Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…


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Medicina Energética Infantil

MEDICINA ENERGÉTICA

Por Carlos Inza

No me creo eso de la buena salud de los niños de hoy.

Más bien siento inquietud y preocupación cuando pienso en ellos, porque les tocó nacer en una sociedad tan o más enferma que la de hace treinta o cuarenta años. No es necesario abundar en detalles, pero sí recordar que muchos millones de niños del mundo están condenados a la muerte prematura, la desnutrición o algún déficit importante de por vida. Muchos otros trabajarán desde pequeños o no tendrán acceso a ningún tipo de educación o futuro digno. Simplemente serán mano de obra barata y, a veces, correrán el riesgo de ser vendidos a familias más acomodadas que las de origen, utilizados como dadores de órganos para ricos o traficados como mercadería sexual para degenerados.

¿Y qué pasa con el resto, que no será la mayoría pero hace ruido como si lo fuera?

Están muy lejos del ideal de autorregulación humana. Al primer tonto resfrío probablemente reciban antibióticos porque “tienen placas en la garganta”, o un antiespasmódico porque sufren un dolor abdominal que las señoras del campo saben diagnosticar como empacho y curar sin ninguna medicación. Y seguramente, se perderán desde muy pequeños las ventajas defensivas de la fiebre gracias a la aspirina o similar para que madres y padres se tranquilicen y duerman sin culpa. Más adelante tendrán alergias, predominantemente respiratorias. O enuresis, o colitis o un pobre desarrollo físico, emocional o intelectual. O profundizarán la estupidez con videojuegos y nunca más serán auténticamente curiosos, comprometidos y valientes. ¡Y lo asombroso es que a nadie le parecerá asombroso!

Esta terrible epidemia se llama  peste emocional, y produce al típico ciudadano medio: superficial, sometido, egoísta, gris, frío, tonto y mediocre.

¿Cómo y cuándo aparece la peste emocional?

La orgonomía considera que la etapa de desarrollo personal en la cual el humano es afectado por el estrés y la agresión de cualquier tipo (física, química, biológica, emocional, social, económica) es relevante para entender la salud o la enfermedad de cada sujeto en particular. Cuanto antes se produce el daño, más importantes y temibles serán las consecuencias. Por ejemplo: las condiciones de la vida intrauterina son decisivas: si resultan adecuadas en cuanto a la nutrición (amor + alimento) el feto podrá nacer sin las lacras de la peor posibilidad: el autismo, la psicosis, el cáncer o las enfermedades degenerativas invalidantes. ¿Esto significa que inmediatamente aparecen los trastornos mencionados? No, esto depende de lo que acontece luego, de manera que esa posibilidad puede desarrollarse o no.

Y también postula que cuando la agresión es brutal y aparece durante la gestación, el resultado será una persona psicótica (no en el sentido psiquiátrico habitualmente utilizado), alguien cuya energía es mínima y mal distribuida ya que se encuentra totalmente bloqueada en los segmentos superiores: una persona que ha sido quebrada de raíz. Sobre esta característica se desarrollan, no sólo la psicosis, sino el cáncer (es una psicosis celular), el sida y otras graves enfermedades, como las degenerativas. Son hipo-orgonóticos (baja energía) y dis-orgonóticos (desequilibrada distribución). Reich y sus continuadores las denominaron biopatías primarias.

Si el momento de la crisis aparece durante el primer año de vida (amamantamiento), entonces asistiremos a la formación de una estructura borderline, que esconde un núcleo depresivo encubierto instalado por el estrés del miedo durante el período neonatal, desde el décimo día de vida hasta los 10 meses de edad. Son sujetos con su carga energética mal distribuida: disorgonóticos. Esto ocurre en neoplasias tratables, HIV positivo, diabetes, obesidad, alergia, una variedad de hipertensión, asma y artritis reumatoidea, entre otras. Constituyen las enfermedades somatopsicosomáticas o biopatías secundarias.

Luego tenemos las psiconeurosis como la gastritis, la úlcera, la angina de pecho, el infarto de miocardio, la colitis, la cistitis, la hipertrofia prostática o el mioma uterino. Son las enfermedades somato-psicológicas y corresponden a sujetos sin núcleo psicótico en los cuales el estrés del miedo aconteció durante la vida post-natal, desde la adquisición de la muscularidad intencional -en el noveno o décimo mes- hasta la pubertad. Suelen presentar una carga energética excesiva aunque mal distribuida: hiperorgonóticos disorgonóticos.

Luego, y en orden decreciente de gravedad, encontraremos a los neuróticos. Son personas sin núcleo psicótico, con miedo vivenciado desde la pubertad en adelante, con una carga energética adecuadamente distribuida, pero en exceso: son los hiperorgonóticos. Esta estructura caracterial es típica de las somatizaciones neuróticas.

Y por último los sujetos realmente sanos: maduros, con carga, distribución y circulación energética fisiológica. Son normo-orgonóticos y responden a lo que la orgonomía denomina carácter genital, pero como van las cosas en el mundo no hay que hacerse muchas ilusiones de pertenecer a esta soñada categoría. (¡Aunque sí pelearla para llegar lo más cerca posible!)

Si es que se acepta ésta dramática descripción del ser humano actual, es posible que estemos de acuerdo en que es necesario hacer algo importante por los chicos antes de que nazcan. Por ejemplo: limpiar el basurero físico y emocional en que se ha convertido el planeta y ayudar a las parejas para que puedan parir dignamente a sus hijos. ¿Pero qué hacemos con los que siguen naciendo o, simplemente, ya están instalados en el mundo desde hace un tiempo?

Posibilidades terapéuticas

La medicina energética no es magia, pero puede ayudar en una variedad de afecciones infantiles para las cuales la medicina oficial carece de respuesta adecuada o eficiente.

Lamentablemente son pocas, todavía, las personas que tienen buena información sobre estas posibilidades que ofrece la medicina energética en sus diferentes desarrollos como la acupuntura, la orgonomía, la oligoterapia y la homeopatía. Y, en general, tampoco es conocido el hecho de que los pequeños responden mejor y más rápido que los adultos a cualquiera de los tratamientos mencionados.

Existen dos ventajas importantes en los tratamientos realizados con medicina energética: una es que suelen producir una respuesta más eficiente y estable debido a su facilidad para llegar más profundo al origen del problema, donde no falla la coexistencia emocional y biológica (¡la energía es la fuente de los dos lados del ser!). La otra ventaja es que no son agresivos, ya que carecen de efectos secundarios, lo cual no es poca ventaja cuando se repara en la toxicidad cada día más alarmante de los medicamentos alopáticos, cuya costumbre es actuar en estilo rápido, superficial, incompleto y peligroso.

Tiene que quedar claro el objetivo de las terapias energéticas en el campo de la pediatría: no se trata sólo de evitar los síntomas, sino de ayudar a crecer alejando la posibilidad de instalarse en alguna de las opciones más peligrosas que describe la orgonomía, especialmente el terreno psicótico y el borderline. Tal vez así se despeje el camino y mejore el horizonte de posibilidades  para cada niño enfermo o supuestamente sano (los que no “presentan” síntomas). Parecerá raro que exista relación entre cualquiera de las afecciones infantiles tratables con medicina energética y las distintas estructuras caracteriales, pero es lo que sucede en la realidad. La posible curación de cualquiera de las “afecciones de la infancia” conlleva un mejoramiento de la estructura caracterial que las soporta, ya que entre psique y soma las relaciones son íntimas, complementarias, simultáneas e interdependientes. Y cuando aquí se habla de carácter se lo entiende en sentido psicofísico.

Es cosa de todos los días, especialmente en los niños, presenciar cambios emocionales al tiempo que se producen mejorías biológicas. Es que no hay dos personas, una “física” y otra “psíquica”: sólo existe una y la tendencia a la escisión entre ambas es lo que consolida y profundiza la enfermedad. En algún momento es necesario pensar acerca del futuro de nuestros hijos con más profundidad que la urgencia del momento, y plantearse que la persistencia de algún problema durante la infancia necesariamente ocasionará limitaciones o impedimentos en la adultez. Justamente, la tarea de prevenir y anticiparse es propia de adultos, porque a los chicos les toca vivir sólo el presente y a nosotros actuar con la inteligencia necesaria como para que su futuro implique un presente que honre a la vida.

Indicaciones de la medicina energética

Su utilización es factible desde edades muy tempranas, si bien lo deseable es comenzar en los estadios embrionario y fetal (durante el embarazo), cuestión que merece otro artículo. Pero por ahora veamos qué puede hacerse a partir del nacimiento, aunque antes de ello la medicina energética regala una sorpresa inesperada: ¡con ella pueden corregirse las posiciones fetales inadecuadas durante el tramo final del embarazo!

Es bueno saber que el tratamiento de acupuntura en los niños no requiere agujas, ya que para estimular los puntos puede utilizarse ultrasonido, láser o infrarrojo. Y también pueden dejarse durante varios días pequeñas semillas recubiertas con adhesivo. Estos dos procedimientos son de gran eficacia y permiten reemplazar a las agujas, un viejo cuco de la acupuntura que ahuyenta precozmente a muchas personas y personitas.

Durante los primeros meses y años de la vida es frecuente la aparición de trastornos linfáticos (amígdalas, adenoides, oído medio, etc.), respiratorios (rinitis, sinusitis, faringitis, traqueítis, bronquitis) y digestivos (básicamente diarrea y estreñimiento). Cualquiera de estas afecciones puede cursar junto con fiebre, y allí aparece el primer problema: inmediatamente los padres entran en pánico y “cortan la fiebre”, habitualmente con la complicidad del pediatra, el farmacéutico o el kiosquero (el que llegue primero para opinar). Así privan al niño o lactante de un fantástico ejercicio defensivo, privación que habitualmente se complementa con antibióticos, casi siempre mal indicados. Es importante entender que, en la gran mayoría de los casos, estos medicamentos no son útiles para el niño y sólo cumplen la función de aliviar la angustia de los padres, felices cuando ven que ya no se queja de dolor y la fiebre ha desaparecido. Sería justo, entonces, que sean los padres quienes consuman dicha medicación o alguna otra, posiblemente algún psicofármaco. Casi nadie suele pensar que ejercitar el sistema defensivo (inmunológico), es lo mismo que practicar para seguir vivo y que negar ese derecho compromete seriamente el futuro de un ser humano. En un artículo casi mínimo es difícil profundizar acerca del “sentido” biológico y emocional de las enfermedades habituales en la infancia, de manera que seguimos adelante, aunque adeudando esa explicación. (Y también puede consultarse ¿Antibióticos + Aspirina = Sida?, un artículo de la web: http://www.acupuntura-orgon.com.ar/articulos1.htm#%C2%BFAspirina%20+%20Antibi%C3%B3tico%20=%20SIDA?)

Pues bien, los problemas linfáticos, respiratorios y digestivos son muy tratables con medicina energética, utilizando una combinación de acupuntura y homeopatía. Y lo son tanto en su fase aguda como en la crónica, cuando los otros tratamientos han fracasado y sólo queda la consabida administración quincenal o mensual de antibióticos. Pero hay cosas peores, por ejemplo el tratamiento del asma bronquial con corticoides y broncodilatadores. Más allá de la ignorancia que implica tratar con estas medicaciones la expresión funcional (alergia respiratoria) de un problema en los vínculos primarios, están las consecuencias de semejante agresión farmacológica a veces “complementada” con antibióticos cuando la dificultad respiratoria comienza con una bronquitis. En este caso, la medicina energética dispone de un buen arsenal compuesto por acupuntura, homeopatía, oligoelementos y gimnasia respiratoria.

¿Y qué decir de las urticarias y los eczemas que, como otros problemas de piel, los dermatólogos se obstinan en tapar para que nadie los vea si es que los anti-histamínicos no tienen éxito?

Otras áreas de acción poco conocidas están expresadas por la alta eficacia que alcanza esta medicina en variedad de enfermedades infecciosas para las cuales no existe una buena cura “en el mercado”. Por ejemplo la hepatitis, la gripe, la parotiditis (paperas), la meningitis, la disentería y otros cuadros diarreicos, la tos ferina (tos convulsa) y la erisipela.

¿Sabían ustedes que la acupuntura trabajada con calor en algunos pocos puntos (moxibustión) se basta para curar casi todos los casos de enuresis diurna o nocturna?

¿Y que es sumamente eficaz en epilepsia, otros cuadros convulsivos y esa vaguedad neurológica llamada disritmia?

Tampoco es conocida la eficacia de la acupuntura y la homeopatía (combinadas o no con la administración de oligoelementos) para tratar problemas de conducta y de aprendizaje.  Será curioso pero no inútil saber que la acupuntura ¡dispone de puntos específicos para mejorar el rendimiento en matemáticas! O sea: para cualquier disciplina que implique buena musculatura mental en lógica formal. Y en general, para trastornos del desarrollo normal de origen funcional.

Hablando de funcional, los espasmos de esófago, cardias, estómago e intestino suelen ceder, ya sea con acupuntura sola o combinándola con homeopatía.

Y, aunque siempre hay más para contar, no quiero olvidarme de una serie más bien surtida: la miopía infantil, los esguinces, la apendicitis (sí, apendicitis y en marco hospitalario, lo cual permite la opción de operar rápido si falla la terapia energética), los forúnculos, las epistaxis o hemorragias nasales, la anorexia y las secuelas de la poliomielitis, especialmente tratadas con craneopuntura.

En cuanto al aprendizaje: no es posible pedir puntos para geografía, biología o ciencias sociales porque no creo que existan. Y también porque el esfuerzo que termina en conocimiento produce salud, que de eso se trata.

 

 

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Acupuntura del cielo I

MEDICINA ORGONÓMICA

Por Carlos Inza

El trabajo de regulación climática con los cloud-buster o rompe-nubes

 

Lo visible dura un verano y luego se marchita,

pero aquello que le dio vida se oculta bajo la tierra y allí vive,

inmutable, bajo la superficie de los eternos cambios.

 Lo que se ve es la flor y ésta perece. El rizoma permanece.

Carl G. Jung

Nota de mayo del 2015

El texto que sigue fue escrito en julio del 2010 y tuvo como objetivo exponer algunos trabajos climáticos realizados en los años anteriores con la metodología de la orgonomía reichiana. O sea: utilizando cloud-busters para regular o equilibrar el clima. El trabajo original de Reich puede consultarse en su libro CORE (Cosmic Orgone Engineering), del cual puedo suministrar una versión en castellano a quien le interese.

Me da un poco de ternura leer el comentario sobre los trabajos climáticos de diciembre 2007 a febrero 2008, y me producen ganas de decir algunas otras cosas, algo más.

Primero quiero contarles que Roberto Luna, mi colega que opera en Córdoba y yo, hemos desarrollado sendos cuadros de hipertensión arterial a lo largo de esta secuencia operativa que comenzó hace dos años y medio, a fines del 2005.

Cualquiera puede pensar, seguramente con razón, que el trabajo con los tubos no debe ser la única explicación para esa disfunción. Pero seguro que algo tiene que ver: hay antecedentes de tales hechos (y otros peores) entre quienes han intentado producir modificaciones climáticas a través de la metodología orgonómica.

Y no es raro: uno está expuesto a ingentes cantidades de energía que pasan desde la atmósfera a través de tubos, cables y zona operativa.

De manera que, hasta ahora, no es un trabajo inocuo aunque se tomen algunas precauciones que son de rigor como, por ejemplo, nunca tocar tubos ni cables con las manos desnudas o con cualquier otra parte del cuerpo.

Es que existe algo indudable, más allá de algunos síntomas de malestar pasajero durante la operación: hay un efecto de campo, difícil de mensurar en términos espaciales pero que ejerce una influencia definida y potente sobre quienes se encuentran dentro de ese campo operativo.

Qué lástima, ¿no?

Pero es así: mientras algunos miran y pueden darse el lujo de hacer comentarios irónicos y hasta psiquiátricos, otros arriesgan y pueden salir lastimados. Es la historia, es la vida, siempre fue así.

Personalmente tengo variada y larga experiencia en éstos asuntos raros, sospechosos y hasta subversivos, de manera que mucho no me preocupan (hasta me divierten, tal vez) en su aspecto ligado al impacto sobre mi propio campo, ¡salvo la inmensa cantidad de energía que se pone en movimiento y me pasa por todos lados!

Pero sí me impactan profundamente –hondo y sentido como un animal conmovido- en cuestiones relacionadas con el momento que estamos viviendo los humanos y con la legitimidad del trabajo climático.

Por qué, ¿con qué derecho uno se pone a hacer estos “exóticos experimentos”?

Tal vez ayude la ignorancia generalizada en este campo, o la suposición de que hay que estar bastante loco para intentar modificar el clima con un equipo que puede adquirirse en la ferretería del barrio por unos pocos pesos, como si el costo de un equipo estuviera relacionado con su eficacia.

Entonces, si alguien se enoja, se preocupa o simplemente es una víctima más de la plaga emocional, podría ser que la denuncia de algún aburrido se transforme en un paseo en ambulancia, más que un peligroso viaje en patrullero policial. ¡Y la inversa también es cierta: depende de cómo son el médico y el policía!

También cabe la posibilidad de enterarse e ignorar el asunto, metiéndolo en alguna carpeta de variado título: “idioteces”, “locuras delirantes”, “interesante pero por verificar”, “no me interesa”, “me interesa pero no me animo”, “peligroso, mejor que no lo hagan”, “es irresponsable y necesitan supervisión de alguna institución” o “para comunicar a los superiores”.

Se puede elegir tranquilamente entre las distintas opciones que ofrece el mercado.

Eso sí: ¡les puedo asegurar que no es un trabajo aburrido!

Ni siquiera es un trabajo de verdad porque nadie nos paga, pero es absolutamente apasionante, de eso sí pueden estar seguros.

Pero ahora está parado, por cuestiones de salud.

¿La hipertensión y sucedáneos?

Claro: no somos tan tontos, pero empiezo a sentir que también está parado por razones sanitarias, por razones de salud colectivas, por algo que tiene que ver con todos y no sólo con nosotros. Seguro que más adelante, en este mismo texto, podré explicarlo mejor.

Hay un pequeño detalle: después de dos años y medio y 48 cloudbustings (varios más sumando los de Córdoba), estoy seguro de que el método funciona. Efectivamente: ejerce variada influencia sobre el clima, dependiendo de la configuración climática al momento de las sesiones, la técnica utilizada y los objetivos de cada trabajo.

Es que se trata de una relación bastante parecida, aunque no igual, a la que se establece entre médico y paciente: Roberto y yo somos médicos y no es casual que nos hayamos metido en este asunto. Y en mi caso se parece bastante a lo que hago en el consultorio todos los días. Es más: estoy seguro que mi trabajo climático consiste en hacerle acupuntura al cielo, sólo que reemplazo las agujas por los tubos, pero la idea básica es la misma.

Y esto sí me parece importante aclarar: el objetivo es lograr un clima más equilibrado para conseguir una mejora del medio ambiente en el que vivimos. ¡No somos “fabricantes de lluvia”!

No estamos jugando para demostrar algún tipo particular de magia o poderes extraordinarios. Lo que realmente nos convoca a este trabajo es, simplemente, la necesidad de intentar aportar un poco de salud al desquiciamiento climático y atemperar lo difícil que es para la vida sobrevivir en estas condiciones. Nada más y nada menos.

Sin embargo, los trabajos con el cloud-buster (“rompenubes”) son conocidos por su efectividad para inducir lluvia si no hay, o incrementarla si es muy poca. Bueno, eso de decir “son conocidos” es casi una broma porque sólo un reducido grupo de personas en el mundo los conoce.

Y decir “mundo” para referirse a los humanos que habitamos el planeta Tierra es también una broma pesada y peligrosa: otra demostración de soberbia inaudita que puede terminar muy mal.

El asunto es que no usamos los tubos con la técnica “para hacer llover”, sino para romper el estancamiento y lograr lluvia de una manera indirecta, sólo como expresión necesaria de una situación de mayor equilibrio.

¡Pero claro que existe la técnica para hacer llover con los cloud-buster!

Y una cantidad de trabajos muy bien documentados sobre estas experiencias, especialmente los de Wilhelm Reich y James De Meo, que se pueden consultar en la web o bien en el libro “Wilhelm Reich y la modificación del clima” del investigador italiano Roberto Maglione.

Sea por lo que sea, nunca quise utilizar la técnica convencional para lograr lluvia en un área delimitada, pero al empezar con éstos trabajos, hace dos años y medio, necesitaba “una prueba de acción directa” para convencerme que todo esto no era mero delirio. Bueno, hace años que trabajo con acumuladores de energía orgón y los dor-buster, que son pequeños cloud-buster utilizados en medicina energética para limpiar y desbloquear la circulación de la energía. De manera que, al empezar el trabajo con el clima, los principios teóricos y la práctica nunca estuvieron en discusión para mí.

Tal vez una muy especial zona de mi corteza cerebral necesitaba la verificación de la que hablo, de manera que se la proporcioné.

¿Qué hice?

Fue muy simple: utilicé un simple dor-buster médico con un cable algo más largo, puse el extremo del cable en agua corriente y apunté a una nube, en cierto departamento de la calle Melián ubicado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, Hemisferio Sur, Planeta Tierra. ¿Qué tenía que pasar? Bueno, por algo “el aparato” se llama “rompenubes”: en un tiempo prudencial y fuera de toda sospecha (nube distinguible en un conjunto cercano e indiferencia de las no apuntadas, etc.) la nube tenía que deshacerse. Y exactamente eso es lo que ocurrió: la nube se deshizo en pocos minutos “delante de mis ojos”.

¿Casualidad, nube que quiere quedar bien conmigo como si fuera mi perro gaseoso, nube lectora de Reich que obedece al maestro?

No sé: ¡la nube se agujereó allí adónde apuntaba el tubo y luego desapareció!

Repetí lo mismo con otras dos, también para satisfacer a la misma región de mi cerebro y porque resultaba muy divertido hacerlo. Y sucedió lo mismo.

Varios años antes, cuando tiempo después de leer apasionadamente los libros de Reich resolví pasar a la acción y verificar la existencia y potencia de la energía orgón, había experimentado con un pequeño tubo acumulador sobre un canario. Y me asombró (tanto que esa bendita noche no pude dormir) su insólita reacción sometida a contraprueba: agitarse como loco en la jaula y pretender salir del encierro, pero quedarse quieto cuando lo apuntaba con un tubo de apariencia similar aunque sólo de cartón.  Éstos resultados me habían convencido tanto que, a partir de ese pequeño episodio fundador, dediqué mucho tiempo a seguir investigando y avanzando en la articulación entre acupuntura y orgonomía, que es la base de mi sistema médico.

Y estoy feliz: ese intento nunca me defraudó.

El episodio con la nube significó lo mismo respecto del trabajo climático y fue suficiente. Sólo repetí el juego de hacer desaparecer “mágicamente” una nube dos veces más: una en Lago Puelo y otra en Tortuguitas, siempre con el mismo resultado.

Se trata de una constatación que cualquiera de ustedes puede hacer, simplemente para verificar que no estamos hablando bajo el efecto de algún alucinógeno o, simplemente, mintiendo.

Simplemente mintiendo y evadiendo…es tan fácil, tan “natural” hacerlo, ¿no? Entiendo lo difícil que puede ser aceptar estos hechos, que no parecen tan naturales como mentir y evadirse. Es tan difícil como sacarse la cabeza que habitualmente uno tiene instalada en el chasis de origen y ponerse otra.

¿Cómo es posible lograr semejantes efectos con una tecnología que no cuesta millones y millones de dólares y con un procedimiento tan sencillo? ¿Será posible eludir una de las tantas tonterías sobre las que está montada la maquinaria del éxito y la aceptación social?

¿Puede uno enfrentar con éxito el lamentable espectáculo de circo sobre el que está basado el funcionamiento “legítimo” de los criterios de realidad oficialmente correctos?

Debe haber alguna equivocación, algún error.

Algo no funciona bien en todo este asunto tan loco, ¿o no, o sí?

Entonces es mejor pasar a otro tema, pero no es tan fácil (si es que me siguen leyendo) porque soy un poco testarudo y esto recién comienza.

Si es cierto que el procedimiento descripto es capaz de hacer desaparecer a una, varias o muchas señoras nubes del tamaño que quieran, ¿por qué razón no va a lograr producir otros efectos sobre la atmósfera y, por lo tanto, sobre la configuración climática local, la que rodea a la zona operativa? ¡Ah, bueno!, me dijiste que puede eliminar nubes del cielo, pero hacer llover es otra cosa, algo muy distinto.

No, no es tan distinto. Las nubes desaparecen si apunto el tubo a su centro, pero si apunto al lado de la nube, entonces empieza a crecer cada vez más y si con ese aumento logro que se junten cada vez más nubes, es muy probable que finalmente llueva dentro de las 48 a 76 horas. Es cierto que existen otros factores climáticos que complican el objetivo, pero casi siempre llueve si se utiliza bien el método considerando las otras variables que juegan, especialmente los vientos y el centro de alta presión producido por “el efecto tubo”.

Sí, claro (¿?), pero ¿por qué razón, qué es lo que sucede?

¿Por qué “la ciencia” desconoce este asunto tan importante que no aparece en ningún lado ni es reconocido o anunciado por algún científico de “renombre”? A propósito, ¿por qué se dirá “renombre” para citar a alguien cuya voz es autorizada? Debe ser porqué alguien re-conocido (conocido más de una vez, mucho) necesita mucho nombre o debe cambiarlo por otro: re-nombre, el suyo sólo no basta para ser importante y, por lo tanto, “escuchado”.

Quédense tranquilos: por aquí disponemos de un solo nombre y apenas nos conocen, de manera que estamos en el mismo nivel y podemos conversar en paridad, casi democráticamente.

Y vayamos al punto, de una vez.

La razón por la cual esta técnica funciona se debe a su capacidad para aumentar o disminuir la concentración de orgón atmosférico, eso es todo: así de fácil, así de sencillo.

Orgón es el nombre que eligió Reich para re-bautizar a la misma energía que antes habían descripto los chinos, los indios, los griegos y una cantidad numerosísima de pueblos y culturas: la energía que anima a la vida (le da ánimo), la energía que llena el cosmos (éter). Sólo que logró estudiarla, demostrarla, concentrarla y utilizarla terapéuticamente: ése es el simple pero notable aporte de su trabajo.

Sí: “la energía”.

No es nada nuevo, pero no es la misma energía que, hasta ahora, ha estudiado, reconocido y descripto la ciencia oficial, nada más.

Es Wilhelm Reich no era simplemente un investigador cuyo laboratorio trabajaba para alguna poderosa corporación ¡que hubiera terminando patentando su descubrimiento! (una estupidez equivalente a registrar derechos exclusivos sobre el aire o el agua). Su poderoso pensamiento, su genio para unir asuntos diversos que aparentemente no tienen “relación” entre sí, le valió demasiados enemigos. Por ejemplo: se metió profundo con la sexualidad, con las religiones, con el poder.

Encontró que la causa más importante de la actual expansión de los desiertos físicos es el desierto emocional humano, o sea: su falta de contacto con la propia vida y con la de los demás vivientes, no sólo los humanos. Y que la causa esencial de las tiranías y sistemas en uso, anti-vida en general y anti-humanos en particular, reside en la dificultad del hombre para hacerse cargo de sí mismo, para hacerse dueño de su destino y no regalar su libertad a nada ni a nadie.

¡Demasiado como para no odiarlo, perseguirlo, prohibirlo, enjuiciarlo, condenarlo y meterlo hace cincuenta años en esa maldita cárcel donde no podía sobrevivir o simplemente fue asesinado!

Entonces, el gobierno de los Estados Unidos diseñó una ceremonia digna de la “Santa Inquisición”: quemaron sus trabajos, sus acumuladores de energía orgón y prohibieron la publicación de sus obras. Puede que eso les explique cuál es la razón por la cual es “desconocido” y carece de “renombre”. Simplemente, ¡trataron de borrarlo de la base de datos de la humanidad!

Luego volvió a entrar por la ventana de la “liberación sexual”, resucitado por los militantes del mayo francés junto a Marcuse, y sus aportes resultaron tan brillantes que la psicoterapia corporal y la bioenergética nacieron de ellos, sólo de una parte de ellos…

Ése era Reich, el tipo que se dio cuenta antes que nadie que el ser humano nace, vive y muere en una trampa fabricada por él mismo (cultural, no biológica) que lo mantiene preso e infeliz toda su vida.

¡Pero también advirtió que podemos salir de ella!

Todo bien, pero sigamos con este asunto de los tubos.

Resulta que es posible construir y utilizar “aparatos” o dispositivos que logran concentrar la energía orgón (acumuladores de energía) o disminuir su concentración (dor-buster y cloud-buster).

En términos genéricos y, sin entrar en detalles que no vienen al caso, los acumuladores se confeccionan alternando capas de metal y no-metal, y pueden tener variedad de diseños y apariencia.

En cambio los dispositivos destinados a extraer energía consisten en tubos de metal, abiertos en un extremo y unidos a un cable en el otro y cuyo extremo pelado se sumerge en agua corriente o en una extensión acuosa quieta pero abundante. El extremo abierto es el que se apoya sobre un punto de acupuntura (dor-buster) o se apunta al cielo (cloud-buster). En ambos casos se trata de variar la concentración de orgón para lograr efectos que tienden a equilibrar al sistema con clara intencionalidad terapéutica.

Pues bien, ésa fue la idea al comenzar a trabajar con el clima, exactamente la misma que en el trabajo médico de la acupuntura-orgón: equilibrar, curar, aliviar, poner en movimiento lo que está quieto, estancado, bloqueado, estimular la vida y alejar la muerte. Nada más que eso. Nada de magia ni de exhibición de “poderes sobrenaturales”, nada de actitudes para “tener poder” o sentirse otro dios de supermercado. Pero sí, claramente, manifestación de potencia, de la simple y elocuente potencia de la vida. ¿Qué parece tener un efecto “mágico”? Claro: es la magia de la vida, nada más.

Empecé con un simple dor-buster médico, luego uní a tres de ellos.

Y finalmente construí un cloud-buster similar a los que utilizaba Reich, al cual después agregué otros tubos de material y largo disímil debido a las exigencias de la investigación.

Por supuesto que influenciar a los sistemas climáticos, que de eso se trata para lograr efectos significativos, no es tan sencillo como el experimento de disolver una nube. Hacen falta otros conocimientos y bastante entrenamiento con la propia energía, pero mucho ayudó la experiencia de trabajo médico.

Entonces uno acepta con cierta sencillez y naturalidad los resultados del tratamiento, ¡que siempre implican una sensación de maravilla cuando se trabaja con energía! Y alivian la impresión de omnipotencia, que sólo resulta natural cuando uno (o los demás) creen que se está logrando un efecto “imposible” de conseguir salvo que se tenga el número de teléfono de dios o se reciba ayuda del diablo: pueden elegir por el mismo precio.

Pero, ¿tenemos derecho a trabajar con el clima, algo que nos envuelve a todos sin excepción sin que nadie lo haya pedido expresamente? ¿Y para qué, en caso de que constituya un derecho válido?

Es curioso que, aún los más escépticos, tengan una actitud de inquietud y preocupación acerca del trabajo con los cloud-busters. Es una actitud contradictoria: por un lado el proyecto en sí les parece un dislate, pero simultáneamente aconsejan cuidado, moderación, equilibrio, prudencia y el resto de las virtudes teologales.

No es nuevo: también sucedió lo mismo durante la etapa experimental con el uso de los acumuladores de orgón en seres humanos. Existían los mismos críticos, tanto los que comparten los fundamentos de la mirada reichiana como quienes la conocen superficialmente, la desechan fácilmente sin opinar o la ignoran desde alguna altura olímpica. En todos los casos me decían: ¡cuidado, es peligroso!

Creo que se imaginaban a una persona convertida en un globo inflado a presión con los acumuladores y a punto de reventar: una escena típicamente masoquista. Pero en realidad sólo quiero decir esto: ¡es demasiado raro y extremadamente curioso que alguien que descree de un método sienta temor por las consecuencias de su utilización! Tal vez no descrean tanto: sólo tienen mucho miedo, nada más.

Luego, y en poco tiempo, los acumuladores de orgón adaptados para ser utilizados en puntos de acupuntura demostraron ser un éxito de eficacia y sencillez, como debe ser una buena terapéutica. Después de veinte años de indicarlos a mis pacientes y usarlos personalmente (¡regla de oro en ética médica!) no tengo reportes de que a alguien le creciera un cuello de jirafa o una trompa de elefante, tampoco de que hayan  desarrollado tumores cancerosos ni cuadros esquizofrénicos debido a su utilización. Y mucho menos me enteré que lograran hacer estallar a alguien por el aire, con el consiguiente desparramo periodístico, policial y judicial. Pero lo más importante es que casi siempre demostraron funcionar: suelen producir un aumento de la cantidad de energía y mejorar su distribución, asuntos perceptibles por quién lo utiliza y visibles para el que observa y compara.

La elección de haberlos investigado y utilizado en un marco de trabajo más bien silencioso fue determinante. De haber aparecido un sólo periodista para hacer alguna tonta nota sobre “el dispositivo mágico que produce energía”, todo se hubiera arruinado. Es interesante escuchar cómo los llama cada persona que los utiliza: batería, chip, espejito, ombligo biónico, “eso”, “el aparato”, “la pila”, “la cosa”, “el asunto” y todavía más, para delicia de psicoanalistas aficionados. ¡Pero casi nadie lo menciona por su nombre: acumulador de energía orgón!

Hacen bien: es demasiado conflictivo para el modelo vigente, tendrían que revisar su “sistema de creencias”, sus paradigmas indiscutibles. ¡Es que resulta inconcebible que plegar en zigzag una simple tira de acero y otra de plástico pueda lograr semejantes efectos! Lo usan porque así se sienten mejor y listo.

Y volviendo al origen, al “asunto tubos”: no veo diferencias entre la sencillez de ambos dispositivos, que pueden armarse por unos pocos pesos utilizando elementos corrientes, fáciles de conseguir. ¡Fue una liberación cambiar laboratorios por ferreterías, puedo asegurarles!

Ahora vuelven las mismas preguntas incisivas, obsesivas y pertinaces: ¿qué derecho tiene uno a intentar producir una modificación climática, por qué razón el método es desconocido si ha demostrado ser eficaz para lograr lluvia incluso en los desiertos y, finalmente, qué hacer con  éste proyecto?

Mirando un poco lo que está pasando con el clima en el planeta podría decirse que uno tiene, no sólo el derecho sino hasta la obligación de utilizar un método que puede demostrar su eficacia para intentar mejorarlo: hay demasiado desequilibrio “entre el cielo y la tierra”. Demasiada sequía, demasiado calor o frío, demasiada variada extinción y extrema necesidad de acciones que funcionen para favorecer la emergencia de condiciones sustentadoras de vida. Y esto es, sencillamente, porque hay demasiada muerte en el aire, el agua y la tierra. La muerte tiene demasiado éxito en estos tiempos y el futuro ha dejado de ser una esperanza para transformarse en un espacio de temor, castigo e incertidumbre. Entonces hay que hacer algo simple, algo elemental que sabe hacer cualquier planta, bacteria o animal: pelear por la supervivencia.

Uno se pregunta si podremos volver a ser animales decentes, seres aptos para vivir y dejar vivir. Si aprenderemos otra vez, como seguramente sabíamos antaño, que “la vida es una cooperativa” y no una estúpida historia de competencia feroz para obtener “poder” sojuzgando, oprimiendo y asesinando. No hay respuesta, pero sí una fuerte apuesta, una esperanza.

¿Quiénes podrían hacer “algo” para evitar la hecatombe?, uno se pregunta, un poco azorado por las noticias cada vez más alarmantes acerca del futuro cercano. ¿Acaso los variados poderes que comandan la misma civilización que nos ha puesto al borde de la extinción?

Cualquier trabajo debe evaluarse por sus consecuencias. Y en el caso del clima se necesita tiempo, bastante tiempo para estar seguros de que estamos usando una metodología fiable, simple y eficiente. Pero: ¿hay tiempo, tenemos el tiempo suficiente como para seguir un protocolo estándar de investigación? Y además: ¿son fiables quienes deberían emitir una opinión “autorizada”, son verdaderamente independientes de criterio, son libres para opinar? La respuesta es no, de manera que es mejor seguir adelante y confiar en que el método podrá masificarse y ser bien utilizado.

Tal vez el cloudbusting sea, también, un desafío para “el sentido común”. Pero no en el aspecto tipo: “la idea es demasiado loca para que sea cierta” o “hacen falta muchos cambios en el paradigma vigente para que pueda ser aceptada”. Sentido común aquí significa lo siguiente: si un método es capaz de “hacer llover” o, menos pretenciosamente, “coincidir con la aparición de lluvia” ocho veces de cada diez intentos, y todas ellas contra los pronósticos de cualquier servicio meteorológico, entonces “sentido común” parece esto: “es muy probable que sea un método acertado”. ¿Qué otra cosa puede querer decir “sentido común”, entonces?

Y si alguien dice que en ciencia no existe nada parecido a “sentido común”, y que los teólogos de la razón se niegan a considerar seriamente el sentido de esa expresión, entonces habrá que revisar la validez de los supuestos que fundamentan esta ciencia en sí misma, porque de ser así se trataría de una actividad enfrentada con el instinto más claro y más preciado por los seres vivos: la supervivencia.

Las razones no son tan raras, tan difíciles de comprender: es medio una cuestión de poder (la ciencia real no es aséptica, depende de quiénes la financian) y medio un problema de patología gremial, porque los científicos reales de carne y hueso no son seres excepcionalmente sanos: están tan o más acorazados que el promedio de la sociedad. Son habitualmente incapaces de mirar la realidad sin prejuicios y desde su propia libertad de investigador, ¡un requisito que sólo figura en pomposas declaraciones! Y están atados a infinidad de cláusulas y reglamentos sin cuya estricta observancia no pueden pertenecer al club que les da continencia y salario. Y en general se abstienen de opinar, de arriesgar una disidencia con sus jefes y patrones: la bibliografía que citan tiene que ser más importante que sus propias conclusiones porque de otra manera el trabajo “no es serio” y se transforma en inaceptable para los estatutos del club.

Sí: es otro caso de dependencia emocional, es la necesidad de sentirse amparado y protegido a cualquier precio. Es el contrato de Fausto otra vez, siempre y con tal de no correr el riesgo de vivir ejerciendo la propia libertad, ésa misma que te puede dejar irremisiblemente solo y en peligro. ¿Pueden ellos opinar, están en condiciones de emitir una opinión libre acerca de la energía orgón, de los acumuladores de energía y de los tubos enfilados al cielo? Otra vez la respuesta es no: no pueden, no están en condiciones de hacerlo. Y si no, miren las cosas que pasan en medicina con la utilización de métodos tradicionales consagrados por su eficacia pero negados, condenados y combatidos por la medicina “oficial”.

Tienen un buen ejemplo con “el empacho”, que infinidad de sanadoras con experiencia saben diagnosticar y tratar. Pero como no figura en la lista de las enfermedades oficialmente admitidas no existe y, por lo tanto, no se puede tratar. Estas actitudes son demasiado para la paciencia: ¡negar algo porque no lo entiendo es típico de idiotas! Medicina oficial significa lo que “hay que creer”: una cuestión de fe, un

problema teológico. Así uno es reconocido, admitido en la lista de los tontos con registro. Y eso rige para todos los integrantes de una sociedad incluidos sus científicos, los nuevos sacerdotes.

(Continuará)


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Responsabilidad Reichiana

ENERGÉTICA DEL ORGÓN

Por Carlos Inza

¿Cómo miramos y qué hacemos, nosotros los reichianos?

Sí: los reichianos tenemos una responsabilidad respecto de los demás. Y se trata de un “demás” tan amplio que incluye a la vida entera, no solo a los humanos. Es más: podría extenderse al Planeta Tierra y barrios adyacentes.

Todos nosotros (los pocos reichianos explícitos que habitamos en este lugar del universo), hemos abrevado en la fuente original: la vida y el trabajo de Wilhelm Reich. Pero no solo hemos abrevado: también abreviado indebidamente. En general, salvo excepciones, hemos tomado solo una parte, un aspecto de la experiencia reichiana. Nos hemos contentado con absorber lo que nos venía bien para nuestro trabajo concreto, para “completar la formación” en el área de práctica y conocimiento elegido. O sea: hemos caído fácilmente en la Trampa de respetar las pequeñas jaulas del conocimiento humano, quedándonos seguros y protegidos en un área restringida, chiquitita. ¡Una actitud muy contradictoria con la del creador de esta Mirada, que no tuvo reparos para “invadir” cualquier disciplina que fuera necesario abordar!

Cada uno tiene su historia en esta relación con Reich, cada uno empezó por algún lado de su obra. A veces por lugares no esperados o “lógicos” de acuerdo a la propia formación (o deformación). Yo, por ejemplo, hacía bastante tiempo que me dedicaba a la acupuntura antes de conocer a Reich. ¡Pero no empecé por el orgón, sino por su penetrante análisis de la realidad social y política! Como “La Función del Orgasmo” es una especie de resumen y muestrario de toda su obra, me fui sin escalas a “Psicología de masas del fascismo”, porque era lo que más necesitaba en ese momento. Solo después se me dio por saber más acerca del misterioso orgón e investigarlo. ¡Y sin embargo, para alguien que practica la acupuntura, la relación entre orgón y chhi era clarísima, estaba fácilmente delante de los ojos de quien quisiera ver!

Y bueno, en ese momento no quería o no podía verla. Seguramente porque tenía más necesidad de aclarar el pasado y mirar los procesos sociales y políticos de otra manera, puesto en otro lugar para comprenderlos mejor y más profundamente. Me encandiló esa mirada tan clara y tan profunda, enfrentando la verdad sin demagogia, sin “facilidades” que siempre se pagan caras. Recordar, al principio del libro, que Hitler había accedido al gobierno por elecciones fue una puñalada, pero también un baño de verdad, de realidad. Intuir que los gobiernos no son casuales ni obedecen a ciclos planetarios sino que se anclan en el “carácter social medio” de una sociedad determinada, fue otro impacto inolvidable y esclarecedor. Y así sucesivamente.

Y después vino la etapa de investigar con el orgón y todo eso, pero sin olvidar el aporte a la comprensión de los fenómenos sociales: era la misma persona, el mismo investigador el que había encontrado fuertes vínculos entre asuntos que parecían no relacionarse.

Cada una de las obras escritas de Reich se mete con alguna ciencia particular, solo que la da vuelta, como si de un guante se tratara, y la devuelve limpia, luminosa y apta para relacionarla con las demás. Pero también la torna incómoda, porque sus conclusiones resultan ser distintas y opuestas a la visión “oficial y generalmente aceptada” de la disciplina en cuestión. Ya se mencionaron dos: La función del orgasmo y Psicología de masas del fascismo. Pero el menú es surtido y provocativo: Análisis del carácter (psicología), La Biopatía del cáncer (medicina, energética básica), La revolución sexual, Los biones, La irrupción de la moral sexual (antropología), Los hombres y el estado (otra vez sociología y política), Escucha pequeño hombrecito (terrible descripción del “homo normalis”), CORE (trabajos climáticos, ingeniería cósmica). Hay otras obras, algunas pequeñas y en forma de artículos, pero de su última etapa destacan dos, en las que intenta profundizar en el método funcional que fue desarrollando y encontrando en la práctica de su larga investigación: El éter, Dios y el Diablo y Superposición cósmica.

Responsabilidad “interna”

En realidad, acabo de darme cuenta que quiero decir otra cosa: lograr integrar el conocimiento que aportó Reich, implica el desafío de integrarse uno mismo, de hacerse real. De expandir las propias fronteras y renunciar al cómodo cuartito, fácil de limpiar y decorar. O sea: dejar de ser “el emperador del pañuelito”, como una amiga definió cierta vez al consultorio particular, privado, solitario. Más allá de su potencialidad y sus posibilidades, en cierto sentido, el legado reichiano es bastante incómodo para sus seguidores: obliga a un gran esfuerzo de “ampliación de miras”, de investigación, de apertura a otras disciplinas. Eso de decir: “Ah, yo estudié otra cosa, no me vengan con física o meteorología” es una coartada primitiva, casi infantil. Es verdad que “meterse en otras cosas” exige audacia, pero también revela hasta dónde está uno dispuesto a llegar en el camino (su propia vida). Y si uno no sabe algo (como es de esperar en tantísimas cuestiones), entonces tiene que estudiar y preguntar a quien sepa, simplemente. Y exigir respuestas sencillas, comprensibles. Alguien dijo que por complicada que fuera una cuestión si uno no puede explicársela a su abuela, es que en realidad no la sabe…

Es que en todas las disciplinas existe una característica que relaciona a cualquier ciencia con el Poder: es la creación de un lenguaje especializado, críptico, medio misterioso y típico de secta de iniciados. Esa coraza, que los “científicos” desarrollan concienzudamente, los torna inalcanzables para el común de los mortales, que los escuchan admirativamente con mirada bovina.

No estoy sugiriendo que elijamos ser “todólogos”, sino que hagamos verdadero uso de las herramientas que el fundador de la orgonomía diseñó, probó, rectificó y finalmente utilizó con eficacia a lo largo de su vida de investigador. Y cómo su objetivo era mirar la vida y sus cosas enfatizando, principalmente, las relaciones entre energía y materia pero centrándose en el movimiento de la energía, podía (y debía) meterse con todos los aspectos de la realidad, de la cual las distintas ciencias elijen un aspecto reducido.

Es un verdadero honor y deberíamos sentirnos muy afortunados, porque así se aclaran y simplifican infinidad de problemas: cuestiones sin respuesta, de toda índole, pueden entenderse desde la simplicidad del movimiento de la energía, evitando mecanismos circulares y sumamente complejos que desalientan a cualquier buscador. Mecanismos circulares y complicadísimos que tienen la clara intencionalidad de no llegar a ninguna conclusión, a ningún lado que produzca necesarios cambios. Pero todo este feliz encuentro es imposible si el buscador no intenta salir de La Trampa en la cual nació y creció. Sin embargo el esfuerzo vale la pena: entonces no nos parecerá sorprendente que la represión de la vitalidad natural y los deseos que suscita implique la necesaria represión sexual (incluso la actual), produzca individuos infelices y, simultáneamente, sistemas sociales tan rígidos como el promedio extendido de cada coraza personal al ámbito colectivo, social. O que el universo sea un Mar de Orgón (la vieja y desechada teoría del éter), que las técnicas y procedimientos energéticos sean capaces de modificar el clima, que el uso de los acumuladores de orgón logren restañar una parte de la energía perdida, que alguien tenga a su tía cómodamente instalada en el músculo deltoides o que no poder “tragar” injusticias derive en una úlcera gástrica.

Abrir los horizontes tiene su costo, aunque los resultados sean fantásticos. Parte del costo implica meterse de verdad, seriamente, con las obras de Reich donde se desarrolla la cuestión del método. O sea: el Funcionalismo Orgonómico. ¿Cuántos reichianos estudiaron El Éter, Dios y el Diablo y Superposición Cósmica?

El mismo Reich sintió que rechinaban las vigas y los andamios que lo habían construido como persona, cuando se metió en “profundidades incómodas”. Simplemente se dio cuenta de que se había ido de la cultura oficial, estándar. Lo mismo sucederá con nosotros, si somos capaces de seguir por ese camino sin detenernos, solamente, en aprender algunas técnicas y procedimientos terapéuticos útiles para nuestro trabajo.

Miren lo que dice en el Capítulo I de El Éter, Dios y el Diablo:

“Habiendo conseguido, a despecho de todos los obstáculos y de las actitudes hostiles, profundizar durante tres decenios en ese problema central, adueñándome del mismo, tomando como punto de referencia una función natural “fundamental”, me di cuenta poco a poco que había trascendido el marco mental de la estructura caracterial del hombre tal como existe en nuestros días y traspasado la civilización de estos cinco últimos milenios. Sin querer, me encontraba fuera de sus límites. Me arriesgaba pues a no ser ya comprendido, incluso exponiendo hechos y vínculos muy simples y fáciles de verificar. Me veía inserto en un dominio mental nuevo, desconocido, se trataba de explorar antes de avanzar más lejos. Mi desorientación en ese dominio mental nuevo, funcional, y en contradicción con el pensamiento místico–mecanicista de la civilización patriarcal, se ha efectuado en el espacio de catorce años, entre 1932 y la redacción del presente estudio, en 1946–47.”

Es duro, pesado, difícil, pero real, verdadero. Y no es una aseveración originada en alteraciones megalómanas o paranoicas. Nada de eso: es de una profunda humildad que proviene del asombro y la verificación, de la investigación y un procesamiento sereno pero serio y exhaustivo de lo que realmente veía, pensaba y sentía. Pero nada de lo que “vio” hubiera sido posible de advertir si no hubiera empezado a escapar de La Trampa: “la estructura caracterial del hombre tal como existe en nuestros días”.

Eso debe saber cualquiera de nosotros si se interna en este camino: más pronto que tarde se quedará fuera de la civilización hegemónica vigente. Lejos de la familiaridad contenedora de aceptar mansamente “lo que hay”.

Y, entonces, poco importa si uno deviene reichiano procediendo de la psicología, la medicina o la meteorología: lo trascendente es el cambio de mirada, el ponerse “en otro lugar” para ver, sentir, pensar y vivir la vida. También resulta insignificante la denominación de quienes apostamos a la mirada reichiana: ¿a quién le importa, realmente, definirnos como post-reichianos, pre-reichianos, neo-reichianos, para-reichianos o lo que sea? Es una estéril discusión de salón, un intento de sentirse dueño de cierta ortodoxia reichiana. Además de un operativo bastante irónico, porque ¿quién puede atribuirse el poder de la ortodoxia cuando se trata de la más heterodoxa de las miradas? Es casi un mal chiste.

Lo que aquí se llama “la responsabilidad interna” significa, única y exclusivamente, que cualquier persona que se sienta identificada con la obra y la mirada reichiana, tiene la obligación ética de intentar conocer, hasta donde pueda, todos sus alcances. Y no reducirse, únicamente, a los aspectos que le quedan fáciles por ser afines a la ciencia que estudió y trabaja profesionalmente. Es necesario advertir que la “formación” de origen, cualquiera sea, está signada por la clara intencionalidad de no poseer ni ejercitar una mirada sistémica y global sobre la vida. Y darse cuenta que esta es parte de la mentira sobre la cual nos hemos construido como personas. De manera que intentar salir de La Trampa y “meterse” con ciencias desconocidas pero mirándolas desde la energética reichiana, son parte de un mismo proceso de liberación y profundización.

Desde la adolescencia, y a veces antes, se advierte una clara polarización en los intereses básicos relacionados con el conocimiento. Me parece que todos hemos pasado por ese lugar: están los “técnicos-racionalistas-materialistas-prácticos” y están los “humanistas-idealistas-voladores-habitantes de alguna nube”. La mirada reichiana tiende a superar y sintetizar esos territorios aparentemente contradictorios, pero no es tan fácil lograrlo (y mucho tiene que ver con eso de “hacerse real”). Por ejemplo: si la formación profesional es la de psicólogo, existe una dificultad no pequeña en aceptar de verdad que el orgón no es solo una buena “idea” que ayuda a darle fundamento a los desarrollos psico-corporales, sino una realidad física que puede concentrarse y utilizarse terapéuticamente. O sea: es necesario traspasar la formación original (que no hay que confundir con la identidad) si se quiere avanzar por este camino.

Otro aspecto de la “responsabilidad interna” implica desarrollar una cualidad inherente a la Vida, tal cual la concebimos y defendemos: ser solidarios y fraternales con todos los que podríamos (y deberíamos) llamar “compañeros reichianos”. Lo cual implica, y no es fácil, renunciar a construir estructuras de poder dentro del mismo campo. Hacer críticas está bien, siempre que sean fundadas, pero no es ético usarlas como mecanismo de dominación interno. Por la misma razón, y aprendiendo de la maravillosa sabiduría china que desarrolló a la acupuntura, es fundamental acentuar los rasgos parecidos y no los diferentes: ¡no tenemos tiempo para perder y somos pocos!

Responsabilidad “externa”

Convengamos que no es un momento fácil en la historia de la especie humana. Es más: no es un momento fácil en la historia de la vida en el planeta Tierra, justamente como consecuencia de la conducta de la especie mencionada. Al menos, de la variedad de humanos que han devenido en hegemónicos.

Estamos en crisis y todavía no hay manera de saber cuál es el guion de la película: si sigue o termina. Bueno, en realidad terminaríamos nosotros los humanos, arrastrando a muchas otras especies hacia su extinción (cosa que ya está ocurriendo), pero la vida no terminará: seguirá por otros cauces, simplemente. Y si llegara a ocurrir nadie va a extrañarnos, seguramente. Somos, apenas, recién llegados a la existencia, pero estamos aquí.

Estamos, aquí y ahora, disponiendo de una formidable herramienta para mirar, sentir y pensar eso que llamamos “vida” o “realidad”. Realmente creo que la orgonomía reichiana es una manera de comprender la existencia con tal profundidad que no conozco en otras variantes de la sabiduría. Se supone que estamos capacitados para poder entender por qué razones (variadas) alguien “decide” tener asma, hipertensión o gastritis. Y, también puede suponerse legítimamente, que podemos comprender qué acontecimientos ocurrieron en la historia humana para que la inmensa mayoría de la población humana no pueda vivir la vida como una fiesta si no como una condena. Podemos hacer exámenes transversales, invadir porciones de conocimiento, sintetizarlos y llegar a conclusiones generales. Y hasta podemos entender qué cosa ocurre con la atmósfera terrestre y cómo podríamos modificarla ayudándola a autorregularse.

O sea: disponemos de un estilo de “mirar las cosas de la vida” que implica un gigantesco adelanto cognoscitivo e interpretativo. Y si realmente logramos adentrarnos en esa mirada desde lo más profundo de nuestra propia funcionalidad, entonces podremos reconocer que “las cosas” son muchísimo más simples de lo que creíamos, nacidos y envueltos en la complicada hojarasca de La Trampa. Suponiendo, equivocadamente, que la realidad es muy complicada y solo los especialistas pueden desmenuzarla sin lograr nada al final del camino: solo la autopsia de un fragmento de vida.

También es probable que, andando por este camino, hayamos aprendido que la vida es un suceso, un movimiento. Y que este movimiento es imposible sin un alto grado de solidaridad y compromiso entre las especies vivientes: la vida es una cooperativa. Entonces, probablemente, nos daremos cuenta que el trabajo individual del consultorio solo beneficia a unas pocas personas, habitualmente a quienes pueden pagar nuestro trabajo, pero tiene chance nula de modificar las condiciones generales de existencia.

Reich se dio cuenta rápidamente de estas limitaciones y, muy temprano, elaboró una propuesta que resultó francamente revolucionaria: fue la SexPol. Claro que esto funcionó en condiciones dificultosas y especiales, en el contexto de acontecimientos que desembocaron en otra guerra “mundial” (guerra inter-imperialista, en realidad). En ese momento él militaba en el PC alemán, pero advirtió que los militantes, especialmente los más jóvenes, solo estarían en condiciones de desarrollar todo su potencial revolucionario si eran capaces de liberarse a sí mismos. O sea, y para no abundar en detalles que ustedes conocen bien: si eran capaces de vivir sanamente su vida sexual. El proyecto funcionó tan bien que los miles de jóvenes del PC que se enlistaron lograron empezar a vivir placer del bueno, pero al mismo tiempo adoptaron actitudes críticas respecto de su conducción política, que acostumbraba a manejarlos como si fueran ganado. O sea: al mejorar su vida sexual, también maduró su sentido crítico y la necesidad de ser respetados. Al final, Reich terminó siendo expulsado del PC porque, para sus dirigentes, se transformó en la “manzana podrida” que estaba contagiando a sus cuadros juveniles.

A medida que su pensamiento y acción evolucionaban, se dio cuenta que la experiencia social-comunista estaba resultando aberrante y esencialmente contra-revolucionaria, de manera que comenzó una crítica demoledora contra la política estándar, pero no contra la decisiva importancia de los aspectos políticos de la sociedad humana. Fue entonces que propuso otro sistema (la democracia del trabajo) pero también se atrevió a pensar en gran y profunda escala: si hay un futuro mejor para la especie humana, éste será gestado en la panza de las embarazadas y pariendo a “los niños del futuro”.

“El futuro destino de la raza humana será creado por la estructura caracterial de los niños del futuro. En sus manos y corazones estará esta gran decisión. Tendrán que limpiar el caos del siglo XX. Esto nos concierne a nosotros, los que vivimos en medio de este gran caos. Un nuevo tipo de desarrollo social, hasta ahora desconocido, entra en escena: El interés internacional por el NIÑO.

La primera condición para tomar las oportunidades dadas es la realización de nuestra propia función: somos solo los transmisores de un pasado depravado, hacia un futuro eventualmente mejor. No debemos ser nosotros los que edifiquemos este futuro. ¡No tenemos derecho de decir a nuestros hijos cómo construir su futuro! Ya hemos demostrado que somos incapaces de construir nuestro propio futuro. Lo que podemos hacer como transmisores, no obstante, es contar a nuestros hijos, dónde y cómo fracasamos. Podemos, además, hacer todo lo posible para remover los obstáculos que están en el camino de nuestros hijos, para que construyan un mundo nuevo y mejor para ellos mismos.

No podemos, de ningún modo, predicar la “adaptación cultural” para nuestros hijos, ya que esta misma cultura ha sido desintegrada bajo nuestros pies hace más de 35 años. ¿Nuestros hijos tendrán que adaptarse a este siglo de guerras, matanzas en masa, tiranía y deterioro moral?

No podemos decir a nuestros hijos qué tipo de mundo sería o habría que construir, pero podemos equipar nuestros hijos con el tipo de estructura caracterial y con el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir, de una manera racional, su propio futuro y el de sus hijos.”

(Wilhelm Reich en la Segunda Conferencia Internacional de Orgonomía, 25 de Agosto 1950. Publicado en Orgone Energy Bulletin, 1950)

Y en ese punto estamos. Esa es la gran posibilidad, el mejor futuro que podemos alumbrar.

Y, aquí, hablar de “alumbrar” no es pura metáfora: es el único futuro luminoso que podría esperarnos. Y claro: mirar las cosas así nos compromete mucho más allá de las fronteras del consultorio, nos despoja de la tranquilidad (y descompromiso) de ser “los emperadores del pañuelito”. Por eso Reich sumó su segunda y meritoria conquista personal: logró ser expulsado de la Asociación Psicoanalítica Internacional, esa cofradía inquisitorial que se apoderó del inconsciente para adaptarlo a las necesidades del Poder y divulgar la resignación usando como excusa “el instinto de muerte”.

Más tarde, agregó otro galardón a la serie: sus trabajos fueron rechazados por el científico top del sistema: Albert Einstein, el mismo que generó las condiciones para desarrollar la bomba atómica pero simultáneamente hablaba de paz y de un dios “que no juega a los dados”. Cuando Reich le contó sus hallazgos, especialmente la capacidad del acumulador de orgón para aumentar la temperatura en su interior comparada con la del medio ambiente, Einstein se sobresaltó y le dijo: “Si esto se confirma, es una bomba”. Ahora se sabe que no investigó seriamente ésa propiedad del acumulador: delegó la tarea en un asistente que no verificó seriamente la cuestión y esgrimió una razón insustancial para explicar el aumento de la temperatura. Es que Einstein tenía “otra bomba” en mente, no la del orgón.

Esto es para decir que estamos bastante solos: no nos quieren los fascistas de variado color, no nos quieren los capitalistas herederos y continuadores del patriarcado ni los moralistas puritanos. Tampoco los psicoanalistas que no toleran herejías, ni los físicos que ignoran el orgón. O sea: no existimos para todos los que están viviendo y pensando “oficialmente”. Pero hubo quienes, desde el Poder, temieron las implicancias de los trabajos reichianos. Tanto que quemaron sus libros y acumuladores en una escena digna de la Inquisición Medioeval y terminaron metiendo a Reich en una cárcel. Por algo será, como dicen en cualquier barrio de cualquier lugar…

De manera que tenemos una responsabilidad que no podemos evadir, si sostenemos lo esencial del pensamiento reichiano. Responsabilidad ante la sociedad, ante los otros vivos, ante la vida. Es nuestra decisión callar o no, hacernos cargo o evadir.

Al principio hablé de ser solidarios y “buenos compañeros” con quienes sean o se digan reichianos, pero me encuentro en una contradicción que necesito compartir. El problema es que puede verse muy fácil que la orgonomía reichiana (o como una quiera llamarla) es tomada de manera extremadamente sesgada. Es fácil acudir a “ciertos trabajos” de Reich como materia prima para construir un método que prometa felicidad personal y orgasmos top: para eso es suficiente una etapa del devenir de la orgonomía, la misma que origina a casi la totalidad de las psicoterapias corporales. Para eso basta con una serie de ejercicios y listo. Y si esto funciona, entonces vamos a ayudar a que los que tienen algún poder sigan ejerciéndolo sin culpa y con mayor eficiencia, porque están entre los que pueden pagarnos. Es un porvenir muy pobre para la potencia del pensamiento reichiano, un presente demasiado mezquino.

Pero, ¿qué hay del resto? ¿Adónde quedó el orgón bio-físico, el que se puede concentrar y utilizar terapéuticamente? ¿Dónde está la crítica profunda y demoledora acerca del patriarcado? ¿Qué ocurrió con la ampliación del conocimiento de los caracteres individuales a la comprensión de la sociedad y su asentimiento sumiso a la autoridad? ¿Qué posición tienen los reichianos acerca de los trabajos climáticos con el cloud-buster? ¿Qué opinan sobre la posibilidad de fabricar motores que funcionen con energía orgón? ¿Por qué “extraña” razón los reichianos de los países “desarrollados” solo se interesan por los aspectos físicos del orgón o por sus aplicaciones individuales?

Más allá de estas preguntas, cuya respuesta se posterga, subyace otro problema: ¿cómo ser honestos, coherentes y eficaces sin convertirse en una secta mesiánica, otra más?

Creo que la respuesta está en la necesaria humildad del trabajador de la salud o de la educación. Que eso somos, ya sea que nos reconozcan como médicos, psicólogos, educadores o lo que sea. Por ejemplo: nadie que haya trabajado honestamente con los problemas de salud de otra persona puede presumir de ser infalible, perfecto o no haberse equivocado, que también es un derecho humano, entre otros. Todo lo que podemos hacer es ayudar. Ayudar a que la propia persona pueda curarse o levantarse de alguna situación ruinosa acudiendo a lo mejor que tiene: nuestra tarea es incentivar esas fuerzas, esas energías que tienden a la auto-regulación. No es poco, pero en el mejor de los casos (cuando lo que hacemos funciona) nadie tiene porque levantarnos un monumento.

Es la humildad delante de la vida, nada más y nada menos.

Pero una humildad combatiente, audaz, valiente y responsable. Porque lo que está en juego es sumamente importante: es la vida que amamos y deseamos, simplemente. Entonces tenemos que preguntarnos en qué consiste nuestra responsabilidad y compromiso reichiano. Seguro que no consiste en pasar anuncios con el nombre “Orgonomía” o “Reich”, que son palabras difíciles y polémicas. Pero sí trabajar en función de “los chicos del futuro”. Y hacer aportes concretos para comprender más profundo los procesos individuales, sociales, históricos y políticos, porque tenemos algo original para decir y es nuestra obligación hacerlo.

Y también tenemos que dejar un legado y pasar la antorcha a los que sigan.

 

 


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Medicina energética en árboles y plantas

Medicina Energética

Me apresuro a pedir disculpas a los botánicos y biólogos, que pueden haber entrado en pánico al leer las palabras “árboles” y “plantas”. Pero soy apenas un médico, y mi rudimentaria taxonomía agrupa a todos los seres vivientes del reino vegetal en sólo dos opciones: árboles y plantas. Éstas son más pequeñas que aquellos, por lo general voluminosos y muy altos. Y, entre otras características, las plantas pueden vivir en una maceta pero es casi imposible que esa modesta habitación pueda albergar a un árbol hecho y derecho. También hay un indiscutible hecho cronológico consistente en que los árboles suelen ser más viejos que las plantas. Así de simple y elemental es mi sistema clasificatorio para entenderme con lo que hago o quiero decir en éste tema.

Otra aclaración indispensable se refiere a la rigurosidad del trabajo, que dista mucho de exhibir la implacable solidez de un artículo científico con su pertinente metodología y terminología. Es, más bien, un artículo impertinente y escrito sobre la base de recuerdos y observaciones, la manera más divertida de escribir. Pero si bien carece de cifras, por motivos que se tornarán comprensibles a medida que se vaya desarrollando, es absolutamente riguroso en el sentido de que no contiene mentiras y sí una serie de observaciones junto a una metodología de trabajo. Así que se trata de un trabajo científico o como quieran llamarlo, más allá de sus apariencias formales.

Un poco de historia

Cierta vez, como por los años ochenta, estaba en el living de una de las casas que habité en México mirando una planta. O sea: un vegetal pequeño que moraba en una maceta. No se la veía muy bien, estaba algo “triste” y exhibía un aire como marchito o distante con sus hojas en bancarrota apuntando al suelo en ese inconfundible estilo de las despedidas… Estábamos los dos solos y silenciosos, cavilando sobre el destino de los seres y su efímero paso por la vida luego de mostrar alguna que otra flor. Bueno, ya lo sé, era una escena filosófica  un poco rara para los hábitos y costumbres.

Entonces recordé dos cosas: una se vinculaba con el comentario que me había hecho un paciente acerca de un libro donde se cuenta cómo la músicay sus variedades tienen mucha influencia sobre el crecimiento de las plantas. Por ejemplo: que Mozart es como una inyección de vida para ellas, mientras que el rock pesado les produce el efecto de un artefacto nuclear de varios megatones. Y la otra cosa que apareció fue recordar que, siendo mi trabajo la acupuntura, tal vez era posible ayudarla con las agujas. Tampoco era un pensamiento tan extraño, porque la acupuntura se aplica con éxito en los animales desde hace siglos.

Pero uno tarda en reconocer la identidad esencial de todos los vivientes. O mejor: la esencial igualdad de todos los que vivimos. Por eso tardé en darme cuenta que la acupuntura podría ayudarla, por esa insensata manía narcisista que pretende hacer del hombre un ser tan especial, tan superior y diferente (sin justificación).

Ahora volvamos a la maceta y a nuestra triste y desahuciada protagonista, aclarando que en éste y en todos los casos que traté, las condiciones de nutrientes y riego eran las mismas que en el caso de plantas y árboles sanos.

Primero intenté una equivalencia mental entre los meridianos de acupuntura en los humanos y los posiblemente existentes en una planta. Recordé las líneas de fuerza en los cristales y también la mejor manera de visualizar los meridianos principales en un ser humano: con los brazos hacia arriba uno puede ver mejor su trayecto. En esta posición es imposible no advertir la analogía entre las raíces y las piernas, entre ambos troncos (¡se denominan igual!) y entre las ramas y los brazos.

La analogía tenía fuerza y producía esa alegría de las cosas ciertas, de manera que seguí avanzando con la idea y me pregunté si los aparatos que utilizaba para detectar los puntos de acupuntura en mis pacientes humanos no podrían, también, encontrarlos en mi primera paciente-planta. Sin dudarlo fui hasta el consultorio y me traje un detector de puntos y las agujas, decidido a investigar el asunto y absolutamente comprometido con la planta luego del silencioso diálogo filosófico.

En ese tiempo había conseguido en México un detector cualitativo de puntos, el primero que utilicé en mi trabajo. Con él podía saber si estaba en presencia de un punto de acupuntura activo, pero no expresaba en números la cantidad de energía. Simplemente aprovechaba ésa característica bio-eléctrica de los puntos, consistente en que tienen una resistencia mucho menor(ohms) que el resto de la piel, de manera que cuando el detector se apoya en una zona donde se cumple tal requisito el aparato reacciona emitiendo una señal acústica. Pero este sistema necesita que el paciente sostenga otro electrodo con una de sus manos, para cerrar el circuito. El problema se resolvió fácil, porque puse ése electrodo a presión, en el ángulo formado entre el tallo y alguna rama consistente.

Y entonces me puse a investigar, con expectativa y curiosidad. Con esta metodología, apoyar el electrodo explorador es como hacerle una pregunta al punto: ¿existís?Y especialmente: ¿cómo estás?, ¿activo, indiferente, pasivo?

La maniobra es fácil cuando se conoce la ubicación de un punto, pero en el caso de mi amiga la planta todo era desconocido,  y aun hoy no conozco mapas de meridianos y puntos en los vegetales. También pensé que, como suele ocurrir en las enfermedades humanas, era factible que aparecieran puntos espontáneos adonde habitualmente no los hay, como pedidos de socorro del organismo que necesita desesperadamente ayuda para salir de la emergencia.

Otro asunto problemático era adónde investigar, porque haciendo acupuntura uno aprende rápido que dos o tres milímetros de distancia pueden constituir un mundo de diferencia. Pensando, imaginando y tal vez recibiendo instrucciones o sugerencias subliminales de la planta, resolví explorar su tronco, desde las raíces hasta el lugar donde salen las ramas. Y hacerlo en un trayecto longitudinal, siguiendo el recorrido de los hipotéticos meridianos.

Después de pasar el explorador tres veces sin éxito, en el cuarto intento ¡el aparato emitió el mágico zumbido, allí había un punto de acupuntura! ¡La planta me avisaba que podía utilizar ese punto con probabilidad de éxito!

Marqué el punto y seguí investigando, ya más confiado, para encontrar que eran varios los puntos activos y que estaban en línea como corresponde a verdaderos meridianos. Entonces, con todos los puntos marcados, elegí tres de ellos tratando que fueran equidistantes pero ya con criterio transversal, con idea de diámetro, y les puse agujas intentando que quedaran firmes pero no demasiado profundas. Fue una decisión intuitiva y acertada, pero recién hace pocos días me enteré del porqué: mi primo Sergio (cuya profesión es la de ingeniero forestal) me explicó que las líneas de crecimiento en las plantas son longitudinales (¡los meridianos!) y están ubicadas en la periferia pasando la corteza (donde puse las agujas).

El asunto es que a la semana la planta comenzó a revivir, y a los quince días se encontraba fuera de peligro. Hubo una sonrisa cómplice entre ambos y luego repetí varias veces el experimento en otros ejemplares enfermos o tristes, casi siempre con éxito. Después me olvidé del tema durante varios años debido a que tuve que ocuparme demasiado de los humanos, lo cual fue una decisión inteligente pero incompleta.

Y entonces, aparece el parque

Ahora la escena se traslada a comienzos de 1998, cuando nos instalamos en Tortuguitas. Acababa de comprar una casa en el barrio de Yei-Porá, que en guaraní significa Lugar Hermoso sin inútiles comentarios. En realidad se trata de un bellísimo parque que contiene una mediocre casa en su interior y enseña que podrá adquirirse una porción de tierra y algunos ladrillos, pero nunca un parque. En el mejor de los casos uno es admitido o adoptado por el parque, pero nada de hacerse el dueño. Ésta es una idea absurda cuando se convive con una buena cantidad de árboles durante cinco años a lo largo de las cuatro estaciones. Allí se aprende que los verdaderos propietarios de la tierra son ellos y nosotros los inquilinos, junto con una cantidad de pájaros y variedad de pequeños animalitos que gozan de la misma hospitalidad.

En ese lugar fantástico imaginado y diseñado por un amante de la botánica, conviven sin lastimarse tres variedades de roble, araucaria, alcanforero, pino llovido, abeto, eucalipto, tilos, olmo, magnolia, catalpa, acer, moreras, árbol de navidad, un flamante palo borracho y otros más que espero no se sientan ofendidos si omito su nombre. Pero cuando llegamos había varios de ellos en mal estado y faltaba mucho en los bordes contra los alambrados, que tampoco estaban completos. Llamamos a dos jardineros expertos que dieron su veredicto: “hay varios árboles que necesitan tratamiento urgente, y en algunos casos hasta es necesario llegar a las raíces y curarlas, porque de otra manera los van a perder”. Se ve que la idea no nos convenció o nos pareció cara, porque recién ahora vuelvo a recordar a esos dos jardineros.

Como en todo hospital que se precie, siempre hay candidatos para terapia intensiva, y aquí había algunos que no ocultaban sus males: eran los tres olmos, que realmente daban pena. Tenían las hojas llenas de agujeros, como picadas por viruela y mostraban un verde desteñido tipo anemia sin remedio. El jardinero de planta, Oscar, decía que en todos lados era igual con los olmos, que había una famosa “plaga del olmo” que no perdonaba en ningún lugar (después nos enteramos que el asunto era planetario, en todo el mundo ocurre lo mismo). Visto el tema desde la orgonomía reichiana, es dudoso que se trate de “una plaga”. Si el problema es mundial, más bien indica un proceso degenerativo de la especie: es probable que al olmo se le haya acabado su tiempo, simplemente.

No había dudas que el asunto era serio y había que hacer algo, de manera que para empezar con la terapia de parque elegí uno de los olmos, el que está enfrente de la casa. Y también agregué uno de los dos tilos (con algunas ramas que producían hojas en mal estado), la magnolia (aprisionada por una gran encina) y el eucalipto que tenía dos buenas ramas pero su tronco en pésimo estado.

Entonces repetí la metodología utilizada con la planta mexicana: busqué puntos activos con el mismo aparato…¡y también los encontré! La única diferencia es que tuve que buscar entre las grietas de la gruesa corteza de los árboles, elegir los puntos y luego usar gruesos clavos en lugar de las delgadas agujas de acupuntura. Era el 13 de febrero del 98.

De manera arbitraria, aunque intuitiva con ganas, elegí explorar en la zona del tronco del olmo correspondiente a su tercio superior. O sea: a un tercio del nacimiento de sus ramas, lo cual equivalía a una distancia de metro y medio desde el nacimiento del tronco. Entonces aparecieron cinco puntos muy activos en los siguientes lugares:

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En cambio en el tronco del tilo elegido, aparecieron siete puntos con la siguiente disposición:

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En total utilicé siete puntos en el tilo, cinco en el olmo, cuatro en el eucalipto y tres en la magnolia. Para estas épocas, hacía años que estaba trabajando con acumuladores de energía orgón adaptados a los puntos de acupuntura, de manera que para reforzar el efecto los agregué al extremo de algunos clavos de todos los árboles tratados.

A los cuatro meses, en el invierno, pusimos mucha planta en los límites del terreno: hiedras disciplinadas y no, jazmines amarillos y jazmines chinos. Y alrededor del incipiente tallo de cada planta, un acumulador de orgón fabricado con envases tetrabrik y cubierto con una capa de cinta aisladora, ya que cada envase implica una capa completa del acumulador: metal (aluminio) y no-metal (cartón y cinta aisladora).

Después nos dedicamos a vivir , y al tiempo, también a observar qué pasaba con el tratamiento. Habíamos empezado a aprender que los tiempos de crecimiento y respuesta terapéutica en árboles y plantas no se llevan bien con el vértigo de la existencia humana. En las plantas pequeñas, por ejemplo, puede notarse algún cambio en los primeros quince a treinta días, pero en los árboles hay que munirse de paciencia y esperar con calma (la misma que tienen ellos) uno o dos años para advertir diferencias significativas.

Recién al año de comenzado el experimento pudimos enterarnos que las hiedras y jazmines estaban creciendo muy bien, con excelente salud para las condiciones de luz, que en los confines del terreno no es mucha. Pero lo que impresionó mucho al jardinero fue la evolución del olmo, que había mejorado mucho respecto de otros olmos de distintos parques. Reproduzco lo que escribí a los quince meses de colocar clavos y pequeños acumuladores en los árboles:

 Evaluación de mayo del 99

  1. Olmo.Mejoría espectacular. La copa ha aumentado mucho su follaje, las hojas están menos picadas y el otoño todavía no empezó para este olmo. También mejoró un olmo no tratado, detrás de la casa. Uno o dos clavos se aflojaron solos.
  2. Tilo 1.  Tal vez haya aumentado levemente el tamaño del follaje y de las hojas, pero no estoy seguro.
  3. Magnolia.No se registran cambios.
  4. Eucalipto.No se notan diferencias en el ramaje, que estaba bien. Pero el tronco parece menos podrido (motivo del tratamiento) y ha sido muy fácil limpiarlo sacándole la corteza residual.

Acerca de la mejoría del olmo no tratadodirectamente, es bueno aclarar que tales cosas ocurren cuando se trabaja con energía y hasta con el comportamiento animal, como demuestran los trabajos sobre causación formativa de Rupert Sheldrake (pueden consultarse en “Una nueva ciencia de la vida”, editorial Kairós), donde un lote de ratas en Tokio aprende algo nuevo que inmediatamente es incorporado como conocimiento (sin aprendizaje) por otro lote de ratas similar…¡ubicado en Londres!

La magnolia no podía mejorar porque se encuentra asfixiada por la gran encina, aunque en los últimos años comenzó a crecer con más vigor hacia el área libre del parque. El eucalipto mantuvo su mejoría hasta la actualidad. Pero hubo cambios importantes con el olmo y el tilo, tanto en su evolución como en el tratamiento.

Cambios importantes en el olmo y el tilo

No todo siguió tan maravilloso: un año y medio después de la esplendorosa evaluación, a fines del 99, elolmose pegó un retroceso angustiante: las hojas comenzaron a picarse aceleradamente y también a caerse…¡al comienzo del verano!, al tiempo que el follaje empequeñecía a tamaños de comienzo. ¿Qué hacer? ¿Volver a buscar puntos y clavar agujas a diferentes alturas?  ¿Usar más acumuladores pequeños adosados a los clavos y reforzarlos? ¿Resignarse y usar una sierra para ignorar visualmente el fracaso?

Fue necesario replantear el problema en términos similares a lo que ocurre en los tratamientos de seres humanos: si no hay posibilidad cierta de equilibrar la energía para que ésta aumente “espontáneamente” una vez equilibrada, entonces es necesario aumentar la carga directamente utilizando acumuladores de energía orgón.

Me incliné por seguir este camino y comencé a diseñar un acumulador de mayor potencia que los tetrabrik, con una lámina de acero inoxidable recubierta por cartón (autoadhesivo para mesadas de cocina) y vuelta a cubrir con cinta plástica gruesa. La plancha era de unos treinta centímetros de ancho y rodeaba enteramente el tronco (que había descortezado para que el efecto fuera más notorio), inmediatamente por debajo del lugar donde estaban ubicados los clavos, que volví a ubicar en los mismos lugares.

La primavera siguiente (la del dos mil) volvió a mostrar una gran recuperación del olmo, que fue mejorando año a año tanto en la calidad de las hojas como en lo denso del follaje: ahora se pican pocas hojas y en menor medida, además de comenzar a caerse en una especie de otoño tardío. Tres años después (noviembre del dos mil tres) el árbol está muy sano y exuberante, tanto ¡que le han salido una cantidad de pequeñas ramas con hojas de gran calidad pigmentaria por debajo del acumulador!

Con el tilo la historia fue algo parecida aunque con retardo de dos años. Al principio mejoró con los clavos, pero luego tuvo un retroceso expresado en la calidad de las hojas y en la escasa floración de los últimos años. Y esto sí que es grave para todos: perderse la fantástica floración del tilo es como resignarse a una alegría menos. De manera que, desde hace algo más de un año, tiene ubicado un acumulador de acero inoxidable igual que el del olmo. Y a esta altura de la primavera, cuando las hojas han brotado, puede decirse que han mejorado respecto de hace uno o dos años. Pero aquí estoy, esperando el inconfundible aroma de sus flores…

El tilo, el olmo, la magnolia y el eucalipto no fueron los únicos árboles que fueron tratados con clavos luego de ser investigados con el buscador de puntos. El 2 de mayo del 99 hubo una ofensiva con varios ejemplares, entre ellos una morera y la bignonia oro, que anda colgada del roble de los pantanos y produce unas hermosas flores anaranjadas. Ambos mejoraron, al igual que otro que engendraba hojas de apariencia “oxidada” y cuyo nombre ignoro.

Experimentos con semillas y distintos tratamientos

Una línea de investigación en orgonomía ha consistido en trabajar con semillas “cargadas”. O sea: semillas sembradas dentro de un acumulador de orgón, y cuyo desarrollo es comparado con el de semillas testigo. Como la orgonomía es una ciencia en crecimiento (igual que las semillas del experimento) y poco conocida, no son muchos los que intentaron este tipo de experiencia, pero siempre funcionó. Ustedes mismos pueden verificarlo, fabricando un acumulador de orgón con las especificaciones que figuran en el primer artículo de la sección Investigaciones de la página web (http://www.acupuntura-orgon.com.ar/investigaciones).

Como información de apoyo para realizar esta observación, reproduzco textualmente el resumen de un experimento llevado a cabo por el Dr. Manuel Redón Blanch, médico orgonomista, durante algunos días de junio del 92 en Valencia, España. (En caso de intentar la experiencia que sigue, es necesario construir un acumulador con las dimensiones adecuadas)

Resumen de la primera experiencia con semillas de soja en acumulador de orgón

1. Tratamiento  

  • Diez días de duración. Del 26/6/92 al 6/7/92
  • Colocar dos semilleros, con unas 200 semillas en cada uno, dentro del acumulador y dentro de una caja de cartón, respectivamente. Ambos grupos de semillas tienen el mismo peso en seco.
  • Mantener cerrados ambos, caja y acumulador, durante 8 días. Abrir solamente durante los minutos del riego. Desde el octavo hasta el décimo día, la caja y el acumulador permanecen abiertos.
  • Los tres primeros días permanecen las semillas encharcadas. A partir del cuarto día, reciben un riego diario.
  • La experiencia se realiza en una terraza al aire libre.

2. Observaciones realizadas

  • Semillas: después del riego, las semillas del acumulador aparecen más secas que las de la caja de cartón, antes de germinar.
  • Raíz: mayor desarrollo en las semillas germinadas en el acumulador que en las de la caja de cartón, en cuanto a número y en cuanto a longitud.
  • Tallo: los tallos de soja del acumulador aparecen notablemente más tiesos y esbeltos que los de la caja de cartón.
  • Longitud en la caja de cartón, día 10:  a) sin germinar, o con apenas un cm: 71 semillas; b) entre 4 y 7 cms: 103 semillas; c) entre 7 y 10.5 cms: 26 semillas.
  • Longitud en el acumulador, día 10:  a) sin germinar, o con apenas un cm: 17 semillas; b) entre 4 y 7 cms: 100 semillas; c) entre 7 y 10.5 cms: 71 semillas; d) entre 10.5 y 12.5 cms: 12 semillas,
  • Agua: en los depósitos de ambos semilleros el agua está coloreada ligeramente, pero la del acumulador aparece más clara y transparente y la de la caja de cartón más turbia.

Valencia, 19 de julio de 1992

Tratamientos

Respecto de las plantas que se ponen “tristes”, es posible tratarlas aún sin disponer de un aparato para medirlas. Y hay dos posibilidades inmediatas, entre otras:

  • Envolver el comienzo del tallo en un simple acumulador de orgón fabricado con un envase tetrabrik de los que se usan para conservar leche o jugos. En este caso la técnica consiste en abrir el envase (queda un rectángulo) y dejarlo secar. Luego se rodea el tallo con el envase dando varias vueltas, aunque cuidando que la capa en contacto con el tallo sea la de aluminio. Y después hay que envolverlo todo con cinta aisladora como la que se utiliza en electricidad. En “contacto” no significa que debe estar a presión sobre el tallo, hay que dejar un espacio para que circule el aire. Según sea la dimensión de la planta a tratar puede utilizarse todo el ancho del rectángulo (16 cms.) o una parte. Es suficiente con cubrir el 20 o 30% de la longitud del tronco y regar normalmente a la planta.

La segunda opción es usar agujas de coser, alfileres o pequeños clavos. Y clavarlos en tres lugares equidistantes entre sí, entre la raíz y el comienzo de las ramas. Si éstas comienzan muy altas, es mejor clavar cerca de la raíz. No hay una profundidad igual para todas las plantas, ya que todas tienen tallos de distinto diámetro. Pero es necesario recordar que no hay que llegar hasta el centro del tallo, sino a menos de la mitad del camino. En el corte transversal, quedarían ubicados así:

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La doble flecha señala la altura a la cual pueden ir las agujas o alfileres, y también hasta dónde puede llegar el acumulador hecho con tetrabrik o similar.

En cualquiera de los dos casos (acumulador o agujas/alfileres/clavos), hay que dejarlos de manera permanente. Según la dimensión y estado de la planta comienzan a notarse cambios a los quince o treinta días. No me parece importante la estación del año en la que comienza el tratamiento, pero sí saber que la velocidad de respuesta tendrá que ver con el ciclo estacional de cada planta en particular.

Si la idea es tratar árboles, entonces la metodología cambia un poco.

Como en el caso de las plantas, aparecen dos opciones, y puede intentárselas sin usar aparatos de medición.

Ubicar tres clavos con el mismo criterio que en las plantas, de manera que sean equidistantes, a unos 120 grados uno del otro y en los dos tercios superiores entre el comienzo del tronco y el nacimiento de las ramas.

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La línea con doble flecha está ubicada a la altura del árbol adonde conviene ubicar los clavos, con la misma salvedad que en el caso de las plantas. O sea: bien clavados, pero no demasiado profundos. Es bueno dejarlos un año, y si no hay signos de reactivación, pasar a la segunda opción. Aunque si el árbol está muy deteriorado, conviene utilizar los dos métodos simultáneamente.

Conseguir una plancha de acero inoxidable de largo suficiente para rodear el tronco con un poco de exceso y de unos treinta centímetros de ancho. Si ya tiene cartón adosado para despegar y adherir, entonces dejar el cartón y clavar la lámina de acero en el árbol con clavos pequeños, con la capa de acero en contacto con el árbol. Si no tiene cartón hay que agregárselo, o bien poner una capa de polietileno del mismo o parecido grosor que la lámina de acero. Pero antes hay que raspar la capa superficial de la corteza, para que la energía orgón tenga menos resistencia en su camino. A continuación es necesario envolver la estructura ya clavada con una gruesa capa de cinta plástica que venga con buen pegamento. De manera que las tres capas deberían quedar así: el acero en contacto con el árbol, luego el cartón o polietileno y por último la capa de plástico. Los clavos quedan como estaban o se cambian, si es necesario.

Y munirse de la paciencia necesaria para dejar que el tiempo haga lo suyo, ya que recién a los dos años puede evaluarse el resultado del tratamiento.

Proporción áurea y alguna que otra plantita

Estaba buscando materiales para este artículo cuando resolvió aparecer una nota que tenía guardada acerca de la posible relación entre la ubicación de los puntos de acupuntura y la proporción áurea.

Según el Dr. Manneti, colega que practica acupuntura: “La ubicación de los puntos chinos de acción energética específica responde a la ley geométrica y aritmética conocida desde la antigüedad clásica como sección áurea, según Leonardo Da Vinci,  y cuyo valor numérico es 1,618… Conforme a Malba Tahan, existe una forma matemática de la belleza: dado un segmento AB, podremos dividirlo en dos partes iguales o en dos partes desiguales. Entre las diferentes maneras de ésta última existe una, y sola una estéticamente satisfactoria, denominada división áurea. Dicha fórmula está regida por el Número de Oro (1,618)…La partición asimétrica armónica de un cuerpo reconoce solo un valor tal que permite relacionar entre sí los valores de los segmentos obtenidos, de modo que sin importar el valor particular de cada uno de ellos, el resultado final será siempre 1,618...”

Pues bien, sin conocer este interesante aporte de Manneti (que ilustra su hipótesis con mapas de puntos y sus armónicas relaciones entre sí), es evidente que la elección del tercio superior del tallo o tronco para ubicar agujas o clavos responde intuitivamente a este principio de armonía, tal vez porque lo que es cierto también es bello y resulta bueno.

Una posibilidad a investigar es la utilización de “agua orgónica” para el riego. Si se dispone del acumulador de orgón, basta con poner un vaso o un frasco con agua en su interior y dejarlo en carga durante una o dos horas. Después podrá utilizarse el agua en una maceta. Este procedimiento es muy reciente y requiere ser investigado para demostrar su posible eficacia, pero también sus riesgos, ya que un exceso de carga puede “quemar” la planta y hasta la tierra donde mora.

Podrá verse que hay un fantástico campo de acción para trabajar sobre las plantas desde la medicina energética. Así me lo dice y recuerda mi paciente Fabián, que es jardinero y utiliza con éxito los acumuladores hechos con tetrabrik para mejorar la salud de alguna planta o incrementar su desarrollo.

Pero también mi padre, que miraba con tristeza el deterioro de una de las plantas que lo acompañan a mirar televisión o recordar las cosas de su vida, que ha sido hermosa y fructífera. Un día que estábamos hablando en su casa, me mostró la planta y me contó con tanta congoja lo que estaba ocurriéndole que decidí pasar la acción y utilizar la técnica de poner tres agujas.
A las dos semanas me contó con alegría no disimulada, que la planta estaba reviviendo y mostraba brotes nuevos. Ahora han pasado dos o tres meses y la planta sigue creciendo como si recién empezara y él se lo cuenta y la muestra a todo el mundo. Y me lo agradece y yo a él, que siempre ha sido generoso con mis posibilidades y me ha apoyado en todos mis proyectos. De manera que me hace doblemente feliz el éxito de la acupuntura y la orgonomía en esa plantita, tan chiquita y tan importante.

Buenos Aires, noviembre del dos mil tres

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Brotes nuevos y sanos en el olmo, que crecieron así:

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Febrero del 2005, todavía estaba el acumulador: la banda que puede notarse en el tronco del olmo

Carlos Inza


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La esquizofisiología “normal” del humano patriarcal, ése que todavía somos

Clonación de Idiotas

Nota de aclaración: lo que sigue a continuación fue escrito hace algún tiempo. Viendo las cosas desde aquí y ahora, advierto que puede parecer, en el fondo, una justificación acerca de la estructura caracterial media del humano fabricado por la civilización patriarcal (nosotros, por ejemplo). Como no está expresamente aclarado, me parece importante decir que hay variadas estructuras humanas, y que la actual no las representa a todas, afortunadamente. Ahora, gracias a la “revolución arqueológica”, sabemos que existieron variadas culturas humanas más felices y sabias que la nuestra. Culturas no sometidas a la jerarquización, devastación de la vida y explotación de los semejantes. Culturas en las que sus integrantes se sentían parte de la naturaleza y vivían insertos en ella con la misma naturalidad que un pez nada en el agua. Es evidente, entonces, que tales estilos de vida no podían funcionar con la modalidad cerebral que aquí se describe: ¡eran mucho más evolucionados que nosotros!

Abril del 2015, Buenos Aires

 

Según Mac Lean el hombre tiene tres cerebros que, aunque funcionan juntos, pueden intercomunicarse:

     El más antiguo es básicamente reptílico,

     El segundo es heredero de los mamíferos inferiores,

     El tercero es un desarrollo mamífero posterior, el que ha hecho que el hombre sea precisamente hombre.

Hablando alegóricamente de estos tres cerebros en uno, se puede decir que, cuando un psiquiatra le pide a un paciente que se tienda en el sofá, le está pidiendo que se tumbe también junto a un cocodrilo o un caballo.

El neo-córtex de los homínidos se desarrolló hace unos 500.000 años, desde el pleistoceno medio en adelante, a una velocidad tremenda que no tiene precedentes en la historia de la evolución.

Mac Lean lanzó el término “esquizofisiología” para esta precaria situación de nuestro sistema nervioso. La define como una dicotomía en las funciones de la antigua y la nueva corteza que puede explicar las diferencias entre nuestra conducta emocional y la intelectual.

Según Arthur Koestler, la evolución cometió varios errores (fósiles o papelera de planes tirados por algún “creador”). El homo sapiens quizá sea víctima de un error de construcción en su sistema nervioso, lo que le impulsa a la destrucción. Pero tiene la virtud de compensar sus defectos con su capacidad para el arte y el lenguaje.

En la penosa historia de la especie hay varios síntomas patológicos:

  • No tiene mecanismo por el que los miembros de su especie respetan a los demás.
  • Es el único que organiza matanzas en masa.
  • Tiene una esquizofrénica escisión entre la razón y las emociones, entre la capacidad crítica y creencias irracionales.
  • Torpeza para conducir los asuntos humanos, a medida que aumenta su capacidad para la técnica.

Probablemente seámos el resultado de un “error de construcción”, pero nuestra capacidad para la técnica, el arte y el lenguaje, no nos salvan ni nos justifican.

La concepción “esquizofisiológica” de Mac Lean es simple, fuerte y poderosa para explicar la forma de funcionar humana cuando se la observa a nivel histórico, más allá de las diferencias individuales. Y recuerda la idea de Reich acerca de la “escisión de la conciencia” que utiliza para explicar las graves consecuencias implicadas en el paso del matriarcado al patriarcado.

Es como si no pudiéramos usar el lóbulo pre-frontal, que para algunos es una especie de cuarto cerebro, y es el sector más reciente de nuestra corteza cerebral. Se supone que en él radican las funciones más altamente “humanas”, las que nos proporcionan ese toque de distinción que sirve para alardear de ser “hijos de dios”: creatividad, solidaridad, capacidad de prever y planificar, etc.

Pero la realidad es demasiado cruel cuando es capaz de mostrar su verdadera cara sin maquillaje: la actuación general de homo sapiens es francamente vergonzosa. Hasta podríamos decir que da vergüenza ajena, sino fuera un mal chiste. Es muy claro que los actos no se corresponden con las magníficas intenciones en lo relacionado con los otros seres humanos. Y en cuanto a los otros vivientes, el absurdo y exclusivo antropocentrismo que practicamos, ni siquiera los tiene en cuenta. ¡Y para qué hablar del planeta! Es un simple decorado o infraestructura meramente física que carece de importancia.

Está claro que algo grave nos sucede si somos incapaces de funcionar con un mínimo de coherencia. Pareciera que los tres cerebros no funcionan de manera coordinada, que no hemos podido integrarlos produciendo un ser dotado de equilibrio entre sus variados componentes. Es que el neo córtex de los homínidos se desarrolló hace unos 500.000 años, desde el pleistoceno medio en adelante, a una velocidad tremenda que no tiene precedentes en la historia de la evolución. Y por ahora, no hay forma de integrar los tres cerebros que nos habitan. Fue todo demasiado rápido en la historia evolutiva y tuvimos que agrandar el cráneo e inventar la frente para albergar semejante cerebro. La consecuencia fue que no había pelvis capaz de alumbrar semejante monstruo como no fuera al precio de nacer en estado de larva, mucho antes de la posibilidad de valerse por sí mismo, tal cual ocurre en las otras especies. Y completar el desarrollo mínimo fuera del útero tiene un precio altísimo, tal cual veremos luego.ç

Francis Bacon

Francis Bacon

La idea de esquizofisiología implica, al menos, una división entre dos aunque podría ser entre tres. Y una surge con facilidad: la escisión entre emoción límbica y razón neocortical. Pero esto ya es contradictorio o mal planteado porque el límbico también “piensa“ y la corteza puede “emocionarse“. De manera que la conclusión antropocéntrica es fácil: la inteligente, impecable y lúcida corteza no puede controlar a nuestros instintos límbicos y a la ferocidad reptiliana que nos parasita injustamente, de manera que hay que encontrar la manera de ser más racionales e inhibir a los molestos vestigios de pasado que nos obligan a ser tan salvajes, tan inhumanos. Tal vez “la ciencia“ sea capaz de encontrar el mágico medicamento que podría hacernos felices para siempre a razón de un comprimido cada ocho horas…

Y uno se pregunta por qué razón hemos venido o devenido tan inseguros, tan alejados de nuestra verdadera posibilidad, tan impotentes como para inventar semejante patraña. Porque no es que seámos demasiado animales (un insulto que propinamos a los otros humanos que hacen algo “feo o malo“) o nos falte cerebro. Ocurre que cuando revisamos nuestra concreta forma de existencia en comparación con las características de los tres cerebros, lejos de encontrarnos reflejados en los atributos que describen al neocortex -y que, por definición, deberían representarnos- podemos reconocer que predominan los rasgos del cerebro más primitivo, el de origen reptiliano o complejo R.

Como bien resume Eduardo Mata (Neurobiología del psicópata):

Entre los elementos comunes al hombre y a los reptiles, que suponemos provenientes del componente R (cerebro reptiliano) figuran la selección del hogar, la territorialidad, el involucramiento en la caza, apareamiento, crianza y, de acuerdo a McLean, también intervienen en la formación de jerarquías sociales y selección de líderes. Tiene participación en los comportamientos ritualistas.

Salvo algunas excepciones, pareciera que estos comportamientos forman parte de las conductas burocráticas y políticas del hombre actual. Se dice que “mató a sangre fría” y la metáfora alude al componente R y a la “sangre fría” de los reptiles.

Lo escalofriante es que éstas características parecieran predominar en la especie humana que conocemos. No constituyen una excepción ni la temporaria  “obnubilación de la conciencia“, sino la forma estadísticamente promedio de funcionar, de acuerdo a los resultados del accionar de la especie. Los psicópatas asesinos son apenas una muestra, esos ejemplares que representan la tendencia aunque los demás se avergüencen y traten de esconderlos debajo de la alfombra. Y del presente-futuro mejor ni hablar, y sino miren lo que escribe Juaquín Grau:

No hay un posible Armagedón, no hay Hijos de la Luz ni Hijos de las Tinieblas, hay simplemente reptiles que poseen más de lo que pueden consumir y reptiles que son desposeídos de la comida. Y hay un cerebro límbico -también reptiliano- que no ilumina sino que incendia a quienes -quizás por tener poco- se sienten tan inseguros que necesitan lanzar a la batalla a su Dios. A ellos mismos hechos Dios.
Y la crueldad reptiliana sigue imperando. El cerebro gris ha generado armas apocalípticas. Armas que inevitablemente el cerebro reptiliano lanzará contra sí mismo si el cerebro límbico apela a la cólera de Dios y el cerebro razonador lo justifica en nombre de los “buenos” de la humanidad. Y la humanidad, alcanzada ya la cima de su evolución -que al parecer es ser un saurio cada vez mejor armado y más vengativo-, descansará en paz. Aunque no en la del Señor de los Justos sino en la del Señor de los Saurios.

No es muy alentador, que digamos, pero tampoco falta a la verdad. Y la maldita inseguridad dando vueltas, inventando una excusa a la cobardía del miedo a la libertad. La coraza de Reich en todo su esplendor y sin disimulo, sin hipocresía.

Como si todo estuviera bien y fuera una monstruosidad extraordinariamente rara, hemos repasado ciertas características del cerebro reptiliano que resultan estremecedoras para los humanos “normales”, no para los reptiles. Algunas de ellas han sido comentadas a propósito de la descripción de los psicópatas y de los terroristas suicidas. Acerca de éstos, Daniel Esquivel opina que:

“Mi hipótesis número 1 es que en el terrorista suicida se registra un predominio funcional del Complejo R.

Para MacLean el Complejo R es vital en la determinación de la conducta agresiva, la territorialidad, los actos rituales y las jerarquías sociales. Si analizamos estas cuatro zonas de la conducta del terrorista suicida las encontramos altamente reforzadas y exacerbadas.

La agresividad no es adecuadamente contenida y canalizada, sino que se desborda y estalla en violencia contra otras personas, contra objetos materiales y contra sí mismo.

La territorialidad adquiere un peso enorme: trazar fronteras infranqueables entre los territorios reales y virtuales de “ellos” y “nosotros”, defender su propio territorio, atacar el de los otros, explorar la zona del ataque y planificar las acciones desde zonas protegidas o clandestinas que les brinden seguridad.

La vida cotidiana del terrorista suicida es plena de rituales: pensamiento ritualizado por factores políticos o religiosos que imponen fórmulas repetitivas y rígidas, ritos impuestos por el entrenamiento terrorista y por las peculiaridades de una vida clandestina, ceremoniales burocráticos de la organización que integra, y hasta el atentado como el último ritual que lo “purifica” y lo “salva” desde la primitiva ceremonia del sacrificio humano. El establecimiento de jerarquías estrictas es otro de los nudos de su personalidad, en la medida que la disciplina, la verticalidad del mando, el cumplimiento de las órdenes y el respeto a la autoridad de los jefes del grupo son factores siempre presentes en estas situaciones. El orden y la simplicidad del mando exigen ausencia de dudas y de críticas.

El predominio funcional del Complejo R tiene dos caras complementarias. Por un lado la fuerza de los componentes reptílicos ya mencionados. Y por otro lado la debilidad de factores del Sistema Límbico y del Neocórtex que en condiciones normales podrían operar como controles o mecanismos de equilibrio y compensación. Podríamos afirmar que hay elementos límbicos y corticales claramente bloqueados en estas personas: la empatía emocional con las personas que van a morir en el atentado, el temor a la propia muerte, la compasión por las víctimas, la creatividad para escapar de los rígidos determinismos intelectuales y culturales, la libertad para pensar con cabeza propia, el amor por los seres queridos con el consiguiente deseo de compartir su vida con ellos y hasta los impulsos sexuales que podrían conducirlos hacia otra clase de vida totalmente distinta a la que los conduce a la muerte.”

Ahora bien: salvo algunos pequeños detalles operativos, ¿no se está casi describiendo al “hombre normal” de nuestra civilización?

O, acaso, ¿puede dudarse que la estructura dependiente, la conducta agresiva, la exagerada territorialidad, la recurrencia y necesidad de actos rituales y el acatamiento irrestricto y dócil de las jerarquías sociales no son constituyentes esenciales del carácter social medio?

Siempre hubo una gigantesca mentira en la auto-evaluación de la presencia humana: las valiosas y notables excepciones han sido consideradas como la norma obviando la simple realidad cotidiana, ésa que muestra indiferencia, prepotencia, falta de solidaridad, ausencia de compromiso profundo, superficialidad y mediocridad generalizada. Tibieza y disimulo, hipocresía y cinismo, agresividad sin límite cuando se tiene la seguridad de no ser castigado, etcétera. ¿Qué éstos “valores” muestran una personalidad claramente anti-social? Pues claro. Y para eso nada mejor que la descripción del psicópata que propone Eduardo Mata, un intento de profundizar en la mente de personas que pueden llegar al asesinato fácil, luego de constante ejercicio de la agresividad y variadas formas de violencia:

“Chekley ha sido probablemente quien más ha aportado en los últimos tiempos al concepto de psicopatía, subrayando la desviación social, el encanto superficial, la falta de remordimientos, la incapacidad para amar, y el estilo vincular irresponsable e impersonal.

Hare, especialmente en la última versión de su PsychopathyChecklist (PCL-R), permite hacer la distinción entre dos estructuras.

La primera de ellas (Factor 1), se caracteriza por la locuacidad, falta de remordimientos o culpa, afectos superficiales, callosidad, falta de empatía y renuencia a aceptar responsabilidades. Ésta variante no necesariamente debe ser antisocial.

La segunda (Factor 2) consiste en los rasgos verdaderamente antisociales, en la agresividad y falta de control de impulsos.”

Por supuesto que sólo algunas personas llegan a cometer un asesinato, pero hay legítimo derecho a sospechar que los asesinos sólo son emergentes o abanderados, y no casos raros o excepcionales. Podría recordarse aquí que, entre soltar a Jesús o a Barrabás, la mayoría optó por el segundo, un delincuente común. O que el pueblo alemán eligió a Hitler en comicios libres, o que Bush (otro psicópata peligroso) también fue elegido democráticamente. O también, y me queda más cerca, que la dictadura militar que gobernó en Argentina pudo hacerlo y patentar el sistema de la “desaparición” porque tuvo consenso social extra-electoral para hacerlo. ¡Y no son casos aislados, excepcionales!

Desde la infamia de pegarle o maltratar a un chico indefenso con la espantosa coartada que da ser su padre o madre, hasta la construcción organizada y “racional” de un régimen genocida como el nazismo o parecidos hay un largo trecho, pero la especie humana no tiene problema en recorrerlo con algún libro justificatorio en la cabeza y una sonrisa estúpida en el rostro (lo que se muestra). En el humano, las conductas y odios tribales son moneda corriente, casi “términos de intercambio”. Y si uno tiene la paciencia suficiente, contemplará el triste espectáculo de pueblos enteros que han sido salvajemente torturados y diezmados, pero que al recuperarse no tienen empacho en hacer lo mismo con otros pueblos, siempre con increíbles argumentos que esgrimen (esgrima) para justificar la nueva atrocidad: Israel versus Palestina, por ejemplo.

No, no: hay algo demasiado equivocado en la “humana” definición de “hombre” que manejan algunos representantes de cierta supuesta “humanidad” que no existe.

Esa humanidad es nada más que un club de notables, de seres superiores que inventaron un dios que los ha elegido como sus representantes sobre la tierra. Y es hora de ponernos en nuestro verdadero lugar, en uno de hechos concretos y ciertos. El intento de confundir a un grupo de buenas y honestas personas como verdaderos representantes de la especie es ridículo y hasta patético. Y hasta podría ser risible sino fuera trágico porque esconde una mentira tras otra, un asesinato tras otro, un genocidio seguido del próximo.

Seguramente, las consecuencias del “cambio climático” (un eufemismo típico de idiotas para esconder la cercanía de la catástrofe “natural” que se avecina), han tenido la virtud de acelerar el proceso de blanqueo y transparencia. Y la simple verdad es que somos un desastre: no sólo nos asesinamos y torturamos unos a otros sin remordimiento ni culpa: también hacemos lo mismo con todas las formas de vida que podemos eliminar y hasta ponemos en riesgo la misma existencia del planeta que habitamos. Y esto nos muestra la realidad de lo que somos como especie: una horda de asesinos y suicidas. O sea: ¡psicópatas y terroristas suicidas!

Entonces: ¿a qué viene la necesidad de alabarnos tanto, de inventar este grosero antropocentrismo que da vergüenza ajena? ¿Por qué razón nos engañamos de una manera tan burda acerca de nuestro verdadero valor? Cuando los autores citados describen con pericia a terroristas y psicópatas, ¿no se les ocurre sospechar, ni por un atisbo de segundos o relampagueo de conciencia, que están describiendo a la mayoría de la especie humana?

Y después de conocer la sencilla pero brillante analogía entre cáncer de la piel y grandes ciudades modernas y la extendida difusión del modelo depredador-presa, ¿no parece bastante claro en qué ha devenido la “maravillosa civilización humana”?

Hay que ser casi totalmente ciego para no darse cuenta.

Ésta es una de las mentiras más celosamente guardadas en la trivial existencia humana: sepultada dentro de variadas y estúpidas creencias religiosas,  políticas y culturales, es como la plusvalía de una falsa existencia que, en realidad, no favorece a nadie. Había que ser bastante tonto, también, para creer que los privilegios salvarían a los privilegiados. Ahora sabemos que la vida es un consorcio y no una salvaje competencia para destruir a los otros, de manera que ni eso supimos leer y entender en el simple libro de la vida. Y esto hace comprensible el simple hecho de que tampoco los poderosos son felices: vivir con el corazón y la cabeza llenos de putrefactos excrementos no puede dar alegría ni siquiera a una estrafalaria colección de sicóticos.

Carlos Inza


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Alimentándose de palabras con sentido

Otras Yerbas

Hoy no hay recetas ni sanos consejos, pero sí tres citas monumentales. Las primeras dos se refieren a la evolución de la vida y algunos conocimientos que se transforman en una especie de “baño de verdad” y conjura contra la ignorancia malintencionada. Hay que hacerse cargo: la vida en este planeta tiene venerables 3900 millones de años y la inauguraron y la crearon y recrearon… ¡las bacterias! Nosotros somos recién llegados a la fiesta de la vida, apenas 3 o 4 millones de años. Pero inventamos una “creación” inexistente para creernos los reyes. Y, sin embargo, seguimos dependiendo de las bacterias para funciones esenciales como producir energía celular.La tercera cita empieza a des-brutizarnos un poco acerca de las características verdaderas de muchas de las culturas paleolíticas y neolíticas: resulta que eran verdaderas celebraciones de la vida. Y por lo tanto, estaban a años de luz de evolución delante de nosotros y la espantosa “organización” social y cultural que nos ha tocado “en suerte”: el patriarcado, vigente en los últimos 7 a 10 mil años y gran protagonista de la infelicidad y la devastación de la vida.

Carlos Inza

La sinergia evolutiva

Hace aproximadamente 3900 millones de años apareció la vida en la Tierra en forma de bacterias. La célula eucariótica (con núcleo) surgió de la simbiosis de una célula sin núcleo y de una bacteria. Esta simbiosis resultó ser eficacísima. Las células eucarióticas abrieronnuevos caminos de formas de vida y constituyeron entes orgánicos pluricelulares, que son la simbiosis de muchísimos tipos de células eucarióticas diferentes, con diferentes cualidades y capacidades, que a su vez se unen formando diferentes tipos de tejidos para realizar distintas funciones. Así vamos viendo este principio de la vida que es la sinergia producida por la asociación cooperativa (el todo es mucho más que la suma de sus partes). Los animales aparecieron hace 600 millones de años, es decir, 3300 millones de años después de la primera forma de vida. Después aparecieron las plantas (hace 500 millones de años), cuando una bacteria con capacidad fotosintética (de transformarla energía solar en materia viva) penetró en una célula, no para ser digerida por ésta, sino para asociarse con ella y vivir en simbiosis, convirtiéndose en un plastidio (cloroplastos, etc.). De nuevo la simbiosis sinérgica abrió el camino de la conservación de la atmósfera adecuada. Luego aparecieron los hongos, la carne de la tierra. Luego aparecieron los mamíferos (hace 100 millones de años), y hace 3 o 4 millones la especie humana.

Las bacterias son la vida

Una respuesta legítima a la cuestión “¿Qué es la vida?”, es: “bacterias”. Cualquier organismo, o es en sí mismo una bacteria, o desciende por una u otra vía de una bacteria o, más probablemente, es un consorcio de varias clases de bacterias. Ellas fueron los primeros pobladores del planeta y nunca han renunciado a su dominio. Quizá sean las formas de vida más pequeñas, pero han dado pasos de gigante en la evolución. Las bacterias han inventado incluso la pluricelularidad. Contra la creencia popular, en la naturaleza las bacterias son en su mayoría seres vivos pluricelulares. Algunos linajes bacterianos evolucionaron y dieron lugar a muchas clases diferentes de organismos, incluidos nosotros. Dentro de nuestras células, existen estructuras –las mitocondrias- que en otro tiempo fueron bacterias y que usan el oxígeno para generar energía. Las cianobacterias fotosintéticas y sus descendientes (las plantas), por su parte, extraen dióxido de carbono de la atmósfera, utilizan el carbono para sus cuerpos y eliminan oxígeno como desecho, del cual sólo una pequeña parte es usado por las mitocondrias que cohabitan con lo que en otro tiempo fueron bacterias fotosintéticas en todas las células vegetales.

Ambos párrafos son de MARGULIS, L. Y SAGAN, D., “¿Qué es la vida?”, Tusquets, Barcelona, 1996.

Para pensar en otro mundo, para desear otra forma de vivir

No sólo tenemos las pruebas materiales arqueológicas y algo de imaginación para pensar en otro mundo. Tenemos a la criatura gaiática en estado de inocencia dentro de nosotr@s, la que existía antes del proceso de edipización que ha manipulado nuestros anhelos de bienestar y de amor. Somos, a pesar de todo, seres deseantes, que deseamos profundamente amar y ser amados, y que además nos gustaría ser sólo eso. Quitarnos las corazas y las armaduras, dejar las armas de combate, dejarnos llevar por el deseo, ofrecernos y recibir sin medida ni cálculo; abolir el dinero; abolir la propiedad, vivir en reciprocidad y armonía. Desde ese estado emocional, desde esa criatura que en el fondo somos, miremos la sociedad neolítica para averiguar la verdad y recuperar el aliento.

CASILDA RODRIGAÑEZ BUSTOS, “El asalto al Hades”, La rebelión de Edipo, 1ª parte, Casilda Rodrigañez Bustos, 4ª edición, 2010.


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CURA DE AJO TIBETANA

Otras Yerbas

Receta de una preparación que cura o mejora gran parte de las enfermedades y que fue hallada en un Monasterio Budista en el año 1972 en caracteres antiguos, entre las montañas del Tíbet.

*350 gramos de ajo triturado o cortado en pequeños trozos, se meterá en un frasco de vidrio junto con un 1/4 litro de aguardiente (grapa de orujo) o cantidad de bebida blanca similar suficiente para que quede justo por encima del ajo.  El frasco se cerrará herméticamente y se guardará en la heladera durante 10 días, agitándolo suavemente una vez por día. Al terminar este proceso el líquido se filtrará con un colador fino de gasa. Volver a meter el líquido en la heladera 2 días más.

Al terminar estos 2 días, el fármaco ya está preparado para comenzar atomarlo a gotas con un poco agua (quedan dos frascos goteros de 150 mililitros), antes de cada comida, siguiendo la siguiente tabla:

Dia  Desayuno      Almuerzo        Cena
1        1 gota          2 gotas     3 gotas
2       4 gotas       5 gotas       6 gotas
3       7 gotas       8 gotas       9 gotas
4       10 gotas     11 gotas     12 gotas
5       13 gotas     14 gotas     15 gotas
6       16 gotas     17 gotas     18 gotas
7       12 gotas     11 gotas     10 gotas
8       9 gotas       8 gotas       7 gotas
9       6 gotas       5 gotas       4 gotas
10     3 gotas       2 gotas       1 gota
11     15 gotas     25 gotas     25 gotas
12     25 gotas     25 gotas     25 gotas
13 y hasta terminar 25 gotas 25 gotas 25 gotas

LA TERAPIA NO SE PUEDE VOLVER A REPETIR HASTA DENTRO DE 5 AÑOS.

Este preparado de extracto de ajo, limpia el organismo de las grasas y lo libera de los cálculos depositarios. Mejora el metabolismo y en consecuencia todos los vasos sanguíneos se hacen elásticos. Disminuye el peso del cuerpo, deshace los coágulos de sangre, cura el diafragma, miocardio enfermo; la arteriosclerosis, la isquemia, la sinusitis, la hipertensión, las enfermedades broncopulmonares, hace desaparecer el dolor de cabeza. Cura la trombosis del cerebro, la artritis y el reumatismo. También la gastritis, las úlceras de estómago y las hemorroides, absorbe todo tipo de tumor interno y externo, y cura los disturbios de la vista y del oído.  Todo el organismo se recupera.

 Nota: es difícil asegurar que la poción realiza todos los prodigios descriptos. Pero es seguro que mejora la funcionalidad entera del organismo. Además, eso de que la fórmula haya sido descubierta en un monasterio budista del Tíbet y, encima escrita en caracteres antiguos, debe equivaler a la mitad de la curación. No me consta que haya que esperar cinco años para repetirla, pero sí que realmente funciona.

 Carlos Inza