Medicina Energética y Otras Yerbas

Revista sobre salud, cuerpo, energía, sociedad y hasta orgonomía…

Naturaleza humana y medio ambiente

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El paradigma reichiano puede ser una forma de entender y analizar los desequilibrios ambientales frutos de un hombre acorazado, rígido, que cada día pone más en peligro la vida en el planeta. El pensamiento reichiano tiene una visión holística, ecológica, sistémica y funcional que ayuda al entendimiento de la relación humanos-ambiente. Además, el propio discurso de preocupación ambiental y por un mundo más sustentable sirve para justificar el porqué de realizar trabajos preventivos desde la primera infancia, incorporando la idea de autorregulación y evitando el acorazamiento en el hombre, permitiendo así mejorar la calidad de vida en el mundo.

Wilhelm Reich (1955), teórico iniciado en el psicoanálisis, desarrolló su propio método de trabajo, que fue evolucionando a lo largo de su vida, pasando por el análisis del carácter hacía la vegetoterapia caracteroanalítica, hasta llegar a la orgonterapia. Su teoría fue ambiciosa ya que buscó realizar un diálogo abierto entre las diversas ciencias para entender el fenómeno de la vida. Conocido como el padre de las psicoterapias corporales, y por esto mismo, más circunscrito al área clínica por muchos continuadores de su pensamiento, parcializando la fuerza y coherencia de su teoría, que abarca lo social, lo energético, lo biológico y lo psíquico. Su paradigma, que intenta responder las dudas que deja el paradigma mecanicista, lo denominó “Funcionalismo Orgonómico” (1950a). Diversos teóricos consagrados y aceptados en la psicología, como Eric Fromm (1977), Alexander Lowen (1977), Fritz Perls (1959), fueron influenciados por Reich, si bien muchas veces no le hacen el justo reconocimiento.

Reich pensó un paradigma donde la praxis clínica es complementada y profundizada por la profilaxis (trabajos preventivos) y la acción social, así como es enriquecida por las investigaciones acerca de la energía vital, la que denominó “orgón[1]” (Serrano, 1991).

En este artículo, se busca rescatar la teoría reichiana para entender las relaciones entre los seres humanos y su ambiente, por lo que puede aportar a una comprensión más enriquecedora de la problemática ambiental tan agravada por el hombre contemporáneo (Reich, 1950a).

La interacción entre hombre y ambiente siempre ha existido, pero nunca el ambiente estuvo tan amenazado como ahora. Y esto se da por los cambios que se han producido en la interacción entre los hombres y entre estos y su ambiente: los hombres, como consumidores, van usando y abusando del ambiente físico como les conviene, ya sea para la supervivencia personal, o para la supervivencia de su especie. Es por esto, que estamos viviendo en un planeta que está sufriendo graves problemas ecológicos. El consumo de los recursos naturales para generar energía que abastezca nuestra superpoblación provoca ingentes problemas como el calentamiento global, el aumento de sustancias tóxicas en la superficie del planeta, el deshielo, cambio de temperatura de los océanos, huracanes desvastadores, miedos a futuras inundaciones y tsunamis, etc. Y viendo la realidad ambiental de contingencia, se hace necesario dedicar tiempo y esfuerzo para intentar cambiar los efectos destructivos de la vida del hombre en el planeta. Serrano (2001) apunta que estos efectos destructivos son consecuencias de la importancia que el consumismo tiene entre los hombres. Un modelo social que está en la base de nuestro sistema económico actual y que provoca un modo de vida cada vez más individualista, dañando al hombre tanto en sus relaciones personales, como sociales y ambientales.

Este modelo basado en el consumismo ha provocado una falta de entendimiento respecto que la especie humana solo puede existir dentro de un ecosistema. El hombre necesita de su entorno así como un feto, para sobrevivir, necesita del útero materno, que en ese momento es su ecosistema (Pinuaga & Serrano, 1997).

Rinehart & Winston (1974) dicen que al cambiar el ambiente “el ser humano pone en movimiento fuerzas que solo pueden ser revertidas o recanalizadas por un esfuerzo conciente y deliberado, y tal esfuerzo solo será bien sucedido en la medida que las implicaciones de las relaciones persona-ambiente sean enteramente comprendidas” (5)[2]. Por lo tanto es fundamental asumir la responsabilidad de esta comprensión para que se pueda pensar en los cambios necesarios, que como dicen estos mismos autores, solo el animal humano puede deliberada y concientemente realizar.

Se entiende que el pensamiento reichiano tiene una visión holística y ecológica que puede ayudar al entendimiento de la relación hombre-ambiente, así como creo que todo el discurso de preocupación ambiental sirve para justificar el porqué de realizar trabajos preventivos desde la primera infancia, pensando en otra forma de vida, donde se la pueda respetar más, sea ésta al interior del hombre o, en la naturaleza.

Si como refleja Maturana (2003a) conversar es “dar vueltas con”, espero que podamos dar algunas vueltas ayudado por la teoría reichiana para entender y buscar preguntas y respuestas sobre la problemática ambiental.

EL HOMBRE ES UN SER BIO-PSICO-SOCIAL Y ENERGÉTICO

Reich pensaba en el hombre como un ser bio-psico-social y energético, donde cada uno de estos aspectos mantiene una relación dialéctica con el otro. Esto quiere decir que si algo afecta la vida social de este individuo, alguna repercusión tendrá en la vida emocional, o (somática) biológica, o energética de este mismo individuo. Todos estos aspectos tienen una relación dialéctica y funcional. (Reich, 1950a)

El ser humano no vive sin influenciar y ser influenciado por el ambiente que lo circunda, sea éste social o físico. Pensar distinto puede ser peligroso pues podemos no asumir las consecuencias de la vida que cada uno puede generar.

Cuando Reich escribió “Materialismo dialéctico y psicoanálisis” (1923) intentó aproximar dos teorías, que en principio son inconciliables: el marxismo y el psicoanálisis (uno de los motivo porque fue expulsado de la Asociación Internacional de Psicoanálisis – I.P.A-. y del Partido Comunista), sin embargo este trabajo muestra su necesidad de entender el ser humano a partir de los procesos internos (psicológicos) y externos (sociales).

Maturana (2003) coincide con Reich cuando dice que “el ser humano individual es social, y el ser humano social es individual” (Maturana, 2003: 72) pues vivimos nuestra cotidianidad en continua imbricación con el ser de otros. Lo que nos devuelve siempre a una mirada dialéctica entre lo individual (bio-psíquico) y social.

Esta aproximación de teorías, realizada por Reich, existió gracias a una búsqueda de interdisciplinaridad, pues creía que para entender el fenómeno de la vida humana estamos limitados usando apenas el psicoanálisis, o aspectos solamente psicológicos.

Justamente por ser la interdisciplinaridad uno de los puntos más importantes de su obra, fue acercándose a varias teorías que ayudaron a entender y a componer lo que él terminó llamando orgonterapia. Su paso por la medicina, psicoanálisis, biología, física y sociología dan el verdadero soporte de esta conversación entre disciplinas.

Serrano (2004) comentando sobre la interdisciplinaridad de Reich, dice que él “se atrevió a poner un término nuevo a una disciplina nueva (orgonomía) cuyo intento era, precisamente, reunir científicos de distintas disciplinas para poder estudiar de forma global las leyes de lo vivo e intentar descubrir lo que hay de común entre una bacteria y una galaxia; entre un animal humano y una planta; porqué hay vida, y cómo coexistimos” (Serrano, 2004: 117).

Este acercamiento a algunas teorías se dio de forma natural, en la medida en que veía que el flagelo emocional (y sexual) era fruto de una educación determinada por una sociedad autoritaria y represora, colocando énfasis en la importancia de cambiar la sociedad para que el sufrimiento emocional disminuyese.

Pensando en lo que se refiere a la relación hombre-ambiente, es importante cambiar la forma como se relacionan los hombres entre sí para poder cambiar la forma como perciben y interactúan con el ambiente físico (sea natural o construido).

Reich (1955) afirmó que el ser humano posee una unidad psicosomática, y que lo que ocurre en el ámbito psíquico tiene relación en el físico (somático), y de ahí comienza a entender que para sobrevivir en esta sociedad que boicotea la libre expresión y la autorregulación, el hombre tiene que proteger sus emociones, desarrollando una coraza (muscular y caracterial), una armadura que le permita continuar. Y es con esta coraza que se relaciona consigo mismo, con los otros y con el ambiente: protegido, pero también limitado en sus potencialidades de percibir y sentir.

Al final de su vida, Reich (1950b) construyó un pensamiento mucho más abierto y holístico, donde el carácter preventivo va ganando más fuerza e importancia. Percibió que el trabajo de la clínica es uno de los vértices de un triángulo que fundamenta el trabajo de un orgonterapeuta (junto a la investigación orgonómica, y la prevención y acción social – ya mencionadas) y que ella no puede ser pensada como única forma de acción para cambios individuales y sociales. Las construcciones finales de su teoría también pasaron por el entendimiento de la relación entre el hombre y su ambiente físico, principalmente unidos por  el concepto de energía vital.

Rescatando a Reich, es justamente su idea de un hombre bioenergético, lo que lo diferencia de otros autores que también teorizan sobre la dialéctica en las relaciones individuales y sociales.

Para Reich la energía vital (orgón), es una especie de energía biológica que está en todas partes: en los seres vivos y en la atmósfera. También conocida por Bergson como “impulso vital” (Deleuze, 1999), con principios semejantes al concepto de energía estudiado por Thelhard de Chardin (1965), y estudiada y conocida en la medicina oriental como prana, chi (Pierrakos, 1990), entre otras formas de denominarla. Cuando Reich habla de energía orgónica, entra en una esfera de conocimiento que aún es difícil de comprender para muchos teóricos, incluso algunos psicoterapeutas corporales no abordan con profundidad en los conceptos de la orgonomía, priorizando más el análisis del carácter y el tipo de terapia que enfatiza apenas las reacciones corporales y las emociones en el cuerpo. Pero entender la energía biológica llamada orgón que tanto investigó Reich es una forma de entender su pensamiento de un modo más completo.

Reich a través de las investigaciones acerca de la energía orgónica, pudo percibirla, medirla y hasta acumularla, demostrando su existencia visualmente, térmicamente y a través del microscopio. Entendiendo que la energía es lo que mantiene la vida. Su forma de abordar este concepto no es mística, sino al contrario científica, basado en investigaciones que están explicadas en sus libros: “La biopatía del cáncer” (1948), “Éter, Dios y Diablo” (1949), entre otros.

Además en las investigaciones sobre la energía orgónica pudo fabricar algunas máquinas que ayudaban: a limpiar la contaminación radioactiva ambiental y a hacer llover, evidenciando que él también estuvo interesado por los cambios climáticos y los efectos de la forma de vida del hombre sobre la naturaleza.

En esta mirada holística, se percibe los aspectos bio-psico-socio-energéticos funcionalmente relacionados  pues, “la verdad de una cosa no se encuentra en la cosa aislada, sino en su interrelación con otras cosas y su conexión con el todo” (Torró, 1997: 31). Y no es posible hablar de ambiente, sin hablar de individuos y su organización social.

NATURALEZA… HUMANA

A propósito de lo ecológico dentro del paradigma reichiano, el hombre es inevitablemente parte de la naturaleza. Reich afirma: “siendo dado que el hombre es una parte de la naturaleza y no lo inverso, no se puede ir más que de la naturaleza al hombre y jamás del hombre a la naturaleza” (Reich en Torró, 1997: 32). Y cuando se percibe el hombre como siendo parte de la naturaleza, se entiende que él no es mayor que ella. Él hace parte de la naturaleza como todos los otros animales, solo que con una herramienta con la cual puede manipular tiempos, ritmos y romper la continuidad de los aspectos naturales, pudiendo parecer  por esto mayor que la naturaleza misma. Pero sin duda el hombre es uno de los animales más peligrosos pues puede no respetar los movimientos naturales.

“El organismo humano y cualquier organismo vivo en general forman un todo en el que sus partes dependen unas de las otras de manera funcional y dialéctica” (Torró, 1997: 32). Esta es la base de un pensamiento que es sistémico y ecológico.

Reich (1949) señaló que el hombre perdió contacto con la naturaleza adentro y fuera de él. Planteó entonces un retorno a la naturaleza por medio de una vuelta a la pulsación natural que poseen todos los seres vivos cuando nacen. Retrocediendo de esta forma, al contacto con la vida y la capacidad de autorregulación interna.

Él habló en casi toda su obra acerca de potencializar la autorregulación y el rescate de la sensación de órgano que son procesos que se dan en el hombre no acorazado y que facilitan la vida pulsátil (Reich, 1949). Habla de potencializar porque en general el hombre está aprisionado en su propia coraza, como resultado de tener que protegerse de los conflictos creados entre su mundo interno (instintos) y su mundo externo (familia, escuela, sociedad).

Cuando Reich hablaba que “el animal humano no puede comprender y amar la naturaleza en él y fuera de él sin que su pensamiento y su acción funcionen como la naturaleza, es decir, de manera funcional y no mecanicista o mística” (Reich, 1949: 60), quiere plantear que mientras no funcionemos integrados con la naturaleza pulsante (viva), no se entenderá la naturaleza.

El paradigma reichiano critica las formas mecanicista y mística para explicar la vida, porque las consideraba modelos muy limitados en su visión del hombre. Y esto es lo que a veces se intenta hacer con su legado: transformarlo en algo aplicado mecánica y automáticamente, (como son vistos algunos de los ejercicios corporales de apertura de coraza), o como algo místico y “alternativo” y, luego entonces, misterioso. (Reich, 1949)

Sin embargo el pensamiento reichiano es funcional, es decir, que entiende la vida  por medio de sus funciones y de las relaciones entre ellas, y por tanto es importante entender y permitir los movimientos (emocionales, pulsionales, energéticos) para permitir el fluir de la vida (Reich, 1949).

¿Pero, cuál sería la naturaleza de la vida? Funcionar y oponerse a cualquier posibilidad de aprisionamiento, ya que en el proceso de socialización se confunden o substituyen: la naturaleza primaria humana (libre y pulsátil); con las defensas adoptadas por los hombres (forma caracterial/coraza).

En el proceso de socialización (con los padres, escuela y sociedad de un modo general), el niño es reprimido en su impulso hacía el placer y para protegerse adentro de la estructura social alterada por el autoritarismo y por la falta de respeto al ritmo de la vida, forma una coraza que al mismo tiempo que lo protege, lo limita.

“La coraza del cuerpo inhabilita el acceso a las sensaciones de órgano fundamentales y por este hecho toda verdadera sensación de plenitud. La sensación del cuerpo es abolida y con ella la confianza en si” (Reich, 1949: 79). El hombre desaprende los afectos; vive con miedo de las emociones que lo lleven al camino de la pérdida de la razón. Y la fantasía que la razón es lo que estabiliza al hombre y lo que funda la vida actual, gana más fuerza cada día. Pero emoción y razón no pueden caminar muy separadas, pues ambas son antítesis y síntesis de lo que es el ser humano (Reich, 1949).

El hombre acorazado, aquel que pulsa menos, que está distante de si mismo, necesita de la burocracia y de la rigidez para controlar los procesos de la naturaleza. Y con esto va condenando la naturaleza a su alrededor. Todo lo que implique vida y movimiento está comprometido en el hombre aprisionado en su coraza. Este hombre piensa en función de su rigidez y siente menos de lo que podría, percibiendo el movimiento de la vida como algo intrascendente. (Reich, 1949).

“La vida no acorazada, en cambio, encontrará en sus propios movimientos, la expresión del movimiento de la vida en tanto que tal” (Reich, 1949: 74).

Reich preguntaba cuándo se debería empezar un trabajo de cambio y por dónde podríamos partir. Él planteaba que un cambio en la sociedad solo era posible si aumentasen los trabajos para prevenir la implementación de la miseria emocional en los seres humanos desde el principio de sus vidas, porque es muy difícil cambiar la sociedad con individuos tan comprometidos emocionalmente (acorazados), por tanto, la esperanza estaba en los niños del futuro.

El carácter de las personas puede ser una importante resistencia a los cambios sociales, ya que él condiciona las necesidades, las percepciones y la acción en la vida cotidiana y puede influenciar negativamente movimientos sociales de oposición que no obtendrán resultados duraderos de cambios (Serrano, 2001).

En el texto “Malestar en la cultura” (1929), Freud dijo que el hombre sólo puede vivir en sociedad si reprime sus impulsos sexuales y agresivos, para que cierto tipo de orden esté posibilitado. Freud fue quien mejor explicó el hombre neurótico, fruto de esta sociedad autoritaria y patriarcal. Sin embargo esto no quiere decir que ésta sea la única posibilidad de “ser” del hombre. Reich señala que mientras pensemos que la represión es lo que posibilita la vida social, el hombre no va a aprender a regular su energía pulsional en favor de una vida más sana y libre, y así funcionar a partir de los principios de la naturaleza y de lo vivo (Reich, 1949).

Cuando se habla de hacer trabajos de prevención, se busca favorecer el respeto a la vida y a la libre pulsación de un individuo, el cual podrá aprender, por su propia experiencia, a respetar la vida a su alrededor: la suya, la del otro y la del planeta. Con esto podemos pensar que una educación pro-ambiental es más eficaz cuanto más temprano la comencemos y cuanto más permitamos que la vida humana pueda conectarse con la pulsación natural.

Por lo tanto sería necesario empezar nuestras acciones preventivas antes incluso del nacimiento: desarrollando trabajos de prevención durante el embarazo; facilitando partos naturales donde se respete el ritmo de la vida y donde la idea de que la vida es un continuum esté presente (Liedloff, 2003). En cuanto al concepto de continuum, Liedloff defiende la idea que en el desarrollo humano es importante respetar la continuidad de los eventos que van ocurriendo. Por ejemplo: el niño que nace de parto natural está respetando más el continuum de su especie que el niño que nace de parto por cesárea. En el primero caso él está siendo preparado para el nacimiento por intermedio de las contracciones uterinas (que son una especie de masaje que estimula el funcionamiento de los órganos internos). En el segundo caso, ocurre un corte en su pulsación, ya que no existe el proceso que facilita la continuidad pasando de una situación a otra de forma brusca y discontinuada. Respetar la ley del continuum en la primera infancia es entender las fases por las cuales pasa cada niño, al tiempo que se respeta su ritmo biológico, sin imponer cambios bruscos en el paso de una fase a otra. De esta forma también estamos facilitando el contacto con sus propias sensaciones, previniendo la formación de la coraza, y equipando los nuevos seres humanos para un contacto mayor con su naturaleza y con su ecosistema.

Se puede pensar que a un niño que le respetaron sus movimientos y desarrollo, estará más equipado para a su turno respetar los movimientos de vida de la naturaleza.

Además de Reich, los post-reichianos afirman que es necesario cambiar las bases de la sociedad, las bases de lo que funda la vida en la sociedad actual. La vida social aparece agotada en sus potencialidades: estamos ya en el momento de la debacle, y entrando en una fase destructiva de un modo de vida fundado en la agresión y en la competencia. Que revela que muchas relaciones sociales se basan en una forma limítrofe, ya sea por las grandes desconexiones existentes dentro del hombre, ya por su relación con otros seres y su ambiente (Redón, 2007).

Desarrollar una conciencia y un comportamiento pro-ambiental será más fácil cuando podamos también devolver la sensibilidad aprisionada del hombre acorazado.

NATURALEZA VERSUS CULTURA: POSIBILIDAD DE ENCUENTRO

Reich habló de un hombre que por no estar bien introducido en el mundo social, debido a sus conflictos en etapas muy recientes de la vida – desde la fase intrauterina y primeros años de vida – tiene una incapacidad de conciliar naturaleza y cultura. Para Reich la naturaleza es introducida por la madre (siendo ésta una de las funciones maternas), y la cultura por el padre (Pinuaga & Serrano, 1997).

Haciendo una analogía entre naturaleza y cultura con las funciones maternas y paternas, y pensando en una forma de vida más limítrofe – como la que tenemos ahora – donde el conflicto principal radica en que no fue madurada la fase oral y de sustentación, evidenciando así una fisura en el encuentro con la madre, por lo tanto con la naturaleza: el niño entra en la cultura (padre-sociedad) con secuelas del vacío del desencuentro con su propia naturaleza. Cuando el psicoanálisis  (Freud, 1919) dice que hay que dominar el placer/ impulsos (para no acercarnos a la vida animal-irracional) por el principio de la realidad; realidad y placer parecen tomar caminos distintos, a veces opuestos adentro del ser. Estar en sociedad, conociendo y aceptando los movimientos libidinales pareciera ser imposible al interior del pensamiento psicoanalítico.

Reich habló de la posibilidad del encuentro entre naturaleza y cultura en el hombre para que él pueda vivir más pulsátil en la sociedad y, que así también, pueda lograr su unidad psicosomática. Y que si la familia; madre y padre respetan la energía libidinal de su hijo, éste tendrá mejor preparación para vivir de forma menos disociada su vida adulta.

Los psicólogos/as además de preocuparse por cuestiones individuales y sociales, también tienen que estar preocupados con la generación y distribución de energía, con el nivel de CO2, con la distribución de agua potable, con los deshielos, con los incendios accidentales y provocados.

El ambiente está desequilibrado, y esto se da principalmente por la forma de vida adoptada por los hombres: individualista, consumista, beligerante; una forma de vida que busca proteger apenas a un individuo. Y cuanto más miremos hacía adentro, menos vemos cuanto esa forma de ser afecta directamente el ambiente que se transforma al tiempo que se destruye.

Las grandes ciudades son frutos de esta vida individualista: casas pequeñas para familias pequeñas; edificios dormitorios para familias en ciudades populosas. El problema de tener una vivienda propia es cada día más evidente, incluso para los países desarrollados, como Francia, España, el Reino Unido, etc.A pesar de la explosión demográfica en determinadas regiones del planeta, son aun pocas las iniciativas de protección al medio ambiente. No las promoverá este hombre que se preocupa tan poco por recolección selectiva de la basura, por la economía de energía y agua, por reciclar y proteger. Y esto es así, porque está preocupado por la apariencia; preocupado en tener cosas, y consumir todo cuanto pueda.

“La sociedad de consumo se mantiene y posee un claro futuro pues se apoya en seres débiles, que necesitan líderes autoritarios, así como consumir y compensar sus carencias históricas” (Serrano, 2001: 40). Las carencias históricas que Serrano menciona son emocionales, construidas a lo largo de la vida de un individuo. Reich afirmaba que es preciso pasar por un cambio en las relaciones sociales que priorice la satisfacción afectiva en su proceso de desarrollo para disminuir o eliminar la adicción al consumo. Ya que el consumismo sirve para llenar espacios vacíos adentro de la vida emocional del ser humano.

Sin embargo el consumo de bienes no está garantizado para todos. Como dice Moreno & Pol (1999):

Aunque en determinadas partes del mundo el consumo es muy alto, quedan sin satisfacer las necesidades básicas de consumo de una gran parte da la humanidad. Ello se traduce en la demanda excesiva y en estilos de vida insostenibles en los segmentos más ricos, que imponen presiones inmensas en el medio ambiente. Entre tanto, los segmentos más pobres no logran satisfacer sus necesidades de alimentos, salud, vivienda y educación (Río 92, program 21:25 In Moreno & Pol, 1999: 24).

Serrano (2001) afirma que lo que se debería consumir en la primera infancia es el amor, a través de “una vida intrauterina sana, un parto natural, una lactancia funcional con amor y viviendo en una familia abierta que le permite reconocer su cuerpo y el de los demás, accediendo al mundo social de forma dulce y rítmica…” (Serrano, 2001: 40). Para que el consumo no fuese una forma de llenar los agujeros de cada uno.

Se busca subrayar entonces que no se pretende explicar los fenómenos sociales exclusivamente a través de los aspectos individuales. Ni quiero caer en el riesgo de que se entienda que los problemas sociales serán resueltos o disminuidos apenas con algunos cambios a nivel individual. Las psicoterapias ya demostraron que el hombre terapeutizado no está logrando cambiar la sociedad. Pero, es cierto que cada individuo mantiene de forma sutil la máquina que da forma a las relaciones actuales, que es la máquina del consumismo. Es preciso tomar conciencia de esto para pensar en pequeñas revoluciones (Serrano, 2001).

Es por lo tanto necesario hacer movimientos individuales y sociales, volver a creer que se puede cambiar algo de este mundo en que vivimos, y que podemos plantar semillas que desaceleren la máquina de destrucción individual, social y, evidentemente, ambiental.

ESPERANZAS UTÓPICAS PARA EL FINAL

Para el final de este artículo, se apunta tres aspectos que pueden facilitar un futuro distinto: la idea de sustentabilidad; el desarrollo y rescate de la colectividad; y el desarrollo de una ciencia del amor.

Según Lester Brown “una sociedad sustentable es aquella que es capaz de satisfacer sus necesidades sin disminuir las oportunidades de las generaciones futuras” (en Serrano 2004: 119). Es justamente todo lo contrario de lo que está pasando ahora: estamos consumiendo todos los recursos y pensando muy poco en las generaciones futuras. No es extraño escuchar la pregunta: ¿en qué mundo van a vivir nuestros hijos y nietos?

Según Serrano (2004), la lógica del mundo actual es productivista y mantenida por la lógica neurótica, por la que estamos entrando en una locura como especie ya que cada vez más nuestras dinámicas individuales y sociales son destructivas.

Moreno & Pol (1999) afirman que para asumir un planteamiento de sustentabilidad es necesario una actitud comprometida con la realidad. Se entiende por esto que ellos quieren decir que podemos salir de la esfera de las ideas, del pensamiento y así concretar en el plan real y práctico, acciones importantes que faciliten la sustentabilidad de la vida en el planeta. Ellos hablan aun que es necesario un cierto nivel de “vertebración y cohesión social” (Moreno & Pol, 1999: 24) para que la colectividad pueda asumir la idea de los principios de la sustentabilidad.

Lo que ellos llaman “cohesión social” puede ser asociado con lo que refiere Maturana (2003) al decir que el ser humano tiene una “pegajosidad biológica” (Maturana, 2003: 80) que lo une a los otros seres humanos: que se forma a partir del placer de la compañía de los otros seres, del amor y de la socialización humana, y que sin ella no existe una vida verdaderamente social.

Recuperar la colectividad parece ser una salida como comenta Serrano (2004):

“Podríamos llevar la idea de colaboración y cooperación al terreno de las sociedades humanas para recuperar dinámicas sociales perdidas y ahogadas por la competitividad feroz y la violencia vinculada a intereses económicos, que nos está llevando a la auto-destrucción como especie y como consecuencia, a la de nuestro planeta” (Serrano, 2004: 120)

Asumir las responsabilidades de lo que somos, de las consecuencias de nuestra forma de ser y de los cambios que podemos potenciar, parecen ser algunos de los caminos a seguir.

La teoría del Darwinismo social es una peligrosa cientificación a servicio de la era industrial (y que continúa hasta los días actuales), cuando justifica la competencia libre y la supervivencia del más apto. Pero, otro enfoque, propuesto por Montagu (1990), defiende la idea que el fenómeno que permitió siempre que el hombre continúe como especie y que haya alcanzado la humanidad fue la cooperación y la ayuda mutua (Montagu, 1990).

Nosotros, seres humanos, parecemos los más fuertes porque tenemos la inteligencia al servicio de la supervivencia; pero al mismo tiempo comenzamos a ver que esta inteligencia no es suficiente para aplacar los efectos destructivos de la vida justificada por la ley del más fuerte y más poderoso. Entonces podemos pensar, siguiendo el paradigma reichiano, que esta inteligencia no está siendo usada de manera funcional.

Maturana (2003) afirma que la vida solo continúa porque existe la idea de colectividad; que es la preocupación por la especie lo que favorece la continuidad de la misma. Pero, la especie humana no puede vivir sin un ecosistema a su alrededor. El bebé no puede sobrevivir solo, así como el hombre no puede vivir sin que otras especies también existan. Esto ocurre así pues hacemos parte de un ecosistema donde muchos aspectos tienen que estar organizados para que la vida continúe dinámica y funcional.

No se puede entender el problema ambiental actual separándolo de la comprensión sobre cómo el ser humano va tornándose más individualista al tiempo que abandona la vida natural y por ende su ambiente. Serrano (2001) plantea que mientras el ser humano no pueda ser generado y cuidado en un ambiente que respete más sus procesos de autorregulación (naturaleza), él no va entender porque tiene que pensar en la naturaleza externa a él.

El desierto emocional es una consecuencia de la vida árida y desprovista de sensaciones y percepciones propias de un hombre rígido (acorazado). Si éste no se preocupa más por el mundo a su alrededor, por la vida en sociedad y por el desequilibrio en su ambiente, los desiertos aumentarán.

Maturana (2003) dice que “toda sociedad en la que se pierde el amor, se desintegra” (Maturana, 2003: 80), pues sin amor no hay socialización. Siguiendo la idea de Reich de desierto emocional y de Maturana que habla de la falta de amor que destruye la vida social, debemos pues estar atentos a las relaciones de amor que se desarrollan desde el principio de la vida de un ser humano, para que la vida en sociedad pueda mejorar y que los desiertos emocionales puedan ser disminuidos.

Por ello se coincide con Michel Odent cuando en su texto “Cientificación del Amor[3]” dice que debemos crear una nueva ciencia: la ciencia del amor. Pues se cree que entendiendo los efectos del amor, del encuentro entre seres humanos, podemos mitigar los efectos de una civilización fundada en la competencia y la agresión. Y Odent afirma que “el desarrollo de la capacidad de amar y del respeto mutuo, así como a la Madre Tierra, se está volviendo un prerrequisito para la supervivencia individual y global” (Odent, 2005: XXVIII).

Munich Vieira Santana 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Serrano, X. (2004). La ecología de los sistemas humanos en el nuevo paradigma. Revista Energía Carácter y Sociedad (23) 4. Valencia: Publicaciones Orgón de la Escuela Española de Terapia Reichiana.

Torró, J. (1997). Fundamentación epistemológica del paradigma Reichiano. En Serrano, X. et all (col). Wilhelm Reich: 100 años. Valencia: Publicaciones Orgón.

[1] Orgón es el nombre dado por Reich a la energía vital, biológica observada por él desde los años ´30. Su nombre es derivado de la palabra organismo (Dadoun, 1991).

[2] Traducción de la autora

[3] Se considera importante no tomar la idea de amor como algo etéreo, intocable, irreal, romántico, sino de una forma más práctica, como habla Keleman (1996) sobre los estadios del amor en el desarrollo a través de: cuidados, preocuparse con el otro, cooperar y compartir.

 

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Autor: medicinaenergeticayotrasyerbas

Revista sobre Salud, medicina energética, psicoterapias, critica social, prevención y profilaxis desde una perspectiva de la orgonomia desarrolla por Wilhelm Reich.

Un pensamiento en “Naturaleza humana y medio ambiente

  1. Agradezco la manera sencilla y amena de brindar conceptos que no siempre son naturalmente tan simples de abordar.
    Hay enfoques desde la antropología que corroboran el alejamiento del hombre, del origen matriarcal, y que lamentablemente están relacionados con eventos relacionados con un abrupto cambio climático.
    La utopía es esperanza potenciada quizás. Se podría pensar que la visión del hombre como una entidad energética, es incomprendida adrede. Tantas cosas cambiarían el status quo de la clase dominante, si contempláramos profundamente los tres puntos utópicos que se plantean.
    Nuevamente, gracias. Espero me brinden más pautas a seguir en el futuro próximo…

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