voracidad por aumentar las ganancias en un mercado mundial que requiere cantidades astronómicas de nutrientes le pasa por encima con absoluta facilidad a estudios o controles. Saborizantes y conservantes, por ejemplo, ofrecen la ilusión de gratificación y alimento a costa de nuestra salud. Realmente, si los responsables de la salud de los países de este planeta fueran rigurosos, cualquier sustancia agregada a los alimentos (y éstos también) debería demostrar su inocuidad en estudios anteriores a su utilización. Pues no es esto lo que ocurre. Tampoco el proceso en sí de obtención de alimentos está debidamente fiscalizado y, por lo general, es mejor ignorarlo si es que uno no está dispuesto a hacer una huelga de hambre definitiva.

¿Qué tal el uso de insecticidas o herbicidas? ¿Alguien se pregunta acerca de sus consecuencias a mediano y largo plazo? La respuesta es: no. ¿Hay estimaciones veraces acerca del efecto de las variedades obtenidas por manipulación genética, los transgénicos? Tampoco. ¿Se sabe de verdad qué ocurre con el medio interno de grandes poblaciones que consumen crónicamente agua clorada, especialmente en las mega-urbes?  La respuesta sigue siendo negativa. ¿Existe alguna relación entre todo lo anterior y el crecimiento exponencial del cáncer, otras enfermedades degenerativas y las enfermedades auto-inmunes? Es muy probable. ¿Acaso los fabricantes de lácteos previenen acerca de la posibilidad que tienen sus productos de ocasionar variadas, limitantes y molestas alergias, incluida el asma? No, y sin embargo cada paquete de cigarrillos contiene advertencias ominosas acerca de su efecto.

En fin, el tema es inagotable. Porque también es inevitable mencionar otras fuentes de intoxicación, aunque sea  para darles un lugar en la preocupación personal y social. Por ejemplo: el tema de la contaminación electromagnética, que tiene menos prensa que la ocasionada por energía nuclear, tal vez porque ésta es grosera y horrorosamente visible. Vean, si no, lo que ocurre con el uso intensivo de los hornos a microondas y los teléfonos celulares o móviles. Está casi demostrado que éstos últimos pueden producir tumores del lóbulo temporal, la estructura cerebral más cercana a su utilización. Sin embargo los fabricantes no advierten contra ese riesgo y, lo que es peor, sus usuarios han decidido por absoluta mayoría tenerlos activos durante veinticuatro horas diarias y a la noche ¡dejarlos operativos sobre la mesa de luz, muy cerca de sus cerebros!

También está la cuestión de los medios de “comunicación”, término equívoco como el que más porque en cualquier comunicación que se precie de tal el flujo debería ser en ambas direcciones, y no es el caso. Simplemente hay un emisor y un receptor, habitualmente pasivo salvo excepciones como algunos programas de radio. Y aquí también se trata de cargas tóxicas de alto riesgo: ¿cómo se puede funcionar bien cuando se está expuesto a varias horas diarias de mentiras y estupideces? ¿Cómo se puede salir indemne mirando canales adónde son capaces de mentir hasta con la sensación térmica?

Ustedes dirán que es inútil pelear contra la tecnología moderna y los medios, pero es un argumento falso siempre que la sociedad y cada integrante de ella conservemos la posibilidad de decidir por cuenta propia acerca de los riesgos para la supervivencia sin transformarnos en  borregos fácilmente manipulables. El asunto es mantener niveles de independencia compatibles con la supervivencia, como se le exige a cualquier bicho vivo que merezca seguir estándolo. Y aquí está el problema, sin duda.

Otro capítulo fundamental de las variadas intoxicaciones es el que ocupan los vínculos, no importa si cercanos, ocasionales o lejanos. Cualquiera se da cuenta o intuye que la categoría de “gente tóxica” no es un delirio ni un invento arbitrario. Es más: los vínculos en sí mismos pueden devenir en pura toxina para los vinculados. Y aquí cada uno sabrá cuales son los vínculos que podrían entrar en esa categoría, cualesquiera sean: ocasionales, cercanos o lejanos.

No es el propósito de este Programa instalar una fábrica de faquires estoicos, sufridos y alejados de cualquier fuente de contaminación, les aseguro. Pero sí alertar y proponer una forma muy concreta de limpiarse periódicamente de toda la basura que supimos conseguir.

Tampoco es el objetivo de estas líneas desatar una epidemia de paranoia acerca de los peligros que ofrece, generosamente, la existencia actual. Pero sí alertar, poner en guardia, hacer pensar acerca de cada uno de ellos y motivar alguna decisión si es que se hiciera necesaria después de considerar los factores de riesgo.

Ya sé que no es fácil, entre otras cosas por que no estoy exento y vivo como ustedes. Y lo que dificulta todo este operativo es que hace falta un poderoso equilibrio para advertir cuándo hace falta considerar algo como problema e intentar resolverlo. Porque tampoco se puede vivir analizando constantemente los factores de riesgo y tomando decisiones todo el día: esto también transforma la vida en una variedad de locura, de manera que no se ve la ventaja de adoptar semejante hábito, que primero parece de cuidado “responsable” pero fácilmente se transforma en una alienación más.

 Etimología

Tóxico (de una substancia) que puede matar o hacer mucho daño (a un organismo), venenoso: latín tardío toxicus “tóxico”, del latín toxicum “veneno para flechas; veneno”, del griego toxikón, neutro de toxicós “de un arco, para arcos; de una flecha, para flechas”, de tóxon “arco” (en plural, = “arco y flecha”; sentido implícito: “flecha, cosa que vuela” (del indoeuropeo tokw-so- “cosa que vuela”, de tokw-, de tekw-, “correr, huir”) + -ikós “de”.

(Breve diccionario etimológico de la lengua española, Guido Gómez de Silva)

Más claro imposible: nos bombardean todo el tiempo con flechas venenosas, pero la etimología también ofrece una posible salida: “correr, huir”.

Profundizando un poco

Es que todo malestar o enfermedad está originada en cierto desequilibrio entre el adentro y el afuera, entre el interior y el exterior. Es imposible lograr un grado importante de bienestar o salud sin reformular las relaciones internas/externas. Y es, justamente, un trabajo eficiente con nosotros mismos lo que puede inclinar la balanza hacia un estado en el cual podamos recibir la mañana con una sonrisa.

En este contexto se propone el programa desintoxicante.

Claro, no habría necesidad de proponerlo si no existiera una agresión tóxica de la importancia que los humanos y los otros vivientes de este planeta soportamos en la actualidad. No es fácil decirlo sin ponerse apocalíptico pero es cierto: vivimos en un ambiente cada día más degradado y enfermante.

La ecología no es una moda, es una toma de conciencia. Y el problema es vasto porque implica una suerte de conjura que el hombre diseña y ejecuta contra sí mismo con una asombrosa mezcla de frialdad, estupidez y soberbia. Disfrazar este homicidio culposo contra la vida consistente en envenenar el cielo, las aguas y la tierra en nombre del “avance tecnológico” hace pensar en una siniestra convergencia de locura y espíritu perverso. Está muy claro que mientras este planeta sea fundamentalmente un MERCADO, somos todos nosotros los que estamos expuestos a precio de oferta en los escaparates del tontísimo shopping que supimos conseguir.

 Es cierto que no se puede modificar la entera realidad por medio de una dieta y una serie de ejercicios, pero al menos es necesario acusar recibo acerca de la magnitud que tienen estos problemas.

La polución del medio ambiente es parte de un proceso más vasto y del cual nadie está excluido: la sociedad humana segrega por acción u omisión instituciones poderosas que terminan cercenando el desarrollo potencial de cada ser humano en particular y de la sociedad en general. La historia de nuestra especie muestra con claridad que hacer buenos negocios, defender ideologías irracionales o eternizarse en el poder son actitudes contradictorias con la búsqueda del bien común.

Para dar un simple ejemplo relacionado con este programa basta señalar que durante el último siglo se modificó de manera decisiva el proceso de transformación y adecuación de los alimentos. Comenzaron a obtenerse por refinación de los granos harinas despojadas de valor alimenticio y se introdujo el azúcar blanco.

Cada vez está más claro que estos supuestos avances que intentan “corregir” a la naturaleza son gigantescos errores que ponen en marcha una secuencia cuyo final puede investigarse en las arterias, el hígado o el cerebro de los damnificados. Pero esto poco importa a los dueños de la industria alimentaria mientras las ventas y su poder económico aumente. Y como nadie protesta, también se han encargado de potenciar la toxicidad de lo que ofrecen con fertilizantes, conservadores, colorantes y aromatizadores.
Es increíble que pueda soportarse toda esta carga tóxica sin perecer instantáneamente, lo cual demuestra por el absurdo la calidad de los organismos vivos. Pero esta sobrecarga tan agresiva se paga inevitablemente a corto, mediano o largo plazo. No es posible hacerse ilusiones sobre el tema: los organismos vivos no son máquinas de procesar basura. Y lo mismo puede decirse acerca de la mayoría de los medicamentos de utilización prolongada: utilizados durante cierto tiempo casi todos son capaces de producir más daños que beneficios.

Pero esto tampoco importa demasiado a sus fabricantes: ellos no están para ocuparse de nuestra salud sino, simplemente, para hacer negocios. No es difícil advertir que mientras estos problemas se planteen en términos de la relación entre mercachifles y consumidores, se hace imposible discutirlos a nivel estrictamente sanitario.

Entonces hay que decirlo con claridad: la alimentación actual y la vida sedentaria son pura toxina para los hombres de este tiempo.

Pero es una historia de larga data. Nos hemos pasado siglos tratando de diferenciarnos de los otros seres vivos para adquirir una supuesta importancia que todavía está por demostrarse. Y en ese camino de fuga hacia la aparente perfección de la especie hemos dejado de escuchar nuestra propia voz: la misma que susurra el viento y explica el canto de los pájaros.

Realmente no se puede ver en qué consiste “el negocio”. Hemos creado las condiciones ideales para el desarrollo de cualquier enfermedad: un ambiente biológico deplorable y hábitos de vida enfermizos. Tal cual puede verificarse en la calle, escucharse en los hospitales o leerse en los diarios está muy claro que esta “civilización” ha logrado en una sola y fantástica operación destruir los cuerpos, atontar las mentes y envilecer los espíritus. De manera que “desintoxicarse” es bastante más que cambiar azúcar por frutas o toneladas de carne por lechuga y zanahoria. Para comprender esto es necesario producir una expansión de los conceptos de intoxicación y nutrición.

Es necesario formularse la siguiente pregunta: ¿de qué nos estamos alimentando, qué es lo que nos está nutriendo?

Está claro que los alimentos sólidos y líquidos que consumimos en nuestras comidas nos nutren, al igual que el aire que respiramos. Pero… ¿es menos “alimento” el periódico que leemos, la música que escuchamos, el programa de televisión que vemos o los vínculos que desarrollamos?

Como parte de un programa de limpieza sería bueno que cada uno revisara estos aspectos de la intoxicación cotidiana. El problema es de una profundidad tal que no es posible transformarlo en una simple cuestión de carnívoros versus vegetarianos sin arrebatarle lo esencial del cuestionamiento que puede inferirse si se lo plantea en términos parecidos a contestarse esta simple pregunta:

¿Cómo estamos viviendo? ¿Qué hacemos para controlar la cantidad y calidad de los diversos nutrientes que nos alimentan?

Podría decirse que el problema se reduce a investigar los términos de la relación entre lo que somos y lo que incorporamos. Cada elemento que incorporamos se vincula con nosotros y tiende a ser admitido o rechazado. Nuestro sistema defensivo debería estar alerta para expulsar cualquier cosa que pueda resultar dañina, pero desafortunadamente es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Es justamente un largo proceso de embrutecimiento y bloqueo de las percepciones lo que dificulta aceptar con naturalidad lo que nos ayuda a vivir y rechazar lo que nos dificulta o impide hacerlo.

¿Intoxicado yo?

Pues sí: el que esté libre de toxina que tire la primera piedra. Al igual que en cuanto al estado salud/enfermedad hay un constante desplazamiento de la relación intoxicado/desintoxicado, pero debido a las condiciones reales de existencia, es poco menos que imposible estar libre de toxinas. Por definición éstas consisten en venenos: substancias orgánicas o inorgánicas circulando por el organismo y luego depositadas en la intimidad de los tejidos, lo cual traba o neutraliza su funcionamiento normal.

Es cierto que nuestro organismo dispone de mecanismos para neutralizarlas y eliminarlas pero hasta cierto punto.  Este punto depende de la sobrecarga tóxica y de la condición general del organismo en cuestión. Pero más allá de esta frontera los sistemas de defensa, filtro y eliminación comienzan a funcionar como diseminadores de la intoxicación. En esta situación se encuentran especialmente los sistemas linfático, respiratorio, digestivo, renal y epidérmico (piel).

Ejemplos de toxina son los colorantes, conservadores y aromatizadores que utiliza la industria alimentaria. Pero también existe una amplia gama de substancias gaseosas, que por inhalación se comportan como tóxicos, tales como los derivados de la actividad industrial o hidrocarburos productos de la combustión de los motores a explosión.

Estos son ejemplos de toxinas absolutas, perjudiciales aún en dosis mínimas. Pero también hay toxinas relativas, las que actúan por acumulación y sobrecarga. Los alimentos que contienen escasos elementos nutritivos se comportan de esta manera, ya que su utilización reiterada crea una situación de carencia nutricional. Es irónico pero cierto: se puede comer mucho, aumentar de peso y al mismo tiempo estar desnutrido.

El hecho de alimentarse mal crea una situación de sostenida demanda por parte del organismo, el cual requiere de más alimento para solventar su déficit energético. Si uno le sigue dando más de lo mismo, simplemente engorda sin alimentarse. La dieta estándar en nuestro país (no “este país”) tiene esa característica: demasiadas harinas refinadas (pan, pastas), grasas  formadoras de depósitos en la red vascular (aceites inadecuados, fritos), azúcar blanca (como edulcorante y dulces diversos) y proteínas animales (carne roja y pollos “inflacionados” con hormonas). Pocas verduras, frutas y cereales integrales.

Este modelo alimentario tiene desagradables consecuencias, entre las cuales pueden citarse las dos más importantes: propende a depositar toxinas y acúmulos grasos en los órganos que tienen una función desintoxicante (lo cual directamente los altera), y transforma al organismo en una especie de charca donde la energía y los fluidos ya no circulan con ligereza.

Esto suele ser el comienzo de una serie de desgracias en cadena: el exceso de trabajo para digerir alimentos pesados y faltos de nutrientes auténticos (vitaminas, oligoelementos y minerales además de proteínas, lípidos y carbohidratos de buena calidad) se suma al esfuerzo para neutralizar a la multitud de toxinas que el mercado ofrece generosamente y origina un estado de “empastamiento” en los grandes sistemas funcionales.

La vida sedentaria y los conflictos crónicos cierran el círculo que transforma un organismo fluido, movedizo y alegre en otro estancado, quieto y triste. Y es sabido que el agua estancada inexorablemente se pudre. A partir de aquí, la historia personal en franco complot con el presente eligen la línea de enfermedades “posibles”: una ingeniosa manera de llamar la atención para producir rectificaciones en el estilo de funcionamiento.

Ignorar estos avisos sólo sirve para profundizar la enfermedad básica en desarrollo, pero producir un cambio consistente en movilizar el encharcamiento para volver a fluir tiene consecuencias notablemente positivas en poco tiempo. Por suerte nuestro organismo no es tonto y sabe aprovechar las oportunidades que accedamos a darle para mejorar su funcionamiento global.

Remover es cambiar de lugar, mover una cosa de un lugar a otro.

Desintoxicarse crea las condiciones para este movimiento. El movimiento es lo característico de la energía, que es el fundamento de los sistemas vivos. El programa ayuda para que todo fluya más fácil desde adentro hacia afuera, lo cual aumenta la velocidad del movimiento interno. Concretamente los líquidos fluyen más y mejor, a través de las funciones relacionadas con el “exterior” (riñón, piel, intestino) pero también con el “interior” (sangre, linfa), arrastrando las toxinas depositadas en el organismo.

No importa su antigüedad: la densa geología de sus depósitos comienza a moverse en dirección hacia el afuera de la persona y es esta operación la que constituye el objetivo del programa. Es la remoción biológica, la de los tejidos cuya trama forma la materia del organismo. Las toxinas cambian de lugar, se mueven desde adentro hacia afuera y el organismo entero se renueva removiéndose. Veamos un poco mejor este fenómeno para saber adónde ocurre y qué significa.

El Sistema Básico de Pischinger

La medicina clásica sufre de cierto enamoramiento pernicioso acerca de los órganos y especialmente de la célula básica que caracteriza a cada uno de ellos (el hepatocito para el hígado, la neurona para el sistema nervioso, etc.); tanto que su fundamento teórico es conocido como la teoría celular de Virchow. Este énfasis en lo celular/órgano tuvo sus ventajas para desarrollar el diagnóstico y tratamiento de infinidad de padeceres, pero tiene poderosos límites a la hora de entender al organismo humano como un verdadero sistema vivo y no como mera suma de órganos, aún en un plano “exclusivamente biológico”.

Parte de esa limitación se nota a la hora de comprender la decisiva función que tiene el tejido conectivo, verdadera matriz donde residen las células específicas de cada órgano y artífice del vínculo entre ellos y el resto del organismo. Deslumbrados por el espectáculo de la célula específica, muchos científicos subestimaron la importancia del conectivo, catalogándolo de “material de relleno” sin advertir que es el mar en el cual nadan los tejidos que realizan la famosa función específica y del cual dependen para su nutrición, aporte de variadas sustancias y eliminación de toxinas. La célula protagónica del conectivo se llama fibroblasto y realiza tantas funciones que enumerarlas cambiaría el rumbo de este escrito.

Quien entendió a la perfección su importancia fue el patólogo Alfred Pischinger, quien por los años 30 del siglo pasado desarrolló su brillante hipótesis del Sistema Básico. Esto significa que las células específicas (hepatocitos, neuronas, etc.) sólo pueden desarrollar su función cuando la matriz extracelular en la que están incluidos funciona correctamente, ya que es la encargada del soporte anatómico y fisiológico: conecta a dichas células entre sí para conformar el órgano y a éstos entre sí para definir al organismo.

¿Cómo está compuesto el Sistema Básico de Pischinger?

Por tres elementos:

  • Célula del Conectivo (Fibroblesto)
  • Capilar (arterio-venoso)
  • Nervio (Neurovegetativo)

¿Y dónde están instalados estos elementos?

En la matriz extracelular ocupada por la Sustancia Fundamental, una complicada y extensa red de glicoproteínas estructurales difundida por todo el organismo y que mantiene condiciones operativas constantes en la relación entre sólidos, líquidos y partículas cargadas eléctricamente. Sin esta “constancia”, la vida sería un fenómeno imposible. ¿Se advierte, acaso, la importancia de este hecho? No hay lugar del organismo donde falte este sistema: asegura la nutrición, la comunicación y la “limpieza” de los órganos.

Es casi elemental atribuirle importancia decisiva en la normalidad o anormalidad del sistema, pero se ha pasado por alto su importancia, al igual que la del sistema linfático, recién ahora valorado a raíz de su valor crucial en el desempeño del sistema inmunológico. La Homotoxicología -un desarrollo moderno de la homeopatía- postula que infinidad de toxinas se depositan en este sistema básico, que no tiene una capacidad infinita de auto-desintoxicación. Cuando esta capacidad es desbordada por la concentración tóxica y decrece hasta niveles críticos, las toxinas se diseminan por el torrente sanguíneo al tiempo que comienzan a dañar el órgano que alimentan, conectan y protegen.

De manera que es imposible normalizar la función de algún órgano particular si antes no se limpia de toxinas a este Sistema Básico y a la Sustancia Fundamental, que juntas reciben el nombre de MESÉNQUIMA. Así pueden explicarse algunos fenómenos básicos del envejecimiento, caracterizados por un deterioro más o menos acelerado de las funciones biológicamente críticas: la imposibilidad de mantener “limpio” al organismo produce congestión, “empastamiento funcional” y por último lesión a nivel de los órganos. Recién en ese momento los órganos producen síntomas, pero la historia de su deterioro es larga y su origen puede atribuirse a una falla funcional del mesénquima.

La variedad de toxinas es grande; bajo esta denominación entran alimentos y bebidas inadecuadas, gases en la atmósfera, residuos de microorganismos varios, productos del metabolismo eliminados con dificultad, etc. Las imágenes siguientes ilustran acerca del Sistema Básico:

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¿Para qué este programa, qué objetivos tiene?

Este programa tiene el objetivo de producir una mejoría importante y relativamente rápida del “ambiente biológico” en el cual transcurre nuestra existencia. Y puede decirse, de acuerdo a lo que hemos visto, que su misión principal es empezar a limpiar de toxinas al Sistema Básico de Pischinger.

Se basa en darle una chance a los sistemas fisiológicos involucrados en los procesos depurativos para que neutralicen y expulsen del organismo la mayor cantidad de toxinas depositadas en los tejidos. Esta oportunidad se consigue por un medio bastante sencillo que la mayoría de los animales conoce  sin necesidad de estudios universitarios ni largos cuestionamientos al estilo de vida: ayuno y descanso.

La clave consiste en proporcionar un reposo profundo a los órganos, un aquietamiento de la actividad fisiológica habitual pero al mismo tiempo una fuerte estimulación sobre los sistemas eliminatorios. Lo cual se logra controlando los insumos y reduciendo el despliegue físico habitual. Esto puede sonar contradictorio con la denuncia anterior acerca de la vida sedentaria, pero más bien se refiere al vértigo y descontrol habituales que solemos ejercer en la vida cotidiana. Es cierto que aquí no se propone un ayuno absoluto (en esta opción sólo se ingieren bebidas para reponer líquidos y minerales) pero el ayuno relativo indicado más adelante es suficiente para lograr los objetivos propuestos.

La idea básica es alterar significativamente las reglas de juego para crear un espacio/tiempo muy alejado del habitual: en esta nueva aunque transitoria realidad la tranquilización de la fisiología transcurre al unísono con la de la conciencia.
Este método simple pero eficaz colabora para que el intestino grueso, las vías urinarias, la piel y los pulmones trabajen con mayor eficiencia que la normal y logren su objetivo desintoxicante de los órganos y fluidificante de los líquidos. Más allá de las palabras verán que esto realmente sucede: lo notarán en el olor, consistencia y color de las secreciones y excretas. Pero también este descanso verdaderamente profundo se nota en la conciencia ya que, a medida que van pasando los días, se experimenta una cierta paz, un adentramiento en el ser: una posibilidad de re-encuentro con lo que en realidad somos.

Puede parecer una exageración pero es lo que ocurre: este programa funciona como “revisión y ajuste de cuentas” con uno mismo.

Por otra parte, no hay dudas acerca de las ventajas que un experimento de esta naturaleza tiene para un tratamiento médico: cualquier intento terapéutico se encuentra notablemente dificultado cuando debe enfrentarse contra un factor constante de resistencia como el representado por la existencia de múltiples depósitos de toxinas. En el caso específico de la acupuntura debe señalarse que este operativo de limpieza se encuentra directamente vinculado con la rapidez y profundidad de la respuesta al tratamiento: no hay comparación posible en cuanto a lo que puede obtenerse con las agujas antes y después “de pasar la escoba”.

Ni tanto ni tan poco

Es cierto que el programa es tan útil como una escoba para limpiar el organismo y tan “meterete” como para inmiscuirse en la intimidad de los tejidos. Pero no es tan fácil, ya que uno está apegado y “pegado” a sus costumbres.

Cambiarlas, aunque sea temporalmente, produce resistencias de todo tipo. La comida que se está acostumbrado a ingerir tiene o no valor dietético, pero también funciona como un sistema de seguridad y proporciona placer, para muchos el más importante y “seguro”.

El valor simbólico de los alimentos es tan alto que mucha gente accede a cambiar sus costumbres alimentarias y su existencia sedentaria pero a cambio de incorporar un sistema de pensamiento y creencias diferentes. No creo que comer ensaladas requiera de una transformación metafísica, pero en la práctica esto ocurre con demasiada frecuencia. Por esta razón es que, desafortunadamente, el naturismo y la macrobiótica impresionan como una suerte de sectas neurogastronómicas y sus defensores como predicadores.

No es el espíritu de esta propuesta, si bien es cierto que hay demasiadas cosas por cambiar y la más importante consiste en llevar una existencia destinada a ejercer creativamente la vitalidad, más que a perderla por la escasa calidad de los nutrientes de consumo habitual, incluidos los medios de comunicación y las conversaciones estúpidas.

Si hay un cierto espíritu de esfuerzo (aunque no de sacrificio) en todo este cambio es porque, sencillamente, hay que esforzarse para estar mejor. La deriva natural de las costumbres vigentes encamina en una dirección desafortunada, ése es el problema.
Y abandonar esta corriente para optar por un estilo de vida más saludable implica muchos cambios que no se pueden desconocer ni minimizar con palabras fáciles. Y tampoco es juego limpio reemplazarlos por discursos mesiánicos protagonizados por iluminados de salón.

En todo caso, detrás de cambios profundos siempre existe una modalidad de pensar y sentir los problemas humanos y quizás, hasta una filosofía.  Pero una cosa es reafirmar los valores de la vida oponiéndolos al siniestro carnaval de la muerte que con tanto entusiasmo parece predominar, y otra cosa es pretender una especie de pureza absoluta, atemporal y desarraigada. Por eso es peligroso suponer que uno quedará “cero kilómetro” después del programa de desintoxicación. Pero se estará mucho mejor, esto también es cierto.

De manera que este programa no se presenta como una mágica panacea capaz de arreglar todo, pero sí como un método seguro y eficiente para mejorar el ambiente interno. Es bueno saber que puede repetirse cada vez que se sienta verdadera necesidad de volver a desintoxicarse, aunque lo razonable es ponerlo en práctica durante las estaciones de transición (primavera/otoño) o cuando se atraviese alguna crisis personal que implique cambios importantes en la vida.

Se verá que el programa contiene dos tipos de indicaciones: generales y dietéticas. Dentro de estas últimas se presentan tres opciones distintas que pueden elegirse con entera libertad.

Ignoro si he sido suficientemente claro para transmitir la idea de que los diversos tóxicos a los que estamos expuestos producen un bloqueo parcial de las actividades vitales instalándose en la intimidad de los tejidos. Esto implica una dificultad en la comunicación interna y externa y en eso consiste el sentido de la palabra, ya que bloquear significa “cortar toda clase de comunicación”: ni más, ni menos. Pero también esta expresión se relaciona, de una manera extraña, con obsesión que significa “idea fija”: sus raíces provienen de asediar o bloquear y más exactamente implica “sentarse enfrente”.

¡Las toxinas nos inmovilizan sentándose enfrente nuestro!

Es tan claro y revelador que espanta todas las dudas acerca del significado de la palabra.

En realidad, un operativo de limpieza consiste en una campaña de liberación personal, y no debería intentarse si no se desea tender hacia ese objetivo. De manera que no es un operativo que deba emprenderse como una especie de castigo, penitencia o privación dolorosa. Será costoso y difícil, pero no es aburrido ni intrascendente.

Es una aventura personal que provoca una importante remoción a nivel de las emociones, la fisiología de los órganos, la rígida estructura de carácter que supimos conseguir y hasta de las ideas que segregamos. Pero a medida que pasan los días se siente una rara alegría. Y también cierta agilidad y hasta levedad que no tiene tanta relación con la baja de peso sino con los nudos que se desatan, con las cinchas que aflojan la presión que nos encorseta.

Las toxinas dejan de sentarse enfrente y dan un paso al costado para que uno pueda moverse bastante más libre y menos atornillado que antes de esta barrida en gran escala. Si experimentan esa sensación es que el programa ha sido realmente exitoso: ¿qué más se puede pedir en tan poco tiempo?  Les deseo que puedan vivir con verdadera alegría esta aventura. Que se sientan fluir con mayor ligereza y disminuya la sensación de que uno carga el universo a sus espaldas. Y especialmente que al terminar con este programa, disminuya notoriamente la cantidad de agentes indeseables sentados delante de ustedes.

 Recomendaciones generales del programa                         

  • No deben realizarse esfuerzos físicos ni mentales que impliquen una gran exigencia durante los días que demanda la ejecución del programa. No es bueno jugar deportes que acarrean un gran gasto de energía, ni ejercitaciones aeróbicas como el trote, ciclismo, natación o actividades gimnásticas que impliquen alta movilidad o rapidez en los desplazamientos. Pero sí se puede caminar, y es deseable hacerlo, luego de los dos o tres primeros días.
  • Conviene rodearse de una atmósfera de cierta tranquilidad. Es recomendable alejarse del ruido y del vértigo, especialmente durante los primeros días. Como parte de esta necesidad es deseable elegir música y películas adecuadas a las circunstancias. Es mejor alejarse de la lectura compulsiva de los diarios, pero no de la buena literatura.
  • Conviene empezar en viernes o sábado, ya que los primeros días son los más difíciles y requieren descanso extra. En general, no hay que esforzarse demasiado: la idea es hacer lo mínimo en el desempeño habitual. Si bien las dietas se encargan solas de lograr esta forma de funcionar, es bueno reforzar la calma desde la conciencia moviéndose con cierta lentitud y respirando más profundo.
  • Es necesario acostarse temprano y descansar cada vez que uno se sienta fatigado: éste es un momento de “parar la máquina”.
  • Cualquier programa desintoxicante produce cierta fatiga o cansancio fácil, ligados a la disminución y alteración de la ingesta habitual, aunque también debido a la eliminación de toxinas en gran escala. Este cansancio suele presentarse durante los primeros días y no debe preocupar a nadie. También pueden aparecer descargas de todo tipo: nasales, bronquiales, urinarias, fecales, etc. Los materiales excretados pueden tener apariencia y olores diferentes a los habituales, al igual que la transpiración de la piel. También es habitual que durante los primeros días duela un poco la cabeza.

Indicaciones dietéticas del programa

No existen diferencias notables en cuanto al efecto de los planes dietéticos que se presentan a continuación. Tal vez el plan 2 sea más apto para la temporada fría, pero esto no impide que cualquiera de los tres puedan ponerse en práctica en cualquier momento del año. Todas las ensaladas indicadas pueden condimentarse con un poco de sal, aceite y limón. Cuando se use vinagre debe ser de manzanas. Los aceites más aconsejables son los de cártamo, soja, girasol y oliva.  Los tés van sin azúcar, pero se puede usar un poco de miel.

Los tres planes tienen una duración de diez días.

Plan 1: Frutas y Verduras

frutas

Desayuno: Frutas

Media mañana:   Fruta diferente de la del desayuno

Mediodía: Ensalada de 3 a 6 verduras más dos tazas de caldo desintoxicante

Hambre entre comidas: Jugos de fruta o verdura

Cena: Dos o tres verduras al vapor más dos tazas del caldo desintoxicante.

El plan admite manzanas asadas al horno sin azúcar.

Plan 2: Cereales integrales

Este plan consiste en mantenerse durante los diez días exclusivamente con cereales integrales, utilizando como bebidas algún te de hierbas, agua mineral y el caldo desintoxicante.

cereales

Desayuno: Té de hierbas con pan integral (se le puede poner miel)

Mediodía: Arroz integral previamente hervido y calentado dentro del caldo desintoxicante.

Merienda: Igual que el desayuno.

Cena: Igual que al mediodía.

Plan 3: Frutas, Verduras, Cereales y Lácteos

frutas y lacteos

Por la mañana: Muesli de yogur / Jugo de frutas (se puede remplazar al muesli por yogur sólo)

Al mediodía: Fruta / Verduras crudas en ensalada  / Hortalizas cocidas

Por la noche: Muesli / Fruta fresca / Una rebanada de pan integral con queso blanco.

En las comidas debe tomarse caldo desintoxicante. En caso de sed puede consumirse jugos de fruta.

Receta del Muesli

Una o dos cucharadas soperas de copos de avena instantánea.

Añadir tres cucharadas soperas de agua fría y  una cucharada sopera de jugo de limón.

Agregar tres cucharadas soperas de yogur y una cucharada sopera de miel.

Revolver todo y agregar una manzana rallada y un poco de nueces o almendras.

Debe quedar una mezcla homogénea, más densa que una sopa pero menos que un puré.

Receta del caldo desintoxicante

Picar hortalizas en porciones pequeñas. Utilizar zanahoria, papa (ambas con cáscara), cebollas, apio, puerro, zapallo y hojas de perejil. Agregar una o dos manzanas (sin pelar) y un poco de sal. Dejar hervir el tiempo suficiente. Colar y guardar por separado. Las verduras también pueden utilizarse.

Calentar cuando vaya a consumirse.

Transición y salida del plan desintoxicante

Se agregan por orden y durante algunos días, los alimentos  que no se han consumido según la dieta elegida: verduras, frutas, cereales integrales, lácteos y por último las carnes.

Carlos Inza