Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…

Práctica Preventiva en Embarazo y Primera Infancia desde la Autorregulación en el Centro HAZI – HEZI – 1ª parte

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Esta investigación sistematiza, desde la perspectiva de los participantes, la práctica preventiva que realiza, en base al paradigma post Reichiano o ecología de los sistemas humanos, el Centro Hazi-Hezi de España, por un lado con grupos de mujeres embarazadas y sus parejas, y por otro lado, familias con hijos de uno, dos y tres años de vida. Para ello se realizaron entrevistas semi-estructuradas que permitieron distinguir los conceptos fundamentales del discurso y método preventivo, describir el desarrollo de la experiencia por etapas y discriminar los principales aprendizajes de los participantes según las variables de análisis definidas. La investigación pretende generar una reflexión acerca del aporte del enfoque post – Reichiano en este tipo de intervenciones en la consolidación del vínculo temprano centrado en el desarrollo de una capacidad de contacto empático en la relación madre- padre e hija/o.

INTRODUCCIÓN

En España, lugar donde ocurre la práctica sistematizada, existen políticas públicas destinadas a mejorar la salud de la mujer embarazada, a mantener una baja mortalidad en el parto y al aumento de la protección social de la maternidad. Con respecto al embarazo, las normas técnicas de la cartera de servicios de atención primaria definidas por el Ministerio de Sanidad y Consumo  (Aguilera M., 2001) contemplan para toda mujer embarazada incluida en el servicio, atenciones médicas periódicas en el pre y post parto.

En cuanto a la atención al parto, (Maroto-Navarro, García –Calvente & Mateo-Rodriguez, 2004) consideran que los servicios sanitarios españoles están centrados en un modelo de salud cuyo objetivo principal es la reducción de la mortalidad y la morbilidad materna y perinatal. Estas intervenciones, no se han enfocado al bienestar psicológico de las madres, aunque las propias madres valoran positivamente la educación maternal, coinciden con la opinión de expertos y profesionales en la necesidad de hacer énfasis no sólo en los aspectos de preparación al parto, sino en la adquisición de conocimientos y el desarrollo de actitudes y conductas que repercutan positivamente en la salud posparto y en la crianza de los hijos.

La práctica preventiva de crianza sistematizada, se desarrolla en el País Vasco en un contexto de atención privada (Centro Hazi – Hezi, que significa en Euskera Crecer y Madurar, dedicado a la atención clínica y al trabajo preventivo con familias)   y representa para las mujeres y hombres que concurren una alternativa a la oferta de los servicios públicos, implicando no sólo el embarazo y parto, sino también, la crianza desde el nacimiento hasta los tres años de edad del hijo.

MARCO TEÓRICO

Conceptos Teóricos base del Discurso Preventivo

El modelo teórico de la práctica preventiva del Centro Hazi – Hezi, se basa en la teoría de la autorregulación desarrollada por Reich (1994) y continuada por autores post – reichiano como Raknes (1991), Navarro (1995) y Serrano (1994) entre otros. Además es necesario considerar las aportaciones de otros autores que enriquecen esta concepción teórica.

Autorregulación: Reich (1993) y autores Post Reichianos (Raknes, 1991; Serrano, 1994; Baker, 1978) plantean  que la autorregulación debe ser entendida dentro de una lógica psicosomática. Comprenden al ser humano como un sistema que integra en una unidad lo biológico y lo psicológico, donde ambos componentes confluyen y determinan el desarrollo psico –afectivo- sexual de una persona. Para esta perspectiva la posibilidad del ejercicio de la autorregulación está condicionada por  la satisfacción de las  necesidades afectivas, sexuales y psicológicas que presenta el individuo para su desarrollo y no solamente determinada por las demandas que le impone la sociedad de acuerdo al patrón cultural específico.

Desde el paradigma post reichiano el punto fundamental al que debe orientarse toda educación es salvaguardar el placer natural del organismo, es decir, facilitar la pulsación natural organísmica, evitando que el miedo genere una contracción angustiosa crónica que paralice la pulsación (capacidad de expansión y contracción  de un organismo) o la desnaturalice e impida un desarrollo natural. Ante esta situación contextual que impide o dificulta la pulsación natural y placentera, el organismo trata de mantener el equilibrio mediante una lucha por sobreponerse a los efectos bloqueantes, si lo consigue logrará mantenerse sano y placentero, de lo contrario buscará un medio de compensar la tensión – angustiosa creada, descargando patológicamente esta carga acumulada a través de síntomas específicos que generan dolor y/o displacer.

Serrano (2005), señala que la enfermedad y el sufrimiento emocional tienen una etiología fundamentalmente social y se articula durante el proceso de maduración y de integración de funciones de nuestra específica estructura humana. Por tanto el sistema familiar, como ecosistema principal durante ese período, –en cuanto que dependemos de él para sobrevivir–, se convierte en el principal modulador, pero no en el único responsable, de la enfermedad o de la salud

Continuum: Liedloff  (2003) define el concepto del continuum humano como la secuencia de experiencias que corresponde a las expectativas y tendencias de nuestra especie en un entorno consecuente con aquello en lo que esas expectativas y tendencias se formaron. Incluye además, que las otras personas que forman parte de aquel entorno se comporten y nos traten adecuadamente. Refiere que para alcanzar un óptimo desarrollo físico, mental y emocional, los seres humanos —especialmente los bebés— necesitamos vivir las experiencias adaptativas que han sido básicas para nuestra especie a lo largo del proceso de nuestra evolución. Para un bebé, estas experiencias necesarias serían: contacto físico permanente con la madre (u otro familiar o cuidador/a) desde el nacimiento. Esto es, permanecer constantemente en brazos o pegado/a al cuerpo de otra persona hasta que el bebé comience a arrastrarse o gatear por sí mismo, lo que sucede en torno a los 6-8 meses. Lactancia materna a demanda. Disponer de cuidadores/as que atiendan las necesidades del bebé (movimientos, llantos, etc.) sin emitir juicios ni invalidarle. Hacer sentir al bebé y potenciarle sus expectativas basadas en que es un ser innatamente social y cooperativo, al tiempo que fomentar su fuerte instinto de autoconservación.

Por contraste, un bebé sujeto a prácticas de regulación que no considere esta secuencia de experiencias  y cuidado puede experimentar a menudo la separación traumática de su madre al nacer  y colocación en una sala de maternidad, en aislamiento físico; en casa, durmiendo solo y aislado, a menudo luego de “llorar para dormir”; con su alimentación planificada según ciertas horas y prescripciones médicas,  puesto en la cuna o coche con una estimulación escasa; con cuidadores que lo ignoran o desalientan cuando él llora o señala de otro modo sus necesidades; o respondiendo con excesiva ansiedad, haciendo del niño el centro de atención; detectando el niño (y conformándose a)  las expectativas de sus cuidadores de que es incapaz de desarrollar su instinto de conservación, es naturalmente antisocial, y no puede aprender los comportamientos correctos sin controles terminantes, amenazas y una variedad de técnicas de control parental que minan su proceso de aprendizaje exquisitamente desarrollado a través de la evolución humana.

Por tanto, la autorregulación debe ser entendida no solamente con la satisfacción actual de las necesidades afectivas, psicosexuales y sociales que presenta los seres humanos, sino como un proceso continuo, que contribuye a la maduración de los mismos. Si este proceso madurativo natural se ve disminuido, interrumpido por regulaciones externas que surgen de las expectativas de los cuidadores y no consideren las necesidades del bebé, niño o adolescente  en este proceso, se verá afectada la capacidad de ellos para lograr la autorregulación de sus propias necesidades.

Psicomotricidad:   Un núcleo común de las diversas definiciones de psicomotricidad viene dado por la concepción de la persona como un ser global, entendido como una unidad psicosomática que se expresa a partir del cuerpo y el movimiento, en esta expresión humana confluyen aspectos motrices, cognitivos y socio-afectivos como elementos que configuran la personalidad y que nos permiten su comprensión (Llorca, Ramos, Sánchez & Vega., 2002). Los fundamentos del trabajo psicomotriz se encontrarían en la investigación, principalmente a través de la observación participante, de las conductas motrices, del concepto de esquema corporal y su relación con la globalidad, y del concepto de imagen corporal.

Las conductas motrices tradicionalmente han sido divididas según las siguientes dimensiones: conductas neuromotrices, conductas motrices básicas y conductas perceptivo-motrices (Berruezo, P, 2002). Existe diversas conceptualizaciones del concepto esquema corporal, no obstante existe consenso en los autores (Cori en Llorca et al, 2002; Pastor, 2001; Ballesteros, 1981)  en torno a que el concepto de esquema corporal está situado en la relación entre el bebe o niño y su entorno familiar, escolar y social, cuya construcción tiene un carácter evolutivo que se desarrolla desde el nacimiento hasta el inicio de la pubertad y que consiste en una representación mental del propio cuerpo en relación con los datos del mundo exterior, de los límites y posibilidades de acción vivenciados.

Respecto al concepto de imagen corporal  Dolto (1984)  señala que la imagen corporal es la síntesis viva de nuestras experiencias emocionales repetidamente vividas en los contextos relacionales y puede considerarse como la encarnación simbólica inconsciente del sujeto y ello antes que el sujeto sepa decir “yo”, por tanto en la construcción del esquema corporal interviene de forma dialéctica la imagen corporal y el esquema corporal.

El objetivo de la psicomotricidad no es la autonomía motriz sino psicomotriz, lo que quiere decir que el sujeto, consciente y de forma gratificante para él, se encuentra en condiciones de utilizar el movimiento funcionalmente para sí mismo y para los demás, tanto en el plano instrumental como operativo, tanto en el plano psicológico como comunicativo (Llorca et al.. 2002).  En este sentido la principal finalidad de la psicomotricidad es el desarrollo de las competencias motrices, cognitivas y socio-afectivas que se ponen de manifiesto a partir del juego corporal y del movimiento en el contexto de las relaciones con los otros y los objetos, lo cual desarrollará a su vez, como consecuencia, la identidad y autonomía personal.

La psicomotricidad en el contexto de la autorregulación, implica que se respeta su ritmo o capacidad de pulsación, en su proceso madurativo. En este sentido, es necesario que el niño/a pueda vivir las experiencias necesarias para desarrollar sus funciones ontogenéticas. De esta manera, puede ir generando un registro perceptivo propio de las experiencias, a partir de sus propios movimientos y no desde el ritmo de las expectivas y exigencias externas de los cuidadores.

Carácter y Contacto: Reich (1993) definió el concepto de carácter como la coraza del yo, con estos términos hizo referencia a la constatación clínica que la mayor o menor violencia o coerción sufrida en la infancia dentro del sistema familiar y educativo, así como el nivel de estrés patógeno que ha vivido una persona en su proceso de maduración psicoafectiva desde la vida intrauterina hasta la adolescencia, lo obliga no solo a formar un espacio psíquico donde van a refugiarse todas esas experiencias lejos de nuestra consciencia, y al que Freud llamó inconsciente, sino también a desarrollar un sistema defensivo estructural, conductual y somático o neuromuscular, que permite y facilita la adaptación a las exigencias de los ecosistemas humanos, ello se traduce en la construcción de una coraza caracteromuscular. (Serrano,  2004)

Esta evitación del sufrimiento, proceso que a nivel fisiológico puede ser definido como homeostasis, genera por contrapartida una pérdida de contacto con los propios procesos intrapsíquicos y las propias sensaciones corporales que dan cuenta de cierta vivencia afectiva (Serrano, 1994), lo que desde esta perspectiva se denomina Bloqueo Emocional, ello se evidencia en la conducta, es decir en el carácter y en las tensiones crónicas del cuerpo, la disfunción respiratoria y la distonía neurovegetativa (cefaleas, astenia, estreñimiento, taquicardias, etc.) que existiría, en mayor o menor medida, en todos los seres humanos participantes de la actual estructura social.

Es importante recalcar que lo distintivo de la definición de carácter de Reich y de autores post reichianos (Serrano X.(1999); Navarro F.(1995)) es que establecen una clara relación entre los procesos somáticos y las dinámicas psicológicas de las personas, de modo que los disturbios emocionales tiene también un correlato corporal, específicamente a través del sistema neurovegetativo que determina el nivel de constricción o de expansión psico-corporal, por lo que la salud emocional tiene un correlato de salud corporal y viceversa.

El desarrollo de un carácter o coraza neuromuscular rígida, generaría una pérdida de contacto perceptivo que afectaría la capacidad de autorregulación de las necesidades afectivas, psicosexuales y sociales, las cuales son reemplazadas por las necesidades y regulaciones de los cuidadores. La pérdida de contacto perceptivo consigo mismo, también produciría una pérdida de contacto con la emocionalidad del otro e influiría en el establecimiento del vínculo afectivo y la capacidad de empatía.

Vínculo: Bowlby  (1988) plantea que su enfoque de la parentalidad humana se desarrolla desde una perspectiva etológica, señala:

“Al volver a examinar la naturaleza del vínculo del niño con su madre, al que tradicionalmente nos referimos como dependencia, se ha descubierto que resulta útil considerarlo como el resultado de un conjunto de pautas de conducta características, en parte pre programadas, que se desarrollan en el entorno corriente durante los primeros meses de vida y que tienen el efecto de mantener al niño en una proximidad más o menos estrecha con su figura materna” (Bowlby, 1998. Pg. 15).

Agrega, que esta conducta se organiza cibernéticamente al final del primer año, lo que significa que la conducta se activa bajo determinadas condiciones y cesa bajo otras condiciones.

El proceso de vinculación estaría conformado por las conductas de maternaje y por las conductas de vinculación del bebé; ambos conjuntos observados en simultaneidad son los elementos interactivos del sistema diádico. El sistema diádico madre-bebe altamente empático y emocionalmente regulado permite compartir estados afectivos. Desde la sintonía que alcancen las conductas de uno y otro, se irá modelando el yo del bebé como un emergente que, descubriendo experiencias afectivas compartidas irá desarrollando una personalidad sana (Fonagy, 2002 en Kimelman,  2006).

Para Bowlby (1988) un rol fundamental de los padres es brindar una vinculación que facilite el desarrollo de una base segura “a partir de la cual un niño o un adolescente pueda hacer salidas al mundo exterior y a la cual puede regresar sabiendo con certeza que será bien recibido, alimentado física y emocionalmente, reconfortado si se siente afligido y tranquilizado si está asustado”. (Pg. 24).

Finalmente, el vínculo madre – hijo y posteriormente padre – hijo, juega un rol importante en la autorregulación que el niño durante la infancia pueda alcanzar en sus necesidades afectivas, psicosexuales y sociales. También, el tipo de vínculo, influirá en el desarrollo del carácter y en la pérdida de contacto perceptivo así como en el desarrollo psicomotriz y en el proceso madurativo entendido como un continuo de experiencias y funciones que el niño debe ir integrando en una unidad psicosomática.

 (continuará en la próxima edición)

Autores:

Freddy Orellana Bahamondes

Psicólogo clínico. Director, docente y formador de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Email: freddyorellana@hotmail.com

Javier Cortés Alti

Psicólogo Clínico. Docente Universidad de Santiago de Chile.

Email: jcortesalti@gmail.com

Mónica Rodríguez Verdugo

Psicóloga Clínica, docente y formadora de psicoterapeutas del Instituto Humaniza. Docente. Email: altazora@hotmail.com

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Autor: medicinaenergeticayotrasyerbas

Revista sobre Salud, medicina energética, psicoterapias, critica social, prevención y profilaxis desde una perspectiva de la orgonomia desarrolla por Wilhelm Reich.

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