Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…

Etapas y momentos críticos en la Clonación de Idiotas

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CLONACIÓN DE IDIOTAS

Por Carlos Inza

  1. La vida en el útero puede ser cómoda, pero no exenta de riesgos: todo depende de la salud de nuestra madre. Ella no es una “santita” ni una mujer perfecta (aunque todos los hijos creamos eso), es una viviente como todos y está sometida a las reglas de juego vigentes. Si vive en un entorno enfermo-estándar-actual es inevitable que eso “contamine” su energía e influya sobre el embrión. Cuánto peor sea la situación energética global y la salud de la madre, más daño puede producirse: hay mucha gente que ya está enferma en el útero, antes de “salir”.
  2. El parto es un verdadero “parto”: la especie humana es la única habituada a parir con dolor, aunque puede evitarse, debido a que sus hembras no disponen de una pelvis apta para dejar pasar fácilmente monstruos con semejante cabeza. Y encima no la ayudan: la “civilización” inventó una tortura sofisticada diseñando camillas de parto horizontales: ¡¿se imaginan evacuar el intestino en esa posición?! También pueden transformar a la parturienta en un objeto de quirófano (cesárea), casi siempre sin necesidad. La “llegada al mundo” no es auspiciosa: te reciben con un spot luminoso como para enceguecerte de por vida, te agarran con fuerza como si no supieras salir sacándote a los empujones como en el subte a la hora pico, te golpean la espalda como si no supieras respirar, te cortan el cordón como si no supiera secarse solo y, por último, te separan de tu casa de los primeros nueve meses para hacinarte al lado de otros convictos. Es un rasgo de sinceridad: te muestran de entrada lo que te espera al tiempo que le muestran a la madre quién tiene el verdadero poder. También puede que te bombardeen con flashes la retina y te expongan a través de un vidrio como si estuvieras en un zoológico.
  3. Después del nacimiento oficial y hasta el comienzo de la motilidad (diez meses), seguimos siendo larvas más-o-menos simpáticas, aunque ya estamos claramente situados en el sistema de la recompensa: la nutrición, el olor y el amor maternos son esenciales para el desarrollo. Pero aquí ya puede empezar a funcionar el sistema inhibidor de la acción: una atmósfera cargada de tensión y “cierta violencia” puede producir demasiado miedo, ya en los primeros meses de la vida, y dejarnos la amígdala cerebral cargada con demasiada información de por vida.
  4. Al año de vida podemos empezar a caminar y, por lo tanto, a recibir condicionamiento de límites, demasiados límites para aprender “como son las cosas”. Y las cosas entran en una de dos categorías: buenas o malas. Bueno es lo que a mamá (y también a papá y a cualquier adulto que pase por allí) le parece bueno, y malo lo que les parece malo, así de sencillo. Hay miles de ¡cuidado, eso no!, algunos justificables y otros no. Y especialmente ya comienza a firmarse el contrato tipo Fausto: si querés protección, cuidado y ternura, tenés que hacer la siguiente innumerable lista de cosas. Y fírmame allí, al final, luego de todas estas páginas en blanco donde muchos irán escribiendo las cláusulas del contrato a medida que el tiempo pase: nunca se sabe, de entrada, lo que Dios y el Diablo necesitarán que hagas y no hagas a lo largo de tu vida.
  5. A los tres, cuatro o cinco años ya terminaste tu formación básica, que te signará de por vida. Podés rebelarte, protestar, exigir otro contrato, pero es inútil. En todo caso tendrás que ser muy valiente y arriesgar tu vida en el intento de ser libre. Pero ya, a esa “tierna edad”, tu amígdala cerebral está bien cargada de información y sabe casi todo lo que debe evitar. (Osho cuenta que cuando era chico creía que se llamaba NO). Pero no solo lo que es objetivamente peligroso, ¡también todo lo que a dios, al diablo, a los sacerdotes, madres, padres, médicos, maestras, tías, vecinas, gerentes y siguen las firmas les parece peligroso (para ellos)! ¿Entendiste que malo y peligroso es lo mismo? Sí, que bueno. ¿No?, para eso tenemos la educación, y ahora la televisión y todo lo que necesitamos. ¿Sabías que parte de la trampa consiste en que tu maravilloso lóbulo pre-frontal, ese que te permitiría juzgar y decidir por cuenta propia es un verdadero idiota a esa “tierna edad”? Lo sepas o no es lo mismo: a los cinco años ya estás casi totalmente programado para ser un idiota más.
  6. A los seis años aparece oficialmente la sociedad, empezás la primaria, o cuidas cabras o aprendes la vida de marginal zafando y ayudando a zafar a tu familia. Pero ya aprendiste que los adultos mienten groseramente, muchas veces sin cuidarse siquiera. Se supone que tenés que aceptarlo, hacerte el boludo, seguir adelante con la escena como si no pasara nada. Si no lo hacés es peligroso, podés volverte loco de entrada. Pero si lo aceptás con naturalidad, como si estuviera bien, ¡estás perdido! Creo que ni siquiera te van a agregar cláusulas en el contrato, no vale la pena. Sin embargo, el adiestramiento para completar el software sigue con mucho entusiasmo: hay que consolidar tu formación dentro de La Trampa. Tu magnífica maduración neuro-motriz, cada vez más fina, se inscribe dentro de la trampa, de manera que se perfecciona el “sistema de premios y castigos” y el “inhibidor de la acción”: ya sabés qué y cuándo hacer algo y cuando no. Incluso aparecen sofisticaciones prácticas que te ayudarán a no gastar energía inútilmente: tu avanzadísimo aparato visual aprenderá a no mirar o no registrar “lo que no le interesa”, o sea: las cosas más apasionantes que hay para ver. Tu aparato auditivo hará lo mismo: ¿para qué escuchar lo que no te conviene?  Y especialmente, a esta edad ya serás un alumno avanzado en pequeñas perversiones: aprenderás a engañar a tus compañeros, a cruzar un pie en su camino para que trastabillen y a reírte de ellos cuando se caigan.
  7. Ya empezaste la adolescencia, tu última oportunidad para escaparte de La Trampa. A la cultura oficial y a tus hormonas se les ocurre que tenés que ser rebelde y protestatario: es obligatorio. Sino no podrían venderte música, droga, ropa y adornos adecuados. Es parte de la trampa: no te ayudan a rebelarte contra el contrato Fausto y toda esa basura. No, te hacen creer que la rebelión es contra los padres, los edipos, las electras y todo ese cuento de hadas psicoanalítico, que tiene algo de cierto en nuestra cultura (¿qué se puede esperar luego del contrato de posesión-compensación del hijo a favor de madre y padre?) pero que no llega a lo más profundo: que te hayan obligado a ser un idiota casi de nacimiento. Esta oportunidad que la vida te regala es gracias al poder de tus hormonas, que revolucionan y ponen patas para arriba el preciso engranaje que te habían construido. El deseo te pone loco y la cultura moderna lo facilita: “Sí, nene, coge todo lo que quieras pero cuidate porque está el sida y especialmente, no te comprometas”. Así, la maquinaria de poder logra tres cosas: alejar la sexualidad de la emoción transformándola en un acto mecánico, asustarte con sus consecuencias (embarazo, sida) y ocultarte el camino que liga tu sexualidad con una vida potente, cierta, desplegada, exuberante. Sí: tus hormonas sexuales ponen muy loco al cerebro, que ya tenía todo listo para oficializar el lavado de cerebro. Ahora las cosas no son tan fáciles para el trabajo del Sistema de Control, que puede sufrir una crisis temporaria. Y allí sí que tu estructura caracterial y el ambiente cercano que te tocó en suerte es crucial: o te quedás en la cáscara de la rebeldía (sexo fácil-superficial, alguna diversa militancia, análisis psicológicos) o llegás a lo profundo del problema, aun oscuramente y con dudas contradictorias y dolor. Pero si lograras conservar la percepción de tu poderosa energía y apartarla, salvaguardarla, entonces te salvarías de ser un idiota de por vida, aunque los “resultados” tarden un poco para verse. ¿Y el cerebro? Bien, gracias: es un órgano adaptador poderosísimo, pero se va a acoplar a tus “decisiones”. Intentará neutralizar la tormenta hormonal que lo desquicia, pero si no encontraras una manera inteligente de trampear a la amígdala y a los sistemas de recompensa y parálisis (inhibición de la acción), seguramente volverá al “equilibrio” de los idiotas y los muertos en vida en poco tiempo. Si fracasaras, encima te quedaría la culpa por los desmanes producidos en tu “época rebelde” y terminarías de completar la firma del Pacto por el resto de tu vida. Es cierto que no te ayuda la relativa inmadurez de las estructuras cerebrales implicadas en los procesos de emocionalidad profunda, proyección de futuro y solidaridad básica (la vida es una realidad colectiva, no exclusivamente individual), pero lo mismo te alcanza para tomar las grandes decisiones. Sino lo hicieras ahora, ayudado por la tormenta hormonal, después no te quejes: perdiste tu oportunidad.
  8. Entraste en la juventud y adultez, tal vez. Es “tal vez” porque la adolescencia cada vez es más larga: ahora anda terminando cerca de los treinta años o nunca, al menos en nuestra cultura. En estas etapas de la vida cada vez es más difícil esperar cambios trascendentes, importantes. Hay una oportunidad para gente que ha desarrollado un fuerte ego, un yo relativamente autosuficiente: la oportunidad de elegir perderlo, regalarlo o donarlo a quién se le ocurra. En algún momento puede aparecer el hastío del rol, el relampagueo de la sabia intuición, la percepción de que “se ha sido empujado” para ser fuerte, poderoso, omnipotente. Y de que esto es, también, una variedad de idiotez. Y entonces aparece la tentación de dejarlo para elegir una vida despojada de esos “honores”, algo así como la necesidad de simplificar y dejar de poner una gran cantidad de energía en mantener la cohesión interna de una estructura que siempre necesita ser eficaz sin desmayos para sostener…¡las necesidades de pasividad de quienes los “siguen”! Es un juego de roles idéntico al de la “democracia representativa” pero en pequeña escala. Pero, claro, te dicen “ahora sos grande, tenés que sentar cabeza y hacerte responsable”. Es curioso que para hacerse responsable haya que “sentar a la cabeza” (¿o será “asentar la cabeza”?).  No importa: la idea es dejar de hacerse el loquito y cumplir con el contrato sin objetar las cláusulas, ni siquiera las menores. Hay un tema relacionado con la adultez que no puede soslayarse y está profundamente vinculado a la construcción de un yo sustentable y al crecimiento personal: es la simple necesidad de hacerse cargo de sí mismo. No hay posibilidad de verdadera adultez sin pasar por aquí. Por supuesto que implica sustentarse económicamente, pero va más allá, para extenderse al área de la vida emocional, laboral y social. No van a encontrar mucha gente capaz de hacerlo, más allá de la cuestión económica, que sigue siendo un paso imprescindible, al menos en nuestra cultura individualista. Las características del contrato Fausto y la operatividad del Sistema de Control tienden a mantenerte como un niño toda la vida, a fomentar el apego a la familia o a pequeños grupos que funcionan de útero permanente, asfixiante. Y manejan su posibilidad de brindar contención como un sistema de chantaje con reglas claras: pertenecer tiene su precio, ser gris y mediocre con permiso de variados socios tiene su premio. Ésta es la inercia, la deriva del sistema. De manera que oponerte es heroico, necesita mucha fuerza y mucha valentía, pero de eso depende tu vida.
  9. Acerca del cerebro, y especialmente del protagónico lóbulo pre-frontal humano, queda algo por decir, por preguntarse. Según los neurobiólogos su madurez sólo se alcanza cerca de los cincuenta años, que es como decir que recién a esa edad una persona podría (eventualmente) ser considerada del todo adulta de acuerdo a sus posibilidades anatómicas y funcionales. Pero ¿será una verdad indiscutible? ¿O, en cambio, estará expresando la idiotez generalizada como parte de un proceso que tiende a la maduración o a la extinción? Dicho de otra manera: ¿será biológicamente inevitable o una manifestación cerebral de inmadurez? ¿Será causa o consecuencia? ¿Qué pasaría con la maduración del pre-frontal si no existieran el pacto de Fausto y el Sistema de Control Central?  Su lenta maduración ¿no será consecuencia de vivir en La Trampa en lugar de su causa? ¿No será un acondicionamiento a la idiotez en lugar de ser su génesis?
  10. ¿Tampoco así, aprendiste? Bueno, entonces tenemos a los psiquiatras, a la policía, a la “justicia” y a los escuadrones de la muerte.

 

 

 

 

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Autor: medicinaenergeticayotrasyerbas

Revista sobre Salud, medicina energética, psicoterapias, critica social, prevención y profilaxis desde una perspectiva de la orgonomia desarrolla por Wilhelm Reich.

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